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No le digas a nadie (Eureka Springs #1)

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Sinopsis

🍀 Clover no se considera afortunado, ni perfecto como su familia tanto insiste en que sea. 🍀 Por culpa de una borrachera, Clover promete ir acompañado a la boda de su hermana menor y cuando una de sus citas termina fallando, su vecino termina siendo su única opción. Solo hay tres problemas: que es hombre, apenas lo conoce y guarda un secreto que puede meter en problemas a Clover.

Genero:
Romance
Autor/a:
Yessy 🦝
Estado:
hace 11 horas
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

01. Si hace ruido lo matare

La bebida se resbala por mi garganta, es como si estuviera quemando mi tráquea a su paso, se siente realmente bien.

Las luces que cuelgan del bar dándole una energía más elegante me lastiman un poco los ojos, por dios ¿Qué es lo que estoy haciendo?

Mi hermana se ríe disfrutando de esta pequeña reunión con sus amistades más cercanas, verla así solo me hace recordarla cuando éramos niños e intentamos protegernos el uno al otro; algo que no resultó nada bien.

En un par de semanas será su boda, llena de paz y felicidad. Tendrá todo lo que le hace ilusión desde que era pequeña.

—Deja de beber así —Honey toma mi muñeca impidiendo que tome otro sorbo de mi bebida, casi zucumbo a la idea de hacer un puchero como si fuera un niño pequeño—, apenas son las once vas a terminar sin conciencia.

Sonrió enternecido por sus acciones, hace tiempo que no la veía y para ser honesto siento que ahora ella es la mayor, y no yo. Tomó su mano entrelazando nuestros dedos como cuando éramos niños y ella tenía miedo en medio de una tormenta a media noche.

—Gracias por preocuparte por mí —murmuró y aunque la música está alta sé que me escucha a la perfección—. ¿Y tú amiga cuando llega?

—En un par de días —la sonrisa que me da ilumina un poco de la oscuridad que resguardo cuando estoy cerca de Honey—. Te vas a llevar bastante bien con ella.

Siento que debería de decirle algo más, pero siento que ninguna palabra puede salir ahora. No tengo que decirle algo malo en este momento, pero quiero apoyarla de uno o otra manera.

—Iré con alguien —frunce el ceño como si estuviera a punto del colapso por no saber a lo que me refiero, me aclaro la garganta y suelto su mano para que no se de cuenta que estoy nervioso—, a la boda. Iré con pareja ese día para que no tengas que pensar que voy a estar solo, lo que menos quiero es preocuparte.

—En realidad no me preocupa —parpadeó sintiendo una sensación bastante frustrante en el pecho, no me gusta para nada sentirme de esta manera—. No tienes porque hacerlo Clover, está bien si no quieres ir acompañado o si no quieres estar mucho tiempo en la fiesta.

Me mordisqueo el labio esperando que todas estas sensaciones se vayan por completo. No estoy tan apegado a ella, de hecho desde que me fui del pueblo nos veíamos poco tiempo y aún así dice cosas como estás.

Es la única de la familia que acepta lo que soy, me acepta tal como soy sin tener que hacerlo por obligación y me demuestra su afecto sin importar lo demás. A veces me siento mal por dejarla abandonada y todo por mis fallos.

—Pero es tu boda, así que quiero hacerte un regalo especial.

—Puedes comprarme un televisor o algo así —suelta una risita contagiosa que me hace sonreír—. No quiero que te sientas incómodo, porque sé que tu cita en la boda no va a ser lo que tú quieres.

Tiene razón, pero no puedo solo dejar de lado lo demás y hacer sentir mal a mi mamá; solo tengo que darle tiempo para que comprenda la situación en la que estoy.

Por inercia, ante la tensión, me aflojo un poco la corbata esquivando la mirada penetrante que me da, sin duda luce como una hermana mayor ahora aunque su rostro es más aniñado que cualquiera que haya visto.

—Soy tu hermano mayor —le acarició el cabello con cariño para dejarle saber que yo estaré bien yendo a su boda acompañado de una mujer—, debería de ser yo quien no quiere verte incómoda y disfrutando de tú boda. Así no vas a tener que lidiar conmigo en un evento tan importante.

Sus ojos se cristalizan dándome señales de lo frágil que es y que está cargando con una responsabilidad que no le pertenece, ella no es culpable de nada de lo que pasó antes o que ahora sucede.

Honeybell solo necesita enfocarse en ella, en su boda y en su futuro. No en mí.

—Me alegra saber que mi hermano mayor siempre va a estar para mí —su sonrisa se ensancha aún más y suspira como si recordara algo importante—. ¿Te sientes bien?

Asiento, sé que es su manera de decir “voy a ir a socializar” y como es se pone de pie, sin antes darme un beso en la mejilla, y se va hacia una mesa retirada en donde hay un par de sus amigos que han llegado antes de tiempo.

—Voy a venir con alguien y no me importa —murmuro por lo bajo terminando con mi trago por fin.

Ya me siento algo mareado por los tragos que bebí, así que prefiero pagar e irme a descansar para lo que en algún momento se que va a llegar. Pago y me pongo de pie viendo la dirección de mi hermana que ríe por lo alto con sus amigos, se ve feliz ante el inminente cambio que viene.

Está rodeada de personas que quiere, por lo menos se que todo está bien y que la boda puede cambiar todo para mejorar su vida. Eso quiero creer.

De repente me llenó de valentía, más que nada por el hecho de que tome demasiado y eso me hace creer que el gritar lo que siento está bien.

Camino a la salida donde tengo una visión más amplia del bar y miro a mi hermana, nuevamente, levantando su mano para despedirse de mí e imito lo que hace, sin embargo antes de pensar abro la boca para hablar.

—¡Voy a venir acompañado, es mi regalo de bodas!

Y sin mirar la reacción que tiene Honey, salgo del bar con el golpe de aire frío en el rostro.

Ya no hay vuelta atrás.

(***)

Apenas llegó a la calle donde me estoy quedando la ventisca de aire se intensifica, me siento algo mareado y me aferro más a los bolsillos de mi abrigo para poder seguir la recta que me lleva a mi hogar.

La casa en donde me quedo es amplia y linda, incluso no me trae malos recuerdos del pueblo a pesar que sé que estoy aquí, es como si fuera una clase de brujería que no me permite pensar en otra cosa más que en la paz dentro de mi pequeña guarida.

Las luces de mi casa están apagadas a diferencia de las luces de la casa de al lado. Está mañana cuando salí para buscar a Honey y pasar el día juntos, además de tener un desayuno con mi mamá, no había señales de que alguien estuviera rentando la casa.

Me detengo justo frente a la pequeña puerta de madera que divide la calle del jardín poco cuidado que hay al otro lado, inclinó la cabeza como si fuera un pajarillo curioseando las semillas que le dejan para comer.

La ventisca me da un escalofrío, eso quiero pensar y no el hecho de que en serio no parece que haya nadie más a pesar de la luz encendida, las demás noches no estaba así estoy bastante seguro de eso.

—¿Se te perdió algo? —me sobresalto sacando las manos de mis bolsillos y dando vuelta rápidamente para averiguar quién fue el que me quiere matar del susto.

Y ya quisiera ver algo de su rostro, pero va tan cubierto que no sería malo pensar que es un fugitivo de la justicia, tiene un gorrito de lana mal puesto, unas gafas oscuras de las enormes que encuentras en cualquier lado y una bufanda que le cubre más que el cuello; le llega hasta la nariz.

>>Te acabo de preguntar si se te perdió algo —la manera en que arrastra las palabras me deja saber que está igual de ebrio que yo o mucho más—. A donde quiera que vaya es igual. ¿Qué quieres? ¿Qué es lo que buscas?

—Nada —me sincero sin agregar que estaba de chismoso, algo me dice que es dueño, por el momento, de la casa detrás de mí—. Voy a casa.

Señaló con el mentón donde me quedo, sigue mi gesto con la cabeza y sospecho que entre cierra los ojos, no tengo la más mínima idea porque esos lentes de mosca no me dejan ver nada. Es un vacío.

—Somos vecinos —de lo que estoy seguro es de que sonríe, se puede ver en los músculos del rostro, a pesar de que la bufanda hace un buen trabajo—. Espero que no te moleste el ruido.

—Lo tolero —digo por lo bajo rascándome la oreja, esto se está poniendo algo extraño para mi gusto—... solo un poco, así que espero que no seas tan escandaloso.

—Para nada —el tono de su voz se vuelve más dulce, es como miel en pan tostado recién salido, lo que significa peligro—, soy de los callados.

Frunzo el ceño con tal comentario contradictorio, pero no tengo que tomarme literal todo lo que diga o lo que no, de todos modos ni siquiera vamos a hablarnos y si lo hacemos solo seremos corteses para no hacer tenso el ambiente entre ambos.

Mi única misión es ir a la boda y largarme para siempre.

—Como sea —chasqueo la lengua, me imagino a mamá haciendo un mohín de desagrado y diciendo que tengo pocos modales, nunca es bueno pensar en esa mujer—, buenas noches.

Está vez quien parece un pajarillo es él, inclina la cabeza y casi siento que se le va a caer ese gorrito de lana. No me quedo a averiguar si eso ocurre, solo sigo mi camino para entrar a casa y poder dormir para lo que sea que me depara el destino.

No importa si mi nuevo vecino es contradictorio o si pierde su gorrito de lana entre las hojas secas por el otoño. No me interesa lo más mínimo.

Paso por el jardín y abro la puerta con una velocidad sorprendente, cuando estoy solo me deshago del abrigo que tiro donde sea y también de mi corbata que me empieza a asfixiar como si fuera una boa constrictor en mi cuello apretando cada vez más y más.

No tengo tiempo para encender las luces, corro al pequeño medio baño de la planta baja para vomitar, me aferro a la taza del baño sintiendo como si el estómago me saliera por la boca, arde tan horrible que los ojos me lloran.

Me excedí, pero es que estar en el pueblo siempre me hace sentir tan mal, es como si todo el estrés que no genero en la ciudad se multiplicará de repente en cuanto veo las montañas que rodean el lugar.

No lo aguanto y lo que guardaba sale a borbotones de mis ojos, las lágrimas me hacen sentirme más vivo y las ganas de vomitar se esfuman, mientras me desahogo del corazón y de los recuerdos que me atormentan cada vez más; cada vez peor.

Nunca voy a ser como quieren.

No voy a ser perfecto.

Nunca.

Dejó de sollozar a pesar de que el llanto sigue saliendo de mis ojos, me pongo de pie como puedo y me lavo el rostro con fuerza enrojeciendo mi piel, el dolor de mi nariz me da una lección como siempre hago cada vez que debería de aprender algo.

Trago saliva con pesadez mirando mis ojos apagados, tristes y sin un rastro de luz. Es como la noche y no tiene un sol que lo ilumine o estrellas brillantes que le den algo especial.

—Siempre siendo un desastre Clover —me paso los dedos por la ceja derecha y luego sigo el camino a mi nariz—. Así de atractivo y sin ninguna esperanza.

Dejo de verme para salir del baño, ya es suficiente de todo esto. Es tiempo de dormir todo lo necesario y ojalá pudiera dormir mucho más que eso.

Subo con cuidado las escaleras para no caer y romperme el cuello, que con honestidad no suena como una mala idea, me aferro bien al pasamanos y cuando ya estoy en el segundo piso me encierro automáticamente en mi habitación.

Me quito la camisa y la tiró en algún lugar, me desabrocho el pantalón y me dejo caer en mi suave cama. Abrazo la almohada y cierro los ojos. No quiero ponerme a pensar en nada o no voy a dormir.

Empiezo a contar del uno a donde sea que me quede dormido, mientras me concentro en mi respiración y siento el cuerpo más ligero de lo que ya es gracias a la bebida. No voy a tardar tanto en quedarme dormido.

Cuando pienso que lo tengo se escucha el acorde de un bajo, es potente como si lo tuviera en la oreja. Abro los ojos y veo la ventana donde entra la luz de la luna como si se riera de mí. El sonido se detiene y me relajo creyendo que en serio se acabó, pero la paz dura poco y mi paciencia se va al carajo.

Me pongo de pie con rapidez y como si no hubiera tomado nada bajó las escaleras, camino por el pasillo a la salida y cruzó todo el jardín. Este imbécil no mentía cuando dijo que era ruidoso y tampoco lo hice yo cuando dije lo mío; no soporto el ruido no el que es demasiado intenso y menos el que es hecho a medianoche como si fuera adrede.

Entro al jardín de mi vecino temporal y toco la puerta tan fuerte que me duele el costado de la mano, pero no tengo ninguna respuesta solo escucho el bajo ser tocado como si la vida de este dependiera de ello. No me rindo, lo hago nuevamente sin ningún cambio.

Me tomo el puente de la nariz y aprieto como si evitara un dolor de cabeza repentino, aunque no me sobe las sienes. Suspiro alto, mientras el ruido de las cuerdas se apoderan de mi cuerpo como si estuvieran tocando ese bajo en mi interior.

Me preparo para otra ronda de golpes en la puerta y abro la boca para mandarlo al carajo.

—¡Maldita sea! —vociferó sintiendo un dolor en las cuerdas vocales mucho peor que beber tanto—. ¡Si vuelves a hacer ruido te voy a matar, son las doce de la noche!

Vuelvo a golpear la puerta y se hace un silencio, espero que con eso sea suficiente, cuando me doy la vuelta por arte de magia empieza la música nuevamente.

—Este maldito hijo de…

Me muerdo el labio inferior, me pasó las manos por el rostro y luego por el cabello. No tengo mucho más que hacer, puedo llamar al sheriff del pueblo pero en serio que no quiero ver a nadie y más que le digan a mi madre.

Camino a mi jardín con paso lento, mientras la música deja de sonar y vuelve a sonar. Supongo que tengo algo más que hacer en mi estadía aquí.

Sobrevivir a mi escandaloso vecino.

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