Erotic power exchange

Summary

Uno busca el dolor que enciende su placer. El otro, la sumisión absoluta. En este juego de poder y deseo, cada límite será probado… y cada orden, ¿obedecida?.

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Guinda al Maraschino

Dos plantas completas, decoradas con elegancia, le daban la bienvenida al amplio bar. Las luces tenues ayudaban a crear el ambiente erótico perfecto y, al mismo tiempo, mantenían la confidencialidad de los exclusivos clientes. Eso, junto con los muebles de caoba oscura y cuero negro, reforzaba la atmósfera selecta del lugar.

La señal era esa bebida nada típica: Manhattan rosa. Y, por si algún cliente ajeno a la comunidad llegaba a pedirla por error, la guinda al maraschino se pedía doble.

Así que ahí estaba Baekhyun, convertido en un manojo de nervios al ser esta la primera vez que se atrevía a intentarlo. Se había puesto la ropa más provocativa que encontró: mala elección, pues el aire acondicionado del lugar, demasiado frío, erizaba a cada minuto la piel expuesta. Los shorts de cuero, demasiado cortos, la camisa oversized de piel escarlata y esos botines no hacían mucho para conservar el calor.

Según le habían contado, si alguien estaba interesado en él, tomaría una de las cerezas y se la acercaría a la boca. Era su decisión comerla o no. Lo excitaba pensar en el simple acto de que alguien le ofreciera una cereza y que él la tomara con los labios; conjuraba escenas de todo lo que pudieran ofrecerle… y de lo dispuesto que estaría a aceptarlo.

La información la había obtenido de su amigo JongIn (o de un amigo del amigo de JongIn), y después de treinta minutos en el bar empezaba a creer que le habían jugado una broma pesada. Casi podía imaginar que en cualquier momento entrarían, verían la bebida y se burlarían de él. Tenía ganas de rendirse, de tomarse la bebida a base de vermut y largarse de ahí. Inhaló profundamente y dio otro vistazo a la inmensa barra. El barman le sonrió, y eso lo tranquilizó un poco. Esperaría unos minutos más.

El dueño del bar —bruma desconocida, silencioso mortal—, un hombre de más de uno ochenta de estatura, robusto, de porte impecable y mirada seria, bajó a paso lento por la escalera que rodeaba la barra mientras dirigía una rápida mirada a las mesas. A pesar de la escasa luz, conocía la silueta de sus clientes habituales y los reconocía de inmediato.

—Odio a los fisgones —mencionó al acercarse a la barra, donde MinSeok, el barman, limpiaba vasos ya relucientes—. Déjame adivinar… ¿Manhattan rosa?

—Sí, y esto te gustará más: doble cereza.

Hizo comillas con los dedos al pronunciar lo último.

Los “fisgones”, como los llamaba el dueño, eran personas que no pertenecían a ese mundo. Solo llegaban arrastrados por la curiosidad, pero a la primera salían corriendo y llorando. Los reconocía fácilmente; años atrás, alguien había filtrado esa falsa información sobre la bebida. ¿Quién demonios pedía un Manhattan? Como si estar en un bar con las siglas BDSM no bastara.

—¿Por qué nadie se ocupa de él? Por lo caliente de la bebida, no creo que lleve poco tiempo esperando.

—Nadie quiere perder el tiempo.

—¡Agh! Detesto a esta gente. Tomaré la habitación de siempre. Encárgate de él cuando salga. Veinte dólares a que se va en… diez minutos.

MinSeok lo valoró: llevaba bastante tiempo esperando, sobrio, soportando el frío.

—Que sean cincuenta dólares —contestó, cerrando el trato con un apretón de manos.

Pobre Seok, esos cincuenta dólares serían como quitarle un dulce a un niño, pensó Chanyeol mientras se acercaba al joven de cabellos plateados que tiritaba.

—Guinda al maraschino doble. La dulzura justa para calentar el alma.

BaekHyun volteó hacia la grave voz detrás de él: alto, bien parecido, cabello corto y negro, la larga gabardina sobre un traje gris Oxford. La emoción lo invadió. No lo habían engañado, y la espera había valido la pena, pues el hombre que hablaba era más de lo que imaginó. Cuando el alto tomó las cerezas y las llevó a sus labios, BaekHyun las aceptó con gusto.

—Do Chanyeol —se presentó el dueño del lugar, tomando asiento frente a BaekHyun.

—Su BaekHyun —contestó a cambio y, sintiéndose un poco nervioso, añadió—: Esta es…

—¿Tu primera vez?

—¿Cómo lo supo?

—Intuición. Nunca te había visto por aquí. ¿Quieres intentarlo ahora?

—Mmmmm… —BaekHyun volteó a todos lados, esperando encontrar en algún lugar la respuesta—. ¿Aquí?

—Las habitaciones están arriba.

—Mmmmm… ¿No deberíamos primero… hablar de la seguridad?

Chanyeol ya estaba sorprendido de que el joven frente a él se presentara con el sufijo su. Que además mencionara la seguridad le pareció irrisorio. Se preguntaba qué artículo habría leído como preparación para curiosear.

—Podemos hablarlo ahí —contestó, con la clara intención de asustarlo. La curiosidad mató al gato, y él le daría una probada de lo que era este mundo para que se alejara y no volviera. No deseaba perder el tiempo con alguien como él; si fuese a tomar a un verdadero sumiso, había mucha preparación de por medio.

—Preferiría que fuera aquí.

—Para ser sumiso, eres exigente.

—Sumiso y seguro.

Chanyeol hizo una señal a MinSeok, y enseguida les dejaron dos bebidas en la mesa, retirando el Manhattan.

—Tómalo. Es un cóctel sin alcohol. Entonces, ¿cuál es tu palabra de seguridad?

—Finito.

Chanyeol sonrió ladino ante la respuesta básica. Estos fisgones siempre hacían las cosas mal, y aunque sentía que era una pérdida de tiempo, no pudo evitar corregirlo.

—Debe ser algo pensado, algo que no salga tan fácil. No “rojo”, no “alto”, no “detente”, no “para” y, definitivamente, no “finito”. Nada con la letra i.

La voz grave era intimidante. No subió el tono, pero aun así ejercía autoridad, como si no existiera alguien capaz de contradecirlo, y eso excitaba a BaekHyun.

—Cereza —pronunció, diciendo lo primero que se le vino a la mente.

—Pararé entonces cuando digas “cereza”. ¿Subimos?

—Estos… son mis últimos exámenes.

BaekHyun mostró las imágenes en su teléfono, donde los resultados de las pruebas de diferentes ETS se exhibían. Chanyeol sonrió sin más. Pobre tonto, equivocado por completo. Los resultados estaban fechados ese mismo día. ¡Como si fuera a cogérselo el primer día!

—Por lo que sé, podrían ser falsos. Toma tu bebida y subamos.

De nuevo dando órdenes… A BaekHyun le gustaba, así que se apresuró a terminarla. Estaba buena; el sabor del durazno endulzaba su boca.

Chanyeol se levantó del asiento, rodeó la mesa hasta posicionarse tras él, se quitó la gabardina y la colocó sobre los hombros de BaekHyun, quien no se había dado cuenta de cuán tenso estaba debido al frío. Lo tomó por los hombros, acercándolo a su cuerpo de forma posesiva, y subieron juntos las amplias escaleras hacia la segunda planta.

Los latidos desbocados en el pecho de BaekHyun aumentaban con cada escalón. Estaba sucediendo. Por fin experimentaría lo que siempre había deseado. Por fin su pareja no se negaría cuando le pidiera infringirle dolor mientras lo penetraba.

—En esta habitación tus opiniones no son válidas. Aquí, mi palabra es irrefutable: yo hablo y tú obedeces. No puedes pedir, sugerir, aconsejar ni emitir palabra alguna sin que te autorice. Una vez adentro, no hay vuelta atrás.

BaekHyun suspiró, asintió y traspasó el umbral de la puerta. Contrario a lo que mostraban sus libros, películas o imaginación, en la habitación no había látigos colgando, cadenas, esposas ni ningún objeto de tortura o placer. Era, simplemente, una habitación cualquiera.

—Esto…

—Creí haber sido muy claro ahí afuera, BaekHyun. Serás debidamente castigado.

La emoción del sumiso creció con la advertencia y solo asintió con fervor.

—Te dirigirás a mí como Señor o Maestro. Comenzaremos con agujas. Si es demasiado para ti, usa tu palabra segura. ¿Entendido?

—Sí, Señor.

—Desnúdate y acuéstate de espaldas.

Al menos la habitación es cálida, pensó BaekHyun mientras obedecía ante la atenta mirada de su Señor, sentado frente a él. Desnudarse así, sin besos de por medio, sin caricias, sin fingir que le importaba, era algo inusual, y hacía que su corazón siguiera golpeando con fuerza contra su pecho. Su respiración se volvía más profunda mientras intentaba calmar el nerviosismo.

—Abre las piernas y no te muevas.

—Sí, Señor.

Hace mucho que no veía uno así, pensó Chanyeol. Totalmente depilado, las bolas tensas, el glande, los pezones y el ano sonrosados. La irrealidad y perfección de ese cuerpo parecía sacada de una porno de alto presupuesto.

De la nada, sacó un estuche que colocó en la mesa de noche, junto a la cama. Las agujas eran tan finas como cabellos. BaekHyun no supo si no había prestado atención o si los guantes negros también se habían materializado por arte de magia.

—Comenzaré con los pezones. Tres agujas en cada uno; sumaré una más por cada desobediencia.

—Sí, Señor.

Chanyeol estaba sorprendido de que este fisgón aún no saliera corriendo. Usualmente, al ver el instrumento que usaría con ellos, suplicaban comenzar con algo más ligero: plumas, el roce de un látigo. Para muchos, el simple hecho de obedecer ya representaba un límite. Esperaba que, al sentir la primera aguja perforando su piel, este lo hiciera también: que rogara o saliera corriendo.

El Dom no necesitó tocar al sumiso para endurecer sus pezones; supuso que el frío en su cuerpo, por haber esperado tanto tiempo, ya había surtido efecto. Introdujo la primera aguja con un ritmo tortuosamente lento. Lo sintió tensarse a medida que la aguja lo traspasaba. Estaba seguro de que en cualquier momento gritaría su palabra de seguridad. Pero cuando terminó, y la aguja adornaba de lado a lado el pezón derecho, su sorpresa fue mayor: el sumiso solo jadeaba con fuerza, soportándolo.

Tomó una segunda, decidiendo que esta vez lo atravesaría con rapidez, causando así un dolor mayor. Lo hizo, y el sumiso, lejos de detenerlo, gimió. Para cuando metió la tercera aguja, el miembro de BaekHyun se alzaba orgulloso hacia el cielo.

Diez minutos habían pasado ya. Había perdido la apuesta con MinSeok, pero a cambio había ganado algo mejor.

Él, que había querido asustar al aspirante a sumiso con agujas y no lo logró —mejor aún, que las soportaba y hasta disfrutaba— creyó entonces que había ganado la lotería. Era mucho trabajo para un Master enseñar a un nuevo sumiso, así que siempre elegían a alguien con experiencia. Desde que Sehun quiso convertirse en Dom, no había encontrado a alguien tan prometedor.

Cuando colocó otras tres agujas adornando el pezón izquierdo, admiró su obra.

—Antes de desnudarte, me desobedeciste al hablar —advirtió, mostrando la delgada aguja—. Pondré esta en el glande.

—Por favor, hágalo, Señor. Lo estoy deseando.

—Ahora serán dos.

BaekHyun podía sentir la sangre deslizarse por su glande. Por supuesto, esas agujas tan delgadas no causaban un daño real, pero el placer que traía consigo el dolor al penetrar justo en el pliegue del frenillo, para salir cerca de su uretra, era intenso. La sensible punta enviaba corrientes eléctricas a través de su piel, elevando el placer como nunca antes lo había experimentado.

Cuando su Dom sujetó la base del pene para mantenerlo firme, las emociones se desbordaron y gimió con fuerza. Para cuando clavó la segunda aguja, fue inevitable soltar la tensión acumulada por la anticipación y el placer, que por ende ensució las manos de Chanyeol.

—¿Sin mi permiso? —su voz sonaba afectada, pero no de mala manera; baja, grave y excitada.

—Mis disculpas, Señor, pero no prohibió terminar —logró decir entrecortado, aún montado en el placer del dolor. Era, por mucho, la mejor corrida de su vida y ni siquiera hubo penetración.

Chanyeol lo observó: los pezones, más erectos que antes, estaban hermosamente adornados por esas tres delgadas perforaciones. El abdomen y el pene decorados con la blanca leche del orgasmo. La respiración agitada, el pecho subiendo y bajando en un intento por recuperar el aliento.

Contrario a sus planes, también estaba duro. La necesidad de liberarse penetrando al pequeño lo embargó. Lo usual era satisfacerse ejerciendo su voluntad; era suficiente con ver cómo tomaban el dolor y la restricción que les causaba, todo lo que necesitaba. Pero ahora, toda la lógica en su mente quedó eclipsada por los deseos de su punzante virilidad. Quería destruirlo con sus propias manos, partirlo en dos con el dolor recorriendo su columna al penetrarlo con dureza.

Tomó los pezones, ahora hinchados gracias a la intromisión de las agujas, entre su índice y pulgar y los estrujó con fuerza. El pene, ya flácido, del sumiso despertó al unísono del gemido intenso; la mirada parecía pedir más, mientras los jadeos se lo confirmaban.

Bajó el cierre de sus pantalones y sacó su miembro. El volumen de BaekHyun subió cuando vio lo que iba a darle; lo quería, lo deseaba. Quería el placentero dolor de su cuerpo mientras era penetrado con fuerza. Sintió el pene alinearse en su ano, dispuesto a embestirlo sin previa preparación.

—El condón, Señor…

Era un sumiso muy desobediente, cuidadoso y con una tolerancia al dolor envidiable para ser nuevo en este mundo. Chanyeol lo quería, lo tomaría para educarlo y hacerlo suyo. Seguiría sus órdenes sin cuestionar nada, sería obediente, el sumiso perfecto.

Se alineó nuevamente con el condón puesto, sostuvo el duro miembro del sumiso y sacó la aguja mientras se hundía profundo y rápido en su interior. La reacción fue la esperada: el arqueamiento perfecto de la espalda atravesada por el dolor, el sonoro gemido, la eyaculación inmediata agradeciendo el doble placer.

Le dio tan solo un momento antes de comenzar a moverse con furia dentro de él, sujetándole las caderas y el miembro con fuerza.

Soltó el agarre en sus caderas una vez que el miembro despertó de nuevo ante su toque. Retiraba las agujas al ritmo de las embestidas; sabía que no estaba siendo meticuloso, dedicándose a su placer antes que al ajeno, pero no le importó. Los gemidos con los que era recompensado cada vez que la aguja salía de las zonas erógenas lo satisfacían. Quitó también, con movimientos rápidos, las agujas de los pezones y le dio la vuelta sin salir de él. Elevó sus caderas para alinearlas a la suya, llevándolo a una posición donde la penetración era más profunda.

La mano en su cuello, impidiéndole moverse, satisfacía a Baekhyun, que estaba a punto de alcanzar su tercer orgasmo de la noche. De dónde lo sacó, no supo, pero la cuerda rodeando su cuello se materializó de la nada. Era un sueño hecho realidad; hasta creyó que de un momento a otro despertaría en su cama con un pene llorando por atención. Había pedido a sus amantes que lo ahorcaran mientras lo hacían y tan solo lo juzgaban loco, demente, dañado… y ahora no hubo necesidad de pedirlo.

La necesidad de aire y la presión en su cuello eran cada vez mayores, mientras su culo gozaba por la satisfactoria atención. Chanyeol lo giró de nuevo, liberando la presión del ahorcamiento, sacó el pene, quitó el condón y, con la voz afectada, ordenó:

—Chupa. Que no se derrame ni una gota.

Usó la cuerda aún conectada a su cuello para atraerlo y se hundió ahora en su boca. Baekhyun succionó como si su vida dependiera de ello, mientras se atragantaba con la longitud de la verga en su garganta, que se mantenía fija gracias a la mano sujetando su cabello y a la opresión de la cuerda en su nuca. Los dedos del Dom penetraron su culo. Las restricciones, las órdenes, el dolor, el placer… eran demasiado, y se dejó abandonar por fin a su orgasmo, mientras recibía el del dominante en la boca y lo premiaba dejando escapar un grave gemido, intenso.

Baekhyun era un desastre: su cabello terminó hecho un lío, los pezones enrojecidos al igual que la punta de su pene, las marcas de la cuerda harían que tuviera que usar camisas de cuello alto para ocultarlas si quería evitar miradas incómodas. Las marcas del agarre del Dom en sus caderas no serían problema, ni sus llorosos ojos debido a la mamada.

Chanyeol se levantó, limpió las comisuras de la boca del sumiso, y este aprovechó para atrapar sus dedos, lamiendo los restos de semen que no pudo beber. Chanyeol se aseguró de que no tuviera ningún problema para ponerse de pie o que físicamente le causara un inconveniente antes de emitir una nueva orden:

—Báñate y baja.

Eso sería lo malo en todo esto, pensó Baekhyun: las relaciones con términos preestablecidos no dan espacio al romanticismo. Nada de bañarnos juntos, ni besitos lindos una vez que el coito terminara, mucho menos manos sudadas. Se rió de lo irónico que sonaba después de hacer todo eso. Lo soportaría… quizá podría tener un novio con quien tener sexo vainilla y un Dom con quien ser realmente él.

Chanyeol fue el primero en bajar, portando un traje nuevo ahora en tonos azules. Sin decir palabra, extendió los 50 dólares al barman, quien los recibió con una sonrisa inmensa.

—Soy bueno juzgando, mira que ese tiempo no se lo dedicas a cualquiera.

—Eres bueno… valió cada segundo.

—¿Tienes un nuevo sumiso?

—Habrá que entrenarlo, pero sí.

—¿Ya aceptó?

—Lo hará en un momento.

—¿Quieres apostar?

—Minseok, ¿el tiempo no te dice que ya aceptó? Estará deseoso de firmar y ser mi sumiso.

—Después de todo, ¿quién te rechazaría, no?

—Así es. No hay nadie mejor que yo.

—Entonces, ¿qué te parece cien dólares? No hay nada que temer…

—Acepto —cerró el trato con otro apretón, justo cuando Baekhyun bajaba.

Se sentaron en el mismo lugar donde estaban antes de subir. Chanyeol pasó nuevamente la gabardina a los hombros del sumiso para que conservara el calor.

—Tómalo, recupera energías.

—¿Chocolate caliente?

—No tomas alcohol.

No era una pregunta, ni una orden.

—Qué observador —comentó Baekhyun antes de darle un sorbo a la bebida. El chocolate lo calentó por dentro, y la gabardina por fuera. No había arrumacos ni palabras de amor, pero esto era suficiente. Había calidez en todo su ser, y se sintió reconfortado.

—Entonces… Baekhyun. Estos son los acuerdos D/s. Cualquier incumplimiento dará por terminada la relación. Aun sin incumplimientos, puede terminar si alguna de las partes así lo desea. Y sobre los límites...

Baekhyun tomó la hoja y comenzó a leer: pactar horas, fechas, exámenes, exclusividad sexual, restricciones en los sentimientos. Los límites del Dom estaban impresos, al igual que sus preferencias, y la hoja en blanco con las exigencias y restricciones del sumiso lo llamaban a escribir. Al final, el compromiso firmado de la nueva relación.

—Entonces… si escribo mis límites aquí y firmo, ¿tenemos una relación?

—Relación Dominante/sumiso, sí.

Baekhyun daba vueltas a la lapicera entre los dedos mientras releía nuevamente el contrato. Las gotas de agua de su cabello sin secar resbalaban y eran absorbidas por la gabardina, cosa que desesperaba al Dom. Si no estuvieran fuera de los límites de la dominación, lo enviaría de nuevo a la habitación a secarse el cabello… pensándolo detenidamente, ahora tenía un nuevo límite.

—¿Hay alguna duda o inquietud?

—¿Todos los Dom son iguales?

La pregunta tomó a Chanyeol con la guardia baja.

—¿A qué te refieres?

—Ya sabes... el placentero dolor, el saber que estás a punto de decir tu palabra segura y, en ese instante, parar.

—Debe haber confianza y conocimiento antes de ceder tus límites. Una relación D/s no es igual a Amo/esclavo.

—Entonces… hace un momento, ¿cómo supiste que estaba por decir mi palabra segura?

—Simple experiencia. Vi que te gustaba ser estrangulado, y los límites ahí son muy frágiles. Decidí parar no porque sabía que dirías tu palabra, sino por la seguridad de ambos.

—Experiencia… ya veo.

Se quedó absorto nuevamente, leyendo el acuerdo.

—Señor Chanyeol.

—No tienes que llamarme “señor” aquí afuera —interrumpió—. Llámame simplemente Chanyeol.

—No sería correcto. ¿Cuántos años tiene? Creo que me lleva… ¿cuántos? ¿Diez? ¿Quince años?

—Tengo treinta y cinco.

A Chanyeol comenzaba a molestarle ese cambio en el sumiso. Hace nada lo había tuteado, y deliberadamente ahora le hablaba de usted. Aun así, conservó la calma; en verdad estaba interesado en dejar las cosas claras y tomarlo como sumiso.

—Y yo, veintidós. Entonces, señor… una relación por contrato…

—No por contrato, sino con reglas claras.

—En donde, si usted quiere, me llama.

—Tú también puedes decidir las fechas. Es mutuo.

—Y donde no puedo saludarlo en la calle, ni tomarlo de la mano, ni nada.

—No es que no me puedas llamar. Solo sería incómodo tener que explicar nuestra relación si nos encontramos fuera de los límites. Y si quieres que te tome de la mano, puedes ponerlo en la hoja destinada para su llenado. No es problema.

—¿Sabe? Todavía creo estar dormido. Esto fue todo lo que soñé y más, pero… creo que debo conocer más cosas.

—Yo te enseñaré todo lo que debes saber.

—Otros Dom. Tomar una decisión conociendo solo a uno… No me malentienda, estoy feliz y complacido. Solo quiero… expandir mis opciones.

Chanyeol no ocultó su molestia. Alzó una ceja con incredulidad y dejó escapar una sonrisa ladina. Sin decir más, recogió el contrato que BaekHyun aún sostenía y lo guardó en su abrigo.

—Qué muestra de autocontrol, señor Dom.

—¿Por qué habría de controlarme si no estoy con mi sumiso? Suerte consiguiendo un Dom, joven BaekHyun —remarcó la palabra con evidente desdén—. Y conserve la gabardina. Le hace más falta a usted.

Al acercarse a la barra, arrojó el billete de cien dólares junto con una palabra seca al barman:

—Imbécil.

La carcajada que recibió como respuesta retumbó en todo el local.

—Volverá.

—¿Apuestas doscientos?

—¿Eres imbécil?

—No lo sé… pero hay un imbécil sin ciento cincuenta dólares que me lo pregunta.

—Si no fueras tan bueno, te despediría.

—Amén por eso.

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