A || Adrienne
Adrienne se levantó despacio del círculo, mordiéndose la comisura de sus labios rosados. La botella verde había dejado de rodar justo frente a ella; era su turno. Sin hacer caso a los gritos y silbidos de sus amigos cachondos, caminó con cuidado hacia Gabe. Sus manos pequeñas se subieron para hacerse un moño con su pelo rojo mal teñido. Se bajó sobre él para cumplir el reto: un lap dance.
Hundió los dedos en su melena espesa. Su aliento cálido le rozó el cuello y su entrepierna buscó la de él. El gemido ahogado de Gabe la animó a restregarse con más fuerza. Las manos temblorosas de él buscaron su cintura. Ella giró para quedar de espaldas a su pecho y rebotó sobre el bulto que crecía debajo. Se mordió los labios para no gemir.
—¡Niña! Ya es suficiente. Quítate de encima —ladró Carla, la líder del grupo—. Siguiente, por favor.
Una carcajada estalló en el aire. La fogata en medio del círculo chisporroteaba y ardía, iluminando con tonos naranjas las caras de los presentes. Carla volvió a girar la botella. Su mirada estaba fija en la pelirroja, que seguía sentada muy cómoda en el regazo de Gabe.
—Bitch, quítate de encima de una puta vez. Siguiente.
Adrienne puso los ojos en blanco con un largo bufido. Algún día se las cobraría a esa perra, pero por ahora, le haría caso a la muy necesitada. Se puso de pie y se dio un azote en su culo firme mientras caminaba contoneándose hacia su lugar. Sus pezones pequeños se marcaban contra la musculosa. Se pasó un dedo por encima sin dejar de mirar a un Gabe que estaba atontado.
Gabe tragó saliva para pasar el nudo de su garganta. Se ajustó los lentes de marco grueso sobre la nariz, sin saber cómo manejar la atención de una de las mujeres más calientes que conocía. Fingió darle un trago al vaso de cerveza que llevaba toda la noche tomando. Se apartó un mechón de pelo de la frente sudada. El bailecito lo había dejado caliente y nervioso.
Por el rabillo del ojo notó un movimiento. Adrienne abrió las piernas como si supiera que la estaba mirando y le dedicó una sonrisa provocativa. Sus shorts eran tan cortos que dejaban ver casi todos sus cachetes. Él sabía que eran suaves; el breve roce le había provocado un fuerte latido en la entrepierna. Se removió en el suelo sucio buscando una posición cómoda y cruzó una pierna sobre la otra para tapar su erección a medias.
Sus miradas chocaron por un segundo intenso. Adrienne sonrió con suficiencia y él se preguntó, por milésima vez, por qué ella invitaría a un nerd antisocial a una salida de amigos.
Si fuera más lanzado y tuviera más confianza, la habría arrastrado a su coche para darle una buena cogida. Se la tiraría por delante y por detrás. Metería su dick por cualquiera de sus agujeros donde cupiera. Soltó un suspiro suave y tragó fuerte. Como no era nada de eso, se conformaba con miradas robadas y fantasías fuera de su alcance.
Sus sonrisas nada inocentes y los guiños cada vez que cruzaban miradas le decían que ella buscaba algo de audacia. Sin embargo, él tenía los pies pegados al suelo. No era el mismo hombre que en sus fantasías. Levantó las cejas cuando ella se levantó; el juego le aburría y se había desconectado en cuanto terminó el baile. Adrienne le lanzó una mirada profunda que le encendió el estómago, susurró algo y dejó el grupo.
Nadie le hizo caso cuando él salió para alcanzarla. La encontró apoyada en su jeep, con el borde de la camiseta doblado para lucir su vientre marcado. Ella inclinó la cabeza para terminarse el vaso de cerveza. El líquido transparente le resbaló por las comisuras y pasó su lengua para humedecerse los labios. Le hizo una seña con el dedo para que se acercara. Sus pies obedecieron y en segundos estuvo frente a ella.
La timidez volvió con fuerza. Se puso a hacer círculos en la arena con el pie, evitando mirarla. Ella era demasiado sexy y jugaba en otra liga. Sentía que si la miraba a los ojos por mucho tiempo, podría evaporarse.
Una palma suave cubrió la suya. Gabe levantó la cabeza y se encontró con unos ojos azul gélido. —¿Quieres un lap dance de verdad? —susurró Adrienne, consciente del efecto que causaba en él.
Todo el mundo conocía a Gabe, el nerd guapo que prefería estar solo. A las mujeres del trabajo les encantaba. Era educado, escuchaba sus chismes y a veces les llevaba café con donas de colores.
Ella lo empujó contra el coche para que él quedara debajo. Adrienne soltó un sonido delicioso que le dio escalofríos hasta los pies. Gabe era más alto y robusto, pero tenerla encima lo dejaba inmóvil. A decir verdad, le gustaba que ella lo dominara. Si alguna vez se atreviera a decir sus fantasías, le pediría que lo cabalgara hasta el cansancio.
Adrienne le acarició el bulto y ronroneó. —Tengo una teoría —susurró. Él asintió porque era lo único que podía hacer—. Los tímidos tienen la herramienta más grande. —Le mordió el labio inferior mientras le agarraba el culo, sacándole un gemido—. Y me lo estás demostrando, Gabie. —Ese nudo volvió a su garganta y le costaba tragar. Se fijó en el cielo sin estrellas y en el ruido de la brisa. Restregándose contra él, Adrienne preguntó—: ¿Dónde están tus llaves?
Con las manos temblando, sacó las llaves del bolsillo. Pasaron unos segundos y ella lo llevó de la mano al asiento del pasajero para arrancar el coche. Gabe se quedó ahí pasmado, caliente y confundido. Estaba mucho más excitado que cuando ella bailó en su regazo. El coche pasó frente a casas que no conocía. Su confusión se fue cuando ella estacionó frente a un motel famoso cerca de su oficina y bajó para abrirle la puerta.
—A ver —empezó Adrienne, pasando los dedos por encima de la mancha en su pantalón—. ¿Quieres ese lap dance o no?
Él se quedó con la boca abierta. La respuesta estaba en la punta de la lengua pero no podía soltarla. Lo intentó una vez y suspiró; la palabra simplemente no salía. Adrienne le tomó la cara con las manos. Él tragó saliva cuando ella le quitó los lentes, dejándolo sin su armadura. Veía perfectamente sin ellos, pero lo hacían sentir seguro.
Ella metió las manos de él bajo su top para que le sintiera las tetas y gimió contra sus labios. —Necesito tener tu cock dentro de mi pussy. —Él se puso rojo como un tomate y bajó la mirada—. Tu timidez me pone muy caliente.
Como respuesta, sus mejillas se oscurecieron aún más. Él quería lo mismo que ella y también quería tocarla, pero sus brazos estaban pegados al cuerpo. Ella le besó el cuello, dejando besos húmedos por toda la piel. Su dick le dio un latido tan fuerte que pensó que se vendría en los pantalones.
—Gabie —susurró ella. No era su nombre, pero respondería a cualquier cosa que ella le dijera. Él la miró a la cara y ella gimió. Su voz bajó de tono, envolviéndolo como oro fundido—. Nunca me he cogido a un geek. ¿Quieres ser el primero?
Él logró darle un apretón suave en los pechos y acariciarle los pezones. Ella soltó un gemido que a él le pareció demasiado falso. Eso le dolió en el ego. Repitió la acción, pero el gemido de ella fue más fuerte y más fingido. Ella le apartó las manos del pecho y él se lamió los labios.
—Eres demasiado delicado —dijo ella. Él asintió. Lo era, pero no sabía cómo se hacía. Los labios de ella se acercaron a su oído y su lengua le hizo cosquillas en el lóbulo—. A mí me gusta el sex rudo, rápido y duro.
Sin dejar que procesara sus palabras, ella dio un paso atrás. Sus dedos fueron directos a la hebilla de su cinturón. Se lo quitó y empezó con la bragueta. Cada segundo parecía una eternidad. Él la miraba hacia abajo, deseando que se apurara. Por fin bajó el cierre. Su cock grueso saltó hacia afuera y ella aplaudió emocionada.
—Justo como predije, eres enorme. —Él se sonrojó y miró a otro lado. Ella le apretó los cachetes con ternura—. Ay, ¿el pobre Gabie tiene vergüenza?
Cerró los ojos con fuerza cuando ella le acarició las bolas. Sus dedos fríos recorrieron su longitud palpitante. Estaba muy cerca, casi al límite. Un sonido lejano llegó a sus oídos y abrió los ojos. Una puerta del motel se abrió y una pareja salió tambaleándose al pasillo. Adrienne se arrodilló frente a él. Su lengua pasó por la cabeza de su cock, lo succionó con suavidad y él soltó un siseo.
—Hay gente mirando, nos pueden ver.
Ella lo miró hacia arriba con el precum brillando en sus labios. —Entonces vamos a darles un buen espectáculo.