Halloween | ZhongVen

Sinopsis

Arrastrado a la fiesta de disfraces la última noche de octubre, Zhongli encuentra quien fue su vecino hace años. Aquél niño dulce que quería ser su amigo y que él mismo rechazó sintiéndose más adulto. Que equivocado estuvo haciendo aquello. Ahora, varios años después, en esa fiesta lo estaba viendo ser toda una belleza etérea. Y no solo él se daba cuenta, su amigo estaba doliendo contra sus pantalones. ૮ ˶ᵔ ᵕ ᵔ˶ ა ZhongVen ૮ ˶ᵔ ᵕ ᵔ˶ ა One Shot ૮ ˶ᵔ ᵕ ᵔ˶ ა Smut, romance, smut, un poquito de texto y smut ૮ ˶ᵔ ᵕ ᵔ˶ ა Mpreg, romance, smut

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18+

Uno

Érase una vez un dulce niño de ojos verdes corriendo en medio del campo como si estuviera por alcanzar el cielo mismo. Los pequeños deditos de su mano estirandose una y otra vez cuando por delante la mariposa roja que seguía desde su casa parecía estar a su alcance.

Ya sus pies de bebé estaban rojos dentro de sus lindos zapatitos negros con un patito a los costados. Se detuvo en lo alto de una colina respirando agitado y con el rostro sudado, la vista de ese lugar le dejaba ver hacia abajo a la aldea donde vivía junto a sus padres, y donde, también, al costado de su casa, vivía ese alto muchacho que le hacía enrojecer de las mejillas cuando lo miraba, porque era tan lindo con él, todos los días después de su escuela le traía una paleta de leche de cabra!

Oh, nuestro pequeño bebé Venti estaba teniendo su primer amor de verdad.

— ¿Dónde estabas mi amor? No vayas tan lejos a medio día, te pueden robar en una carreta y mamá va a llorar mucho —

Los grandes ojos claros del menor miraron a su mami con atención, asintiendo a sus palabras en realidad sin entender del todo, era tan solo un pequeñito de cuatro años sin conocer los riesgos de la vida.

Caminó con una calcetita verde más abajo que la otra hasta donde estaba la mujer para abrazarse a su pierna y besar las rodillas de esta como el niño dulce que era.

— Mami, estaba persiguiendo una mariposa, una muy grandota, pero creo que no le gusté porque huyó de mí — La boquita del menor se abultó en una mueca triste relatando cómo corrió mucho mucho sin éxito, teniendo que regresar sin embargo, en la espalda de Zhongli, porque ya no se acordaba del camino de regreso.

La mamá de Venti al oír como su adorado bebé fue regresado por el hijo de los vecinos frunció sus cejas mirando al menor con un gesto duro de preocupación.

— Entonces no viniste solo — Recalcó con voz firme, haciendo que Venti se encogiera en su lugar poniendo ojitos tristes — ¿Y si Zhongli no hubiera pasado por donde estabas? Venti ya te dije que para empezar no debes salir de la aldea, donde todos nos conocemos, pobre chico, de seguro lo asustaste también.

La señora talló su frente y fingió darle un coscorrón a su hijo, que al ver el falso golpe, atinó a reírse bajito tapando su boca con ambas manos regordetas.

— Toma, llévale esto al vecino, siempre estás dando problemas al pobrecito cuando está estudiando tan duro para ir a la capital — Refunfuñó su mamá tendiendole un frasco pequeño con mermelada casera y unos panecillos al horno cortados encima, todo adornado y unido con un lindo listoncito encima, a su mami le gustaba preparar de esa masita dulce siempre.

El menor sentía que estaba cargando con bastantes kilos encima, causándole risa a su joven madre que le abrió la puerta, viéndolo cruzar el cerco de madera de la propiedad e ir a la casa de al lado donde en el césped bajo un gran árbol estaba acostado el muchacho mayor con un libro estudiando.

— Mi mami te manda estos por ayudarme — Irrumpió la vocecita del infante al alto, asustandolo. Una vez que deja su libro de historia a un costado, ayuda al chiquillo con el frasco y lo insta a sentarse a un lado suyo en el césped fresco con una sonrisa. Era un bebé tan adorable con su carita linda y su barriguita cubierta por un precioso overol de rana.

— Oh, pero no fue nada, ¿quieres comerlos conmigo? — preguntó al ver al menor babear por la dulce mermelada.

— Uhm, Venti quiere, pero, un poquito, porque son para ti — Sonrió travieso juntando sus deditos tímidos.

A Zhongli le parecía siempre un angelito juguetón, tan buen niño, por eso nunca le dolía gastarse una o dos moras para comprarle una paleta rica en el pueblo cercano donde iba a estudiar, era su pequeño vecino tierno, pero no más allá de eso.

Era un niño de cuatro añitos, y él tenía doce, era divertido ser el primer amor de un bebé como ese, pero también deseaba el día en que su vecinito creciera y dejara de seguirlo por todos lados llevando insectos muertos como ofrendas solo porque una vez dijo que le parecían bonitos.

Con el pasar del tiempo, Zhongli incluso dejó de invitar a sus amigas a jugar a su casa porque Venti siempre aparecía para actuar como un hermanito pegajoso y malcriado, cuando no era nada de eso, incluso llegando al punto de tirar una bola de lodo sobre el vestido bonito de su primera novia porque “Zhongli gege, yo solo quería jugar” se sintió mal después de regañarlo, porque nunca lo había hecho, su corazón se sentía afligido de ver al bebé llorar.

Sin darle mucha atención, estaba cada vez más cansado de las pesadas bromas de niño celoso por parte de Venti, pero era su culpa por dejarlo ser desde el inicio solo porque le ponía cara de cachorrito.

Los días jugando con el menor eran cada vez menos divertidos, él crecía y sus intereses eran otros, quería estudiar en silencio para ganarse la beca de la universidad y poder largarse a la capital, donde tendría muchas más oportunidades que en aquél pueblo entre las montañas.

Cumplidos los diecisiete años, en verdad ya solo saludaba al otro por educación, el niño pareció darse cuenta con los años de que ya no era el favorito del alto, así que de igual forma a penas lo veía, salía corriendo a dentro de su casa para no molestar a nadie. No después de que su corazoncito se rompiera el día que Zhongli enfadado, le había gritado que era un berrinchudo molesto y ruidoso. Eso hacía uno o dos años, pero le dolía igual desde ese día.

En otoño no pudo saludar un solo día al alto, en invierno solo le deseó un feliz año nuevo cuando junto a su mami y su papi fueron a llevarles mermeladas y muchos panes ricos a los vecinos, así que por educación había dicho aquello, en primavera solo le pudo sonreír tres veces, cada vez veía menos al mayor, entrando el verano, solo meció su mano despidiéndose al verlo irse en un taxi que lo llevaría a la central de autobuses más cercana, bus que lo llevaría a cumplir su sueño a la capital, lejos de él.

— ¿Mami, no se fue odiándome verdad? — preguntó Venti de diez años recostado en el regazo de su madre, mientras sus ojitos verdes se llenaban de lágrimas contenidas. La señora solo acarició sus cabellos azabaches con un gesto cálido besando su frente.

— No puede mi amor —

ʕ≧㉨≦ʔ varios años después ʕ≧㉨≦ʔ

Faltaban cuatro días para la fiesta de Halloween en casa de los gemelos, sus buenos amigos de la universidad. Frotó su frente con bastante frustración porque en realidad seguía sin tener un disfraz con tan pocos días, lo pospuso tanto tiempo que ahora... no era exactamente tarde, pero tampoco tenía tiempo de salir en bus directo al centro para buscar, comprar en línea estaba descartado desde que saturó su tarjeta de crédito y había una tercera opción que no quería usar, por pena o respeto, ya que existía un traje al fondo de su armario que podía utilizar.

Desde los dieciocho años, cuando se trasladó a la capital para estudiar en la universidad su vida se movió como en una gráfica solo ganando, se sentía agradecido con todo lo que tenía en ese pequeño apartamento que aún pagaba mes con mes. Claro que de vez en cuando extrañaba su casa en medio de los campos de flores, con la brisa eterna del verano golpeando en su cara, pero, sobre todo, donde sabía que estaba su familia. Su padre había trabajado horas extras cada semana para juntar el dinero suficiente que necesitaba su único hijo para estudiar fuera, en una buena universidad que impulsa su vida a no trabajar como ellos en un campo recolectando frutas, no era malo, pero por supuesto que no ganaba lo suficiente, tampoco gozaban de seguro, prestaciones o jornadas establecidas. Por eso, su pequeño Venti era el orgullo de mamá y papá.

Ahora, con 23 años, el corazón del joven vibraba feliz con todo lo que le rodeaba, y como no, si a tan solo dos meses de graduarse ya tenía un lugar asegurado en su editorial favorita al ganarse el corazón de todos con su energía juguetona y risueña cuando hizo sus residencias en tal lugar, pero tampoco se dejen engañar, claro que no entró solo por eso, el amor de Venti por su carrera fue tanto que cuando le tocó demostrarlo frente a todos, sus habilidades e ingenio impresionaron a los demás.

Lo demás llegó por inercia, destino o magia, esos dos años su popularidad incluso en la universidad creció como la espuma, consiguió su apartamento, una pequeña motocicleta que solo sacaba en ocasiones especiales para lucirse y había algo de lo cual siempre se mantenía regocijado, era algo simple, y hasta banal, pero ver su despensa siempre llena era algo que todos los días le traía recuerdos. Habiendo crecido en aquella aldea donde eran contados los sabores que conocía, tener una despensa como la que mantenía sacaba corazones de sus ojos.

— Oye, dijiste que solo veníamos por tu disco duro, pero sigues viendo tu armario desde que llegamos — Su hilo de pensamientos fue interrumpido por Lumine con una mueca cuestionándolo con la mirada, le dedicó una risa nerviosa y sacó el pequeño cuadrado de su saco.

— Todo este tiempo lo traje aquí — Se atrevió a revelar saliendo del cuarto sin dirigirle la mirada por miedo. Cerró la habitación a sus espaldas y enganchó el brazo de la chica al suyo escuchando sólo su bufido cansado, con eso supo que iba a dejar al menos de mirarle feo.

— Ya te dijimos que deberías tomarte un tiempo del trabajo, debes descansar antes de entrar de lleno a la editorial — Reprendió en tono maternal la rubia, cosa que a Venti le causó ternura, porque Lumine siempre era así, dura por fuera, una masita de malvavisco por dentro.

— Lo haré, lo haré, no me regañes mamá, este fin de semana voy a relajarme muy bien en brazos de Barbara probablemente — Canturreó relamiéndose los labios ansiosos por tener la cara entre sus pechos esponjosos. Escuchó a su amiga decir algo como ″eres un asqueroso″ antes de cerrar la puerta de su departamento.

Si quería impresionar a la chica, tenía que conseguir un buen disfraz para el sábado. Su polla iba a tener un festín logrando eso, pero llegó el sábado, un día antes, y seguía sin nada, muy en el interior sus más primitivos deseos estaban ansiosos por ponerse ese traje del arconte de aire que en realidad había utilizado para una obra de teatro hace un par de años en la iglesia, la diferencia de masa muscular era apenas notorio, siempre había mantenido una buena dieta, así que muy quitado de la pena se durmió con la mano sobre su miembro feliz de imaginar su festín. Yes, era un bastardo.

A la mañana siguiente, como si de la banda sonora se tratara, puso música a todo volumen mientras su desayuno giraba dentro del microondas, barrió su casa muy feliz con una sonrisa de oreja a oreja, incluso le transfirió dinero extra a su mamá sintiéndose poderoso cuando sacó el traje de arconte de su armario de madera comprimida.

La prenda superior aún permanecía en muy buen estado, no debería ser problema, cubría apenas su pecho, pero dejaba a la vista sus suaves abdominales que atraerán a muchas chicas. En cambio, el pequeño short si que le hizo sudar la gota gorda al meter la primera pierna, tendría que ponerse talco o algo en medio de las piernas porque sus muslos provocan que la tela en las orillas se enrollara un poco, eso le hacía abultar los labios porque sus piernas para nada las consideraría gordas, eran atléticas, capaces de llevarlo de su casa a la parada de los buses en menos de cinco minutos cuando se le hacía tarde pero la pieza con el tiempo se había vuelto diminuta apenas dejando correr la sangre por sus muslos, incómodo, pero no doloroso, así lo describiría. La media que se puso después en su pierna derecha en cambio sí fue más a su talla, quizá porque la tela tenía cierto grado de elasticidad, así que prosiguió poniendo el ligero verde en la pierna izquierda a la altura de su muslo, en lugar de pintar las runas que el verdadero arconte cargaba, a parte, ya había gastado dinero hace un año haciéndose el tatuaje en medio del pecho.

Dos horas más tarde de eso, entrada la noche, se hallaba cantando a todo pulmón en medio de una masa de gente que bailaba con vasos llenos de licor en las manos por el cumpleaños de los gemelos. La música le volvía loco al retumbar por todos lados, con luces estrambóticas y destellos de colores, aquella era una de las mejores fiestas temáticas a la que había sido invitado, le sorprendió ver a tanta gente como antiguos aventureros de Teyvat.

Su mente se sentía en un universo paralelo disfrutando con tanta euforia, no creyó que incluso pensó ayer en faltar, pero eso era lo de menos ahora que bailando unas manos en sus caderas siguieron su ritmo y una fuerte presencia se aferró desde atrás frotando su bulto de cuero contra la tela de sus shorts, era una injusticia tener dos hombres ahí y ninguna mujer lo llamara. Acostumbrado a los toqueteos sexys en ese tipo de fiestas, pero no muy seguro, se dio la vuelta bailando, y como si de un chiste se tratara se alejó de ahí, celebrando con otro pequeño baile de victoria que no duró tanto, puesto que al voltear observó a Bárbara en medio de la cocina comiéndose la boca de Bennet y Razor al mismo tiempo, no hacía falta decir que en realidad también ahí había manos involucradas, bueno, ahí iba su polvo de la noche, claro que a él no le gustaba compartir, siempre había sido muy celoso, así que dando pasos fuertes con sus calcetas blancas caminó hasta la barra al sentido contrario, pidió un trago de vodka a Kaeya, quien estaba aparentemente sirviendo a todos, lo vio sonreírle con coquetería pero pasó de largo empinándose el vaso que luego se volvieron dos y luego otro y luego otro y otro de tequila, pero cuando este último llegó, ya no pudo notar el polvo extraño que al fondo del vaso se notaba.

Lo que sí notó fue el subidón rápido de energía en su sistema una hora después, ya había bailado y dado vueltas con al menos un cuarto de la gente ahí, incluidos los gemelos, la vibración de su alrededor le pareció mejor que nunca mientras sus pies cubiertos brincaban de un lado a otro, la música llenaba su cuerpo casi como un buen orgasmo, su cuerpo no paró de moverse para todos lados bailando con un sin fin de gente, incluso llegada las tres de la madrugada, con la música más lenta y seductora no se detuvo de bailar, pero hacía rato que su cuerpo se sentía más caliente de lo usual, y no paraba de sentir como con cada roce de la tela su miembro dolía más y más. Su cintura fue tomada un rato después por una nueva persona, pero esta vez no le importó porque de verdad había algo dentro suyo que le pedía a gritos ser llenado, molió su trasero contra la entrepierna del otro viéndolo a penas de reojo con un gesto seductor, no lograba enfocar al alto completamente, pero era sin duda un hombre guapo y atlético, la atracción de ambos fue tanta que les llevó a comerse la boca con desesperación en ese instante casi como un instinto animal, el hombre alto giró a Venti en su lugar sosteniendo el rostro para poder presionar su pulgar contra el belfo de este, sus lenguas no dejaban de jugar entre sí y los chasquidos de ambas bocas eran excitantes, el mayor descendió su mano derecha hasta el trasero gordo del más bajito apretando con fuerza la carne, desde que su vista se había posado sobre ese culo apenas cubierto había algo que ya le estaba llamando para perseguir al chico.

— ¿Quieres ir arriba? ¿O quieres que te lleve a mi departamento? — preguntó el alto con una voz ronca que a Venti le hizo temblar las piernas, sus miradas llenas de deseo crudo.

— Tu casa — Respondió apenas consciente el bajo volviendo a estrellar sus labios húmedos contra la boca del mayor, vestido de arconte geo. Sus pezones erguidos picaban contra la tela blanca de su traje y se prometió disfrutar de esa noche.

Zhongli por otro lado, bastante sobrio, se halló cargando al bajo como damisela en apuros mientras este se aferraba a su cuello en la espera de un taxi disponible a esas horas.

Lo había estado observando desde que entró por aquella puerta blanca hace bastantes horas, lo que claro que le había hecho tirar su refresco al suelo sorprendido, porque sabía quién era, lo había reconocido al instante, su mamá le había mostrado fotos de su pequeño vecino molesto cuando le fue a visitar a la capital diciéndole lo mucho que cambió con la edad y lo mucho que extrañaba verlos jugar por ahí. Y justo en la foto más reciente, Venti lucía un overol café que le llegaba a la mitad de esos muslos blancos lechosos y había conseguido cubrirse los brazos con una camiseta blanca de algodón por debajo del trajecito. Ese día no dudó un segundo en decirle a la luna lo hermoso que se había vuelto su vecino de antaño, pero tampoco pudo contener la nostalgia de saber que a menos de que todos los planetas se alinearan, ellos no se toparían de nuevo, porque su madre le había confesado que el menor al parecer había ido a estudiar fuera, pero vaya que era una enorme mentira, porque en ese instante se seguían comiendo la boca en la parte trasera de un taxi privado, y solo dios sabe lo mucho de mágico que le parecía todo.

El camino le pareció eterno intentando ambos comportarse para no traumar al chofer, así que una vez bajaron del auto, subieron a trompicones por las escaleras dándose besos en cada pedazo de piel disponible. Zhongli abrió como pudo su apartamento y un hilo de saliva quedó colgando uniendo ambas bocas cuando intentaron separarse.

— Bonito apartamento — Murmuró Venti una vez entraron a su hogar, pasando el dedo por los muebles como si primero inspeccionara minuciosamente.

Y mientras ayudaba al más bajo a desprenderse de las alas falsas en su espalda y las arrumbaban por ahí, se percató de lo mucho que había crecido, su barriga de bebé rellena ahora era un abdomen plano sin más, lujurioso con ese tatuaje en medio de su pecho, una caderas con curvas suaves y un trasero respingón y gordito que le puso la entrepierna a doler contra sus pantalones.

Encima se atrevía a ponerse la diminuta pieza de short como si no se hubiera visto en un espejo y no supiera lo caliente que lucía con todo aquello, no se podía imaginar cómo se había perdido de tanto por ser condescendiente con él durante años y otros hombres habrían probado ya de las dulces curvas de su pequeño, se preguntaba al mirarlo, durante el beso camino a su cuarto, si su primera vez había sido satisfactoria como la suya, o si lo trataron mal para ir a golpear al infeliz, qué tipo de juegos previos le gustaban o si en realidad le gustaba ser el top.

El alma de Zhongli se hundió un poco temeroso por eso y acorralando al menor contra la base de la cama acostándolo preguntó en tono grave: — ¿Estás bien siendo el de abajo? — La respuesta de Venti fue una risita coqueta mientras se sentaba en medio de la cama quitándose las prendas superiores y su media, quedando con el short, el ligero y sus calcetitas blancas. El alto tragó duró frotando con su mano su miembro, el preseminal humedeciendo su ropa mientras imitaba las acciones del menor quedando solo en boxers.

— ¿En qué momento te quitaste la ropa tan rápido? — cuestionó atolondrado Venti, gateando sobre la cama hasta el borde para dejar sus manos sobre el torso del alto, su muy bien trabajado torso merecedor de su boca húmeda y rojiza. — Y solo por si no quedó claro, soy el de abajo —

Zhongli no tuvo tiempo de responder ante aquello cuando el otro ya tenía su pesada erección entre sus finos dedos. — ¿Sabías que me gustan justo como la tuya? — El alto pensó que era un descarado pervertido por decir eso, pero los hinchados labios de Venti rodearon la cabeza de su miembro como algo hermético robándole la cordura, su pequeña boquita apenas podía contener su palpitante circunferencia, y la lengua de él recorrió torpemente la vena al costado de su falo mientras intentaba tragarse todo con sorbos obscenos, se notaba que en eso era un novato, pero la solo imagen de su boca estirada, sus pezones erguidos y la manera en que el bulto del menor presionaba la tela de su short le provocó más, se daba cuenta que los movimientos seductores de Venti en realidad eran torpes, pero lo atribuía a la bebida, y se preguntaba cuántos hombres habían caído como él por su dulce imagen.

Sus dedos se enroscaron en los cabellos negros del pelinegro logrando solo balancear su miembro hasta la mitad dentro de la boca de este, la cavidad bucal de su amante era una maravilla húmeda, con hilos de saliva escurriendo por el costado de sus labios, los cuales le aprisionaban de forma deliciosa en un balanceo lento de su cabeza manteniendo los golpeteos contra su garganta a tope. Las manos de Venti se apoyaban en sus muslos duros y con sus manos le fue bajando el bóxer negro hasta dejarlo alrededor de sus descalzos pies. Zhongli sonrió de lado con un rubor empañándole las mejillas, de su pecho brotó el más grave jadeo cuando Venti le tomó las caderas impulsándose para intentar meter todo su miembro en la boca, lo que le provocó una arcada apenado y el alto sacó su erección de entre la boca de este aún bastante excitado, Zhongli se apresuró a besarlo en esos rojos labios hinchados, podía saborear un poco de su esencia en él durante el beso, tomó la cintura del menor que se limpiaba avergonzado la boca mientras lo acomodaba al centro de la cama.

— Lo siento, era mi primera vez tomando algo tan grande con la boca, perdón si fui un asco — La mirada avergonzada que le dirigió fue un espectáculo caliente, sus mejillas estaban encendidas en rojo y su pecho blanco subía y bajaba agitado.

Zhongli tomó su propio miembro húmedo y pesado con su mano masturbándose levemente bajo la mirada fija del menor. Estaba algo inseguro de si Venti estaba del todo consciente, porque de alguna forma lo tenía que reconocer, la última vez que se vieron tenían veinte y doce años respectivamente, a excepción del menor que apenas estaba pasando por la adolescencia, Zhongli no había cambiado casi nada, solo un par de músculos más y su cabello más recortado.

Acarició las piernas de Venti en un largo roce suave, haciéndole cosquillas.

— Está bien, no tienes que avergonzarte, aún tenemos otras cosas por disfrutar — Sus dedos se engancharon en las pretinas blancas del short que aún utilizaba Venti bajándolo con lentitud, esparciendo besos en su pelvis desnuda una vez que la prenda estuvo fuera. El miembro de Venti era como él, pequeño y lindo, como esos peluches que venden en las ferias, tierno.

— No quiero más juego previo, en realidad estoy bastante ansioso por tenerte dentro — Zhongli sintió su vientre contraerse con las palabras del otro y su virilidad pedía a gritos el interior de su amante.

— Ansío también el momento, precioso, dame un momento más para disfrutarte — La bruma en la mente de Venti aún era espesa, lo único que sabía es que necesitaba ser llenado por el alto, quien tenía otros planes en mente, tomando el pequeño miembro del menor entre sus dedos acariciándolo, su pulgar frotando la hendidura llena de seminal, los jadeos quedos del pelinegro fueron de un momento a otro en aumento, presionando su pelvis contra la mano del de ojos miel, el vaivén de esta sobre su erección le estaba mareando, nunca había sentido un movimiento tán rápido y limpio sobre sí mismo. Intentó tapar su boca con ambas manos para callar sus gemidos agudos, cosa que era imposible teniendo la mano derecha de Zhongli masturbándolo y la izquierda frotando su entrada con suaves caricias. Podía sentir su piel erizada y su anillo de carne contraerse hacia la nada, pidiendo lo mismo que él. Todo parecía estar sucediendo como en un sueño, un delicioso sueño, no entendía el porqué de sentirse así cuando él era un buen tomador, por encima de la media.

— ¿Traes condones? — preguntó Zhongli besándole por todo el rostro y el cuello, aunque estaba seguro de que iban con marca. Venti se cubrió los ojos con el antebrazo mientras negaba haciendo un tierno puchero.

— ¿Qué te hace creer que traería condones? — Respondió viéndole con un solo ojo medio molesto, eso provocó una sonrisa socarrona en Zhongli dejando libre la erección de Venti y en su lugar sorprendiendo al ingresar con cuidado un primer dedo en su muy ajustado anillo de carne hasta el nudillo. Los labios de Venti temblaron al cerrar los ojos por la intrusión, el jadeo ahogado que había liberado incentivó al mayor a mover con mucha paciencia su dígito dentro.

— ¿Estás diciéndome que te tome sin protección? — El bajo asintió con una mueca de pasión contenida, su cuerpo necesitaba más de todo, y el alto entre sus piernas era justo ese todo. Las mordidas que le proporcionaba en el cuerpo le dejaban cada vez más sensible.

— Igual me va a doler, pero intenta que no duela mucho porque soy muy llorón — Zhongli frunció su entrecejo con una corazonada en la garganta sin dejar de mover suave su dedo, dirigiendo una mirada a este, perdiéndose en la piel sonrosada de aquella entrada apretada consumiendo como un guante su dedo.

— Es tu primera vez — murmuró con una media sonrisa linda al bajo, no podía creerlo, era un bastardo por sentirse tan feliz al tener ese privilegio, sus deseos más mundanos saliendo a flote tras aquello, su miembro dolía lo suficiente ahora, estando tan hinchado y rojo.

— Sí, pero no lo digas, solo metemelo — Zhongli ni lento ni perezoso insertó dos dedos más en el interior de Venti, logrando sacarle un jadeo alto, sus dígitos eran aprisionados por un cálido interior y la sola idea de que iba a desvirgar al bajo le estaba volviendo tan impaciente, quería sentir la misma presión en su dura erección, estaba tan consciente de lo que portaba que incluso dudó de si el otro podría tomarle por completo.

Con tres dedos en su interior, el menor ya estaba acercándose al borde de su orgasmo, Zhongli estaba encima de él llenándolo de besos húmedos, desde sus muslos regordetes hasta detrás de sus orejas, movió sus dedos cada vez con más rapidez. Se sentía tan caliente, pero ante la mínima brisa que entraba su piel volvía a erizarse y presiona sus caderas por más. Sus manos primero se estiraron para atraer por el rostro a su alto amante, compartiendo un beso demandante, su lengua fue la primera en entrar a la boca del otro con un pequeño choque de dientes, quería consumirlo por completo, los jadeos de ambos apaciguando en la cavidad del otro completamente envueltos en el placer.

— ¿Te sientes listo? ¿Seguro? — Zhongli se despegó un poco del rostro sonrosado de Venti, admirando su flequillo pegado a su frente por la ligera capa de sudor. Los brazos del bajito le rodearon por el torso abrazándolo con no mucha fuerza una vez sacó sus tres dedos empapados, brotando de este un pequeño gemido, y ante su mirada se llevó a la boca sus dedos con un gesto sensual. La mirada que le dirigía su pequeño amante fue de pura necesidad.

— Sí, sé que también quieres hacerlo, quiero recordar este momento mañana por la mañana — Zhongli alzó una ceja curioso por sus palabras, dichas con un tono de melancolía, pero no le dió mayor importancia, platicarían después, ahora su propia erección demandaba atención.

Compartió otro beso profundo con Venti antes de ayudarlo a acomodarse contra las almohadas sin tocar la cabecera, sus labios regaron besos y succiones de nueva cuenta en sus lechosos muslos, incluso dándose el atrevimiento de morder su nalga como un mochi tierno para sacar otro jadeo alterado del otro. Regresó de nuevo al rostro del bajo pegando sus frentes para besarlo con paciencia.

— Tus manos siguen un poco frías — murmuró Venti con un jadeo de sorpresa en el momento que Zhongli tomó sus muslos llenos para rodearse la cintura con ellos. Tenerlo así era simplemente un regalo que los verdaderos dioses le estaban dando y no sabía qué hizo para merecerlo. — ¿Qué tanto me ves? Pervertido — Rió un poco al oírlo, tan desesperado como desde niño.

— Creciste tan bien Venti — Murmuró contra la oreja del otro tomando su miembro para volver a esparcir su pre-semen por sí mismo y con los dedos volver a bordear el anillo de carne. — Voy a entrar lento ahora, si te duele mucho debes avisarme —

Venti asintió con entusiasmo manteniendo sus labios juntos, la imagen se le antojaba a Zhongli tan deliciosa.

Presionó su pulgar contra su punta un momento más antes de morderse el labio y presionar muy superficial la entrada del bajo, iba a ser un problema que no le doliera como había pedido, su erección probablemente era dos veces el tamaño de lo que su interior podría tomar a simple vista, pero basta de suposiciones, Venti lo seguía mirando con esos ojos grandes suplicando.

Presionó de nuevo, esta vez con un poco de fuerza contra el anillo de carne del menor y lo escuchó jadear alto. Venti sabía que el alto era grande de ahí abajo, pero no que se iba a sentir así de enorme. Era solo la punta y sentía que se estaba rasgando.

— Venti, cariño, respira un poco y relájate para que deje de doler, va a seguir doliendo si te concentras en ello — Zhongli comentó con voz gruesa acariciando su cadera, quería hundirse por completo, en ese delicioso interior caliente.

— Mejor no lo hagas lento, solo entra todo — Gimoteó abrazando de nuevo al alto, listo para hundir su rostro en el espacio entre su cuello y su hombro si dolía mucho.

Zhongli bajó las piernas del menor solo dejándolas extendidas a cada costado para su mayor deleite, y esperaba que así doliera menos, colocó una mano sobre la cadera del menor y con la otra tomó su miembro pesado, acarició la cabeza gorda y roja de está, volviendo a acercarla a la entrada del bajito, ingresando y volviendo a salir varias veces buscando jugar con los fluidos del otro.

— ¿Te estás divirtiendo? Bastardo — Los ojos de Venti se mostraban acuosos y el alto supo que era ahora o nunca.

— Lo siento, solo quería que estuvieras un poco más listo acá, estás muy apretado, casi me creo que eres virgen — Sonrió contra la boca de Venti como el bastardo que en realidad si era y antes de que el de pelo negro objetara nada, Zhongli se hundió hasta la empuñadura dentro de su pequeño agujero con un gruñido grave, su erección nunca había estado en un lugar más apretado, las paredes internas de Venti le estaban torturando como si quisieran succionarlo, quería volver a salir y estrellarse una y otra vez contra sus esponjosas nalgas, pero había que esperar a que el otro se acostumbrara. Cosa que no veía muy clara, el gemido quedo pero largo que brotó de los labios del menor le dieron una idea de eso, sus ojos estaban presionados, dejando sus pestañas espesas y oscuras descansar sobre sus cachetitos, sus labios se mantenían abiertos para dejar salir esos jadeos constantes aun cuando no estaba moviéndose dentro suyo como quería, su piel estaba erizada y las uñas de sus manos muy dentro de su piel en la espalda. — ¿Estás bien? ¿Quieres que salga? — Preguntó besando esa lágrima traicionera en el rostro de su amante sacando a penas unos centímetros del de ojos verdes, pero parando al instante cuando pegó un gemido deteniéndolo, se quedó en su lugar murmurando en su rostro lo precioso que era y lo fuerte que se mantenía porque su erección era grande, enorme, y le confesaba con un perdón su rudeza porque nunca había tomado un virgen, no que él recordara, recibió una mordida en el hombro por eso, y varios minutos después, más relajado Venti, le indicó con un beso sucio que podría moverse.

— Pero no vuelvas a mencionar que te tiraste a otras personas porque me voy a poner celoso —

— Siempre has sido un celoso de lo peor Venti —

Su plática terminó ahí al sentir de nuevo como el alto comenzó a embestir lentamente el agujero suave y caliente del menor, el rostro rojizo del bajo soltando cientos de gemidos con cada empuje, Zhongli se sentía enorme dentro suyo, como si quisiera destrozar sus caderas aun cuando estaba yendo despacio, se sentía tan lleno por todos lados. Tomó la mano del alto para que jugara con sus pezones duros y obtuvo algo mejor, al sentir la cálida lengua de su amante sobre su botón izquierdo y su otra mano jugaba con el restante mientras seguía embistiéndole, con el paso del rato los movimientos fueron subiendo de velocidad hasta que ambas manos de Zhongli presionaban contra los huesos del vientre de Venti, y este arqueaba la espalda.

Zhongli se movía con frenesí estrellando ambas intimidades, su miembro entraba y salía del otro aun con cierta dificultad, pero ahora sabía que a Venti le era igual de placentero al oírlo gemir su nombre con cada embiste y sentirlo empujarse para encontrarse en medio de las penetraciones, haciendo que su interior tomara más de él, eran un manojo de sudor y gemidos, el sonido de sus testículos golpeando contra las pompas de Venti era aún más excitante haciéndolo empujar más fuerte dentro del otro. El menor apretaba con fuerza sus hombros, el monstruo entre las piernas del alto lo estaba destrozando y llenando tan bien, casi podía ver como de rojo estaba su entrada.

— Zh-Zhongli por favor — Gimoteo sintiendo su propia erección golpear en medio de ambos cuerpos, friccionando contra estos teniéndolo de nuevo al borde del orgasmo.

El de ojos miel al escuchar su nombre ser pronunciado con esa voz entrecortada perdió lo poco que le quedaba de cordura, sus golpes en el interior de Venti se volvieron salvajes, podía sentir como llenaba todo el interior de este y se excitaba más pensando en que pronto toda su esperma estaría ahí, en el útero de ese pequeño arconte sexy. Zhongli abrazó a Venti por la cintura deteniéndose para poder quedar sentado contra el respaldo, supo que fue una buena decisión cuando soltó a su amante y cayó de golpe enterrándose solo en su erección, ambos jadearon excitados y tomando una bocanada Zhongli empezó a mecer de esa manera sus caderas hacia arriba, llegando más profundo, se preguntaba si Venti podría ser tan fértil que si ponía su semilla esa noche quedara en cinta. La idea le renovó las energías profanando como desquiciado el estrecho agujero.

— Ahí! Zhongli ahí, carajo, sí, sí — Venti balbuceaba abrazándose a los hombros anchos del alto. No dejaba de sentir como en cualquier instante su cuerpo iba a partirse en dos de tanto rebotar sobre tan gorda erección, era todo nuevo y maravilloso, incluso la cachetada que Zhongli le propino en el trasero, haciendo enrojecer y rebotar su carne, le sacó un jadeo, le gustaba, así que si ya estaban en ello, no debía tener pena, pidió al alto de nuevo aquello, y recibió una hilera de nalgadas mientras era embestido brutalmente, no paraba de gemir a cada instante, era la mejor noche de su vida, fuera un sueño o no, Zhongli estaba profanando su cuerpo y su próstata tan rico que le daba miedo orinarse de placer, hasta que una corriente eléctrica tensó su cuerpo y arqueando de nuevo la espalda engruñó los dedos de sus pies, y su interior se contrajo manchando a ambos con su liberación, estaba teniendo el mejor orgasmo de su vida, largo y delicioso, casi la misma descripción que podría dar del miembro de Zhongli, quien por su lado al sentir las de por si apretadas paredes de Venti ajustarse más a su polla, no encontró razón para seguir posponiendo su orgasmo, así que tan solo unos minutos después se corrió dentro del bajito, llenando su interior con semen.

Lo escuchó suspirar en medio de un último jadeo y vio cómo sus ojos se cerraron cansados.

— Venti ¿Te dormiste? — Lo acostó con cuidado frente a si en la cama sin salir de él, le costaba volver a abrir los ojos al menor, así que de verdad estaba más dormido que despierto. — No importa, podemos practicar tu resistencia después— Mordió su labio admirando la unión apretada de ambos, el interior del menor apenas podía contenerlo, se veía tan estirado que con cuidado salió de él antes de volver a tener otra erección. Toda la esperma escurriéndose en medio de esas piernas blancas le estaba poniendo mal de nuevo, se acercó a besar los labios pomposos y rojos de Venti para después ir por unas toallitas listo para limpiar a ambos.

— Zhongli, ven a dormir — Escuchó murmurar al de pelo negro bajo las colchas varios minutos después, ya limpio de cualquier fluido y una vez limpio también él, alzó el edredón oscuro acomodándose a su lado.

— Ya estoy aquí, quejumbroso — Contestó sobre la oreja de un dormido Venti, abrazándolo por la espalda pegando su entrepierna al trasero del menor.

Bostezó con una sonrisa esperando que al día siguiente pudieran platicar calmados en el comedor, o si Venti estaba muy adolorido, en la cama estaba bien.