El dueño del bar - KM

Summary

Un juego de seducción que sólo puede terminar en un único lugar...

Genre
Erotica
Author
Dio♡
Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 4 reviews
Age Rating
18+

Capítulo Único

– ¡ERES UNA ZORRA! – grité furioso.

– ¡TODO ES TU CULPA! – recriminó enseguida.

– ¿MI CULPA? ¿TE ACOSTASTE CON MI MEJOR AMIGO! – escupí con odio – ¡ÍBAMOS A CASARNOS!

– Tú… tú me descuidaste. No querías tener sexo conmigo, no me tocabas y… y yo… ¡TENGO NECESIDADES!

La miré incrédulo. Esta mujer no tiene ni un poco de vergüenza, ¿Cómo fue que llegué a pensar siquiera en casarme con ella? Ah claro, ya lo recuerdo.

Mis padres…

Jennie es la hija del principal socio de mi papá. Y soy el hijo del hombre más reconocido en toda Corea y Heredero de toda una compañía multimillonaria.

Un heredero con un oscuro secreto.

Así que mi vida se resumía en complacer a mis padres, hacerme cargo de la compañía, vivir bajo un matrimonio arreglado y pretender ser feliz. Vaya mierda.

– ¡Eres una zorra! – grité otra vez – Te quiero fuera de esta casa para cuando regrese.

Tomé mis llaves y mi abrigo negro que colgaba del perchero justo al lado de la puerta de MI CASA. Sí, la zorra se había tirado a mi mejor amigo en MI CAMA.

– ¡Espera! – sujetó el abrigo que aún colgaba de mi brazo derecho evitando que saliera por la puerta – Podemos arreglar esto, Yo... Y– yo te amo Jungkookie…

– ¿Me amas a mí o a mis millones? – levanté una ceja y la miré de arriba abajo esperando por una respuesta que sabía que no iba a llegar.

– Eso creí – sonreí de lado – Te quiero fuera de esta casa para cuando regrese. Hablaré con mi padre – sentencié y me solté bruscamente de su agarre, azotando la puerta al salir.

Estaba sumamente enojado, no por el hecho de que me haya sido infiel, creo que esa parte incluso se la agradezco, me había dado la excusa perfecta para romper este matrimonio. Estaba enojado porque había utilizado mi preciosa cama para sus cochinadas.

Había pasado todo el día encerrado en la oficina revisando la contabilidad de la empresa y los informes del banco. Mi cuello dolía, mi espalda dolía, todo dolía. Solo quería llegar a mi casa y acostarme en mi suave, preciosa y deliciosa cama, pero no, tenía que encontrarme a mi mejor amigo acostado en ella y a mi prometida montándolo como perra en celo. Vaya forma de terminar el día.

Estaba tan enojado que decidí caminar, si tomaba el auto de seguro recibiría varias multas por exceso de velocidad, y no necesitaba darle de qué hablar a las sanguijuelas, mejor conocidas como reporteros.

Me coloqué mi abrigo y me dejé llevar por mis pies sin rumbo alguno. Con mis manos en los bolsillos de mi abrigo y la cabeza gacha caminé por quizás minutos u horas, no lo sabía con exactitud, pero de seguro era muy tarde porque las calles estaban desiertas.

De repente, las estruendosas risas interrumpieron la calma que la noche y yo compartíamos. Jóvenes borrachos saliendo de un bar. ¡Bingo! Lo que necesitaba, alcohol, mucho alcohol.

Sin detenerme siquiera a pensarlo con más detalle, ya me encontraba abriendo la puerta de Flavors. No me mal entiendan, no suelo visitar este tipo de lugares por la misma razón por la que no conduzco enojado. ¡Exacto! Las sanguijuelas.

Me encogí de hombros en señal de indiferencia como respondiendo a mis propios pensamientos. En estos momentos me importaba muy poco lo que podría pasar, además, después del escándalo de la infidelidad de mi ex-prometida, que de seguro se sabría pronto, todo lo que haga será visto como “mal de amores” así que ¿Qué más da?

Ingresé al lugar y el ambiente era muy bueno para ser sincero, la música no era demasiado alta por lo que no llegaba a ser molesta. Las luces eran cálidas, de un color amarillo tenue, que proporcionaba cierta intimidad y privacidad en las mesas más alejadas de la barra. El lugar era pequeño, pero acogedor y muy elegante, me gustaba.

Me decidí por la mesa apartada situada en la esquina del lugar, sería perfecta para pasar desapercibido y no llamar la atención, esperaba que nadie pudiera reconocerme. El espacio no era más que una mesa redonda rodeada en gran parte por un sofá de cuero negro.

Preferí sentarme del lado donde pudiera observar la barra y a las demás personas entrar y salir. El lugar no estaba muy lleno, lo que era perfecto, odiaba las multitudes y los lugares abarrotados de personas.

– ¿Le ofrezco algo para tomar, señor? – preguntó una hermosa chica con vestido negro ceñido al cuerpo y tacones a juego. Cabello largo y recogido en una cola de caballo muy bien peinada. Su distintivo mostraba la palabra “Waitress”. Muy elegante.

– Cerveza por favor – respondí amablemente con una sonrisa.

– En seguida – sonrió de vuelta y se alejó en busca de mi pedido.

Comencé a observar el lugar con mayor detalle. Sofás de cuero negro se repartían por todo el lugar, mesas de cristal que hacían juego con la barra. Lámparas y taburetes modernos tapizados en cuero negro eran el atractivo principal. El lugar era lujoso y posiblemente muy costoso.

Eso explicaría lo poco concurrido.

Mis ojos seguían barriendo el lugar hasta que se toparon con otros que me observaban de vuelta. Un chico sentado de espaldas a la barra, con su codo izquierdo apoyado en esta y en su otra mano un vaso de cerveza colgando entre sus piernas.

Aparté mis ojos de su penetrante mirada y continué observando el lugar. Mi vista se posó en una pareja muy acaramelada en dos sofás después del mío. Un grupo de amigos conservando y tomando ron al otro extremo y… otra vez el chico de la barra.

Este mantenía sus pequeños ojos en mí, incluso cuando tomaba su cerveza. Sus ojos no dejaban los míos y ya comenzaba a ponerme nervioso. El chico tenía el cabello negro y varios mechones caían por su frente logrando que su piel se notase mucho más blanca y brillante, como de porcelana.

Ojos pequeños y profundos, maquillados sutilmente con el objetivo de hipnotizar a quienes los mirasen. Nariz pequeña y mejillas abultadas. Labios rosados, brillantes y gruesos que lograban robar el protagonismo de sus ojos.

El chico era hermoso, casi parecía irreal.

Vestía una camisa de seda color negro que parecía acariciar su piel con suavidad. Los dos primeros botones sueltos, mostrando la piel de su cuello y pecho, adornados con un largo collar color plata que lucía fantástico en él. Pantalones ajustados de mezclilla que no se molestaban en ocultar las tonificadas piernas, abrazándolas con suavidad.

Relamí mis labios inconscientemente y cuando levanté la vista el chico estaba sonriendo de lado, sabía que me lo había estado comiendo con la mirada. Mierda.

– Su orden señor – dijo la mesera al llegar con mi pedido.

Un vaso de cerveza fue colocado en la mesa, junto a un pequeño vaso con una bebida transparente. Miré el pequeño shot frente a mi desconcertado.

– Disculpe… yo no pedí esto – dije señalando el pequeño vaso.

– Cortesía de la casa señor – la mesera sonrió y se fue.

Tomé el vaso entre mis dedos y lo acerqué a mi nariz, Tequila. Dirigí de nuevo la mirada al chico en la barra, quien me la devolvió con una sonrisa seductora, sosteniendo un trago igual al que tenía en mi mano.

Me hizo un gesto con su mano, levantando su trago para que yo tomara del mío y así lo hice, siguiéndome él poco después. El líquido quemó todo a su paso, haciéndome arrugar el rostro y cerrar los ojos. Tomé como pude un trago de mi cerveza para aliviar el ardor.

– Dejaré que escojas el siguiente trago – escuché una suave voz cerca de mi – Creo que el tequila no es bueno contigo… – se burló – ¿Me permites acompañarte?

De pie a mi lado se encontraba el chico del cual no había podido apartar mi mirada en el poco rato que llevaba en el lugar. De cerca se apreciaba aún más hermoso que antes, había quedado hipnotizado con sus delicadas facciones. Y su olor, Dios, olía tan bien, una combinación de vainilla y coco que tenía a mis fosas nasales bailando de gusto.

– ¿Por qué debería hacerlo? – llevé el vaso de cerveza a mis labios, tomé otro sorbo y levanté una ceja cuando sus labios se levantaron en una sonrisa.

– Las reglas del bar dicen que, si aceptas un trago del dueño, aceptas que se siente contigo para tomar juntos – aseguró sonriente.

Sin que yo aceptara, tomó asiento frente a mí y colocó su vaso de cerveza en la mesa. Mis ojos captaron sus delicados movimientos en cámara lenta.

– ¿Muchos de tus clientes conocen esa regla? – apreté mis labios en una fina línea al darme cuenta del significado de esas palabras.

– ¿Te importaría que así fuera? – preguntó y yo me encogí de hombros fingiendo indiferencia. – De hecho… Eres el primero en saber de la existencia de esa regla – aseguró para luego morderse los labios de manera seductora sin apartar la vista de mi.

No pude evitar perderme en ese simple gesto. Como sus dientes torturaban ese gran trozo de carne para después soltarlo lentamente, devolviéndolo a su posición original con un tono rojizo. Mi boca comenzó a salivar como si estuviera hambriento y delante de mí estuviese el platillo más exquisito nunca antes probado.

– Tequila – mencioné después de tragar grueso y desviar mi vista de sus apetecibles labios – Tequila estará bien, no tengo problema con ello.

El pelinegro asintió con una sonrisa pícara y llamó a la mesera para ordenar la bebida. Mientras esperábamos el silencio reinó entre nosotros, pero no era un silencio incómodo, en lugar de eso aprovechamos para detallar mejor al otro.

El chico frente a mí había adoptado una postura sugerente, casi como si estuviese invitándome a observarle con descaro. No había nada peor que una persona consciente de su belleza y del poder que tenía sobre los demás.

Su espalda descansaba en el espaldar del sofá, su camisa abierta en la parte de arriba se había deslizado un poco, permitiéndome ver un poco más de la piel lechosa que cubría sus marcadas clavículas y parte de su hombro izquierdo. Tan perfecta.

Tal parece que se dio cuenta de la dirección en la que apuntaban mis ojos porque su mano derecha apareció en mi campo de visión. Sus dedos se posaron en su cuello y pude apreciar como estos comenzaron a bajar lentamente, acariciando su piel delicadamente, seduciéndome e invitándome a seguirla con tan simple movimiento.

Llegando a las clavículas el movimiento se hizo más lento, más seductor, logrando que cayera en un trance, siguiendo la dirección de sus dedos sin querer perderme un solo segundo. Ahora su dedo corazón y anular eran los únicos que rozaban su piel de derecha a izquierda para luego comenzar a bajar por su pecho. Mis pantalones comenzaban a sentirse apretados.

No podía concentrarme en nada más que no fueran sus pequeños dedos acariciando la piel de su pecho y ahora sosteniendo su largo collar para comenzar a jugar con este. Humedecí mis labios resecos y tragué grueso.

– ¿Te gusta lo que ves? – preguntó con descaro.

Con que quiere jugar, ¿no es así? Muy bien, yo también sé jugar ese juego

– No es mucho lo que puedo ver ahora – dije mirándolo a los ojos – ¿Por qué no me haces esa pregunta en otro lugar y en otras circunstancias? Tal vez así pueda responderte – finalice y sonreí de lado.

El pelinegro humedeció sus labios para después morderlos, mirándome con deseo.

Y yo siempre gano.

Unos segundos después la mesera llegó con nuestro pedido, dos copas con margaritas y varios shots de tequila acompañados con limón y sal. La conversación fluyó sin problemas, entre coqueteos e insinuaciones descaradas por su parte. Un gatito muy atrevido, me gusta.

– Entonces… ¿Por qué estás aquí? – pregunta y toma su copa para darle un trago a la bebida, en ningún momento apartó sus ojos de los míos y como me gustaba eso.

– ¿Debería tener una razón para venir? – respondí lamiendo la sal de mi mano mientras mantenía los ojos en él. Noté que tragó grueso, sonreí por lograr mi cometido y tomé un shot de la bebida transparente.

– Vamos… los hombres solitarios solo visitan los bares por dos razones.

– Y según tú ¿Cuáles son esas razones? – levanté mi ceja.

– Para ahogar sus penas amorosas o para buscar una conquista de una sola noche – dijo moviendo seductoramente su dedo dentro de su copa, este salió lleno del líquido transparente y se lo llevó a su boca.

Como si fuera una escena en cámara lenta, vi como sacaba su lengua y pasaba su dedo sensualmente sobre esta para luego terminar chupándolo ávidamente, quitando todo rastro de tequila de él.

Demonios, pude sentir como mi pene se estremeció dentro de mis pantalones con lo que acababa de ver. – ¿Cuál hombre preferirías que fuera? – solté casi es un gruñido. Nadie había logrado excitarme tanto en un juego de seducción como este, el pequeño frente a mí era como un Dios del pecado.

El pelinegro frente a mí sonrió descarado y se encogió de hombros como si no le importara realmente cuales eran los motivos – Los dos follan de maravilla – respondió mordiéndose la uña de su dedo índice y regalándome una sonrisa pícara.

Pocos segundos después sentí como descaradamente deslizaba su pie entre mis piernas, subiendo lentamente y causando un delicioso rose placentero que terminaba en la punta de mi pene. Mi mandíbula se tensó y mis ojos se oscurecieron de deseo.

– Si no te molesta, debo ir al baño – dijo privándome de su delicioso toque – Que por cierto está al fondo a la derecha. – Me guiñó el ojo para después levantarse y alejarse contorneando sus caderas.

Fue allí que pude observar por primera vez el voluptuoso, apetecible y enorme trasero que se marcaban bajo esos Jeans, me relamí los labios pensando en todas las posiciones en las que podía tener ese majestuoso culo a mi entera disposición.

Tomé los tragos de tequila restantes en la mesa de un solo golpe y me levanté para seguir a ese pequeño gatito travieso, divisé no muy lejos el baño de hombres y miré a los lados para asegurarme que nadie estuviera prestando atención. No quería interrupciones de ningún tipo.

Cuando abrí la puerta, lo primero que vi fue a ese pequeño minino recostado de espalda a la encimera del lavabo, sus manos sujetadas a esta y mirándome con una sonrisa que pasaría por todo menos por inocente.

– Tardaste mucho – aseguró con un pequeño puchero en sus labios que lo hizo ver demasiado tierno, pero el deseo en sus ahora oscuros ojos contrastaba completamente, logrando que se viera jodidamente sexy.

Tierno y sexy al mismo tiempo, jodidamente perfecto.

Sentí mi pene sacudirse dolorosamente cuando el espejo detrás del azabache me ofrecía una vista tan malditamente caliente… la camisa de seda medio transparente del más pequeño dejaba ver su diminuta cintura a través de la tela y no solo eso, ese jugoso trasero apresado contra el mármol y su cuerpo, tan redondo, tan apetecible.

– Lo siento bebé, prometo recompensarte deliciosamente – aseguré acercándome lentamente, como un depredador hacia su presa.

Una vez frente a él pude apreciar mejor sus delicados rasgos, él no se había movido en ningún momento, permitiéndome acorralarlo entre en blanco mármol y mi ejercitado cuerpo.

Debido a su estatura, el azabache tuvo que levantar la cabeza para mirarme a los ojos. Ese hermoso color avellana estaba envuelto en destellos llenos de deseo, su pequeña nariz de botón era tan delicada que no pude evitar deslizar la yema de mi dedo desde el puente de su nariz hacia abajo.

Sentí como su cuerpo se estremeció por ese ligero toque, estábamos tan cerca que su pecho chocaba con el mío cada vez que respiraba.

Dejé de observar sus profundos ojos para seguir el camino que surcaba mi dedo, seguí bajando hasta que llegué a sus esponjosos y rosados labios, quería darme mi tiempo para degustar cada parte de él, algo que nunca había hecho antes, pero es que el hombre frente a mí había despertado una faceta mía que no sabía que existía.

Una que quería darse su tiempo para analizar, acariciar, saborear cada parte del contrario. Una faceta que sobreponía el placer contrario al propio. Una que deseaba verlo retorcerse de placer debajo de mi hasta que sus piernas se volvieran flácidas a mi toque.

Con mi pulgar comencé a delinear su labio superior, siguiendo la línea que le daba esa forma tan profana. Sus labios eran tan suaves que enviaban pequeñas descargas placenteras desde mi dedo hasta el resto de mi cuerpo terminando en mi hinchada entrepierna.

El azabache cerró sus ojos perdido en mis caricias y abrió levemente sus labios para dejar escapar un pequeño jadeo. Su aliento mentolado golpeó mi rostro debido a la cercanía, logrando aumentar a niveles extremos mis ansias de saborear tal pecado hecho labios.

Pero aún no era el momento, me conozco y sé que una vez tenga esos gruesos trozos de carne entre mis dientes no podré controlarme. Así que aproveché la pequeña abertura ofrecida y empujé mi pulgar hacia adentro.

Sentí la sacudida de su pene en mi muslo y sonreí socarrón. El azabache abrió sus ojos nuevamente y estos brillaban más que nunca. Luego sentí su caliente y húmeda lengua rozar sin pudor alguno mi dedo. Mi pene se sacudió instintivamente y estoy seguro que él lo sintió sobre su vientre porque una sonrisa traviesa apareció en sus labios.

Este minino sí que sabe jugar.

Sin decir una palabra llevé mi rostro a esa blanquecina piel que me tentaba tan deliciosamente, con mis labios fui delineando el camino de su cuello hacia la curvatura que lo conectaba con sus perfectas clavículas, solo llegué a rozar su piel, pero podía sentir como esta se erizaba con mi toque.

Me tomé mi tiempo para llenar mis pulmones de ese delicioso aroma a coco y vainilla que estaba nublando de a poco mis sentidos. El pelinegro comenzaba a moverse desesperado por más que un simple rose, pero yo quería jugar, volverlo loco por mí y lo estaba logrando.

El toque delicado acabó cuando lo tomé por la cintura con mi brazo izquierdo, inmovilizándolo y acercándolo mas a mi si eso era posible, con mi mano derecha lo sujeté fuertemente de esos suaves mechones azabaches sujetando su cabeza en un ángulo que me permitiera total acceso a la delicada piel de su cuello. Él soltó un gemido agudo sintiéndose dominado por completo y fue ahí que mi mente se nubló por completo.

Sin esperar más encerré entre mis labios húmedos una porción de esa deliciosa y blanca piel y succioné. Sentí como todo su cuerpo se estremeció y como sus manos se aferraban fuertemente a mis hombros, acompañado con un delicioso gemido.

Podía sentir las sacudidas de su pene en mi muslo, lo que me alentaba a continuar succionando, mordiendo y lamiendo a mi antojo, encantado por el delicioso sabor de la piel del más pequeño.

– Jimin… ahg… – gimió perdido en el placer que mi boca le estaba ofreciendo.

Detuve todo movimiento, saqué mi rostro del que se había convertido en mi lugar favorito hasta ahora y lo miré con una ceja levantada totalmente desconcertado.

– Mi nombre es Jimin – añadió y yo sonreí por la imagen que tenía frente a mi.

Jimin era un total desastre en ese momento, mejillas sonrojadas, ojos entre cerrados, llorosos y completamente nublados por la lujuria, cabello revuelto y labios rojos e hinchados con marcas de sus propios dientes en ellos. Se veía tan hermoso.

Sin poder contenerme más, solté sus finos cabellos y llevé mi mano a su nuca, sujetándolo fuerte y atrayéndolo a mi para un apasionado y húmedo beso. Cuando nuestros labios chocaron pude sentir como nuestras pollas se contrajeron dolorosamente, arrancándonos un jadeo a ambos que fue tragado por la boca contraria.

Sus labios sabían tan bien como se veían, intenté ir lento y degustar lentamente esos carnosos y esponjosos labios de algodón pero cuando un jadeo por parte suya escapó por estos y me dio libre acceso a su húmeda cavidad no pude resistir el profanarla con mi lengua.

Jimin era un mar de jadeos y gemidos mientras nuestras lenguas se entrelazaban y luchaban por el control, control que claramente yo gané. Un leve gruñido escapó por mi garganta cuando Jimin meneó sus caderas, restregando su dura erección en mi pierna.

Sin dejar de besar y morder sus exquisitos labios, llevé mis manos detrás de sus muslos y lo levanté, sentándolo sobre el frío mármol. Jimin no perdió tiempo y casi al instante enredó sus brazos alrededor de mi cuello y sus delicadas piernas abrazaron mi cintura pegándome más a él.

Gemimos al unísono cuando nuestras erecciones se rozaron la una a la otra por sobre la tela gracias a la posición. Mi mente era un caos, la lujuria me había cegado completamente a ese punto, los gemidos y jadeos de Jimin me tenían en la cúspide del más delicioso placer y ni siquiera había podido sentir su piel contra la mía.

Jimin era tan adictivo.

Me separé de sus labios para seguir probando más de su deliciosa piel. Llevé mis labios al lóbulo de su oreja y mordisqueé a mi antojo para después seguir bajando por su cuello hasta sus clavículas. Jimin movía sus caderas de un lado a otro buscando más de esa deliciosa fricción que nos estaba volviendo locos, con su pequeña mano se aferraba a mis cabellos tratando de alejarme de la muy sensible y sobre estimulada piel de su cuello, pero a la vez acercándome más él. Mis manos fueron instintivamente a sus caderas para aumentar el ritmo de sus movimientos y simulando pequeñas embestidas, desesperado por una liberación que no tardaría en llegar.

– Espe.. Aagh… Espera… – jadeó empujando sus pequeñas manitos sobre mi pecho, apartándome de él.

Un rastro de lucidez pareció llegar a mi mente, ¿Qué diablos estaba haciendo? Nunca me había perdido tanto en la lujuria para siquiera olvidar que estaba en un lugar público. Jimin había logrado que me perdiera en el más primitivo de mis instintos y me olvidara completamente del mundo.

Cuando intenté separarme de él pensando que había ido demasiado lejos, Jimin afianzó el agarre en mis caderas con sus piernas evitando que me moviera siquiera un milímetro. Con sus manos se aferró a mi ya arrugada camisa y sus vidriosos ojos estaban clavados en los míos.

– Tú nombre… – dijo con la respiración entrecortada – Quiero saber tu nombre…

– ¿Por qué? – pregunté perdido en sus hermosos labios brillantes e hinchados por los besos compartidos.

– Necesito un nombre que gemir alto cuando me folles – dijo con voz y mirada seductora.

Mi pene se contrajo dolorosamente haciendo jadear a Jimin cuando el suyo fue estimulado debido a la cercanía. Mis pupilas se dilataron aún más y mis ojos se oscurecieron con la afirmación del pelinegro.

– Gritarás tanto mi nombre que cuando estés con otros solo podrás pensar en mi – un jadeo de su parte fue lo último que escuché antes de tomarlo por la cintura y dejarlo en el suelo.

Tomé su mano y lo arrastré conmigo fuera de ese lugar, si lo iba a tomar, lo tomaría en un lugar más tranquilo donde seguro nadie nos interrumpirá. Un lugar donde podría admirar su hermosa piel perlada en sudor y donde podría escucharlo gemir sin pudor alguno.

– ¿A dónde vamos? – preguntó juguetón.

– A un lugar más privado donde no nos interrumpan cuando esté enterrado en ti – gruñí bajo imaginando el momento cuando sus paredes aprisionen deliciosamente mi dura erección. Juraría que podría venirme de solo pensarlo.

Cuando salimos del bar el aire helado golpeó nuestros rostros, muy diferente al denso aire y la atmósfera caliente que habíamos creado en nuestra pequeña burbuja dentro de ese baño. Pero ni la ventisca más helada lograba bajar la temperatura de nuestros cuerpos, ardiendo por volver a tocar el cuerpo contrario.

Como pude y sin soltar su mano detuve un taxi que estaba pasando en ese momento, maldije en mi interior por no haber traído mi propio auto. Cuando se detuvo abrí la puerta trasera y Jimin entró primero, quien se sentó justo detrás del conductor.

Cuando cerré la puerta detrás de mí, mi mente quedó en blanco. No podía llevar a Jimin a mi casa por obvias razones, tampoco a un hotel porque me reconocerían inmediatamente y todo se iría al carajo. ¡Vamos Jeon, piensa!

Pero no tuve que hacerlo cuando escuché a Jimin dictar una dirección al taxista, tal parece que pudo darse cuenta de mi debate mental y agradecía enormemente por ello.

– Espero que no te moleste que haya dado la dirección de mi departamento – dijo para después morderse los labios sin apartar sus ojos de los míos. – Me sentiría más cómodo estando allí.

Jimin se estiró en el asiento de tal forma que me permitió admirar mejor su muy esbelto y maravilloso cuerpo, su camisa de seda hecha un desastre que había dejado al descubierto su hombro derecho. Su hermosa clavícula estaba allí seduciéndome de a poco, gritándome que dejara marcas rojizas en ellas que durarían días.

Su pierna izquierda doblada y su derecha completamente estirada daban una visual tan excitante de sus tonificados muslos a través de la tela del pantalón. Pero el bulto en su entrepierna fue lo que llamó poderosamente mi atención, haciéndome salivar de sobre manera.

Jimin sería mi perdición.

Sin importarme si teníamos público o no me acerqué a él para fundirnos en otro beso hambriento. Mis dedos picaban por volver a tocar esa cálida piel, así que abracé su rostro con mis manos para profundizar el beso.

Pude sentir las manos de Jimin hacerse puños en mi camisa, en un vago intento de aferrarse a algo. El beso era tan húmedo y delicioso, pero necesitaba más y no podía esperar llegar a su departamento para tocar su cuerpo.

Lentamente bajé mi mano izquierda acariciando todo a su paso, su cuello, su hombro, su espalda, su espalda baja hasta que llegué a su bien formado trasero. Jimin ahogó un gemido mientras mordía sin compasión mis labios, intentando demostrar que estaba tan desesperado como lo estaba yo.

Aprovechando la muy poca intimidad que nos ofrecía el estar detrás del asiento del conductor y sin poder controlar las ganas de amasar ese delicioso trasero sin ninguna prenda que se interpusiera en mi camino, intenté meter mis manos dentro de su pantalón.

Levanté su camisa, rozando la caliente piel de su espalda baja, logrando erizarla con cada toque de mis dedos y encontrándome en el camino con unos perfectos hoyuelos de venus que me hicieron gruñir por lo bajo. Dios, este hombre no podía ser más perfecto. Me estaba volviendo loco.

Cuando intenté meter mis manos dentro de su pantalón este era demasiado apretado, un quejido involuntario salió de mi garganta y Jimin rompió el beso para mirarme con una sonrisa pícara en su rostro, mordiéndose los labios soltó mi camisa para llevar sus manos al botón de su pantalón y desabrocharlos sin apartar sus oscuros ojos de mí.

Miré hacia el conductor y este parecía no prestarnos atención, acostumbrado a recoger parejas calenturientas de la entrada de los bares. Miré el retrovisor y me aseguré que no se viera más allá que nuestros rostros para después mirar al gatito traviero frente a mí, Jimin tenía una sonrisa tan inocente que si no estuviera metiendo mi manos en su pantalón ahora mismo diría que no mataría ni a una mosca.

Ataque de nuevo su blanquecino cuello, a este punto había descubierto que era una de sus zonas más erógenas, así que comencé a besar y morder como si no existiera un mañana, perdido completamente en los suaves jadeos que soltaba en mi oído.

Mi lengua se deslizaba desde la base de su cuello hasta llegar al lóbulo de su oreja donde mis dientes hicieron el resto, mientras que mi mano amasaba sus suaves nalgas una y otra vez. No siendo suficiente todavía, llevé mi dedo corazón entre sus nalgas, bajando lenta y tortuosamente, tanteando con mi dedo esa línea divisoria hasta llegar a lo que tanto ansiaba tocar.

Solo hice rozar mi dedo con su entrada para sentirla palpitar bajo mi toque y a Jimin sacudirse en mi agarre.

– Jungkook... – susurré en su oído con mi voz ronca llena de deseo – Mi nombre es Jungkook.

Al terminar esa frase ataque de nuevo los labios de Jimin y metí mi lengua en su boca para callar lo más posible los gemidos que vendrían. Moví mi dedo en círculos, rozando cada parte de su fruncida entrada, sintiéndola contraerse cada vez con más necesidad.

Lo que pasó luego no me lo esperé. Jimin había colocado su mano izquierda en el reposabrazos del auto y la derecha en mi muslo para luego impulsarse un poco hacia arriba, sin romper el beso, dejándome libre acceso a su entrada. Sonreí por lo descarado que podía llegar a ser y sin querer hacerlo esperar más empujé mi dedo dentro de él lo más que la incomoda posición me permitió.

– Jungkook… ngh… – gimió sin pudor de que el chofer pudiera escucharlo.

Me encantaba lo descarado que podía llegar a ser.

Sus paredes me recibieron perfectamente, tan caliente, tan húmedo, tan malditamente apretado como me lo imaginé, tragué saliva frente a la imagen que tenía frente a mi.

Jimin con sus ojos fuertemente cerrados y su boca entreabierta dejando escapar gemidos ahogados, su pecho subiendo y bajando por su errática respiración y pequeñas gotas de sudor resbalando por su frente. Tan sumiso para mi, tan malditamente perfecto.

Arqueé un poco mi dedo hacia arriba y las piernas de Jimin temblaron, no pudiendo sostener su peso por más tiempo se dejó caer de nuevo en el asiento, penetrándole aún más con mi dedo. Llegando a sentir una pequeña protuberancia en su interior, sonreí triunfante y comencé a mover mi dedo para estimularla.

– Aghhh Jungkook… e-espera… nghh… y-yo v-voy a… nghh…

Jimin mordía insistentemente su labio inferior tratando de callar sus gemidos, fracasando totalmente. No dejaba de retorcerse demostrando cuánto placer estaba sintiendo, sus ojos apretados y su cabeza recostada en el espaldar del asiento, su mano izquierda sosteniendo con fuerza el reposabrazos de la puerta y su mano derecha sujetando fuertemente mi camisa. Tan hermoso, tan entregado al placer que le ofrecía.

Estaba dispuesto a lograr que se viniera justo allí con solo uno de mis dedos dentro suyo masajeando su próstata, pero nuestra burbuja se rompió cuando el auto se detuvo.

– Señores… – pronunció después de aclararse la garganta – Ya llegamos. – afirmó serio el chofer sin siquiera atreverse a mirar por el retrovisor.

Saqué rápidamente mi dedo de dentro del azabache ganándome un quejido de su parte. Sonreí por lo desvergonzado que podía llegar a ser Jimin y le entregué al chofer varios billetes de alta denominación que había sacado de mi cartera al chofer, sin siquiera saber cuanto me cobraría, pero lo menos que quería hacer era preguntar o esperar por el cambio y mucho menos cuando el travieso de Jimin había escapado del auto con un “No me hagas esperar” con la voz más ronca y seductora que había escuchado…

– Guarde el cambio… – dije para salir del vehículo lo más rápido posible cerrando la puerta tras de mí.

Habíamos llegado a un edificio que parecía bastante lujoso por fuera, tal parece que Jimin no vive nada mal… Después de todo había mencionado que era el dueño del bar donde nos encontrábamos antes.

– ¿Te quedarás allí toda la noche o entrarás conmigo? – se burló.

Deje de observar el edificio para concentrarme ahora en el dueño de esa preciosa voz, quien entraba rápidamente al edificio contorneando sus caderas después de guiñarme el ojo y morderse los labios. Dios… Jimin me iba a matar.

Caminé lo más rápido que pude y al cruzar las puertas un hermoso y muy moderno lobby me recibió, mire a todos lados y me encontré con Jimin apoyado en la pared justo al lado del ascensor, con sus brazos cruzados a la altura de su pecho y mirándome con una sonrisa seductora en el rostro.

Caminé hasta él sin romper el contacto visual y una vez estuve lo suficientemente cerca como para tomarlo firmemente de la cintura, lo besé desesperado. Jimin envolvió sus brazos alrededor de mi cuello, pegando más nuestros cuerpos. De un momento a otro sentí como tomó impulso y ya sabiendo lo que intentaba hacer, lo sostuve firmemente de sus muslos cuando pegó un pequeño saltito, enrollando sus piernas a mi caderas.

El beso no se rompió en ningún momento, volviéndose más desesperado, húmedo y caliente al pasar los segundos. Jimin se sostenía firmemente de mis cabellos y yo apretaba fuertemente sus muslos, robándole uno que otro gemido agudo.

Como pude, presioné el botón del ascensor y las puertas se abrieron casi al instante. Entré en este aún con la lengua de Jimin en mi boca y lo empujé contra la pared cerca del tablero del ascensor, logrando que nuestras erecciones se presionaran la una con la otra deliciosamente.

Un gemido agudo por parte de Jimin rompió el beso y queriendo escuchar más de esos gloriosos sonidos comencé a simular duras estocadas sobre su erecto pene apresado entre sus pantalones.

Jimin se mantenía aferrado a mis hombros con los ojos cerrados y su cabeza ligeramente inclinada hacia atrás, me estaba volviendo loco con la maravillosa imagen frente a mi.

– Marca el piso cariño – dije con mi voz ronca para después atacar la piel de su cuello sin dejar de mover mis caderas.

Jimin con la mano temblorosa presionó el último piso y las puertas comenzaron a cerrarse. Di otra fuerte estocada a su ya sobre estimulado miembro y un grito agudo se escapó de sus labios.

– ¡Jungkook…! Agh… Jungk… mmg...– se aferró nuevamente a mis hombros, sus piernas perdían la fuerza para sostenerse a mis caderas.

Cuando la puerta se abrió indicando que ya habíamos llegado, Jimin deshizo el agarre en mis caderas, se separó un poco de mi y con la respiración agitada tomó mi mano y salimos del ascensor con rumbo a su departamento.

Una vez allí la puerta parecía tener una cerradura digital, de esas que debes colocar el código para ingresar.

– No puedo esperar para estar dentro de ti – gemí en su oído restregando mi dura erección contra su espalda baja, ganándome un jadeo de su parte.

Después de varios intentos fallidos debido al temblor en sus manos, la puerta al fin se abrió. Sorpresivamente, Jimin se dio la vuelta y estampó nuestros labios en un beso feroz que me dejó aturdido por unos minutos.

Lo único que mi mente registró después fue a Jimin jalándome hacia adentro de su departamento, cerrando la puerta detrás de mí y estampándome contra ella, todo sin romper el beso.

Jimin me besaba con tanta fuerza y pasión que mi mente comenzaba a nublarse, estaba contra la puerta fría a mis espaldas y el caliente cuerpo del azabache frente a mi que no dejaba de frotar su dura erección contra la mía y como si de algo automático se tratara llevé mis manos a su cadera, acercándolo mas a mí y ayudando a acelerar sus movimientos. Ambos gemimos al unísono.

Maldición se sentía tan bien.

Esas manos pequeñas se movían por todo mi cuerpo hasta llegar a mi pecho, en un segundo Jimin había roto mi camisa haciendo que todos los botones salieran disparados y mi torso quedara al descubierto. Después rompió el beso y comenzó a bajar lentamente, dejando besos húmedos en todo mi cuello, pecho, abdomen…

Leves gruñidos escapaban de mi boca acompañados de suaves jadeos cuando bajé mi vista y observé a Jimin en cuclillas mirándome con sus más lujuriosos ojos, relamiendo sus hinchados labios y desabrochando mis pantalones.

Sus pequeñas manos se movían a toda velocidad, desesperado. Una vez que el cierre estuvo abajo, mi húmeda ropa interior saltó a la vista y debajo de esta mi muy hinchado miembro que lloraba por un poco de atención.

Sin tener que suplicarle, Jimin dejó libre mi erección que saltó erguida chocando con mi vientre, un gemido de mi parte la acompañó, gustoso de que al fin estuviese libre. Lo que sentí luego fue una deliciosa humedad caliente que se deslizaba desde la base hasta la punta. Abrí mis ojos y mis piernas casi flaquean, Jimin deslizaba su roja lengua por todo mi hinchado pene sin apartar sus ojos de los míos.

Dios… sus oscuros cabellos desordenados, sus mejillas sonrojadas, sus ojos vidriosos y nublados, y su boca abierta tratando de tragarse todo mi pene era la imagen más erótica que alguna vez pude ver.

Llevé mis manos a sus cabellos y gruñí cuando comenzó con una suave succión que rápidamente se convirtió en un vaivén más rápido, más delicioso. Ver mi pene desaparecer y ser apresado por esos gruesos labios me estaba haciendo temblar, todo mi cuerpo se erizaba y una corriente del más puro placer quemaba mis neuronas.

– Eso cariño~ ...mmh… lo haces tan bien~…

Sostuve su cabeza para que dejara de moverse y comencé a follar su boca a mi antojo, perdido completamente en la bruma del placer. Los gemidos ahogados de Jimin vibraban en la hinchada cabeza de mi pene que chocaba con su garganta, enviando descargas placenteras a todo mi cuerpo.

Estaba por correrme, mi bajo vientre comenzaba a contraerse preparándose para el mejor orgasmo que haya tenido alguna vez, pero no podía, no quería, no así. Saqué mi pene completamente húmedo de su boca, Jimin jadeó tratando de recuperar el aliento, pero no se lo permití. Lo tomé de sus oscuros mechones y lo levanté del suelo, atrayéndolo a mí para otro apasionado beso.

Lo tomé de nuevo por sus muslos y como si mi cuerpo se hubiera acostumbrado al suyo, lo cargué sin problema alguno, Jimin rápidamente comenzó a besar mi cuello mientras que sus hermosas piernas se balanceaban de un lado a otro.

Divisé no muy lejos un amplio sofá color crema y me dirigí hasta allí, no sabía donde estaba su habitación y tampoco quería tardar más tiempo buscándola. Necesitaba estar dentro de él ya.

Una vez ahí, di media vuelta y me dejé caer en el mullido sofá. Jimin rápidamente se acomodó mejor encima de mí y comenzó delicioso un vaivén con sus caderas sin dejar de besarme.

Como lo había hecho él minutos antes, ejercí un poco de fuerza y todos los botones de su suave camisa de seda cedieron, dejando al descubierto su blanco y delicioso torso. Rompí el beso y me tomé unos segundos en admirar tal obra de arte, dos muy duros botones rosados me daban la bienvenida y me invitaban a hacer lo que quisiera con ellos.

– Eres tan hermoso Jimin~

Y sin esperar respuesta alguna mi boca fue por sí sola hasta cerrarse alrededor de uno de esos tentadores botones. La espalda de Jimin se arqueó maravillosamente y un sublime gemido agudo escapó de sus labios. Succionaba y mordía a mi antojo para después comenzar a lamerlos como si de un caramelo se tratara. Podía sentir como Jimin temblaba con cada uno de mis movimientos en sus sensibles pezones, tenía sus manos fuertemente agarradas a mi cabello y de su boca no dejaban de salir gloriosos jadeos y gemidos.

– ..aghh… kook~… eso se siente tan bien~ahgg…

Su torso desnudo contra el mío se sentía tan malditamente bien, pero nuestros pantalones aun interfiriendo me estaban matando. Lo abracé firmemente por su cintura y me levanté. En un rápido movimiento ahora era Jimin el que se encontraba sentado en el sofá.

Sus pantalones ya estaban desabrochados desde que estábamos en el taxi, así que solo tuve que sostener su pantalón a cada lado junto con su ropa interior y con ayuda de Jimin pude deshacerme de esas fastidiosas prendas que me impedían sentir completamente al azabache.

Mi pene se contrajo dolorosamente cuando pude admirar por completo el delicado y desnudo cuerpo frente a mi.

Sus pezones hinchados y rojos, su abdomen plano con sutiles abdominales en ellos, su hinchada y rosada erección que se alzaba majestuosa sobre su vientre, dejando ver destellos de líquido pre-seminal escurriéndose por toda su longitud. Esas piernas gruesas y tonificadas sin ningún rastro de vello en ellas. Tan firmes, tan blancas, tan… malditamente calientes.

Quité rápidamente mis pantalones hasta empujarlos lejos, quedando completamente desnudo frente a él. Pude ver un nuevo brillo en sus ojos y como se relamía los labios, su respiración estaba agitada y sus ojos no perdían de vista mi dura erección.

– ¿Te gusta lo que ves? – pregunté burlesco comenzando a mover mi mano en un lento vaivén por todo mi hinchado pene.

La respiración de Jimin se volvió más errática y su pene se contrajo por sobre su abdomen. Vi sus intenciones de arrodillarse nuevamente sobre mí y chupármele, pero lo detuve y fui yo quien me arrodillé, levantando sus piernas y atrayéndolo más a la orilla del sofá.

Sostuve sus piernas firmemente en el aire, manteniéndolo en una posición que me permitía libre acceso a su palpitante miembro y a su fruncida entrada. Mi boca se hizo agua al tenerlo completamente abierto para mi.

– Esp-Espera… ¿Qué hace...? ¡NHGG!

Mi lengua había comenzado a delinear cada pliegue de su estrecha entrada, moviéndola en círculos podía sentir como Jimin se estremecía con cada lamida, sus piernas comenzaron a temblar y sus gemidos se hicieron más agudos y más altos.

Una vez que todo el exterior estaba húmedo, no pude resistir más y empujé mi lengua hacia adentro. Su interior estaba tan caliente y apretado, que me fue difícil poder moverme con facilidad. Su entrada se contrajo alrededor de mi musculo, queriendo que entrara más y no había nada que le pudiera negar a Jimin ahora.

Llevé mi dedo medio a su entrada y sin dejar de lamer y chupar, lo penetré con este de un solo movimiento, mi saliva había hecho un gran trabajo como lubricante, logrando que entrara sin ningún problema.

La espalda de Jimin se arqueó de tal espléndida manera que su entrada ya no estaba a la altura de mi cara sino su muy hinchado y rosado miembro que no tardé en llevarme a la boca.

– ¡agh! Jungkook… de-detente… uhmm.. ya no puedo… ¡aggh!

Sentí como su pene se estremeció en mi boca cuando introduje un segundo dedo en su entrada. Comencé a sacarlos y meterlos lentamente, moviéndose y abriéndolos en su interior, aflojándolo, preparándolo para recibirme.

– Eres tan delicioso Jimin ~– dije después de soltar su pene y comenzar a lamer las venas que se macaban en este – Tan esquisito y tan mío ~

Jimin era un mar de gemidos y respiraciones entrecortadas, ya no me miraba, sus ojos estaban cerrados y con lágrimas de placer escapando de estos, sus manos sujetaban firmemente sus piernas, manteniéndose abierto para mi, entregado completamente al placer que mi boca y mis dedos le estaban ofreciendo.

– Jungkook… por favor… agh… ne-necesito… uhm…

– ¿Quieres correrte cariño?

– S-sí… por fa-favor… ¡agh!

– Córrete para mí bebé ~– dije para después meter un tercer dedo en su interior.

Y como si eso fuese todo lo que necesitaba escuchar, Jimin se corrió fuertemente en su abdomen mientras gritaba mi nombre como prometió que lo haría. Mi pene saltó adolorido con tan hermoso sonido.

– Eso fue tan hermoso cariño – aseguré mientras iba subiendo dejando pequeños besos húmedos al cuerpo completamente relajado de Jimin – Pero esto todavía no termina… – susurré en su odio ganándome un leve jadeo.

Enrollé mis brazos fuertemente a sus caderas y lo levanté del sofá. Jimin inmediatamente rodeo mi cuello con sus brazos y mi cintura con sus piernas. Podía sentir su húmeda entrada rozar con la cabeza de mi pene. Dios, estaba muriendo por metérselo.

– ¿Dónde está tu habitación cariño? – pregunté suavemente en su odio, sosteniendo ahora sus nalgas y amasándolas a mi gusto.

– Al fondo del pasillo a la derecha – dijo con voz suave en mi oidio.

Mis pasos inmediatamente se dirigieron al lugar mencionado, si iba a poseer a tal obra de arte debía ser en un lugar cómodo y donde pudiera apreciar cada parte de su cuerpo, cada gesto de su rostro, cada gemido majestuoso.

Intenté lo más que pude resistir la tentación de estar dentro de él, pero los dientes que apretaban el lóbulo de mi oreja con descaro y su dilatada y húmeda entrada rozando con la hinchada cabeza de mi pene con cada paso que daba, no estaba ayudando en nada.

Así que hice lo que deseaba hacer desde que lo ví por primera vez sentado de espaldas a esa barra en el bar… Detuve mi andar y con mis manos separé esos dos jugosos trozos de carne y alinee mi miembro con su fruncida entrada, pude sentirla palpitar sobre mi y sin esperar más di una fuerte estocada, empujando mis caderas hacia arriba y el cuerpo de Jimin hacia abajo.

– ¡AHHG! – gemimos al unísono.

Las calientes paredes de su interior me recibieron gustosamente, maldición estaba tan apretado, húmedo y caliente que casi pude correrme con solo estar dentro de él.

– Jungkookie~...uhgg… Es demasiado grande… uhmm~

– Estás tan apretado pequeño~

Abrí un poco más las piernas para tener mayor estabilidad y una vez me sentí seguro de sostener su peso, comencé a follarlo rápido y duro, perdido en los gemidos cada mes más sonoros que escapaban de la boca de Jimin y en cómo su pene crecía entre nuestros cuerpos, creando una exquisita fricción.

– Esp-Espera… Más lento… ahg… Estás demasiado profundo… ngh!!

Detuve el movimiento de mis caderas lentamente y sin salir de su interior comencé a caminar de nuevo hasta la habitación. Una vez allí, visualicé la enorme cada King Size vestida con hermosas sábanas color blanco. Tuve que salirme de esa apretada cavidad para dejar caer a Jimin sobre las suaves almohadas.

– Ngh… No lo saques… Se siente tan vacío ahora…

Un gruñido surgió desde lo más profundo de mi pecho. Frente a mí Jimin lucía como una obra de arte. Marcas rojizas pintaban gran parte de su cuerpo y cuello, ojos perdidos en la más espesa nube de placer, mejillas sonrojadas y su cabello húmedo pegado a su frente… Su torso estaba manchado con el semen de su reciente orgasmo y su pene brillaba erecto sobre su abdomen.

Sin poder resistirme, abrí sus piernas aún más, sorprendiéndome por la flexibilidad del azabache y alinee mi miembro goteante con su entrada ya floja y de una sola estocada ya estaba dentro de él completamente.

La espalda de Jimin se arqueó.

– …¡Ahg!.. A-así… tan lleno… uhmg. – dijo con la cabeza hacia atrás y los ojos fuertemente cerrados.

No pude evitar tomarlo por la espalda, pegarme a él para lamer de nuevo esos duros y ahora rojos botones mientras lo embestía con fuerzas.

– ¿Te gusta así cariño? – pregunté para después comenzar a dejar marcas de dientes por todo su pecho.

– S-sí… más… más rápido… ¡uhg!

– Tus deseos son mis órdenes…

Posicioné sus piernas sobre mis hombros y tomándolo de la cintura lo atraje conmigo, sin separarme de él, mientras me ponía de rodillas sobre la cama. El cuerpo de Jimin quedó casi por completo en el aire, solo su cabeza y parte de su espalda permanecía sobre el colchón. Podía manejar su flexible cuerpo de una manera espléndida y en esta posición podía enterrarme en él con mayor profundidad.

Una vez que pude mantenerlo firme y siendo una posición que me permitía moverme con mayor libertad y rapidez, no dudé en comenzar un vaivén de caderas que mantuvo a Jimin gimiendo sin pudor alguno.

Una, dos, tres y muchas más fuertes y rápidas estocadas acompañaban mis gruñidos y jadeos. Mi mente solo podía pensar en lo deliciosamente que Jimin envolvía mi pene con sus paredes, en los dulces gemidos que acariciaban mis oídos y en la piel caliente que tocaba mi cuerpo.

Además de que la vista del agujero de Jimin tragándose mi polla me estaba volviendo loco.

– Eso es bebé~Me tomas tan bien ~ uhg...

– Estás… Uhg… estás demasiado profundo… ¡ahg!... Quiero… Uhg…

Los ojos de Jimin dejaban escapar gruesas lágrimas de placer y su boca no podía articular palabra sin ser interrumpida por gemidos y jadeos.

– Sólo un poco más cariño – gruñí sin detener mis duras estocadas – Te sientes tan malditamente bien~

Sentí los músculos de Jimin tensarse y como su entrada comenzaba a apretarse de a poco, entendiendo que estaba cerca de su orgasmo, pero no queriendo que acabara tan rápido, detuve mis movimientos y salí de su cuerpo para dejarlo caer en la cama de nuevo ganándome un gruñido de protesta.

Jimin iba a decir algo, posiblemente a quejarse por interrumpir su tan ansiada liberación, pero antes de que siquiera abriera la boca ya lo tenía boca abajo, con sus manos en su espalda y su trasero levantado para mi.

¡Y por Dios, era malditamente perfecto!

Su rosada y húmeda entrada estaba ahí, pidiéndome que la profanara una hasta el cansancio.

– Por… Por favor…

Jimin gimoteaba moviendo sus caderas de un lado a otro y tratando de liberarse de mi agarre en sus manos, su entrada se contraía preciosamente a mis ojos y sin querer hacerlo esperar más, abrí un poco más sus piernas para posicionarme entre ellas.

Tomé mi duro miembro que ansiaba cuanto antes llenar esa dulce cavidad y con la cabeza comencé a acariciar los pliegues de su entrada, ganándome gruñidos disconformes de parte de Jimin.

Mi boca se estaba haciendo agua con solo ver el brillo del cuerpo de Jimin bañado en sudor y como sabía que posiblemente esta posición le dolería un poco, dejé caer mi saliva en su agujero para usarla de lubricante.

– ¡Jungkook! – exclamó Jimin en un fuerte gemido cuando me enterré en él de una sola estocada.

Solté sus manos, que cayeron lánguidas a cada lado de su cuerpo, y me sostuve de sus caderas para comenzar a follarlo desesperadamente. Mis pulgares apretaban suavemente esos hermosos hoyuelos de venus en su espalda baja y mi miembro entraba y salía sin tregua alguna de su estrecha cavidad.

El sonido de nuestras pieles chocando se escuchaba tan blasfemo y prohibido que me encantaba. Su cuerpo y su cabello se movía con las sacudidas de cada penetración y sus puños se habían adueñado completamente de las sabanas.

– N-no p-pares… uhg... Se siente tan bien… Jungkook~v-voy a… mhg...

Mis movimientos comenzaron a ser más rápidos y erráticos, Jimin estaba cerca, yo estaba cerca y por Dios que ya no podía aguantar más. El inmenso placer que sus paredes me estaban brindando se acumulaba en mi vientre bajo, amenazando con explotar en cualquier momento.

– Vamos Jimin... – gruñí perdido en la lujuria – Córrete teniendo solo mi pene dentro de ti…

Y como si mis deseos fueran sus órdenes, su piel se erizó y sus paredes apretaban deliciosamente mi pene que no dejaba de entrar y salir.

– ¡JUNGKOOK~ UHG!

Gimió perdiéndose en las placenteras descargas que le proporcionaba su orgasmo. Todo su cuerpo entregándose al máximo placer experimentado, temblando con cada ola de placer que terminaba en hilos nacarados derramándose sobre las sábanas.

– ¡Ahg, Jimin~!

Gemí acompañándolo en su orgasmo llenando todo su interior y sosteniendo fuertemente sus caderas, posiblemente dejando marcas de mis dedos en ellas. Con un suave vaivén alargué lo más que pude nuestros orgasmos, ganándome suaves lloriqueos de un Jimin sobre estimulado y muy sensible.

Cansado y con las piernas entumecidas, salí de su interior viendo como toda mi semilla se deslizaba por sus muslos y me dejé caer a su lado, con la respiración agitada y las gotas de sudor recorriendo mi rostro.

– Eso no estuvo nada mal – sonrió adormilado con las mejillas sonrojadas y los labios hinchados – No sé lo que te ocurrió, pero me alegra de que hayas entrado al bar.

Lo miré por unos segundos, tan hermoso, tan perfecto, tan… mío. Mordí mi labio inferior al no saber de dónde salió eso último, pero ahora, recordando cómo había comenzado la noche y como había terminado con alguien tan jodidamente perfecto como Jimin entre mis brazos, no puedo siquiera imaginarme un solo día sin besar sus labios, sin tocar su cuerpo, sin escuchar su voz y suaves gemidos, sin él…

Y mi corazón se agitó, como nunca antes lo había hecho.

– Y a mi me alegra que hayas sido tú el dueño de ese bar…