Preámbulo: El error y la flecha.
El miedo invadiendo sus extremidades le impidió caminar con velocidad; su respiración agitada enfrió su cuerpo durante su trayecto, pues el mal augurio oprimió su corazón hasta la desesperación. Lee JiHoon no solía ser un beta desacostumbrado a vivir bajo el estrés constante, aunque su actual temor superaba a niveles exorbitantes sus pasados dolores de cabeza.
La razón, por supuesto, tenía nombre y apellido:
—¡Park Chanyeol! —El beta alzó la voz tan pronto se detuvo frente a la solitaria cabaña.
En los límites habitados de ‘Hwanung’, la desatendida choza solía ser más una marca anunciando el inicio hacia zonas peligrosas, que un área de descanso o vivienda; para Park Chanyeol, uno de los oficiales a cargo de vigilar dichas fronteras, se convirtió en el pequeño nido donde podría romper las reglas.
JiHoon golpeó con la palma de su diestra, la puerta de madera bajo ella retumbó en su arrebato. Podía escuchar los gemidos desde el interior, las violentas feromonas eran perceptibles, pese a que distinguía el sabor casi picante del aroma a grosellas negras, el de su acompañante pasaba desapercibido. El beta se calmó momentáneamente por esa razón, sin embargo su adrenalina no lo detuvo.
Haciendo puños ambas manos, tocó con más fuerza.
—¡Park Chanyeol, es una emergencia!
La malograda puerta de madera se abrió con furia, dejando ver al descontento susodicho. El hanbok mal puesto permitía ver la piel llena de sudor debajo, la cinta de malla ceñida en su frente dejó escapar un par de mechones de cabello. Bajo sus espesas cejas, un iris ámbar y otro verde no minimizaban el enojo que se reflejaba en sus orbes.
—JiHoon, creí decirte que no quería interrupciones hoy —Chanyeol apretó los labios asegurándose de no decir demasiado, pues la omega a sus espaldas aún estaba terminando de acomodar sus ropas.
El beta entendió su razón y esperó también. Sintió que el aire que reprimió en sus pulmones salió desinflando su cuerpo al percatarse de qué omega se trataba; No deseó parecer demasiado aliviado, pese a que Gayoung no pertenecía a una familia noble, el problema real no terminaría con la confirmación de que los rumores eran falsos.
La omega dio una leve inclinación al pasar al costado del alfa, reprimiendo una leve sonrisa y alejándose tras un leve cruce con el beta de aspecto pálido.
—Entonces, ¿qué pasa? —El oficial arrugó la nariz con desagrado, sus manos fueron a las cintas de sus prendas negras para ajustarlas, necesitaba estar listo para poder volver a su guardia. Su actitud socarrona titubeó al darse cuenta del enorme morral de tela que sostenía en beta contra su pecho—. ¿Te irás?
JiHoon apretó los párpados e inhaló con fuerza aire limpio, debía ignorar el desagradable olor de fluidos, feromonas y sexo en el interior. Armándose de valor dio ligeros empujones para llevarlo dentro de la cabaña.
—¡¿Qué estás..?! —Chanyeol fue interrumpido en medio de su grito. La palma de JiHoon se detuvo extendida frente a su rostro; una acción inusual con la común actitud sumisa del beta al recordarle sus malos comportamientos.
JiHoon podría inclinarse y decir sus reclamos con la cabeza apuntando al suelo, pero nunca trataría de ponerle una mano encima para callarle.
—La hija del jefe alfa no aparece, dejó una nota diciendo que no se casaría con el príncipe y que planeaba huir de ‘Hwanung’ conti… con usted —el beta sintió la garganta cerrándosele por el temor—. El jefe alfa fue informado de la conversación que tuvieron esta mañana cerca del altar a nuestro Dios Solar, y algunos de los guardias corroboraron la información; mencionaron también sobre sus caminatas al lago en las últimas cuarenta lunas, ellos quieren… su cabeza.
JiHoon sintió sus dedos temblar, y entregó el morral que con prisa preparó en la vivienda que compartían. Sabía que para entonces, el resto de oficiales liderados por el hijo del jefe alfa estarían destruyendo su habitación y rastreando su olor cerca de la zona donde debía patrullar.
—¿Por qué te preocupas entonces? —Las cejas de Chanyeol se alzaron con incredulidad, acomodó sobre su cabeza el sombrero de borde amplio—. Yeri debe estar deambulando o escondiéndose por aburrimiento, iré a explicarle a Jefe alfa…
—RoWoon le vio con una omega antes de que comenzara su guardia, que no esté en la zona de vigilancia aumentó la sospechas, incluso yo pensé que Yeri era con quien estaba…—JiHoon cerró la boca, e inclinó la cabeza hacia el suelo por el atrevimiento.
El entrecejo de Chanyeol se frunció por lo escuchado, no pasaría de largo el comentario.
—Sabes que con ella no me atrevería, ella es…
—¡Me disculpo! —El beta se inclinó más, interrumpiendo—. Aun así no puedo tomarlo a la ligera, RoWoon no se detendrá hasta encontrarle, que él piense que huyó con su hermana ya es demasiado malo, el profesor SungWoong no está aquí y sus palabras contra tantos testigos no ayudarán.
—JiHoon, ¿me estás pidiendo que huya?, ¿estás demente? —La ceja derecha del oficial se elevó con incredulidad.
Era cierto que la ausencia del profesor SungWoong era un punto en contra, los comúnmente vigilantes ojos de quien lo educó y cuidó desde sus quince años, le impedían divertirse con los y las preciosas omegas en Hwanung; por lo que aquellos viajes cada doscientas lunas que el profesor daba al territorio vecino ‘Haemosu’, ofrecían libertad que aprovechaba sin restricciones.
Nunca echó de menos a su tutor durante sus viajes… hasta ahora.
—Cómo sea —Chanyeol sonrió, sin tomar en serio su rostro atemorizado—. Puedo ir a buscar a Gayoung en la posada omega y pedirte que testifique a mi favor. Ella y RoWoon son amigos por lo que escuché, así que no dudaría de ella si se encuentran y le pregunta acerca de… mí.
Ambos metamorfos ampliaron sus orbes al mirarse, los vellos de sus brazos se levantaron ante sus agudos oídos escuchando el ruido acercándose desde lo lejos.
Chanyeol siendo un alfa dominante, y con sentidos más desarrollados, alcanzó a percibir las botas de piel chocando contra el camino de piedra, las espadas desenvainadas, y el intenso aroma amargo de feromonas de los coléricos lobos.
Un alfa dominante podría romperle la columna a un alfa común en un duelo, pero incluso con sus envidiados genes, no podría hacer mucho si la pelea era uno contra cuatro, en el mejor de los casos.
Los pequeños ojos de JiHoon se llenaron de lágrimas por el temor, y empujó el morral contra el pecho ajeno.
—Chanyeol, es mejor que se vaya ahora, puede alejarse y perderlos en pocos minutos, en cuanto el profesor vuelva podremos solucionar esto e ir por usted. Conoce el camino a Haemosu, la casa que usamos cuando viajamos hasta allá debe estar limpia y con alimento si el profesor se detuvo ahí durante su viaje, ninguno de estos alfas le buscaría ahí, solo escúcheme.
Chanyeol sintió las manos de JiHoon empujándole por la espalda y hacia la puerta opuesta a la cabaña; sus propios puños cerrándose con furia por la impotencia no se comparaban con el nudo en su garganta. Era tan irónico cómo ninguna de sus pasadas aventuras, generó un verdadero riesgo o reprimenda, por faltar a las creencias y reglas de su manada.
¿Qué los omegas debían mantenerse puros hasta el matrimonio?
¿Qué era su estatus el que definiría a la pareja con la que se aparearía y no su compatibilidad?
¿Por qué la gente tendría que aprobar exámenes para poder formar una familia?
Chanyeol sabía que ése era un montón de tonterías.
Especialmente ahora, cuando la única omega a quien no se atrevería a tocar aunque lo sedujera, era quien lo tenía en el borde del acantilado hacia una sentencia de muerte.
Murmurando maldiciones, Chanyeol salió por la segunda puerta de la cabaña y miró hacia el comienzo de los altos árboles. La noche había caído, y la oscuridad hacia el helado bosque le dio la bienvenida con una fuerte ventisca.
JiHoon a sus espaldas, sostuvo el sombrero con cuentas y las botas de piel al serle entregadas, y las introdujo dentro del morral lleno. Escuchó los huesos del oficial crujir al transformarse, mostrándose ante él un gigante lobo gris de dos metros.
Los iris de Chanyeol; ahora uno dorado y otro azul, se notaban furiosos.
El beta tragó saliva al escucharlo gruñir, con prisa sujetó el morral en su dorso e hizo una inclinación de noventa grados mientras el cuadrúpedo se reincorporaba.
—Iremos por usted en cuanto el malentendido se aclare, estoy seguro que el profesor SungWoong no se quedará con los brazos cruzados.
Chanyeol quiso rodar los ojos y darle una patada, pero su cuerpo se tensó al escuchar como las botas de piel, hicieron crujir la madera bajo el cobertizo de la cabaña. Escuchó a alguien quejarse por el fuerte olor a sexo, por lo que sin pensarlo mucho empujó a JiHoon ordenándole que se marchara antes de que lo descubrieran ayudándole.
El lobo de ojos atípicos no repitió su acción al ver al beta correr en la dirección opuesta para huir, y sus propias patas se impulsaron para iniciar la carrera hacia su refugio. Su alter ego estaba igual de furioso que él, el lobo llevándole lejos se quejaba porque quería dar media vuelta y pelear, aunque su parte consciente luchaba por mantenerse atento a su trayecto.
Volver era poner el peligro a su tutor y a JiHoon, que más que un amigo era como el hermano adoptivo que nunca quiso, pero al que se encariñó con los años; Para empezar, ellos nunca se sintieron como miembros reales de Hwanung, podrían tener la marca sobre sus espaldas asegurando su identidad, pero Chanyeol también entendía que muchos de los nobles viviendo en la casa del jefe alfa, estaban esperando que cometiera un error para enviarlo lejos.
Tener un tercer alfa dominante en su territorio, se sentía como un peligro para el actual y el futuro líder de la manada; los eruditos ya murmuraban que su presencia podría significar una futura traición.
No era para menos, pues los dominantes según ellos, siempre buscaban imponerse; fuese por medio del reclamo a través de los omegas, o en el más extremo de los casos, el asesinato premeditado contra el líder y sus predecesores.
Sí bien sus creencias no estaban del todo equivocadas al haber caído ante los encantos de los curvilíneos y preciosos omegas, Chanyeol preferiría encajarse su propia espada antes de volverse un jefe de manada.
Por lo que… si al menos esto era lo único que podía hacer para mantener a salvo a su adoptiva familia, entonces lo haría.
Sus mejillas ardían por la secuencia de golpes que recibió, no obstante, JiHoon mantuvo su orgullo por encima del dolor resistiendo hasta el final.
El jefe alfa le miró desde arriba, obligándolo a mantenerse sobre sus rodillas suplicando por el perdón.
—Una vez más —El hombre de cabellos canos rumió—. ¿Dónde está ese ladrón?
—Chanyeol nunca se atrevería a tocar a su preciosa hija, mi señor —JiHoon tocó el suelo con su frente al inclinarse, aunque apretó los párpados con fuerza maldiciendo internamente al apestoso líder—. Juro por mi vida que encontraremos a la futura princesa y podrá corroborarlo.
—¿Llamas a mi hija mentirosa? —El envejecido alfa bufó—. Ella escribió con sus hermosos dedos una nota espantosa sobre huir con ese desagradecido huérfano. Lo mataré después de matarte a ti también.
—¡Se lo suplico!—JiHoon gritó con los labios besando el piso—. ¡No estoy mintiendo!, si me mata ahora nunca podrá localizar a Chanyeol, y si usted cree que él en verdad huyó con la futura princesa, tampoco podrá encontrarla.
El alfa de cabellos grises apretó los labios, sus orbes enfurecidos dieron un vistazo alrededor de la habitación. Las pertenencias del “ladrón” fueron destruidas al buscar entre éstas; alguna seña que comprobara su relación con la futura princesa, sin embargo entre toda la ropa y libros, sólo encontraron dibujos de omegas al azar.
La pintura del profesor SungWoong entre las líneas de tinta y pergaminos, mantuvo su cordura a raya.
El sabio SungWoong era famoso y respetado en casi todos los territorios, el haber trabajado por un tiempo dentro del palacio le daba un estatus mucho mayor. Golpear y matar a sus dos protegidos provocaría habladurías, y si el lloroso beta cerca de sus pies hablaba con la verdad, el matrimonio de su hija con el cuarto príncipe correría peligro.
Enfocó al guardia a cargo de su seguridad, y señaló al tembloroso beta.
—Enciérrenlo hasta que el profesor SungWoong esté de vuelta, si RoWoon regresa sin ese ladrón tendremos que extender la búsqueda en las manadas vecinas. Quiero que mi hija éste de vuelta en casa lo más rápido posible.
JiHoon sintió como el guardia lo levantó del suelo sin dificultad y lo empujó a la salida de la vivienda. El terror hacía que sus dedos temblaran, pese a eso, el alivio aligeró su corazón un poco.
Había ganado el tiempo que necesitaban para aclarar el error.
La persecución se había extendido por demasiado tiempo, las almohadillas de sus patas dolían y la energía se le estaba terminando.
Si bien comprobó que un alfa común no podría seguirle el paso; al ver como los guardias que le persiguieron fueron cayendo uno a uno por el cansancio, RoWoon fue una cosa distinta. Al igual que él era un alfa dominante, más alto y por ende más rápido, aunque aún torpe en sus reflejos y sentidos, lo cual aprovechó como ventaja.
Si sumaba a ello el enojo por el pensamiento de haber tocado a su hermana, lo convertía en una amenaza que debía tomarse en serio; si el haberse mantenido por más de tres horas siendo cazado por él, no fuera aún un motivo suficiente.
Los dos cansados alfas ya habían dejado de correr. La madrugada los saludó con la temperatura disminuyendo estrepitosamente, la oscuridad se espesaba por la niebla; la vista a causa de eso, era por poco nula, lo que les obligó a ir en una caminata lenta donde la tensión se mantuvo.
Un paso en falso sería fatal para cualquiera de los dos.
El silencio se rellenaba cuando sus patas hacían crujir ramas secas bajo ellas, los grillos dejaron de cantar al refugiarse del gélido clima hace una hora, y eran sus propios pensamientos los que mantenían el sueño alejado.
Los oídos de Chanyeol, para su fortuna, fueron capaces de escuchar el caer del agua de lo que entendió era una cascada, su garganta tragaba saliva ansiando el líquido, pese a que disimulaba para que su cazador no encontrara la poción que le devolvería energía para atraparlo.
Su refugio había quedado varios kilómetros atrás, la oscuridad envolviéndolo le desorientó en medio de su tarea para perder a RoWoon en medio del bosque, y su deseo de retomar su caminata hacia una cómoda cama fracasó inminentemente.
Con los metros avanzando, los fresnos se convirtieron en pinos, un aura desconocida se combinó en el éter y les erizó el pelaje; el ulular de los búhos solo aumentó ese temor. Entrar en territorio extranjero ya era peligroso en sí mismo, por lo que sumar a ello su cansancio, incrementaba las posibilidades de morir de encontrarse con una manada desconocida.
Si bien Hwanung era popular por las amplias tierras bajo su control y uso para la cacería, Chanyeol entendía que habían cruzado varios límites para entonces. La noche no estaba siendo de ayuda al ocultar señales que podrían orientarlo para comprender donde estaba parado.
Su refugio, además de un sitio para descansar y alimentarse, también era su mapa para delimitar donde terminaba su manada y donde comenzaba ‘Haemosu’, así que, la cascada atrayéndolo a lo lejos; sonaba deliciosamente fresca pero peligrosa.
En todas esas miles de hectáreas pertenecientes a su manada, ¿debía existir al menos más de una cascada, verdad?
Calmando su mente y soportando el temblar de sus cuatro patas, el lobo gris dio un vistazo al lobo de pelo terroso detrás, RoWoon se había detenido en su caminar, su postura tensa y su pelaje levantado en puntas, expresaba miedo.
Chanyeol sonrió para sus adentros, JiHoon en todos esos años creciendo juntos, siempre le había dicho como sus ojos daban un efecto casi reflejante en la oscuridad, el dorado y el azul parecían casi blancos bajó la penumbra.
Reavivando su superioridad por ése hecho, el lobo gris retomó su caminata, las patas de su hostigador dejaron de escucharse, por lo que avanzó con prisa siguiendo el sonido del agua chocando contra las afiladas piedras. Vislumbró una cueva al agudizar su vista entre la neblina, lo que consideró a su favor. Si llegaba al vital líquido primero, podría desperezarse y correr para encontrar el camino a su refugio de nuevo.
RoWoon no soportaría por mucho tiempo antes de colapsar, y que la cascada estuviera dentro de una cueva impediría que sus pocos desarrollados sentidos la encontraran pronto.
Ser un oficial dentro de la manada era tan beneficioso, su educación le permitió enfocarse en sus destrezas físicas y no tanto en las cuestiones políticas. RoWoon podría haber alzado los hombros presumiendo su futuro puesto como jefe de manada, pero Chanyeol por su parte seguiría disfrutando de los placeres en cuanto volviera a casa y se aclarara el malentendido; se jactaría de sus habilidades de supervivencia y cómo venció al próximo líder sin ninguna dificultad.
Cansado pero de mejor humor, el lobo gris caminó al interior; una sensación helada le atravesó el cuerpo al pasar la entrada de la cueva. El cuadrúpedo se sacudió alejando el escalofrío, sin embargo su trayecto se interrumpió cuando el pasado panorama se transformó en uno completamente diferente.
Había visto desde el exterior la oscuridad de una cueva, pero ahora, era visible la luz en el otro extremo; sólo a escasos diez metros de la nueva salida.
Aquello no era una cueva, sino un túnel.
Confundido, el lobo giró en su lugar corroborando que el cansancio no lo hizo alucinar. No estaba lo suficientemente mareado para estar saliendo de la cueva cuando acababa de entrar.
Para su desgracia, la entrada del túnel estaba ahí, sólo que ahora RoWoon estaba afuera, mirándole en medio de la niebla y con el pelaje aún hecho picos por el terror. Vio a su cuerpo curveándose para aullar, con dolor o ansiedad, Chanyeol no pudo identificarlo. El sonido se oyó tan lejano, como si la distancia que era solo de dos metros, se ampliara y se deformara separándolos todo un kilómetro.
Asustado, Chanyeol dio un paso al frente para salir, pero una fuerza invisible le impidió marcharse, una especie de pared transparente lo obligó a retroceder. RoWoon en el exterior también retrocedió, y como si el brío rellenara su cuerpo, sus patas se impulsaron y salió huyendo sin darle otra mirada.
A lo lejos, el caer del agua rellenó sus oídos, seduciendo a su sed como el cantar de una sirena coqueteando con un marinero. Chanyeol tragó saliva con fuerza, girando en su lugar una vez más y ansiando la medicina que le reanimaría para poder pensar.
Si saciaba su deseo su cuerpo no colapsaría, atravesaría esa maldita cosa indescriptible y llegaría al refugio. Dormiría y comería hasta que JiHoon fuera por él, reirían en su regreso a Hwanung, y Yeri suplicaría su perdón por meterlo en el desagradable lío.
Chanyeol avanzó con osadía hasta el otro extremo, se detuvo bajó el umbral visualizando y analizando a dónde debía ir. La primera cosa que notó es que no había neblina ahí, y en su lugar, un amplio terreno plano y lleno de césped lo recibía; Vio el inicio de los pinos comenzar unos kilómetros más allá, incluso una fumarola de humo sobre un techo de tejas de lo que debía ser una caliente y acogedora casa.
Sus cuatro patas se hundieron con alegría en el césped, el miedo evaporándose como la pasada bruma. Podría encontrar un refugio si actuaba de la manera correcta.
«Primero, necesito agua» Chanyeol se dijo, miró a su izquierda enfocando la cascada que imaginó cuando la escuchó por primera vez.
Impulsándose corrió con prisa y a tan sólo unos metros, pudo saborear la frescura del helado líquido. Sumergiría su cabeza y empujaría el sueño hasta que encontrara donde dormir.
Siendo un oasis sólo para él, su lengua se ahuecó y bebió. Maldijo al estúpido de RoWoon por haber huido luego de aullar por él, y gruñó a volumen alto para sacar el cúmulo de emociones que se le filtraron al cuerpo desde que se despidió de JiHoon.
Ansiedad, temor, arrepentimiento, todo de una sola vez.
Sus ojos se abrieron amplios cuando su cabeza se hundió en el manantial, eventualmente se sacudió e inhaló con fuerza recuperando lucidez. Estaba en lo correcto, podría pensar mejor estando hidratado y bien despierto.
Dio media vuelta con el segundo objetivo en mente, aunque una flecha en su dirección, fue mucho más veloz que cualquier trabajado reflejo de los que presumía.
Chanyeol no tuvo que pensarlo demasiado pese a que la punta de dicha flecha perforó la piel de su lomo y no pudo verla. Para el oficial, disparar a las costillas, patas o piernas, eran puntos estratégicos para detener a un invasor: mantenerlo quieto pero vivo, y extraer la información necesaria sobre su visita.
En este caso, parecía que este guardia no estaba interesado en nada de eso, y matarlo era su único fin.
El cuerpo del lobo gris cayó sobre su costado cuando un cosquilleante efecto invadió sus huesos, como si la punta de la estúpida flecha contuviera algo que se le inyectara al cuerpo para adormecerlo en lugar de hacerlo desangrar. El cosquilleo se transformó en entumecimiento, y Chanyeol aulló quedó siendo incapaz de ordenarle a sus extremidades que se movieran para huir de ahí.
Sus orbes bien abiertos y aún obedientes, visualizaron cuatro pares de siluetas negras acercándose hacia él. Chanyeol luchó por gruñir, aunque su lengua y hocico estaban igual de paralizados que el resto de su sistema. Era imposible percibir sus aromas, por lo que no identificó si eran alfas o betas en su primer vistazo.
Pero al entenderlo, su garganta volvió a ponerse seca pese a la gran cantidad de agua que acababa de ingerir.
Sabía de esas leyendas; leyendas tontas y sin sentido sobre un grupo de omegas que al salirse de las normas de lo que se creía “correcto”, huyeron juntos y formaron una manada con sus propias reglas y costumbres; “Los sin nombre” como los cuenta cuentos les decían, mataban por placer a cualquier lobo alfa que se atravesara en su camino.
Existía esa canción espeluznante que Chanyeol recordó escuchar en una función de teatro público, cuando aún vivía en Haemosu. Los actores portando máscaras aún más terroríficas, bailaron al ritmo de descripciones sobre el desmembramiento de un lobo, el cual intentó enamorar a un ‘sin nombre’ y terminó sin corazón.
Para el pequeño metamorfo de seis años, escuchar como un dulce omega podría tomar entre sus dedos el musculo ensangrentado de quien le amó, significó un trauma enorme, y el cual le provocó pesadillas por varios veranos. Chanyeol en su momento, había rogado a su padre que lo convirtiera en un beta, pues odiaba la idea de ser un desafortunado alfa que podría morir a manos de una persona tan cruel.
Pero ser un dominante fue un temor que superó con el tiempo, con el estatus que su condición y sexos le otorgaron, se olvidó de los mitos y encontró más cualidades que desventajas en los delicados omegas; Así eran las jerarquías, le habían enseñado que existía un sexo débil y uno fuerte, y que para su buena suerte, él era el más poderoso entre todos ellos.
Por eso, el inocente y miedoso ‘yo’ que juró superar en su infancia, lo tomó por sorpresa cuando se hizo cargo de su palpitar errático después de quien sabe cuántos años; Chanyeol creyó haber enterrado esas pesadillas en el fondo de su subconsciente, y nunca pudo estar más equivocado.
Las túnicas con capucha que cubrían los cuerpos de tres de las siluetas, apenas si dejaban ver las bocas de las personas bajo ellas. Chanyeol vislumbró cabello largo y labios rojos de dos de éstas, aunque su atención fue robada casi al instante por el que cargaba un arco y flechas tras su espalda.
A diferencia de los otros tres, el omega de cabellos cenizos no llevaba una capa; vestía un hanbok completamente negro, y cubría su boca y hasta la mitad de su nariz con un trozo de tela negra. Sus iris claros resaltaban en el atuendo, la penumbra de la noche a su alrededor aumentaba su aspecto intimidante.
—Alfa tonto —el omega del arco le dijo, una risita escapó de sus labios cubiertos, y se hincó a su costado para inspeccionarle.
Chanyeol luchó por fruncir el ceño como si pudiera crear expresiones en su cuerpo de lobo, su mente estaba tan confundida pero todavía peleando por recuperar el control. Sintió a su lobo inclinarse buscando una caricia de las manos ajenas, y sus orbes se ampliaron por el shock.
Era su alter ego, ese con el que peleaba como si se tratara de un hermano mayor con el que no lograba congeniar.
Su atención volvió al presente en cuanto las rodillas del omega se apoyaron contra el césped justo frente a su rostro, sus pálidas manos parecían vagar por su pelaje, cosa que confirmó cuando la punta de la flecha fue empujada más al fondo dentro de su piel. Chanyeol aulló de dolor contra su voluntad y orgullo, y para su consternación, escuchó tararear al causante de su pena.
El omega se inclinó al nivel de sus ojos para devolver el cruce, ladeando el rostro para que sus pupilas se encontraran en el mismo ángulo, por lo que pudo percibir la sonrisa bajo la tela.
La palma del arquero se detuvo frente a sus párpados para cerrarlos, y lo último que escuchó en su estado lamentable pero consciente, fue un simple y melodioso:
—Es hora de dormir, lobo miedoso.