SU CORAZÓN ACELERADO

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Ella es como una gema preciosa. Es imposible conseguirla. Pero él decidió reclamarla sin importar qué ni lo difícil que fuera. Meera, una mujer muy inocente y fuerte, se enamora perdidamente de Vikranth la primera vez que sus ojos lo ven; él es un hombre que lo tiene todo, pero carece de algo: compasión. Él veía a Meera como una simple chica por la que sentía atracción debido a su inocencia y rasgos físicos, pero en el momento en que se dio cuenta de que ella significaba más para él, ella se marchó, ya que Vikranth no pudo ir tras ella. Perdió su amor y también la posesión más preciada de su amor licencioso. Pasaron tres años, ahora Meera vivía, simplemente vivía. Sus emociones y sentimientos estaban privados debido al daño que Vikranth le causó por amar incondicionalmente. Sin ninguna esperanza en la vida, Meera volvió a encontrarse con Vikranth; la persona que una vez le rompió el corazón ahora le pedía que se casara con él. ¿Lo aceptará? ¿Qué pasó realmente entre ellos? ¿Tendrán un final feliz?

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Rosini
Estado:
Completado
Capítulos:
53
Rating
4.6 42 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

«A veces desearía estar muerta»

Era una medianoche oscura y lluviosa; todos dormían plácidamente aunque su mundo estuviera al borde del colapso. Una chica de veintitantos años yacía en su cama, sumida en sus pensamientos. Meera no podía dormir, pero intentaba ahuyentar los recuerdos del pasado que la arrastraban a un pozo de remordimientos y culpa. Sin embargo, por más que lo intentaba, sus demonios internos luchaban con la misma fuerza, mostrándole aquello que ella quería olvidar. Los pedazos rotos de su vida se pegaban frente a su rostro, sonriéndole con burla.

Rindiéndose fácilmente, Meera abrió los ojos y soltó un suspiro de derrota. Sintió que le costaba respirar y, de repente, su cuerpo se quedó frío, recordándole lo estúpida e indefensa que se sentía en esos momentos. Para tratar de recomponerse, Meera tomó el vaso de agua de la mesilla junto a la cama y lo bebió de un trago. Se sintió algo aliviada y contempló su habitación, llena de penumbra y silencio.

Aun así, su corazón latía con fuerza a causa de él, su terrible sueño. Se levantó de la cama y se acercó a la ventana. Abrió la puerta de cristal para ver el cielo oscuro y el edificio empapado por la lluvia. Notó que eran las 3:00 a. m.

Su pesadilla no era nada nuevo. La perseguía desde hacía tres años. Pero hoy fue diferente: él acarició su piel y se sintió tan real, como si ella estuviera de nuevo entre sus brazos siendo su mascota.

No, nunca debería pensar en eso. Meera negó con la cabeza para evitar esos pensamientos y volvió a la cama. Se recogió el pelo en un moño y pensó en tomar sus somníferos, ya que era muy estresante no dormir bien, pero esas medicinas la debilitaban físicamente. Confundida, Meera se acostó de nuevo y pensó en todo lo que había pasado en su pasado; sin darse cuenta, sus ojos se llenaron de lágrimas que le costaba controlar.

«Mi vida está arruinada por mi propia culpa, y yo soy la única responsable de todo lo que pasó», pensó mientras dejaba escapar unos sollozos silenciosos.

Meera volvió a abrir los ojos y vio que eran las siete de la mañana. Sintiéndole los ojos irritados, se levantó lentamente de la cama y fue al baño a darse una ducha fría. Se puso su uniforme y se preparó para ir a trabajar. Meera tenía dos empleos. Durante el día, trabajaba como recepcionista en un hotel famoso de la ciudad y, por la noche, en un supermercado al final de su calle.

Tomó una taza de té verde con unas galletas; no le importaba mirarse al espejo, pues había dejado de hacerlo hacía mucho tiempo. Tras cerrar la casa, Meera salió caminando; era un día bastante soleado. Al llegar a la entrada,

—¿Te vas a trabajar, Meera? —le preguntó Shanthi.

—Sí —respondió ella con una sonrisa mientras asentía.

—¿Ya desayunaste? —preguntó ella, y Meera dijo que sí, de lo contrario Shanthi la regañaría por saltarse las comidas. Tras unos segundos de silencio,

—Meera, ¿me harías un favor? —preguntó en tono de petición.

—Claro, ¿qué ocurre?

—¿Podrías pagar el alquiler una semana antes? Es que necesito pagar la matrícula de la universidad de Renu —preguntó Shanthi con vacilación.

—Claro, te transferiré el dinero a tu cuenta en dos días —le aseguró Meera.

—Gracias, Meera, es de gran ayuda —expresó ella, y Meera se marchó asintiendo con una sonrisa. Desde hacía dos años y medio, Meera vivía alquilada en la casa de Shanthi. Ella era una madre soltera cuyo marido había muerto de cáncer, y Renu era su hija, que estudiaba psicología. Shanthi trabajaba para mantener a la familia. Meera vivía en el primer piso y era cercana a ella, pues Shanthi siempre fue servicial y cariñosa como una madre, aunque Meera sabía que nadie podía reemplazar su ausencia.

Tras diez minutos de caminata, Meera llegó a la parada del autobús y esperó. Junto a la parada había una pequeña tienda de periódicos y revistas; decidió comprar el periódico del día, ya que no tenía televisión en casa. Tras comprarlo, vio que su autobús se acercaba, así que guardó el periódico en su bolso y subió.

Después de un viaje tranquilo de treinta minutos, Meera llegó al hotel SLA, donde trabajaba como recepcionista desde hacía dos años. Llegó a tiempo y fue a su puesto nada más entrar, saludando a su única amiga, Priya.

—Hola, ¿no dormiste bien? ¿Por qué tienes esa cara? —le preguntó tras observar las ojeras bajo sus ojos.

—Ah... sí, es que no dormí por culpa de un dolor de cabeza —mintió para cambiar de tema. Nadie sabía que padecía insomnio, porque ella no dejaba que nadie descubriera sus errores.

El trabajo era sencillo para Meera y realmente le gustaba. Consiguió el puesto principalmente gracias a Rani, la gerente. Meera no sabía por qué la había elegido. Cuando mencionó en la entrevista que sus padres habían muerto, Rani la miró con simpatía y al día siguiente la llamaron para darle el empleo. Desde entonces, Rani era más amable con Meera que con nadie, y Meera también había encontrado una buena amiga en Priya. Después de todo lo que había pasado en su vida, aún podía vivir en este mundo gracias a las buenas personas que la rodeaban, y les estaba muy agradecida.

Por la tarde, mientras almorzaba con Priya, recordó el periódico que había comprado. Lo sacó y empezó a leer, pero fueron interrumpidas por Arun, el tipo que la molestaba todo el tiempo. Trabajaba de cocinero. Era guapo y un chico muy agradable, pero lo que más le molestaba a Meera era que siempre estaba coqueteando con ella.

Al verlo, Meera no levantó la vista para evitarlo.

—Alguien se está esforzando mucho por evitarme, Priya —dijo él dirigiéndose a Priya, pero mirando a Meera, mientras tomaba asiento frente a ellas.

Pero Meera no le hizo caso y siguió mirando el periódico.

—Por cierto, Priya, ¿cómo estás? ¿Qué tal el fin de semana con tu novio? —preguntó él, aunque Meera sabía que se lo decía a ella.

—Hmm, genial. Arun, ¿te enteraste de que Ram va a renunciar? —dijo Priya, empezando a cotillear.

—Sí, después de una pelea con nuestro gerente senior decidió irse —respondió él.

—¿Sabes por qué se pelearon? —murmuró ella.

—No lo sé, pero... —y ahí empezaron a chismear sobre todos menos sobre ella. Si Meera no hubiera estado allí, seguramente habrían hablado de ella también. Pero eran muy buenos amigos y trabajaban allí desde antes de que Meera llegara.

Tras leer dos páginas, Meera lo cerró y volvió a su trabajo; evitó a todo el mundo, especialmente a Arun, pues pensaba que era lo mejor para su actual vida de paz.

A las 5:30 p. m. terminó su jornada. En ese hotel se solían alojar políticos ricos, empresarios y celebridades. Organizaron fiestas y eventos allí; era el hotel más famoso y costoso de toda la ciudad. Meera nunca quiso estar en ese ambiente de clase alta, pero el destino siempre le daba lo que más odiaba.

Viajó en su autobús habitual hasta casa. Al volver, se cambió el uniforme por unos vaqueros y una camisa negra sencilla, y se preparó para su trabajo a tiempo parcial en el supermercado. Había empezado hacía cinco meses; eran solo tres horas, de 6 a 9. Se metió en ese trabajo principalmente para mantenerse ocupada, ya que estar distraída le hacía olvidar el dolor que la mataba día a día. No sabía por qué seguía viviendo, pero no quería suicidarse, ya que en el pasado se había esforzado mucho por superar ese pensamiento.

Meera llegó al supermercado y sus tareas cambiaban cada día según el horario; a veces trabajaba en las cajas, otras veces acomodando mercancía. Como había muchas personas trabajando allí a tiempo parcial, no solía ver a la misma persona dos veces porque los turnos variaban, y no hablaba con nadie excepto con el viejo gerente. Ese día le tocó trabajar en caja.

Tras tres horas seguidas de trabajo, Meera regresó a casa. Estaba oscuro, pero las farolas iluminaban el camino. Se dio cuenta de que solo unas pocas personas caminaban con ella, así que disfrutó del paseo por la calle nevada.

Al llegar, Meera abrió la puerta y entró directamente a su habitación, quitándose el suéter. No tenía hambre; el apetito se le había esfumado hacía mucho tiempo. Se puso el pijama y tomó su medicina para dormir. Sin embargo, antes de descansar, decidió seguir leyendo el periódico. «Leer te ayudará a dormir más rápido», pensó, recordando las palabras de Priya que seguía cada noche. A veces funcionaba, pero otras veces su pesadilla superaba su determinación.

Se sentó en el pequeño sofá junto a la ventana. Una brisa suave rozó su cuerpo; sintió que el día de hoy había sido algo bueno. Últimamente, estaba empezando a superar las cosas poco a poco, y ya no soñaba tan a menudo con él.

Después de leer la sección de deportes, Meera pasó a la columna de negocios. Sus ojos recorrieron toda la página, pero pronto se abrieron de par en par al ver la imagen de él. Sus manos ya no pudieron sostener el papel. Lo dejó caer y sus ojos se llenaron de lágrimas. Sin que pudiera evitarlo, sus manos empezaron a temblar. Meera miró de nuevo a la persona que quería borrar de su memoria, pero que ahora llenaba su mirada.

Sus lágrimas, desbordadas, rodaron lentamente por sus mejillas y cayeron sobre la imagen de aquel hombre.