Jefe de la Mafia - KM

Summary

Jeon Jungkook es el jefe de la más poderosa organización criminal de toda Corea del Sur. Conocido en el bajo mundo como el Dios de la muerte. Frío, manipulador, sanguinario y cruel desde que tuvo que abandonar a la persona que más amaba para hacerse cargo del negocio familiar. Park Jimin es el bailarín de danza contemporánea más aclamado de la industria. Su nata belleza y dominio corporal, así como sus delicados movimientos, lo han llevado a la cima de su carrera desde que decidió, junto a su mejor amigo, mudarse a Seúl en busca de un mejor futuro. Un pasado que une a dos personas totalmente diferentes. Una historia que fue interrumpida mucho antes de comenzar. Un amor que fue imposible olvidar.

Genre
Drama/Erotica
Author
Dio♡
Status
Ongoing
Chapters
36
Rating
5.0 16 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1

Un hermoso día de verano daba inicio con hermosos colores naranjas y amarillos pincelados sobre el extenso lienzo azul llamado cielo. Grandes nubes blancas y esponjosas eran la decoración perfecta que rodeaba a un gigante y brillante circulo amarillo llamado sol.

La temperatura a esta hora de la mañana rodeaba los 20° centígrados, el clima en la superficie era espectacular por su aire fresco y limpio, campo de flores, hierba alta y frondosos árboles pintaban de varios colores la superficie que rodeaba la vieja y abandonada edificación.

Pero, aunque el día fuera perfecto y el clima fuera agradable, no podía ser apreciado desde el sótano donde se encontraba haciendo su trabajo. No había dormido en toda la noche y su paciencia estaba a punto de agotarse, así como lo estaban sus energías en ese momento. Él no debería estar haciendo esto, se repetía una y otra vez. Cansado y totalmente molesto dio otro puñetazo a la cara ya ensangrentada del hombre amarrado frente a él.

Un gemido de dolor escapó del pobre infeliz antes de escupir más sangre por la boca, la pérdida del vital líquido lo tenía al borde de la inconsciencia, su cuerpo debía doler horrores por toda una noche de torturas a manos de su antiguo jefe.

– Voy a preguntar esto una vez más, Lee… – suspiró molesto – ¿Por qué nos traicionaste e intentaste matar a Jeon?

El hombre en la silla lo miró con los ojos entrecerrados, estaba seguro que se desmayaría en cualquier momento, había pasado toda la noche golpeándolo para sacarle información, pero el desgraciado se rehusaba a decir una palabra. Hasta ahora.

– Hubo una masacre – comenzó a decir al borde de la inconsciencia – Casi veinte hombres pertenecientes a la mafia Yakuza que se encontraban en Seúl fueron brutalmente asesinados.

El hombre en la silla parecía estar al borde de la muerte, su conciencia iba y venía en segundos. Si quería conseguir información debía darse prisa.

– ¿Y eso que tiene que ver con Jeon? – preguntó impaciente.

El hombre pestañeo intentando recuperar el hilo de sus pensamientos, estaba mareado y sentía mucho frío – Nadie logró ver nada, las cámaras de seguridad estaban desactivadas, al igual que las cámaras en diez metros a la redonda – escupió la sangre que se estaba acumulando en su boca – El asesino sólo dejó una nota – comenzó a toser.

El moreno se estaba desesperando, la lentitud en las palabras del hombre lo estaba volviendo loco, quería terminar con todo esto para irse a dormir, estaba hecho polvo. Él era un jodido jefe de seguridad, esto era trabajo para sus subordinados. Pero cuando Jeon daba una orden nadie podía ir en su contra, ni siquiera él, su mejor amigo y mano derecha.

– ¡Termina de hablar de una puta vez! – exclamó histérico.

– Me pagaron una gran suma de dinero por matar al responsable – dijo burlesco.

– ¿Qué les hace pensar que Jeon tiene algo que ver? – enarcó una ceja.

– La nota decía “Jungkook made me do it” – sonrió para después comenzar a toser incontrolablemente.

– ¿De qué estás hablando? – escupió enojado.

El moreno tomó el cuello manchado de sangre del hombre frente a él y sacudió su cuerpo buscando una explicación al disparate que acababa de decir, pero el hombre no pudo seguir hablando, había muerto por la pérdida de sangre y posiblemente por hemorragia interna debido a los golpes.

Chasqueó la lengua frustrado y lo soltó sin delicadeza alguna.

Esto era malo, los Yakuza eran la mafia más grande de Japón, no podían tenerlos como enemigos. Debía informar urgentemente a Jeon sobre lo que había conseguido. Si esto era cierto, una guerra entre bandos se podía llevar a cabo.

– Deshazte del cuerpo – ordenó a uno de sus hombres y salió de la habitación seguido de los demás.

¿Quién podía estar detrás de todo esto? ¿Quién sería lo suficientemente valiente o suficientemente estúpido como para matar a los representantes de una de las mafias más poderosas de Japón e intentar culpar al jefe de la mafia más peligrosa de Corea?

No lo sabía, pero estaba seguro que Jeon lo descubriría muy pronto.

– A la mansión Jeon – ordenó al chofer luego de subir a una de las tres Suburban color negro estacionadas fuera de la propiedad.

Propiedad bastante alejada de la ciudad y que era utilizada para este tipo de trabajos, como conseguir información, torturar traidores, asesinar deudores, entre otros miles más. El camino era largo, pero bastante rápido mientras no llegaran a la ciudad, allí el tránsito era horrible y el moreno no tenía ganas de estar atascado en el tráfico cuando lo que más quería era dormir, o un buen café que le quitara todo el estrés.

Pero como si hubiera invocado toda la mala suerte del mundo, ahí se encontraba, atascado en el tráfico matutino de la ciudad de Seúl luego de una hora de viaje por carretera. Estaba enojado y su ceño fruncido era clara evidencia de eso. Soltó un par de maldiciones cuando su celular se apagó y no le quedó más que observar por la ventana a las personas que transitaban por la acera, buscando una distracción que lo mantuviera alejado del dolor de cabeza que anunciaba su presencia.

Necesitaba café y lo necesitaba ahora.

Y como por arte de magia, su mala suerte pareció llegar a su fin porque desde la ventana de la camioneta pudo distinguir a lo lejos al hermoso chico que no había abandonado sus pensamientos desde que tuvo que dejar atrás su vida en Busan.

¿Qué hacía él en Seúl?

Sus ojos seguían cada uno de los movimientos del castaño, su estilizado caminar, sus hermosos ojos puestos en el camino, como sus labios se movían graciosamente mientras parecía tararear una canción y como su cabeza sutilmente seguía el ritmo de esa melodía, todo era tan perfecto en él. Pero de un segundo a otro, el alto chico desapareció de su campo de visión cuando entró en una pequeña cafetería.

– ¡Alto! – gritó desesperado asustando al conductor.

– ¿S-señor?

– ¡Detente, ahora! – ordenó impaciente.

ChanYeol estacionó rápidamente la camioneta, no sin antes dar aviso a sus compañeros sobre la inesperada orden del jefe, logrando que la Suburban que iba delante de ellos se detuviera también, seguido de la tercera camioneta que iba detrás de ellos. El moreno bajó rápidamente y observó como todos sus hombres ya estaban alertas y fuera de los vehículos esperando sus órdenes.

– Quédense aquí y no llamen la atención – dijo y sus hombres asintieron en acatamiento.

El moreno observó su reflejo rápidamente en la ventana polarizada de la camioneta, por suerte había cambiado su camisa manchada de sangre durante el trayecto y la había sustituido por otra de color negro mate que combinaba perfectamente con sus pantalones y brillantes zapatos negros. Dándole una apariencia sofisticada y pulcra.

Soltó el primer botón de su camisa para un estilo más casual a esa hora de la mañana, peinó sus platinados cabellos con sus dedos y revisó sus dientes, todo bajo la mirada estupefacta de sus hombres, que nunca lo habían visto tan preocupado por su apariencia.

Suspiró armándose de valor y comenzó a caminar hacia el pequeño café, dejando a sus subordinados atrás atentos a cualquier eventualidad. Al entrar observó todo el lugar minuciosamente, enumeró la cantidad de personas en total y buscó todas las posibles entradas y salidas del lugar, así como cualquier cosa que pudiera servir como arma.

Que podía decir, gajes del oficio.

A pesar de que ya había barrido el lugar minuciosamente con la mirada, no logró encontrar a su hermoso castaño. ¿Se habría equivocado? Eso era casi que imposible, reconocería ese rostro esculpido por los dioses donde quiera.

Estuvo a punto de salir del establecimiento pensando que su mente le estaba jugando malas pasadas, hasta que escuchó una inconfundible risa, una risa tan única que solo la se podía comparar a cuando limpias un vidrio con devoción. Una risa que él amaba y que no se había dado cuenta que extrañaba como los mil demonios, hasta ahora.

Giró lentamente y ahí estaba, el dueño de todos sus sueños, la persona de la que había estado enamorado desde su primer día en la escuela, ahí estaba su Hyung, su primer y único amor saliendo de lo que parecía ser la cocina, colocándose un delantal con el logo del establecimiento.

Tan radiante como lo recordaba, con su piel perfectamente cuidada, su cabello tan liso y brilloso, su hermosa sonrisa, sonrisa que iba dirigida a otro hombre en ese momento, logrando que el moreno cambiara su cara de enamorado a una de completo enojo.

¿Quién era ese chico?

– ¿Namjoon? – escuchar su nombre nuevamente de sus labios, fue glorioso y no pude evitar sonreír, mostrando dos hermosos hoyuelos.

El castaño se acercó rápidamente no creyendo lo que estaba viendo ¿Namjoon de verdad estaba ahí? No lo había vuelto a ver desde que dejó Busan sin ninguna explicación. Solo así, se marchó para nunca más volver, dejándolo con un enorme vacío que le costó superar. Y no había sido el único.

– ¿De verdad eres tú? – preguntó una vez estuvo frente a él con ojos vidriosos.

– Hola, Jin – la sonrisa en su rostro parecía no querer irse – Que bueno volver a verte.

SeokJin no pudo evitar lanzarse a sus brazos y abrazarlo, lo había extrañado tanto. Namjoon tampoco se contuvo y rodeó con sus brazos a su Hyung, acercándose tanto como le era posible sin hacerle daño. Cuando se separaron, ambos tenían los ojos vidriosos por las lágrimas queriendo salir. Sus corazones sintiéndose en paz por primera vez en años.

– Me gusta lo que hiciste con tu cabello – mencionó el castaño con un leve rubor en sus mejillas – resalta tus ojos.

Namjoon lo miraba de una manera tan profunda que se sentía cohibido e intimidado ¿Cuándo se volvió tan apuesto y varonil? ¿Y qué con esa aura de chico malo? ¿Eran sus brazos así de fuertes antes? Sus pensamientos estaban fuera de control, tener a su crush de la adolescencia frente a él una vez más después de tantos años estaba haciendo estragos en su interior.

– Tu cabello también se ve bien – aseguró con una sonrisa – cualquier color en ti se vería perfecto – dijo logrando que Jin desviara su mirada avergonzado para evitar que el moreno viera el fuerte sonrojo en sus mejillas. Fracasando completamente.

Ambos ya se encontraban sentados en una apartada mesa de la cafetería, Jin había pedido a su compañero que lo cubriera unos minutos para poder conversar con Namjoon. Cuando su café llegó, el moreno agradeció inmensamente por esto, lo necesitaba con urgencia, aunque encontrarse con el amor de su vida era razón suficiente para que todo estrés y cansancio desapareciera de su sistema.

Cuando intentó abrir la pequeña bolsita de azúcar que acompañaba su café, utilizó demasiada fuerza, haciendo que la delicada bolsita de papel se abriera por completo y el azúcar saliera disparado por toda la mesa.

– Veo que no has cambiado en nada – se burló tomando otra de esas bolsitas para preparar el café del contrario.

– Hay cosas que nunca cambian – agradeció el gesto y tomó de su café.

El líquido oscuro bajó por su garganta y Namjoon casi pudo gemir de satisfacción. Su día definitivamente estaba siendo el mejor en mucho tiempo. Regresó su mirada al castaño, quien lo miraba con su codo apoyado sobre la mesa y su barbilla descansando en su mano derecha. Esa simple posición lograba resaltar los carnosos labios de su mayor. Namjoon se relamió los suyos propios sin poder evitarlo.

– ¿Por qué estás aquí Namjoon? – preguntó revolviendo su café con el pequeño palito rojo.

– ¿A qué te refieres? – levantó una ceja confundido.

– Te fuiste sin siquiera despedirte hace casi 10 años – sus ojos reflejaban la tristeza que sentía – No le dijiste a nadie a dónde ibas ni qué harías. Te fuiste y no te importó dejarme – su voz se rompió con lo último.

– Y-yo… – tartamudeó

Namjoon no sabía qué decir, podía sentir el dolor en las palabras de su Hyung y eso lo quemaba por dentro. Aunque nunca tuvieron la oportunidad de declarar su amor por el otro, Namjoon sabía que Jin lo quería, así como él estaba seguro de que amaba a su Hyung, pero las circunstancias lo llevaron a irse muy lejos, circunstancias que no podía decirle al castaño, circunstancias que podrían destruir todo el amor que su Hyung sentía por él.

– Fue muy difícil – añadió el castaño con la mirada baja – Fue difícil aceptar que te habías ido y que me habías dejado – levantó la mirada para observar al contrario con ojos húmedos por las lágrimas – Fue difícil no derrumbarme y pretender ser fuerte.

– L-lo siento Jinnie – dijo con un hilo de voz – Yo de verdad lo siento mucho, no quería dejarte, no así – aseguró sosteniendo la mano del contrario.

– ¿Me dirás por qué te fuiste? – limpió las traicioneras lágrimas que se deslizaban por sus mejillas con su mano libre.

La mirada llena de tristeza y dolor en los ojos de Jin lo estaban destrozando por completo. Su pecho dolía y el nudo en su garganta lo estaba dejando sin aire. Bajó su cabeza con tristeza y negó lentamente. No podía decirle, no ahora, no que lo había encontrado de nuevo.

– ¿Me dirás algún día? – insistió el castaño.

– Lo haré… – aseguró sosteniendo firmemente la mano de Jin, aferrándose a él inconscientemente.

Jin suspiró y sostuvo de vuelta la mano de Namjoon. Varios minutos estuvieron de esa manera, mirándose mutuamente y sosteniendo sus manos.

A Jin aún le dolía en lo más profundo de su corazón lo que había hecho el moreno, pero no permitiría que esos sentimientos se interpusieran sobre la felicidad que sentía al volver a estar a su lado. Esperaba que Namjoon no tuviera razones para alejarse de nuevo. No lo soportaría.

Namjoon por otro lado, podía escuchar los fuertes latidos de su corazón amenazando con salir de su pecho. Después de tantos años aun seguía amando a su precioso Hyung, quien le mostró lo que era el verdadero cariño, quien estuvo con él todas las veces que se encontraba destrozado tanto física como mentalmente y quien le enseñó el verdadero significado de la palabra amor.

Por eso tenía miedo, por eso se había ido, porque cuando su Hyung descubriera lo que había hecho, lo odiaría. Y Namjoon no estaba listo para sentir el desprecio de la persona más importante para él.

Ocultaría su pasado y parte de su presente. Lo ocultaría hasta que ya no pudiera ocultarlo más.

– D-Disculpen… – titubeó el chico que antes estaba con Jin, intimidado por la fuerte presencia del platinado – Lamento interrumpir, pero Jin, necesitamos ayuda – se dirigió esta vez al castaño – La cafetería está llena y nos hacen falta manos.

Jin salió de su burbuja y observó a su alrededor, su compañero tenía razón, la cafetería estaba totalmente llena por ser la hora donde la mayoría de las personas compraba el café antes de ir a sus trabajos. Abrió grande los ojos y se levantó rápidamente

– Lo siento, voy enseguida – se disculpó apenado por dejarle todo el trabajo a sus compañeros. El chico sonrió incómodo por haber interrumpido y haciendo una ligera reverencia a los presentes, se marchó.

– Lamento no poder quedarme más tiempo – hizo un puchero que le pareció adorable al moreno – Pero debo trabajar.

– ¿Nos veremos nuevamente? – preguntó esperanzado – Puedo venir a la cafetería todos los días si así lo quieres – aseguró con una sonrisa de esas que mostraban sus hoyuelos y que derretían al mayor.

Jin soltó una risita divertida que fue música para los oídos de Namjoon. Sacó la pequeña libreta donde anotaba los pedidos de los clientes y con el lápiz anotó algo rápidamente.

– Este es mi numero – arrancó el pedazo de papel y se lo entregó – Puedes escribirme y así organizamos una salida – sonrió para luego guiñar coquetamente su ojo derecho – A Jimin le encantará verte.

Namjoon que había quedado hipnotizado por ese simple gesto, pestañeo varias veces saliendo de su ensoñación. ¿Había escuchado bien?

– ¿Jimin? – preguntó nervioso.

– Así es, el pequeño Jimin y yo nos mudamos a Seúl hace dos años. Vive conmigo, es mi mejor amigo después de todo – dijo entusiasmado, como cada vez que hablaba de su pequeño amigo rubio.

Una voz gritando su nombre hizo que Jin diera un pequeño salto en su lugar y después de despedirse rápidamente de Namjoon, no sin antes asegurarle que iba a estar esperando algún mensaje de él, salió disparado hacia el mostrador para atender la enorme fila de clientes.

Namjoon observó el trozo de papel con el número telefónico de Jin y un enorme corazón al lado de este. Sonrió por lo encantador que era su Hyung, pero esa sonrisa fue disminuyendo de a poco siendo sustituida por nerviosismo y un escalofrío recorriendo su espalda.

¿Cómo le explicaría a Jeon que había encontrado a Jimin?