Capítulo 1
La vida solo tiene un color, negro, negro azabache, negro carbón y más negro.
Negro como mi mente, negro como mis emociones.
Las palmadas que me doy en la cara frente al espejo oxidado que me devuelve el reflejo terminan de despertarme.
Este mes me ha sonreído la suerte, esa cobarde pocas veces se acuerda de mí. Encontré este magnífico apartamento con vistas al inframundo, por el módico precio de convivir con ratas, las paredes bailan entre manchas de humedad, dándole un toque de arte contemporáneo; el frío es tan gélido que te obliga a dormir vestido. Aun así es mucho mejor que el anterior, que tenía los techos caídos de casi todas las habitaciones. Placeres que solo los ricos nos podemos permitir, cambiar de vivienda, ciudad y país cada vez que nos apetezca.
Me pongo mi impecable y único traje de chaqueta. Me costó bastante conseguirlo. Aún siento en el paladar el líquido preseminal de ese puto pervertido.
El chico del espejo me mira, me sonríe con suficiencia.
—Te gusta lo que ves, ¿verdad?
—No, no me mires así. ¿Te has enfadado?
—Déjalo, nunca se puede mantener una conversación seria contigo.
Con los pies muevo la basura de mi alrededor dejándola amontonada en la esquina, preparando el camino, libre de heces, escombros y jeringas. La pasarela de un príncipe encantador. Lo que soy. Mi madre estaría orgullosa de mí. Soy todo lo que ella siempre pensó. Un maldito inútil, embaucador y rastrero. Te mando un beso mamá, ojalá estés ardiendo en el infierno.
Mi mayor talento en la vida es mi oído para los idiomas. Los aprendo con una facilidad aplastante. Cuando aposté por mi nueva ciudad supe que no sería un problema.
Londres me sonríe cuando me bajo del metro, con maletín en mano y móvil en la oreja. Las miradas de las mujeres no pasan desapercibidas.
A todo el mundo le gusta lo que ve, no solo al chico del espejo.
Tomo asiento en mi nuevo parque favorito, Green Park, hoy me apetece quedarme tranquilo leyendo mi periódico. Un hombre de negocios no puede permitirse estar desinformado. Si la bolsa cae debo saberlo, si las criptomonedas suben también.
—¿Eres nuevo por aquí, verdad? Te he visto varios días en este mismo parque.
Levanto la vista lentamente, una chica morena me mira con una sonrisa en la cara, tiene rasgos finos, en brazos lleva un bebé de tez blanca. Es obvio que no es suyo. ¿Es su cuidadora? Qué osadía por su parte. Se ha tomado la libertad de dirigirse a mí.
—¿Alguien te ha dado permiso para interrogarme? —Doblo el periódico en dos mitades completamente simétricas, mientras me levanto despacio. Tiro de las mangas de mi carísimo traje y le sostengo la mirada.
Frunce el ceño. Oh, se ha desconcertado, pobrecita.
Arpía, arpía, arpía
¿Busca un príncipe azul que la mantenga? Descarada.
—Solo intentaba ser amable. — Se gira con premura y se marcha.
Quien le ha pedido amabilidad, Roy no ha sido.
Ando con paso decidido, me ruge el estómago, la última lata de conserva fue mi almuerzo de ayer. Hago un repaso mental del dinero que tengo en la cartera, veinte libras, no necesito contarlo y menos en la calle. ¿Qué persona cuenta su dinero en público? Los pobres, solo los pobres.
Lo invertiré bien.
La cafetería The Wolseley me recibe con un bullicio alentador, con sus techos altos y el suelo de mármol como recién pulido.
Tomo asiento en la mesa más pegada al ventanal, un camarero me toma nota enseguida.
Le pido en mi perfecto inglés un espresso largo.
Miro la carta de reojo, los precios no se miran en público.
Hombres hablando y riendo, mujeres tranquilas tomando sus aperitivos, risas y más risas. Eso es lo que se ve desde fuera, pero yo sé qué piensan realmente. La señora del vestido Burberry de flores, seguramente esté pensado en cuánto tiempo tardará la muerte en recoger a su amado esposo, no ve la hora de que deje este mundo para disfrutar ella sola de todo el capital. Pero es demasiado cobarde para hacer algo que cambie su situación.
El mundo está podrido, la gente sonríe por fuera mientras por dentro no le importa una mierda lo que te ocurra, «Oh qué pena ha fallecido tu madre »No siente pena, no siente lástima, seguramente mientras te dice eso, piensa en lo mal que te sienta el nuevo corte pelo y que si sigues llorando se te marcarán más las arrugas de expresión.
Las miradas que siento clavadas en mí me sacan de mis acertados pensamientos.
Interesante. Muy, muy interesante.
Una chica al fondo con una melena rubia cayendo en cascada, me mira mientras enrolla un mechón de pelo en su dedo. Le devuelvo la mirada, y cruza sus piernas, cambiando de postura. Le guiño un ojo, me sonríe. En su mesa descansa su bolso Prada de la última colección, no llego a ver el reloj que lleva, pero por los destellos sé que lleva diamantes. No hay nada que atraiga más a una mujer, que algo que no puede tener. Vuelvo a mi tarea de leer el periódico, sacaría el teléfono pero lo llevo apagado y no quiero parecer un psicópata toqueteando una pantalla negra.
Hago una apuesta mental, cuando se levante me dejará en una servilleta su número o una dirección. Pero no es la que me interesa. Por quien de verdad estoy aquí, es por la mujer que se sienta junto al ventanal.
Llevo días observándola, nunca viene sola, siempre la acompaña alguien del servicio. No está casada, no lleva anillo. Su presencia es impecable, ni una pelusa en su traje de dos piezas, bien mantenida para su edad y salta a la vista la infinidad de retoques estéticos que lleva. Todo en ella grita dinero.
Lo mejor es que ellatambién ha reparado en mí. Saco la nota que llevo en el bolsillo interior del traje la acaricio con mis dedos, el tacto del papel me hace cosquillas en las yemas. Debo jugar bien esta baza.
Camino hacia ella sin apartar la mirada. Le brillan los ojos cuando me ve acercarme.
Paso por su lado y me acerco a la mujer del servicio que la acompaña, le entrego la nota, escrita con una caligrafía perfecta.
Salgo de la cafetería con paso decidido, no miro atrás. Sé que la abrirá y también sé lo que encontrará dentro, solo tres líneas.
Lo exclusivo tiene un precio.
Yo puedo estar a tu alcance
¿Podrás permitírtelo?
Sonrío. Claro que podrá. La carne joven para este tipo de mujeres es como crack para un drogadicto, adictiva.
![Amor En Peligro [Kookmin]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_88c55c0706ed80af7618cf7760429c6d.jpg)







