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LYDIA
Iba a suspender.
Los exámenes trimestrales eran la semana que viene y no me había puesto a estudiar nada.
Con Rachel llamándome todos los días para organizar la fiesta de bienvenida de su hermana que, después de mucho tiempo en el extranjero, al fin iba volver. Y justo el viernes después de nuestros trimestrales. No estudiar era raro en mí, pero esta semana estaba super estresada con la fiesta de bienvenida, con mi madre pidiéndome que rellenase la solicitud para la beca del año que viene, y mi padre insistiéndome que en Navidad vaya con él y su nueva familia.
Estaba claro, como no me pusiera a estudiar esta tarde al llegar a casa estaba perdida.
Mientras caminaba a través de los pasillos de la universidad, miraba a Rachel riéndose con Marcus, su novio. Estaban juntos desde que tenían quince. Y ahora, seis años mas tarde es la mejor pareja que he visto en toda mi vida. Era precioso tener a alguien con quién compartir tu vida de esa manera, siempre anhelé conseguir mi propia historia, pero supongo que a veces toca esperar. Siempre he querido saber como se siente querer a alguien de ese modo, incluirlo en todo momento de tu vida y compartir experiencias así. Correr bajo la lluvia o algo así, de película. No lo sé. Supongo que se sentirá bien, eufórico por decir algo.
Cada vez que pienso en los amores de película, veo a mamá y a papá. Ellos eran eso cuando tenía diez, pero de la nada algo cambió. Me hace dudar. A veces siento que es imposible encontrar a alguien que te quiera para toda la vida, hasta que la muerte los separe y esos rollos. Porque si mi padre, el que le llevaba el desayuno a la cama a mamá cuando estaba cansada de tantos turnos en el hospital, pudo irse con otra mujer. Que podría esperar de alguien más.
Me detuve al llegar a la salida, donde estaban esperándome Marcus y Rachel. Sonreí al mirarlos.
- Eh, Lydia. ¿Cómo llevas los exámenes? – preguntó Marcus con cierto sarcasmo mientras le sonreía a Rachel. Giré los ojos.
- Marcus, céntrate en cómo los llevas tú. -Rachel me miró con cara de pena.
- Lo siento por molestarte tanto con la fiesta, Lyd. No era mi intención distraerte tanto de verdad. Si te sirve de consuelo, yo tampoco he empezado -dijo mirándome con cierta chispa en los ojos- Tengo tanta ilusión porque vuelva Bianca que no puedo ni concentrarme. - La miré sonriente. Me alegra que este tan feliz por la vuelta de su hermana. Hacia muchísimo que no la veía así de contenta, ni siquiera cuando Marcus le llevo un ramo de doscientas rosas rojas a casa por San Valentín.
Pero la entiendo perfectamente, Bianca era como un ángel. Un ángel lleno de Dior, Chanel y Prada. Pero un ángel. Era preciosa y no había cambiado nada en el extranjero. Se fue a estudiar Diseño de Moda, su sueño. A veces hacíamos videollamadas, y nos contaba como era todo en Nueva York. Siempre nos decía que todo era muy caro pero que valía la pena.
Se le veía realmente feliz. Rachel siempre habla de ella con mucho orgullo, su hermana mayor estudiando en Nueva York. La inspira mucho. Y no me lo dice, pero sé que le duele estar tan lejos de ella.
- No te preocupes Rach. Te entiendo. Además, no solo has sido tú, créeme, no es tu culpa. - le dije mientras caminábamos hacia el coche de Marcus, él siempre nos llevaba a casa en su honda negro.
Le estaba agradecida porque era mejor que ir media hora en bus. Y además, descansaba más tiempo, no tenía que levantarme una hora antes para preparar todo y coger el bus. De camino, siempre veíamos las tiendas de la ciudad cerrando para la hora de comer, algún que otro bus, y muchas, muchas palmeras. Se sentía como vivir en Beverly Hills. Cantábamos en voz alta a Taylor Swift, eso era lo mejor del día.
Marcus aparcó enfrente de mi casa. Y me bajé enseguida. Pero me detuve un segundo al ver el camión gigante que había en la casa de enfrente.
- ¿Se muda alguien? – preguntó Rachel, que también se había fijado en el gigante camión de mudanza.
- No tengo ni idea, serán nuevos vecinos. – le dije con desconfianza. Mi madre no me había dicho nada sobre que fuéramos a tener nuevos vecinos, o que la casa estuviera en venta. De pequeña solía ser muy amiga del niño que vivía allí. Se llamaba Alec y era mi mejor amigo. Sin embargo, se mudaron a Irlanda ya que su padre, el señor Hayes, fue transferido por su empresa o al menos es lo que recuerdo.
Me despedí de Rachel y Marcus tras darle las gracias por traerme y entré a casa. Mientras cerraba la puerta escuché el motor de Marcus arrancando.
Fui directamente a la cocina. Mamá estaba haciendo la comida como siempre que llegaba de la universidad. Me acerqué por detrás y la envolví en un abrazo fuerte mientras le dejaba un beso en la mejilla.
- Hola, cariño. ¿Qué tal han ido hoy las clases? – pregunto mientras revolvía la sopa que estaba preparando. Se veía deliciosa, que hambre tenía.
- Nada fuera de lo normal, ma. Como siempre. – Le dije sonriendo, mientras iba a por agua en la nevera- Por cierto, he visto que se mudan a la casa de enfrente.
Se dio la vuelta, y me miró de una forma extraña.
- ¿No te había dicho nada? – me dijo sorprendida, como si hubiera algo que debía saber – El señor Hayes ha vuelto con su familia.
No pude abrir más los ojos. ¿El señor Hayes, y su familia? Nueve años atrás, cuando se fueron me enfadé mucho con ellos porque mamá y papá me dijeron que sería muy complicado que los volviéramos a ver. Ahora que habían vuelto tenía una sensación extraña.
- ¿Han vuelto? ¿Enserio? – la miré muy sorprendida, no podía ni creérmelo.
- Pensaba que te lo había dicho cariño, perdona. Con los turnos nocturno en el hospital se me olvidan las cosas.
Era verdad, se le notaba cansada. Muy cansada. Tenia unas ojeras muy marcadas, y siempre estaba agotada al regresar. Volvía cuando yo salía a la uni, y se levantaba antes de que yo regresara para tener la comida lista. Le he dicho muchas veces que no es necesario, pero, no escucha. Dice que ella es mi madre y tiene que cuidarme todavía
.
- Pues que bien, me alegro de que hayan vuelto. – dije con cierta duda. ¿Me alegraba de verdad? Había pasado mucho tiempo sin verlos y he crecido. Que miedo no caerles bien ahora, o que ellos hayan cambiado, eran las personas más amables que conocía cuando era pequeña.
- Seguro que Alec estará encantado de volver a verte. De hecho, creo que irá a tu universidad. - Decía mama mientras servía la sopa en dos platos. La mire desconcertante y ella me devolvió la mirada.
- ¿Qué?
- Alec ni se acordará de mí, mamá. – giro los ojos mientras se reía y volvía a centrarse en los platos.
- Tonterías. ¿Tú te acuerdas de él, no? – dijo como si fuera evidente.
Obviamente me acordaba de Alec, pero no había estado presente en mi vida en los últimos años y ya no era esencial en ella. Probablemente él ni se acuerde de la chica de la casa de enfrente. El era un año mayor que yo. Si se acordaba debía dar gracias porque al ser un chico seguro que se olvido de mí a los años de mudarse.
De hecho, la única razón por la que yo me acordaba de él era porque tenía un crush con él. Y me dolió mucho cuando fue. Estuve casi un año deprimida hasta que conocí a Rachel en el instituto.
Deje el tema por zanjado. Mama me paso mi plato y comimos mientras me contaba como había sido su noche hoy en urgencias.
Al terminar, subí a mi habitación, decidida a ponerme a estudiar Filosofía. Me senté en el escritorio y saqué mis apuntes de Nietzsche, Ortega y Gasset, Kant... Estuve toda la tarde hasta las ocho estudiando con auriculares. Al acabar, escuché un ruido que provenía de casa de enfrente.
Vi bajarse de un Mazda negro a un señor medio canoso, que supuse que era el señor Hayes, a una mujer de aproximadamente cuarenta años rubia que seguro era Cristina, la madre de Alec y, por último, vi bajarse a un chico alto de un metro ochenta prácticamente, con un pelo negro azabache, vestido con unos jeans negros y una camiseta blanca manga corta, que dejaba ver algunos tatuajes en su piel.
Al verlos me dio una sensación de nostalgia y alegría, tenía ganas de verlos en persona de nuevo. Bajé las escaleras al escuchar a mamá llamarme.
- Cariño, me voy ya.
Le di un abrazo.
- Mucha suerte hoy en el trabajo mamá.
La vi salir de casa, y fui directa a la cocina. Abrí un cajón para sacar pan y hacerme una tostada. Y saque la mantequilla de la nevera. Mientras cenaba me puse a ver un rato la tele y al entrarme sueño, me acurruqué en el sofá, y me decidí a dormirme.
Los primeros rayos de luz por la ventana me levantaron, y cogí el móvil para verla hora. Las 5:10AM. Joder. Me he quedado dormida. Salí corriendo por patas hacia mi habitación. Vi todos los apuntes en el escritorio y los junté todos para meterlos en la mochila. Me cambie rápidamente, me puse unos jeans azules oscuros y un jersey negro con hombros descubierto. Me lave la cara y los dientes como flash. Agarre la mochila y baje corriendo las escaleras.
Mientras bajaba vi a mama entrando por la puerta, y ella me miro sorprendida.
- ¿Y esa prisa? – me dijo con un tono de voz cansado.
- Me quedé dormida. – le dije mientras iba a la cocina para coger unos paquetes de galletas saladas y rellenaba la botella de agua.
- Cariño, tranquila. Aun tienes tiempo son las cinco y veinticinco. -dijo mirando el reloj.
Observe que rebuscaba algo en su bolso, hasta que sacó una bolsa de panadería y me la tendió para que la cogiese.
- ¿Qué es? – le pregunté mientras la cogía.
- Es tu muffin favorito de Saint's Louis. – Saint's Louis era mi panaderia favorita desde que tenía memoria. Casi no iba porque estaba lejos de casa.
- Gracias, mamá. – dije en un susurro y la miré apenada porque estaba cansada pero aun así se pasó por la panadería por el muffin.
Me miró sonriente, aunque se notaba su agotamiento. Escuché el clac son del coche de Marcus, y la abracé para luego salir corriendo de casa. Vi el coche de Marcus aparcado en la acera y fui hacia él, pero no pude evitar fijarme en el chico que estaba en el porche de la casa de enfrente. Era Alec, sin duda. Tenía las mismas facciones que de niño, solo que con el pelo un poco más largo. Estaba apoyado en la valla del porche mirándome caminar hacia el coche. Era algo incomodo, me sentía como si estuviese desnuda en mitad de la calle. Me estaba escaneando de arriba abajo.
Llegué al coche, y miré a los chicos.
Rachel estaba mirando sus apuntes mientras que Marcus alternaba la mirada entre mí y Alec.
- ¿Quién es ese tío, Lyd? – Dios, Marcus. Porque tenia la costumbre de hablar tan alto. Y para colmo el motor estaba apagado. O sea que Alec había escuchado. Tierra trágame, ¿Qué le digo?
- Eh. Un antiguo vecino que ha vuelto a la ciudad. – dije sin mirar hacia donde estaba Alec.
Marcus asintió lentamente, y encendió el coche. Yo salude a Rachel. Y saque mis apuntes para repasar también.
ALEC
Habían pasado nueve años desde la ultima vez que estuve en Silverwood. Era otoño, pero no hacía un frío excesivo. De hecho, se estaba perfectamente bien en manga corta fuera. En Irlanda hace mucho frío en esta época del año, tienes que llevar abrigo por la calle. Aun que yo soy más de frío, Silverwood tiene algo que me atrae. No sé si serán los bosques, las personas, o el ambiente. Pero lo prefiero.
Cuando mi padre me dijo que íbamos a mudarnos de vuelta a Silverwood me sorprendí. Él trabajaba en una empresa multinacional tecnológica. Me dijo que le habían ofrecido dirigir un departamento en Silverwood, y que volveríamos a vivir allí.
No le puse muchos peros.
Echaba de menos todo aquello en verdad.
Cuando nos mudamos a Irlanda, me fue complicado, echaba de menos mi escuela, mis compañeros... Pero hice amigos rápidamente. Amigos que aun sigo teniendo como Leo o Chris. Todos decidimos estudiar empresariales con el sueño de montar una empresa de viajes turísticos. Eran asombrosos. Llevo dos años en la carrera con ellos, y ahora los dos últimos los haré en Estados Unidos. Volver a mi país natal me alegraba, y mucho, pero lo primero que pensé cuando papá me dijo que volveríamos... Era en Lyd.
Lydia.
Hacía años que no pensaba en ella.
Aún así, era curioso cómo podía recordarla con tanta facilidad.
ES como si todo hubiera sido ayer. Cuando jugamos a las escondidas en su jardín, o nos quedábamos hasta tarde en la piscina de mi casa. Cuando hicimos galletas de Navidad y nos tiramos una hora para quitarnos los restos de harina. Cuando hacíamos los deberes en la casita del árbol. Incluso, recuerdo una vez que Lydia se enfadó conmigo porque volví de la escuela y en vez de ir a su casa, fui con un compañero llamado Marc a montar en skate. Después de ese día estaba rara conmigo, y yo me sentía mal porque pensaba que estaba mala o algo así. Cuando le pregunté me dijo que se sintió mal por haber ido con Marc y dejarla sola esa tarde. Yo no entendía por qué y le dije que Marc también era mi amigo. Y ella se enfadó más y se fue a casa. Nuestros padres hicieron que nos reconciliáramos haciendo que Lyd viniera conmigo y con Marc. Esa tarde fue esplendida. Nos la pasamos genial correteando con el skate los tres.
No sabía cómo sería ahora.
Ni siquiera sabía si seguiría acordándose de mí.
Llegamos a Silverwood el lunes por la noche. Sobre las ocho. Mama y papa fueron a ver si todo estaba correctamente colocado por la empresa de mudanzas. Yo baje el ultimo del coche. Me tomé el tiempo de observar la calle en la que había pasado la mayor parte de mi vida jugando y corriendo.
Al bajar note el leve olor a hortensias que había plantadas en la casa del enfrente. También vi nuestro porche y decidí entrar en casa a darle un vistazo. Al entrar, todo estaba como lo recordaba. Solo que cubierto con mantas blancas llenas de polvo, y muchas cajas que habían puesto los de la mudanza. Subí a mi habitación y me entró nostalgia al ver la pared gris en la que estaban todos mis trabajos de primaria, las fotos escolares, las notas que me dejaba Lydia escritas... Levante la manta blanca de mi cama y sacudí todo el polvo.
Estaba todo lleno de polvo, abrí la ventana y me puse manos a la obra.
Estuve una hora limpiando mi habitación. Sacando mis cosas de las cajas. Fotos con Leo y Chris. Mi ropa. Mis premios en Debate. Tenia muchas cosas que guardar, afortunadamente acabe antes de la hora de cenar.
Eran las nueve y media cuando baje a cenar. Mama y papa habían avanzado mucho con la cocina y el salón, pero no les había dado tiempo a hacer la compra de casa. Menos mal que teníamos bocadillos del viaje hechos.
- Alec, ¿Cómo vas con tu habitación? – papa pregunto. Lo dijo como si lo que quisiese decir en verdad fuese: Podrías ayudarnos también.
- Ya lo acabé. – Le dije. Me miro con aprobación y asintió.
Vi a mama sirviendo los bocadillos en platos y fui a ayudarla.
- ¿Has visto las hortensias de la casa de Emily? Son preciosas, seguro que Lydia la ayudó a plantarlas.
De nuevo vuelve Lydia a mi cabeza. Mis padres llevaban hablando de ella todo el trayecto en coche desde el aeropuerto. Preguntándose que carrera habrá estudiado, si habrá cambiado el color de su pelo, o las pecas que tenía de pequeña.
- Si mama. Son preciosas. - fue el único comentario que hice, a veces se ponía muy pesada con las anécdotas entre Lydia y yo.
Al terminar de comer, ayudé a mama con los platos y a papa con algunas cajas más. Vi la hora y eran las 11:20PM. Me despedí de mis padres y subí las escaleras. Entré en mi habitación y cerré la puerta. Estaba exhausto después de casi 20 horas de vuelo. Simplemente bastó con cerrar los ojos.
Joder, que ruido hacían en mi casa. Abrí los ojos y miré la hora de mi móvil. Las 5:00AM. Me levante de la cama, y fui directo al baño, me duché rápido, y me lave los dientes. Mientras bajaba hacia la cocina, vi a papa y a mama hablando sobre el trabajo de ella.
Estaban bastante alterados. Mama era artista, hacia unos cuadros esplendidos, pero no ganaba mucho, y papa siempre le decía que lo dejara y trabajara de algo más, pero ella se negaba.
No me vieron pasar a la cocina, y me serví un café. Decidí salir al porche a tomármelo para estar más tranquilo. Estaba cansado de esas discusiones. Me apoyé en la barandilla y vi como salía el sol lentamente. Escuchaba a los pájaros piar. Y me embelese con su canto. De la nada vi avanzar un coche descapotable por la carretera. Se detuvo justo enfrente de la casa de Lydia y sonó el clac son. Dentro estaba un chico al volante moreno y algo corpulento, que se percató de mi presencia a juzgar por su mirada. Y detrás una chica pelirroja rizada leyendo unas hojas. Escuché un portazo y la vi.
Tenía que ser ella.
Una chica rubia de metro sesenta, con jeans y una sudadera negra.
Había cambiado. Evidentemente había cambiado, habían pasado nueve años.
Pero había algo en ella que seguía siendo exactamente igual.
Levantó la mirada y me vio. Parecía que acababa de ver un fantasma. Me tome mi tiempo de analizarla. Seguía teniendo las pecas, y tenia ondas leves en el pelo, llevaba un bolso que ponía Superstar y le iba como anillo al dedo porque lo parecía.
- ¿Quién es ese tío, Lyd? – escuché al chico decir, tan alto que parecía que quería que lo escuchase, madre mía.
Lydia parecía haberse quedado sin habla porque no decía nada. Pero observe como se ponía roja. Y me hizo mucha gracia.
- Eh. Un antiguo vecino que ha vuelto a la ciudad. – le dijo al chico.
Un antiguo vecino.
Después de nueve años, supongo que eso era exactamente lo que era.
Tampoco podía esperar que se lanzara a decir "ese es Alec Hayes, mi mejor amigo de la infancia"
Aun así, no esperaba haber descendido tan rápido a la categoría de vecino.
El chico parecía conforme con la respuesta y Lydia se subió al coche. Saludó a la pelirroja y saco unas hojas también. Sin dedicarme ni una sola mirada más.
Lydia no había cambiado tanto como esperaba.
Su capacidad para sacarme de quicio seguía intacta.




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