"WHERE DEAD ANGELS LIE"
WHERE DEAD ANGELS LIE
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El viento aullaba sobre las mesetas cubiertas de nieve, un manto blanco teñido de rojo que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. El cielo era de un gris plomizo, como si los dioses mismos hubieran decidido cerrar los ojos ante la carnicería.
Astrid yacía sobre la nieve helada, con el cuerpo destrozado. Su armadura estaba rota en varios puntos, y la sangre caliente brotaba de profundas heridas que le robaban la vida poco a poco. A su lado, el cadáver de su Dragón, su fiel Stormfly permanecía atravesado por una lanza enemiga, sus alas rotas y sus ojos vidriosos ya sin luz. A solo unos metros, el cuerpo sin vida de Drago Bludvist yacía como un trofeo macabro de su Venganza Jurada, su hacha aún apretada en su mano muerta.
Tres años.
Tres malditos años desde que Hiccup se había ido.
Astrid respiró con dificultad, cada inhalación era un cuchillo clavándose en sus pulmones. Sus dedos temblorosos apretaron la nieve ensangrentada mientras sus ojos azules, ahora opacos por el dolor, miraban al cielo.
—Hace tres años, Hipo… —susurró con voz rota, como si él pudiera oírla—. Desde ese fatídico día en que te fuiste de mi lado, babe.
Cerró los ojos un momento, recordando el rostro de él. Aquellos ojos verdes brillantes, su cabello castaño siempre desordenado, esa sonrisa burlona que solo ella conocía en su versión más suave y pervertida. Su elfo. Su maldito dueño.
—Desde esa vez que te arrancaron de mí… por culpa de Drago. Usando a Chimuelo en tu contra. Ese bastardo te robó todo y sobre todo... Te robó de mi.
Su voz ganó fuerza a pesar de la debilidad que la invadía.
—Yo... Todos nosotros no descansamos ni un solo día. Seguimos luchando. Yo luché como una bestia, por vengarte. Por vengarme de quien te apartó de mi lado. Tu padre luchó como nunca junto a tu madre… y al final, un Haddock tuvo que irse para que otro regresara del Valhalla.
Una risa amarga y débil escapó de sus labios ensangrentados.
—Berk cayó ese día. Drago lo redujo a cenizas. Pero con los pocos que sobrevivimos, y con el apoyo de otros pueblos que también sufrieron bajo su yugo, seguimos adelante. Ya no era solo venganza… era supervivencia. Pero yo nunca olvide lo que Hizo. Para mí… siempre fue por ti. Matarlo era lo único que me mantenía respirando. Mi impulso para luchar, era acabar con quien me arrebato ah mi amor y mi único sentido de vivir. Muchas veces pensé en quitarme la vida para estar contigo y poder seguir amándonos.
Sus ojos se llenaron de lágrimas que se congelaron casi al instante sobre sus mejillas.
—Sé que tú hubieras querido que viviera en paz. aún con disgusto y Celos Querrías Que yo siguiera adelante. Que tal vez… me enamorara de otro. —Escupió sangre al decirlo, asqueada—. Pero eso es imposible, Hipo. ¿Quién como tú? Dime. ¿Quién? Tú eres único. Irremplazable. No hay otro como tú... Todos los idiotas que lo intentaron después… incluso en tu memoria hubieron patanes musculosos, arrogantes, salvajes que solo querían follarse a la gran Astrid Hofferson… ninguno era tú. Ni de cerca.
Su mano tembló al recordar las veces que había rechazado a pretendientes con violencia.
—Me aferré al pasado porque nuestro pasado fue hermoso. Jodidamente perfecto. Tú y yo contra el mundo. Tú siendo mío y yo siendo tuya de una forma tan obsesiva y enfermiza que nadie más lo entendería. Te lo digo Amor mío, en ninguna de las posibilidades yo me veía con alguien más que no fueras tu. No podía olvidarte. No quería. Y al causante de tu muerte… de que ya no estuvieras a mi lado, lo tenía justo ahí, muerto a mis pies.
Astrid giró la cabeza para mirar el cadáver de Drago con puro odio.
—Lo logramos, mi amor. Lo maté. Tras años de batallas, pérdidas y sangre… lo logré.
Una lágrima rodó por su sien.
—Pero no me siento mejor. Matarlo no te trajo de vuelta. Odio lo limitados que somos los mortales… sentimos demasiado y aguantamos tan poco. Aun así… no me arrepiento de nada. Por ti lo daría todo. Y ahora, en estos últimos momentos, mi vida se me escapa… y cada vez estoy más cerca de donde tú estás.
Su voz se volvió un susurro suave, cargado de un amor profundo y oscuro.
—Muero con la esperanza de que sea cierto. Que te encontraré en el Valhalla, junto a todos los nuestros que cayeron. Ya no queda nada que me ate a este mundo. Todo lo que amé ya no existe. Todo por lo que luché… desapareció.
Con sus últimas fuerzas, Astrid sonrió débilmente, imaginando el rostro de Hiccup esperándola.
—Y con mis últimos alientos… encomiendo mi alma al Valhalla, donde los héroes llegan. Donde sé que tú estás esperándome. Estaré contigo otra vez… para amarnos como siempre debimos hacerlo. Sin separaciones. Sin dolor. Solo tú y yo. Eternamente.
Sus párpados pesados se cerraron lentamente.
—Espera por mí, amado mío…
El viento siguió aullando y con eso ella cerró sus ojos en espera de dar su último aliento en la fría nieve de su lecho de muerte y dejo que Hela reclamará su carne y el valhala su alma.
Así... la gran guerrera rubia, la diosa vikinga de caderas anchas y voluntad de acero, soltó su último aliento sobre la nieve teñida de rojo. Una sonrisa serena quedó congelada en sus labios. Con la esperanza de ver ah su amado una ves más en el Valhala, donde se amaran Eternamente.
FIN.
DONDE YACEN LOS ÁNGELES DE LA MUERTE








