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La mutación que nadie conocía || Kookmin

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Sinopsis

Jimin tiene una mutación rara y Jungkook es el alfa que lo ayuda a aceptarla.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
LunarJiminie
Estado:
Completa
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Única Parte

Durante toda su vida, Park Jimin había aprendido una regla muy sencilla:

Nunca dejar que nadie descubriera lo que era.

En una sociedad donde los omegas eran vigilados desde el momento en que manifestaban su segundo género, existir con una anomalía genética era prácticamente una sentencia.

Jimin lo había descubierto a los diecisiete años.

No había sido durante su primer celo ni cuando aparecieron sus feromonas.

Había sido mucho antes.

Una noche, después de regresar de la escuela, sintió que algo ardía debajo de su piel. Se encerró en el baño y, frente al espejo, descubrió pequeñas marcas plateadas extendiéndose desde su cuello hasta sus clavículas.

No eran heridas.

No eran tatuajes.

Eran parte de él.

Con el paso de los años, las marcas habían comenzado a aparecer en otras partes de su cuerpo. Sus sentidos se habían vuelto demasiado agudos. Podía escuchar conversaciones desde habitaciones lejanas, distinguir los estados de ánimo de las personas por el olor de sus feromonas y, durante los momentos de estrés, sus pupilas adquirían un extraño tono dorado.

Los médicos no tenían respuestas.

Los archivos antiguos tampoco.

La única palabra que encontraron para describirlo fue:

Mutación.

Jimin había odiado aquella palabra.

Porque en su mundo, mutación significaba peligro.

Significaba diferente.

Significaba que alguien podía decidir que no merecía ser libre.

Por eso aprendió a esconderse.

Usaba supresores incluso cuando no los necesitaba. Vestía ropa de cuello alto para cubrir las marcas y evitaba permanecer demasiado tiempo cerca de alfas.

Hasta que conoció a Jeon Jungkook.


Jungkook era un alfa.

Uno de esos que podían hacer que una habitación entera guardara silencio con solo entrar.

Alto, fuerte, de mirada intensa y con una presencia que hacía que otros alfas retrocedieran instintivamente.

Pero había algo extraño en él.

No parecía interesado en demostrar que era un alfa.

No buscaba dominar.

No presumía de su fuerza.

Y, sobre todo, jamás había tratado a un omega como alguien inferior.

Jimin lo conoció el día que ambos fueron asignados al mismo proyecto universitario.

—¿Park Jimin? —preguntó Jungkook.

—Sí.

—Soy Jungkook.

—Ya sé.

El alfa arqueó una ceja.

—¿Ya sabes quién soy?

Jimin se arrepintió inmediatamente.

—Todo el mundo te conoce.

—Ah.

Una sonrisa apareció en los labios de Jungkook.

—Por un momento pensé que estabas investigándome.

—No eres tan interesante.

—Eso dolió.

Jimin tuvo que contener una sonrisa.

Fue el comienzo de algo que ninguno de los dos esperaba.

Durante semanas trabajaron juntos.

Jungkook descubrió que Jimin era obsesivo con los detalles, que odiaba el café demasiado amargo y que siempre fingía estar bien cuando algo lo preocupaba.

Jimin descubrió que Jungkook cantaba cuando estaba concentrado, que se quedaba dormido sobre los libros y que tenía la extraña costumbre de comprar dos bebidas porque suponía que alguien más podría tener sed.

Pero también descubrió algo mucho más peligroso.

Jungkook podía percibir sus feromonas.

Una tarde, mientras trabajaban en la biblioteca, Jimin sintió el conocido ardor bajo la piel.

Las marcas.

Otra vez.

Intentó cubrirse rápidamente el cuello.

—¿Estás bien? —preguntó Jungkook.

—Sí.

—Jimin.

—Estoy bien.

El alfa guardó silencio.

Entonces ocurrió.

Una de las marcas brilló bajo la piel.

Jimin palideció.

—No...

Se levantó apresuradamente.

—Tengo que irme.

—Espera.

—No me sigas.

Jimin salió de la biblioteca.

Cruzó el pasillo.

Bajó las escaleras.

Pero Jungkook lo alcanzó.

—¡Jimin!

—¡Te dije que no me siguieras!

Jimin se giró.

Sus ojos ya no eran completamente humanos.

El dorado había cubierto sus iris.

Jungkook se quedó inmóvil.

Por primera vez, Jimin vio miedo en los ojos de alguien.

Y aquello fue suficiente para romperlo.

—Ya lo sabes...

Su voz tembló.

—¿Qué?

—Lo que soy.

Jungkook no respondió.

Jimin bajó la mirada.

—Puedes decirlo.

—¿Decir qué?

—Que soy un monstruo.

El silencio se volvió insoportable.

Jimin esperaba cualquier cosa.

Un insulto.

Repulsión.

Una amenaza.

Pero Jungkook simplemente dio un paso hacia él.

—No eres un monstruo.

Jimin soltó una risa amarga.

—No sabes lo que soy.

—Entonces explícamelo.

—No quiero que me tengas miedo.

—No te tengo miedo.

—Deberías.

Jungkook negó lentamente.

—¿Por qué?

Jimin tragó saliva.

—Porque no sé qué puedo hacer cuando pierdo el control.

—Entonces aprenderemos.

Jimin levantó la mirada.

—¿Aprenderemos?

—Sí.

—¿Tú y yo?

—Si me dejas ayudarte.

Aquellas palabras fueron las primeras que hicieron llorar a Jimin.

No porque fueran dramáticas.

Sino porque nadie le había dicho jamás algo parecido.

Todos habían querido curarlo.

Controlarlo.

Ocultarlo.

Jungkook era la primera persona que simplemente quería conocerlo.


La mutación comenzó a empeorar.

Cada semana las marcas aparecían con mayor frecuencia.

Jimin empezó a experimentar cambios de temperatura, fuertes dolores de cabeza y episodios en los que podía escuchar los latidos de las personas a varios metros.

Y entonces descubrió algo peor.

Sus feromonas estaban cambiando.

No olían como las de un omega normal.

Tampoco como las de un alfa.

Era una mezcla extraña que provocaba reacciones impredecibles.

Algunos alfas se sentían atraídos.

Otros se volvían agresivos.

Por eso Jimin comenzó a aislarse.

Dejó de asistir a clases.

Dejó de contestar mensajes.

Incluso dejó de responderle a Jungkook.

Hasta que una noche escuchó golpes en su puerta.

—Jimin.

Silencio.

—Sé que estás ahí.

Jimin cerró los ojos.

—Vete.

—No.

—Jungkook...

—No voy a irme.

—No quiero que me veas así.

—Entonces abre la puerta y déjame decidirlo.

Jimin permaneció inmóvil.

Finalmente abrió.

Jungkook lo encontró sentado en el suelo.

Las marcas cubrían prácticamente todo su cuello.

Sus manos temblaban.

—No puedo detenerlo —susurró Jimin.

Jungkook se arrodilló frente a él.

—Mírame.

Jimin obedeció.

—Respira conmigo.

—No puedo.

—Sí puedes.

—Tengo miedo.

—Lo sé.

—¿Y si lastimo a alguien?

—No estás solo.

Jimin cerró los ojos.

Jungkook tomó su mano.

No lo sujetó con fuerza.

No intentó imponer su presencia alfa.

Simplemente entrelazó sus dedos con los de él.

—Tu cuerpo no es tu enemigo —murmuró.

Jimin abrió los ojos.

—¿Y si nunca vuelvo a ser normal?

Jungkook sonrió suavemente.

—¿Quién dijo que quiero que seas normal?

Jimin sintió que algo dentro de él se quebraba.

Pero esta vez no dolió.


Pasaron meses.

Jungkook comenzó a investigar con él.

Buscaron médicos especializados, documentos antiguos y estudios sobre mutaciones relacionadas con el segundo género.

Descubrieron que Jimin no era el único.

Su condición era extremadamente rara, pero existían otros casos.

Personas cuyos cuerpos habían evolucionado de manera diferente.

Personas que habían pasado años escondiéndose.

Y también descubrieron algo inesperado.

La mutación no era una enfermedad.

Era una adaptación.

El cuerpo de Jimin podía percibir feromonas con una precisión extraordinaria. Su organismo respondía a cambios hormonales antes que cualquier otro omega.

Incluso podía neutralizar ciertas feromonas agresivas.

Aquello que todos habían llamado defecto podía convertirse en una habilidad.

Jimin tardó mucho en aceptarlo.

Pero un día, frente al espejo, miró sus marcas.

Ya no intentó cubrirlas.

Eran plateadas.

Hermosas.

Extrañas.

Suyas.

Jungkook apareció detrás de él.

—Te ves diferente.

Jimin sonrió.

—Me siento diferente.

—¿Para bien?

—Creo que sí.

Jungkook se acercó.

—Entonces supongo que mi trabajo terminó.

Jimin giró la cabeza.

—¿Tu trabajo?

—Ayudarte a aceptar que no necesitas esconderte.

—¿Y si todavía necesito ayuda?

Jungkook sonrió.

—Entonces me quedaré.

Jimin bajó la mirada.

—¿Por qué?

El alfa tardó unos segundos en responder.

—Porque me enamoré de ti.

El corazón de Jimin se detuvo.

—Jungkook...

—No tienes que responder ahora.

—No.

Jimin negó con la cabeza.

—Quiero responder.

Jungkook lo miró.

Jimin tomó su mano.

—Yo también me enamoré de ti.

El silencio que siguió fue diferente a todos los anteriores.

No había miedo.

No había secretos.

Solo dos personas que habían encontrado algo inesperado en medio de una sociedad que les había enseñado a temer aquello que no entendían.

Jungkook acercó su frente a la de él.

—¿Puedo?

Jimin sonrió.

—Sí.

El beso fue suave.

Sin dominación.

Sin miedo.

Sin necesidad de demostrar nada.

Solo ellos.

Cuando se separaron, Jimin volvió a mirar sus marcas.

Esta vez no quiso ocultarlas.

Porque finalmente había comprendido algo.

No necesitaba convertirse en alguien normal para merecer amor.

No necesitaba esconder su cuerpo para ser aceptado.

Y no necesitaba enfrentarse solo a aquello que durante tantos años había considerado una maldición.

Porque había encontrado a alguien que no intentó cambiarlo.

Jungkook simplemente le enseñó a mirarse y decir:

“Esto también soy yo.”

Y por primera vez en su vida, Jimin no sintió vergüenza.

Sintió orgullo.

Porque quizá su mutación nunca había sido una condena.

Quizá siempre había sido una parte de él esperando a que alguien le enseñara que ser diferente no significaba estar roto.

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