Capítulo 1
Pasó un madrugada calurosa de agosto en Seúl, el ambiente era agobiante, al aire irrespirable y los grillos parecían cantar una balada fúnebre a su alrededor. El pequeño niño se había escondido en el parque infantil de Dongjak, estaba dentro de una caseta en forma de avión que había visto días mejores, aunque no noches peores que aquella. No vivía en un barrio de casas bonitas y grandes, de esas que tenían un jardín verde, una madre de sonrisa feliz y un padre que se marchaba todas las mañanas a trabajar. Nop. Su barrio era sucio, las casas eran tristes y las personas vivían para sobrevivir.
Con nueve años, BaekHyun había aprendido valiosas lecciones en su cortísima vida. Sabía que el fuerte se comía al débil, que el dinero compraba a las personas y que la palabra muerte era tan habitual como tomar aire para respirar. Él no tenía una madre con un delantal rosa y una sonrisa en casa, tampoco había conocido a su padre y el único perro que tuvo era de su vecino, el señor Han y cuando el hombre murió, Bongo se fue con él.
No siempre fue todo tan malo, mamá no siempre estuvo tirada en el salón de su casa bebiendo. No obstante, las cosas no salen bien todo el tiempo y cuando algo debe salir mal, sale mal. No había mucha suerte que repartir para darle a Byun MinJi, de todas formas. Una bailarina que terminó su carrera antes de que pudiera empezar acostándose con el director del programa de ballet al que quería entrar. El tipo no solo estaba casado, sino que dejó embarazada a una niña de dieciséis años y después desapareció.
Con veinticinco años, MinJi había criado a un bebé con la ayuda de su abuela porque nadie más quiso hacerlo y miraba al fruto de su desliz con desprecio por robarle su sueño. BaekHyun era muy pequeño en ese entonces para comprender el motivo del rencor de su madre hacía él, pero aún así, sabía que no podía contar con ella. La abuela Byun era la única que lo arropó por las noches, le dio una merienda hecha con cariño y besó sus rodillas cuando se lastimó jugando en el parque.
Con el fallecimiento de la mujer, todo cambió y BaekHyun tuvo que aprender a marchas forzadas lo que era sobrevivir. MinJi perdió a la persona que le decía lo que tenía que hacer y entonces se entregó al alcohol, las noches por fuera y los amores pasajeros y tóxicos que solo querían estar una noche con ella.
BaekHyun tan solo era un niño, pero tuvo que aprender a ser un adulto o al menos, tratar de pensar como uno. MinJi había perdido su empleo un mes atrás y él traía algo de comida a casa que le iban ofreciendo algunas vecinas amigas de su fallecida abuela, y las sobras de un restaurante de la zona. Pero pasaban hambre, les habían cortado la luz y no tardarían en echarles de su casa a juzgar por la orden de desalojo. BaekHyun estaba solo en esa lucha y él no quería ir a uno de esos centros para niños huérfanos del que le habló el bravucón de JinHyun.
Por eso estaba de noche y tan tarde en la calle, su estómago rugía hambriento, no podía dormir y MinJi, de nuevo, no estaba en casa. Si BaekHyun hubiera sido un niño menos intrépido y más sensato, se habría quedado metido dentro de su futón, tapado con las mantas e ignorado la conversación de los hombres armados que estaban por fuera de su apartamento.
Sin embargo, no lo era. Pensándolo bien, si él se hubiera quedado esa noche en casa, su vida hubiese sido diferente y quizás sí habría terminado en un orfanato. Quién sabe, a quién coño le importa, las cosas ya no podían cambiarse. Y esa noche, BaekHyun salió de su cama guiado por la curiosidad y se encontró, no solo siendo testigo involuntario de un asesinato, sino robándole la cartera al tipo equivocado.
Fue un estúpido. No era la primera vez que veía una pistola o a tipos de aspecto cuestionable, pero esos hombres trajeados que retenían a un miserable quejumbroso no eran los típicos pandilleros que salían de sus escondites a partir de las nueve de la noche. Era lo suficientemente listo como para saber que esos bastardos eran mafiosos, pero fue lo suficiente ingenuo como para creer que podía robar algo de dinero y comer pollo frío esa noche.
BaekHyun corrió, corrió todo lo que sus cortas piernas le permitieron, pero lo habían visto. Debería haber sabido que nadie le roba a la mafia y el que lo hace no se va sin recibir un castigo, pero tenía nueve años, era un crío ignorante que aprendía a base de golpes y aún tenía la esperanza de lograr tener esa casa bonita con una madre de delantal rosa.
—¿Dónde cojones está?—escuchó la voz grave de uno de los hombres.
El niño estaba escondido dentro de la caseta, apretujado contra la esquina importándole poco o nada estar manchando con arena y suciedad los cachorros de su pantalón de pijama. Miró a su alrededor desesperado, la penumbra le impidió ver cualquier cosa con claridad y los pasos cada vez estaban más cerca de su escondite. BaekHyun estaba seguro de que esos hombres podían escuchar su corazón latir contra su pecho y el sonido de su respiración, incluso, oler su jodido miedo. Cubrió su boca con una mano y apretó contra sí una piedra del tamaño de su palma, aferrándose a esta como si pudiera hacer algo contra las pistolas de los mafiosos.
—Lo vi entrar aquí.
—¿Y dónde mierda está?
—¡Búscalo y tráemelo! Ese niñato me ha robado la cartera.
Más pasos, pero esta vez dispersándose. BaekHyun se arrastró por el suelo, no atreviéndose a caminar a gatas por si lo veían por las ventanas del avión y se asomó por la parte trasera del mismo apenas unos centímetros. Cometió un grave error, tocó con su mano unos mocasines negros elegantes y se encontró con los ojos del diablo representado por un hombre de aspecto amable y hasta casi normal.
Fue muy tarde para BaekHyun cuando quiso retroceder y regresar al escondite. Los cinco tipos se lanzaron a por él y lo arrastraron por los pies hasta que lo sacaron fuera del avión. A BaekHyun le escocía la espalda donde las piedras se le habían clavado en su forcejeo y la tela del pijama se había rajado, pero ni siquiera lloraba, es más, no dejó de luchar contra el agarre de los hombres.
—¡Estate quieto, niñato estúpido!—le escupió el más cabreado de los tipos, abofeteándolo.
BaekHyun apretó la mandíbula y alzó la mano con su piedra. Las risas estallaron en el grupo y el niño, humillado y tembloroso, trató de usarla para golpear al hombre que lo sujetaba por los hombros.
—He dicho que te estés quieto. ¿Qué pretendías hacer con eso, idiota?—lo miró ceñudo el mismo tipo, una vena sobresalía de su frente, su bigote era como una burla hacía las películas de gánsteres y era el dueño de la cartera que había robado, aunque BaekHyun no lo sabía.
No le respondió, alzó el mentón muy alto y lo miró desafiante, aunque él fuera el ladrón y el otro un adulto furioso.
—Míralo, YiSeok, el chico tiene huevos. —comentó uno de los hombres, riéndose.
BaekHyun no miró al que habló. Eran cinco en total los que lo rodeaban, pero un sexto tipo se había sentado sobre uno de los juegos en forma de caballo y era espectador de la escena, como si nada de aquello le importara realmente y solo hubiera dejado salir a sus perros a jugar al césped. Incluso a su corta edad, supo diferenciar quién era el jefe y era el mismo hombre con el que había chocado cuando salió de la caseta del avión.
—¿Sabes lo que has hecho, mocoso? ¡Ey, mírame cuando te hablo! —tiró de su mentón, apretándole las mejillas con fuerza, haciéndole daño. BaekHyun tuvo la desfachatez de mirarlo directamente a los ojos, algo que ni el tipo muerto de su callejón hizo. El hombre pareció enojarse más por su actitud. —¿Por qué no estás meándote en los pantalones?—rumió entre dientes.
—Tendrás que darle unos cuantos azotes en el culo, YiSeok.—bromeó otro.
—¿Azotes? No soy su jodido padre, Jang. —gruñó YiSeok. Miró a BaekHyun, soltándole la barbilla con desprecio. —¿Sabes qué en algunos países se les corta la mano a los ladrones, chico? —le dijo con maldad en sus ojos.
BaekHyun tomó una bocanada de aire, pero trató de mantenerse impasible. Desde niño era orgulloso y pocas veces lloraba delante de los demás, mucho menos delante de un adulto que lo tenía bajo su control.
—¿No vas a decir nada? ¿Te comió la lengua el gato o eres mudo?—insistió YiSeok, enojándose un poco más y agarrándolo por el cuello del pijama. El niño apretó la mandíbula y tuvo que haberlo cabreado, porque el tipo lo empujó y él cayó al suelo de culo. —Tendré que hacerte hablar entonces.
Sacó el cuchillo de su bota izquierda y sonrió como un maníaco. BaekHyun podría haber retrocedido, gritado o llorado, pero se quedó allí quieto, mirando al tipo como si la rata fuera el adulto y no él. Cuando YiSeok se abalanzó sobre él, entonces el niño se movió y lo pateó, golpeándolo certeramente, quizás por mera casualidad, en la cara. Los amigos sujetaron al crío por los brazos y las piernas y YiSeok pisó su mano derecha, enfurecido.
—Le has robado al tipo equivocado, niño imbécil. Te cortaré algunos dedos, para que aprendas con quién no debes meterte.
BaekHyun se retorció más fuerte y chilló, el agarre sobre él fue más fuerte y otra bofetada lo aturdió. Sintió el filo del cuchillo sobre su piel cuando una voz se alzó por encima del jaleo armado en medio del parque infantil y el niño dejó de gruñir contra la palma asquerosa y grande del mafioso.
—Ya es suficiente, YiSeok. Deja al niño.—habló el hombre maduro que estaba sentado en el caballito. Era el mayor de los seis hombres, también el que tenía más porte y más clase.
—Pero jefe…
—¿Tienes algún problema con mi orden, YiSeok?—el propio BaekHyun se estremeció con esa amenaza suave. Lentamente, lo soltaron, dejándolo incorporarse. YiSeok lo miró con desprecio, guardando el cuchillo y vocalizando un te has salvado esta vez. —Ven aquí, hijo.
BaekHyun miró al señor, estudiándolo con recelo. A simple vista no parecía más que un hombre en sus cincuenta años, el pelo canoso brillando bajo la luz de la farola y sus ojos serenos detrás de sus gafas redondas. Había algo en él que gritaba que no iba a pedirle dos veces la misma cosa y que no estaba acostumbrado a ser desobedecido.
El niño se levantó, por fin, y dio tres pasos hacia delante. YiSeok lo obligó a dar otros dos pasos más, trastabillando, al creer que no estaba lo suficientemente cerca de su jefe. BaekHyun, pese a su posición vulnerable, miró con enojo al tipo.
—¿Cómo te llamas?
—Mi abuela me dijo que no hablara con desconocidos, señor.—le respondió testarudo.
El hombre amplió la sonrisa, divertido. YiSeok iba a darle una colleja, pero su jefe alzó una mano y él detuvo el movimiento.
—Tu abuela te enseñó bien. Soy Lee SooMan, hijo. —se presentó el hombre con amabilidad.
—Byun BaekHyun, señor.
—BaekHyun. —repitió y hubo algo en su voz al decir su nombre que a BaekHyun no le gustó del todo. De hecho, nunca le gustó el señor Lee. —¿Sabes quién soy yo?—él negó con la cabeza. —¿No? Lo suponía, eres muy joven aún. —comentó como si esa fuera una alegre charla en un parque de día y él fuera un hombre normal. —¿Has visto alguna vez ese símbolo, BaekHyun?
El hombre le hizo un gesto a YiSeok y este, de mala gana, le mostró a BaekHyun su mano derecha, en el dorso tenía un tatuaje peculiar para ser un bastardo. Una especie de sol. El niño había escuchado en el patio del colegio por boca de JaeHyun que los tipos con esos tatuajes eran miembros de una banda de mafiosos. Nadie le había creído, nadie creía a JaeHyun porque él solía mentir y exagerar la realidad para quedar bien.
BaekHyun alzó la mirada y vio a Lee mirándolo fijamente, entretenido.
—¿Lo reconoces?
—No, señor.
—¿Sabes lo que es la mafia, BaekHyun? —él asintió. —Respóndeme.
—Son criminales, señor.
—En parte sí. —rió de buen humor. —Pero también es una familia, BaekHyun. Los miembros se cuidan y se protegen los unos a los otros. Todos los que comparten este símbolo son Firelight.
Firelight. Eran como una leyenda en su barrio, la gente murmuraba sobre ellos, la policía los culpaba de todos los males de las calles, pero nadie hablaba muy alto sobre ellos. BaekHyun miró a Lee algo impresionado y más asustado que cuando tuvo a YiSeok sobre él, a punto de cortarle los dedos.
—Yo cuido de mi familia, BaekHyun ¿lo entiendes?
—Es el jefe de los delincuentes.
—No seas irrespetuoso, mocoso. —lo regañó YiSeok.
Lee rió de buen grado.
—No ha dicho nada que no sea cierto, YiSeok. —lo cortó SooMan. —Sí, soy el jefe de Firelight y cuido de todos los que tengan su símbolo. Esta noche, tú le has robado a uno de mis miembros, BaekHyun. —él tragó saliva, pero se mantuvo quieto, apretando los puños.—¿Por qué le robaste la cartera a YiSeok?
—Quería comer pollo frito.
Maldito mocoso, murmuró YiSeok para sí mismo. SooMan alzó una ceja.
—¿No te gustó la cena o te mandaron a la cama sin cenar?
—No había nada para cenar.—soltó reticente e incluso con nueve años, se sintió humillado por soltarle a un desconocido que en su casa no había nada para cenar.
El hombre pareció darse cuenta e hizo un silencio, midiéndolo tan profundamente, que BaekHyun se sintió incómodo mirándolo a los ojos y al final, apartó la mirada.
—¿Tienes familia, BaekHyun? ¿Vives con tu abuela?
—Mi abuela murió, señor. Vivo con mi madre.
—Lo lamento, hijo. ¿Y tu madre no se encarga de ti?—el niño apretó los dientes y no respondió. —Comprendo. —murmuró él. BaekHyun no sentía que el hombre lo comprendiera, porque era un adulto bien vestido, uno que acaba de ordenarle a su subordinado que matara a otro y que ahora hablaba con un niño como si fuera un abuelo. —Como el responsable de cuidar de mi familia, debería de darte una lección por haberle faltado el respeto a YiSeok, BaekHyun. No está bien robar.
—Usted le ordenó disparar. —susurró con rencor.
SooMan se sorprendió y él volvió a tragar saliva. Era un niño impulsivo que se metía en problemas precisamente por no medir sus palabras y caer en las provocaciones.
—Nos ha visto, jefe. No podemos dejarlo ir.
—¿Y qué sugieres? ¿Meterle un tiro y tirarlo al río Han?—habló Lee con frialdad, irritado por la interrupción de YiSeok. —No es así como hacemos las cosas, YiSeok. Nadie escucha la voz de los niños y su testimonio no tendría valor para un juez. Además, la vida de la rata de Kang no vale tanto como para que la policía lo investigue. Les hemos hecho un favor. —chasqueó la lengua y se centró nuevamente en BaekHyun. —¿Qué edad tienes, hijo?
—Nueve años, señor.
—¿Quieres tener una familia, BaekHyun?
—¡Señor! No puede estar hablando en serio. —interrumpió YiSeok. —Es una rata del barrio, si incluso podría ser una niña.
—No soy una niña.
Lee le dio una dura mirada a su subordinado y él cerró el pico.
—¿Estás cuestionando mis decisiones, YiSeok?
—Me ha robado la cartera. —se quejó.
—Perdiste tu dinero jugando al póquer ayer, no finjas hacerte el ofendido porque un niño te ha quitado un dinero que tu pierdes en una mala mano. —la voz del hombre mayor fue inflexible y fría, también sagaz. YiSeok apretó los puños. —¿Tienes algo más qué decir, YiSeok?
YiSeok supo interpretar adecuadamente las señales y no dijo nada. BaekHyun descubriría más tarde que odiaba al viejo Lee y que el jefe mafioso lo mantenía a su lado precisamente por eso.
—BaekHyun, respóndeme. ¿Te gustaría tener a alguien que vele por ti? ¿Quieres formar parte de mi familia y que yo cuide de ti?
No lo sabía en ese momento, pero BaekHyun esa noche tomó una decisión que marcaría toda su vida. Sin embargo, en esa madrugada calurosa de agosto, el sudor perla su frente, su labio está sangrando y tiene mucha hambre. Está enfadado con su madre por no quererlo, con su abuela por dejarlo solo y con el señor Han por matar de tristeza a Bongo, así que termina aceptando la mano que le ofrece el señor SooMan sin saber exactamente qué está entregándole a cambio.
Porque todo tiene un precio.
—Bien, hijo. Buen chico. —sonrió el hombre, acariciándole el pelo. —Ahora...Devuélvele la cartera a YiSeok. —BaekHyun se llevó una mano al bolsillo de su pantalón de cachorritos y frunció el ceño. Lee endureció sus rasgos por primera vez al mirarlo y se acerca a su rostro. —Estás bajo mi cuidado ahora, BaekHyun, pero también bajo mis órdenes. Eres parte de la familia y la familia se protege entre sí, no se les roba, no se les traiciona ¿lo comprendes, hijo?
—Sí, señor.—dijo con reticencia a soltar su botín, aún hambriento.
De todas formas, sacó la cartera del bolsillo y se la tendió al subordinado. El tipo le arrancó la cartera sin cuidado, abriéndola y contando el dinero, como si BaekHyun hubiera tenido tiempo para gastarse algo o guardárselo.
—¿Tu madre está en casa, BaekHyun?—Él negó con la cabeza.—Me dijiste que querías comer pollo frito ¿no es así?
Pensándolo ahora, tantos años después y con la cabeza fría, BaekHyun vendió su alma al jefe de Firelight por unos cuantos muslitos de pollo frito. Y qué bien le supo, joder. Pero eso no cambiaba la realidad, ni tampoco el transcurso de la línea del tiempo, él era un crío desesperado que estaba cansado de fingir ser adulto y SooMan solo fue el tipo que le tendió una mano cuando nadie más lo hizo.
Ni siquiera su madre se preocupaba por él. A fin de cuentas ¿qué tipo de madre permite que un jefe de la mafia se lleve a su hijo de nueve años consigo? Una como MinJi, supuso. Ella solo quería beber hasta quedar inconsciente y deshacerse de su pequeño error a cambio de recibir un sueldo todos los meses no le pareció tan mal idea en ese momento. No miró al niño ni una vez a los ojos mientras le daba las gracias a SooMan y BaekHyun dejó de desear esa noche una madre con delantal rosa.
—¿BaekHyun?—lo llamó JunMyeon en un susurro confidencial.
Sí, bien mirado, se vendió y lo vendieron a cambio de pollo frito, pero al final no todo fue tan malo ¿cierto?
Alzó la cabeza mirando a la escoria que tenía enfrente de él, no era tan diferente al tipo que murió esa noche en el callejón de su antigua casa y de hecho, solo variaba el lugar, las personas y el paso del tiempo en él. También las posiciones, porque esta vez, BaekHyun, aunque seguía siendo un espectador, ya no era un niño asustado que tenía hambre.
—Te lo voy a volver a repetir una vez más, hijo de puta ¿para quién trabajas?—gruñó su subordinado tirándole del pelo al tipo encadenado a la silla.
Una vez más, no hubo respuesta y él suspiró, frotándose el ceño, irritado, antes de escuchar otro sonido de un golpe. Al abrir los ojos de nuevo, el tipo escupió sangre en las baldosas y miró con rabia a su interrogador. BaekHyun entonces se hartó de la situación.
—Déjalo, LuHan. —ordenó chasqueando la lengua. LuHan lo miró por encima del hombro, enojado.
—Puedo sacárselo todo, solo necesito algo más de tiempo y llevarlo a mi sala de juegos. —le dijo en una murmuración de dientes apretados.
LuHan había entrado en Firelight unos años atrás, cuando él tan solo era el hijo adoptivo de SooMan y LuHan ya se ganaba la vida como un asesino de una jodida puntería a larga distancia. BaekHyun sabía que al tipo no le gustaba echarse a un lado y que hubiera preferido torturar al bastardo sentado en la silla de la forma adecuada en su propio espacio, sin embargo, dada la improvisada situación tuvo que arreglárselas en ese garaje que les prestó uno de los clientes de JunMyeon.
—Hazte a un lado, LuHan. No me obligues a tener que repetírtelo.
BaekHyun se levantó, la orden haciendo eco por la estancia reducida y llegando a los oídos de LuHan, JunMyeon y los otros dos subordinados más que viajaban con ellos. La situación era sencilla o algo así.
Regresaban a la base de Firelight de una reunión en Incheon con uno de los socios de la familia. Podrían haber vuelto en avión como sugirió el abogado, pero lo hicieron por carretera como exigió LuHan por su miedo a volar y cuando solo les quedaba una hora de camino para llegar a Seúl, alguien los asaltó. De hecho, la jodida cosa fue absurda porque se habían parado en una gasolinera e intentaron cargarse al jefe de la puta mafia más grande y poderosa de Corea del Sur mientras meaba.
Dos de los tipos se convirtieron en cadáveres y mancharon el mugriento baño con su sangre, el tercero estaba sentado en la silla de un garaje particular y hasta el momento, solo había dicho que me ordenaron matar al jefe de Firelight y eso fue lo que hice, con la diferencia de que el único fiambre potencial en aquella sala era él.
BaekHyun se acercó a la luz del fluorescente, dejó la chaqueta Armani en los brazos de JunMyeon y desabotonó sus gemelos, mirando casi sin interés a su prisionero. LuHan bufó, apartándose del bastardo y se fue hacía el otro lado, apoyándose en la pared, frustrado.
—Debo reconocer que vuestro plan no era tan jodidamente malo, incluso hubiera sido divertido. No todos los días se mata a un jefe mafioso con las manos en su polla. —sonrió sin gracia, acercándose al individuo.—Pero fue estúpido mandar solo a tres tíos, sobre todo si tenían el soplo de que volveríamos en coche y con tan poca escolta.
—¿Crees que hay un topo?—se metió JunMyeon con curiosidad y casi musical, tan desinteresado como siempre de toda esa violencia y mierda que podía llegar a ver.
BaekHyun asintió, apoyándose en el respaldo de la silla del hombre.
—Sabían la ruta que tomaríamos. Lo que me sorprende es que tu jefe solo enviara a tres hombres para hacer algo tan difícil.
—Éramos los más cualificados. —rumió el hombre con voz rota.
—¿Cualificados? ¿De dónde coño has salido, imbécil? —preguntó irónico LuHan. —¿Qué clase de asesino usa cualificado para definirse?
BaekHyun sonrió de medio lado, mirando de reojo a LuHan, luego se inclinó cerca del prisionero.
—Cualificados o no, dos están muertos y tú lo estarás próximamente. —el tipo lo miró. —¿Oh, crees que te iba a dejar vivir? Si no te mato yo, lo hará tu jefe cuando regreses.
—Entonces hazlo, mátame, capullo. —graznó escupiendo sangre.
BaekHyun miró con desprecio la mancha en su mocasín negro y se alejó del respaldo de la silla, colocándose de frente al hombre. Lo miró de esa forma penetrante e incómoda que lo caracterizaba desde que era tan solo un crío que no agachaba la cabeza por nadie.
—No lo entiendes, ¿no es así? —el tipo no reaccionó y su sonrisa se hizo más grande. —No te mandaron aquí para matarme, eras una advertencia.
—No es cierto. Mientes, hijo de puta.
—¿Y por qué tú estás sangrando y no yo? ¿De verdad crees que si tu jefe hubiera querido eliminarme hoy te habría mandado con dos hombres? —por fin logró lo que quería, la fachada del tipo se resquebrajó y se puso nervioso. —¿Lo empiezas a entender ahora, gilipollas?
El hombre tiró una vez más de las cuerdas que lo mantenían en la silla, enojado, frustrado, muy asustado. BaekHyun sonrió, teniéndolo exactamente donde quería.
—Mátame. ¡Mátame! —le gritó.
—Lo haré, pero no aún. Primero tienes que decirme quién es el bastardo que quiere matarme.—le dijo encogiéndose de hombros.
—Eres un hijo de puta. ¡No te lo voy a decir! ¿Me oyes? ¡Vete al infierno!
BaekHyun suspiró, casi como si lamentara que las cosas salieran así, cuando en realidad, no sentía nada. Se subió las mangas de su camisa blanca con cuidado, con tiempo, no tenía ninguna prisa.
—JunMyeon, creo que no quieres ver esto.
El abogado asintió y se adelantó, tocándole el hombro.
—Todavía estamos a una hora de Seúl, procura no tardar demasiado, me gustaría estar en casa para la hora de la cena. —le pidió como si no se dispusiera a torturar a un hombre.
BaekHyun rodó los ojos.
—Si querías un trabajo con un horario fijo deberías de haberte planteado otro trabajo, JunMyeon.
El tipo hizo una mueca y abandonó el garaje. BaekHyun miró a LuHan y a los otros dos subordinados, sacando la daga que llevaba en la pantorrilla y haciéndola girar en el aire por un momento, hasta que la clavó en el muslo del hijo de puta que iba a morir.
Media hora después, BaekHyun salió fuera del garaje particular limpiándose las manos de sangre ajena y sintiendo la culata de su pistola caliente contra la cartuchera de su pantalón. Dejó a LuHan encargándose del desastre y JunMyeon lo esperaba con la chaqueta en los brazos y una sonrisa estúpida en el rostro.
Tiró el trozo de papel a la basura y se apoyó contra el SUV negro de cristales tintados, mientras esperaba a que sus chicos hicieran el resto del trabajo. El abogado esperó a que él volviera a bajarse las mangas y abrochar correctamente los caros gemelos de oro para tenderle la americana.
—¿Tienes un nombre?
JunMyeon lo miraba con atención, buscando cualquier cambio en su rostro. BaekHyun terminó de arreglar los pliegues de su chaqueta y se tomó su tiempo para darle la respuesta que su abogado quería saber, aunque ambos ya tenían una suposición de cualquier modo.
—Shim ChangMin.
El hombre maldijo en un susurro y él miró al frente, cruzándose de brazos. No era información nueva ni sorprendente, siempre fue cuestión de tiempo que el capullo de Shim volviera a intentar joderle, la diferencia es que esta vez fue más torpe de lo que creyeron y BaekHyun no subestima a sus enemigos. ChangMin era un hijo de puta calculador y pretencioso y estaba en lo cierto cuando le dijo a ese imbécil que ahora tenían un disparo en la frente, que ese ataque solo era una advertencia.
—Vendrán más. —expuso los pensamientos en voz alta JunMyeon por ambos. —No va a detenerse con eso.
—Para decir cosas que ya sé, no hace falta que hables. —bufó BaekHyun.
LuHan salió del garaje, tenía manchas de sangre en su camiseta blanca e iba limpiando un cuchillo bastante grande. Se acercó a ambos más alegre de lo normal, abriendo el maletero del SUV y sacando de una bolsa una camiseta nueva. El tipo era bastante excéntrico para ser un asesino, y mientras todos iban de negro y tenían pintas de mantones, LuHan parecía no haber pasado la pubertad pese a ser dos años mayor que BaekHyun y tener ya treinta años. Era casi ridículo que tuviera la edad de JunMyeon y luciera tan jodidamente joven y guapo con esos rasgos suaves y esa sonrisa infantil.
—Eso fue intenso, jefe.
—Cierra el pico, LuHan. —rodó los ojos él, preguntándose por qué estaba rodeado de idiotas.
LuHan sonrió de buen humor, no obstante.
—Deberíamos de tomar cartas en el asunto. —prosiguió JunMyeon. BaekHyun lo miró, alzando una ceja. —Me refiero a tu seguridad, no a empezar una guerra.
—Mi seguridad está perfectamente.
—El estirado tiene razón. —objetó LuHan tirando la camisa manchada dentro del coche. JunMyeon hizo una mueca por el apodo. —La próxima vez podrías no tener tanta suerte, jefe.
BaekHyun se separó de la chapa y miró a ambos idiotas que decían ser sus amigos. Los conocía de años, siendo dos de sus más cercanos dentro de Firelight, pero eso no quería decir que no fueran unos tocapelotas. De hecho, a veces lo jodían más ellos que cualquier otro subordinado. Al menos los otros le tenían miedo y respeto, esos bastardos ni pestañeaban cuando él sacaba su Beretta.
—No vamos a tener esta conversación.
—BaekHyun, se razonable. —le pidió JunMyeon con tono amable. —Habrán más intentos de asesinato. Esta vez fueron incompetentes, pero la próxima vez podrían ser profesionales.
—¿Incompetentes? Ni siquiera eran asesinos. —criticó LuHan, ofendido. —Puede que seas rápido, pero no podemos exponerte. Nuestra prioridad es salvar tu culo, jefe.
Salvar su culo. BaekHyun arrugó el ceño demostrando su molestia. No solo era rápido, era bueno peleando, era jodidamente letal cuando tenían que disparar y no necesitaba una jodida escolta desproporcionada para que lo protegieran.
—¿Y qué sugieren? ¿Que vaya por ahí con un equipo de seguridad que grite hola-soy-el-puto-jefe-de-Firelight-dando-un-paseo? No, gracias, es como colgarme un jodido cartel que ponga hola y dispara. —dijo sarcástico, pasando las manos por su pelo rubio y peinándolo con sus dedos.
—No hace falta que sea una escolta. —frunció el ceño, JunMyeon y miró al asesino, buscando algo de ayuda.
LuHan asintió antes de hablar.
—Sí, creo que con que tengas a un guardaespaldas estarías más seguro.
—¿Uno solo?—preguntó el abogado.
—Lo que necesita es tener a alguien constantemente con él que le cubra las espaldas. JongDae y yo no siempre podemos acompañarlo a todas partes y tú no cuentas ni como refuerzo. —respondió el asesino con tono profesional.
BaekHyun gruñó, llamando la atención de los dos tipos. ¿Qué parte de no no terminaban de entender?
—No voy a tener un guardaespaldas.
—No seas irracional, BaekHyun. —lo regañó JunMyeon.—Eres el líder de esta organiza….
Él lo ignoró y subió en la parte trasera del SUV.
No le interesaba el sermón de JunMyeon. Y le importaba una mierda lo que pudiera decir LuHan. Él no necesitaba un guardaespaldas ni nada parecido y no estaba dispuesto a tener una especie de niñera con él las veinticuatro horas del día para que lo protegiera en caso de otro posible intento de asesinato. Prefería que le metieran un tiro, gracias. Ya era un infierno tener que lidiar con sus subordinados y con esos idiotas que decían ser sus amigos durante un par de horas al día ¿un tipo pegado a él hasta para mear? Ni de coña.
Era Byun BaekHyun, el jodido jefe de Firelight, no necesitaba un guardaespaldas, su Beretta era toda su protección.
***