Como las margaritas

All Rights Reserved ©

Summary

Un suicidio interrumpido por el regreso de un recuerdo. Un joven cuyas esperanzas están envueltas a los sentimientos que aún siente por un viejo amigo. Y un viejo amigo que buscará darle un motivo para continuar con nosotros.

Status
Complete
Chapters
18
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1



***

¿Habría alguna diferencia?

De haberlo sabido, seguramente habría inventado mil excusas para mantenerte cerca o para mantenerme cerca de ti. Aunque mis propuestas no habrían hecho diferencia frente a una decisión previamente tomada.

No podía evitarlo.

No pude hacer nada.

No intenté lo suficiente, te perdí.

Dime, ¿tendría sentido evitarlo?

No, yo no lo creo.

Ninguna acción tendría efecto porque era una batalla que no ganaría ni con todo el arsenal en mis manos. Sin importar mis palabras, o mi silencio, mi reacción o mis acciones, el resultado sería el mismo: Separados por tanto tiempo, tantas millas. La distancia entre nosotros pudo ser abismal, o no, ¿cómo lo sabríamos? Éramos niños jugando a ser pilotos.

Solo dos críos.

Muy jóvenes.

¿Cómo podríamos haberlo previsto? ¿cómo habría previsto algo así? Es estúpido pensar lo que hubiera cambiado para así mantenerte a mi lado. Pero es aún más tonto pensar que pude hacer algo, cuando la realidad es que no. Nunca he conseguido nada de lo que deba sentirme orgulloso.

Pero volviste, estás acá otra vez, aunque yo ya no me encuentre.

Si me hubieran dicho que no te volvería a ver en mucho tiempo, aquella tarde que pasamos junto al arroyo habría sido perfecta para decirte lo que mi mente pensaba cada que veía tu sonrisa. Lo que mi cuerpo sentía al verte caminar.

De haberlo sabido tomaría tu cuerpo y lo envolvería con mis brazos.

Quizás un abrazo no sería suficiente, pero sería perfecto. Porque sí, el saber que te alejarías dolería, pero el saber que pude despedirme de ti antes de que partieras le habría dado a mi mente mucha tranquilidad.

Me habría sentido satisfecho, mucho.

¿Fue mi culpa?

Por un tiempo lo creí, pensé que fue mi responsabilidad. En serio me culpaba cada noche antes de ir a la cama.

Atendía el celular, eufórico, con la esperanza de que tras la llamada se escuchara tu voz. Respondía cada una de ellas, pero ninguna venían de tu parte.

Me deprimí aún más.

Los días pasaron convirtiéndose así en semanas, a su vez, éstas se convirtieron en meses. Y, para cuando me dí cuenta habría pasado un año. Luego otro, y otro...

Olvidé parte de lo que fuiste.

Viviste en mi mente como un vago recuerdo de algo que no estoy seguro si de verdad ocurrió o solo fue producto de mi solitaria infancia.

Aún hoy tengo la certeza de que volverás. Quiero creer que sí, porque solo en mi mente aún sujetas con fuerza mi mano.

Porque solo en mi mente nuestros ojos siguen encontrándose.

Porque es allí y solo allí, donde mis sentimientos eran correspondidos.

Observo la ventana de tu antigua recámara con la esperanza de verte. Sueno como un lunático, y si eres tú el causante de mi locura no me avergüenzo de serlo. El cielo es más azul contigo a mi lado y no estoy exagerando; eres el ser más brillante que conozco, o eso es lo que puedo encontrar en mis recuerdos.

Hay muchas cosas que no pude decirte y aún me gustaría hacerlo. Me encantaría poder gritarlo. Y me duele no poder hacerlo.

Si me hubieran dicho que volvería a verte, me habría preparado durante mucho, en serio mucho, tiempo. Me habría creado un monólogo, porque lo vales, y me apena no ser suficiente para ti. O para alguien más.

No mereces mis dudas.

No.

Mereces respuestas, soluciones, alternativas; mereces más, mucho más.

Y no soy todo lo que necesitas.

De haber sabido que volverías, no me habría preparado, porque haría que dejaras mi existencia a un lado para encontrar otra alternativa.

***

Hay un momento en donde eres consciente de que estás soñando, de que nada de lo que estás viendo es real y de que puedes hacer lo que quieras en esa realidad. No obstante, un sueño puedo transformarse en una pesadilla con el mínimo movimiento de tus labios. Para el momento en el que permites que tu mente haga contigo lo que quieras, dejas de soñar, porque los sueños no tienen por qué hacerte sentir acorralado. Aprisionado. Y sí, estás solo, pero sigues siendo consciente de que no es real y esa es la mejor parte: Controlar los sueños.

Creo que las pesadillas son solo un mal sueño, por tanto, cuando estoy seguro de tener el poder de ellos y quiero salir de éste solo queda despertar.

Hacer click.

Vuelves a la verdadera realidad. La que sí te tiene prisionero de tus propios pensamientos, la que te hunde con cada respiración, la que te usa como la pieza en un tablero de ajedrez. Despiertas.

Sin darme cuenta y, sin recordar lo sucedido segundos antes, estoy sentado sobre mi cama. Con la respiración subiendo y bajando a toda velocidad. Los nervios de punta y, pese al frío clima, puedo sentir algunas gotas de sudor recorrer mi rostro. Tallo mi cara con la palma de mis manos reincorporándome. Me tomo el tiempo de analizar mis pensamientos, observo una calceta en tanto mi mente solo puede pensar en el significado de la existencia misma. Dejo escapar un bostezo, somnoliento.

¿Existe algo peor que despertar temprano un domingo?

No lo creo.

De hecho, ¿quién pensaría lo contrario? Es la mejor parte de un domingo: holgazanear. Sentir que despertaste en otra dimensión solo por haber dormido catorce horas seguidas. Desayunar a las tres de la tarde y ver películas hasta volver a quedarte dormido. Esa es mi definición de felicidad.

No obstante, me encuentro acá, alternando la vista entre las cicatrices de mi torso desnudo y los rayos de sol que intentan colarse por la ventana de mi alcoba; ya amaneció. No se cuándo fue la última vez que vi el alba, pero no lo extrañé en lo absoluto. Preferiría estar dormido ahora mismo.

Bostezo, estirando un poco mis brazos. Tomo una bocanada de aire reuniendo valor para levantarme de la cama—cosa que no quiero hacer— y bajar a buscar el desayuno—cosa que tampoco quiero hacer—, para comenzar el día con energía—, está demás decir que tampoco quiero hacer esto. Al menos es domingo y no lunes,

Estaría aventándome por la ventana de ser así.

A duras penas levanto mi ser de la cama y voy directo hacia la puerta. Suelto un suspiro al sentir que la yema de mis dedos tocan la perilla. ″Aún estoy a tiempo de volver a recostarme″, pienso.

Estoy considerando hacerlo, realmente, pero escucho unos golpes detrás de la puerta. Doy un pequeño brinco del susto. No esperaba que alguien afuera tocara. Toda pizca de sueño desaparece de mi tras oír el golpeteo una vez más.

Dudo un momento, reuniendo coraje para abrir finalmente la puerta encontrándome con Sarah, mi hermana; mellizos, facciones idénticas, lo único que nos diferencia es el género . Además, ella es un poco más alta que yo por lo que debo elevar la vista para poder apreciarla:

Su cabello castaño oscuro está perfectamente recogido en una cola de caballo. Sus ojos del mismo color que su cabello comienzan a escudriñarme rápidamente. Observo lo que trae puesto: Chaqueta de mezclilla junto con un top de color lila, pantalones del mismo tono que la chaqueta y unas zapatillas blancas.

Suelta un suspiro bajando un poco su rostro.

—Lo olvidaste, ¿cierto? —Pregunta. Mi cara denota confusión, ella parece notarlo porque vuelve a hablar diciendo:—Claro que lo olvidaste.

¿Olvidar qué cosa?

Debo reconocer que últimamente mi memoria ha estado en decadencia. No puedo recordar muchas cosas, no importa que tan relevantes o no sean.

Mamá dice que debería tomar algunas vitaminas. Quizás solo estoy cansado, aunque no podría encontrar la razón a mi cansancio, es decir siempre estoy en mi recámara, ¿de qué estaría exhausto? Tal vez si debo tomar las píldoras y darle la razón a mi madre.

No sé a lo que se refiere Sarah con sus palabras, por lo que uno los cables de mi mente intentando recordar lo que hice éstos últimos días.

Quizás recuerde algo... Nada llega a mi mente.

—¿Olvidar qué cosa? —Le doy la razón. Rueda los ojos.

Dios, no debí preguntar eso. Seguro es algo importante. Su cumpleaños no es, es decir cumplimos el mismo día—aunque ahora no recuerdo qué día es mi cumpleaños—, observo su cara intentando encontrar respuestas aunque lo único que veo es que va a abofetearme para que reaccione.

—Hablamos sobre ésta salida durante dos semanas —Su expresión es seria, parece molesta. Suspira—. Dijiste que hoy saldríamos a caminar.

No necesito hierro en cápsulas, por favor traigan contenedores.

No recuerdo haber dicho eso, siendo honesto. Regreso el tiempo con mi mente para encontrar el recuerdo de cuándo yo dije que saldría de casa un domingo a las siete de la mañana. Nunca, no hay, no existe. ¿Quién querría desperdiciar su fin de semana saliendo de casa a hacer quien sabe qué?

Bueno, tampoco iba a tener un domingo productivo.

—Yo no dije eso —Me excuso —, ¿quién querría salir un domingo a las siete de la mañana? —Golpea mi frente con su dedo índice lo que hace que suelte un quejido.

—A veces me preocupas —La veo sacar su celular y enciende la pantalla para que le eche un vistazo—, son casi las tres de la tarde. Y hoy es jueves, Fer.

Ah.

Eso último terminó por desubicarme, a escalas kilométricas. Ya no puedo ni ubicarme en el tiempo. A todo esto, ¿si quiera sé dónde estoy?, geográficamente hablando.

Esto es de lo que hablo cuando digo que necesito más que unas cuantas capsulas de hierro. Esto ya no es normal y no creo poder catalogarlo como algo raro. Ciertamente internet tiene razón, quizás si tengo un tumor cerebral.

O dos.

¿Es eso médicamente posible?

—El tiempo vuela cuando eres guapo —Intento aliviar el caos de mi mente con chistes baratos —, puedes vaciar mis citas de hoy, no tengo ganas de salir —Doy media vuelta para amarrarme nuevamente a la comodidad de mi cama pero me veo interrumpido, Sarah toma mi muñeca impidiendo que de algún paso.

—Vamos, Fer —Dice, casi en una súplica. Observo un punto del pasillo de tal forma que no pueda verla a los ojos. Casi pude sentir sus ansias por convencerme rascar mi nuca —. No has salido de casa desde...—No lo menciones, sé con certeza de lo que habla. Hace una pausa buscando las palabras correctas para continuar, acto seguido retoma la palabra diciendo ─: Ya casi no sales de la habitación, solo quería ayudarte a sentir mejor. También me dolió lo que ocurrió con papá —Chasqueo la lengua, ahí está a lo que me refería.

La “lamentable” muerte de Johnny Weasly. La muerte de papá no me afectó, de hecho solo me tomó por sorpresa. Una agradable sorpresa.

La noche que mamá llegó con los ojos llorosos a casa no comprendía el por qué estaba así hasta que lo soltó de imprevisto “El... ya no está“. Fue algunos meses atrás que sucedió, no somos tan ingenuos como para no comprenderlo. Creo que mi grado de madurez ha cambiado en distintos puntos de mi vida:

El Fer de seis años que soñaba con salir en la Tv.

El de ocho que descubrió de la mejor manera lo que se sentía ser amado.

Y el de diez que, sin buscarlo, encontró la otra cara del mundo; descubrí, entonces, el significado de la palabra depredador.

No tuve la mejor relación con mi padre desde entonces. Saltaba la hora de la comida para así no poder verlo a la cara. Encerrándome así por días enteros en mi habitación.

Después de la escuela, me alejaba de los demás niños cuyos padres iban a recogerlos. Me preguntaba si sus padres también serían iguales, pero al ver que sus rostros denotaban alegría reprimí mi tristeza y la convertí en celos.

Ahora soy el Fer de dieciocho que, pese a que su padre ya no puede lastimarlo, aún le teme.

Teme que vuelva a cruzar la puerta de entrada.

Siente angustia al ver cada chico porque en todos ve el rostro de su padre.

Soy el Fer que se ha prohibido salir de casa porque siente que su padre aún está afuera, esperando por él, esperándome.

No lo extraño, no. Solo tengo miedo de salir.

—De acuerdo... —Digo, aceptando salir, no muy convencido. Sarah no es culpable de mi pasado, no debería cargar con mi conciencia. Tal vez si necesito salir de casa —Iré a ducharme y bajo.

Volteo a ver su expresión. Aunque confundida, sus ojos parecen brillar con mis palabras. Sé lo importante que era papá para ella, no debería dañar sus recuerdos. Aceptar esta salida podría no ser tan mala, al menos para ella. Me hace feliz verle así.

—Sí, por favor, hueles a buitre sudado —Ríe, ojeando rápidamente mi cuerpo. Olviden lo que dije, no me hace feliz en lo absoluto. Bufo, ocasionando que su risa crezca hasta transformarse en una carcajada.

—No me hace gracia —Ataco —, y mi ropa está sucia mira como tuve que dormir —Señalo mi cuerpo con ambas manos mostrando que solo llevaba la parte de abajo de una pijama de mamá. Envuelve su estómago con sus brazos, intentando calmar la risa. Me exaspera verla reírse de mí pero no puedo evitar soltar algunas carcajadas junto a ella.

—Tengo algo en mi habitación —Suelta, reincorporándose —, ve a ducharte te traeré la ropa —Palmea mi hombro alejándose.

Suelto una risa nasal cerrando la puerta del baño detrás de mi.

***

Cierro la puerta tras de mi, mirando lo que hay en frente: La casa de los Salazar, una pareja de ancianos que han vivido aquí toda su vida, eso dijeron cuando los visité hace varios años. Tenían un par de hijos, pero ellos ya habían formado familias separadas en otros lugares, vienen de visita para algunas festividades, cada año parecen tener un miembro nuevo en la familia.

camino apresurado, intentando alcanzar a Sarah, detengo mi paso un momento girando un poco a la antigua casa de la familia William, ahora es el hogar de una joven pareja, pero ha tenido muchos residentes en el tiempo que tengo viviendo acá. Sin importar todos los residentes que han estado allí, los William destacan para mi. Todos en los alrededores hablaban de ellos, la mayoría lo hacía para criticarles: Una familia homoparental compuesta por Margaret, su esposa Cassie y su hijo Isaac. Pese a todos los rumores que giraban en torno a ellos, lucían afables en cuanto alguien tocaba a su puerta, excepto el pequeño.

Recuerdo la tarde en la que toqué a su puerta, sentía mucha curiosidad, por ellas, por su relación y por Isaac. Era molestado en la escuela por el hecho de tener dos madres y mi yo de niño no entendía por qué. Decidí esa tarde ir a preguntar, ¿pueden culparme? Solo sentí curiosidad, necesitaba dormir tranquilo. No habría imaginado que sería el comienzo de un sentimiento que logra descolocarme aún transcurrido tanto tiempo después de haberse mudado a otra ciudad. La casa luce casi igual, exceptuando la pintura de la fachada que ahora es un blanco vibrante.

″¡Date prisa!″, grita Sarah, haciéndome reaccionar, volteo a verla, esta por doblar la esquina. Sorprendido, corro detrás de ella.

—¿No iremos en el auto? —Pregunto, confundido y sorprendido al mismo tiempo. Tengo la respiración un poco agitada. Niega con la cabeza tomando mi brazo acercándome a ella, quedando en esa típica posición que las parejas suelen usar cuando salen juntas. Suelto una risa nasal y digo —: ¿A dónde vamos entonces?

—No lo sé —Responde sin más —, solo a caminar por allí.

Respiro profundo para lo que estoy por decir. Pienso en soltar algo, algún insulto pequeño, una mueca, comentarios sarcásticos. Nada sale de mi boca.

Me trago cada palabra mientras observo el panorama. Estamos caminando, estoy caminando fuera de casa, supongo que es un avance. El viento golpea mi rostro, hace un poco de frío, pero el suéter de Sarah me protege de ello. Sin evitarlo, dejo salir una sonrisa, de verdad necesitaba esto. Una tarde, el pavimento bajo mis zapatos, el viento en mi cara. Necesitaba un respiro de mis pensamientos.

Solo salir a ver la friolenta tarde que nos acogía.

Caminamos un par de cuadras hasta llegar al parque, algunos niños jugaba sobre el césped, pocas personas estaban sentadas en los bancos. Pude observar a un par trotando y unos cuantos solo paseaban alrededor del lugar.

Sarah toma asiento en uno de los bancos y palpa el lugar libre invitándome a sentar. Hago caso a su pedido tomando asiento sin quitar la vista del ambiente. El Sol aún no se oculta, puedo ver con claridad los árboles, escucho como el viento mueve sus ramas. Sigo creyendo que es domingo y que Sarah solo ajustó su teléfono para hacerme creer lo contrario, pero teniendo esta vista frente a mi alejo cada queja de mi mente para que ninguna tenga la oportunidad de escapar. Miro el cielo sonriendo y suelto casi en un murmullo:

—Tal vez sí necesitaba salir.

—Lo sé —Suelta orgullosa. Ruedo los ojos cuando la veo sacar su celular. Seguro texteando con Nicky.

Suspiré.

Me gustaría poder decirle que también extraño a papá, pero estaría mintiéndome. En algún momento tendré el valor suficiente para poder contarle, pero ese momento no es ahora. No aún. Mientras llega ese momento solo puedo agradecerle:

—Gracias —Susurro al viento, ella palmea mi hombro con suavidad. Pese a que tenemos la misma edad, siempre se ha comportado como la hermana mayor y me alegra de que sea así.

—¿No tienes hambre? —Cambia de tema. Asiento con la cabeza —, Nicky me comentó de un lugar, está cerca de aquí, vamos —Se levanta efusivamente sin darme tiempo a reaccionar.

¡Dios!, de dónde sacará tanta energía para que por favor comparta un poco, unos dos kilos, no soy codicioso.

Mis pies, afortunadamente, reaccionaron minutos después. Ella parece caminar como si no hubiera un mañana, lo que me obliga a tener que hacerlo más rápido, sin embargo no es suficiente y mis piernas toman la iniciativa de echarse a correr. Cierro un poco los ojos, exhausto pese a que no he corrido dos metros. Abro los ojos, como si el universo me enviara una señal para que lo hiciera y veo a alguien correr a escasos pasos de mi. Sin posibilidad de reaccionar a tiempo, termino chocando con el sujeto. Ambos acabamos en el suelo. O más bien, él termina en el suelo y yo sobre él. Busco de alguna manera reincorporarme, disculparme, reaccionar de cualquier forma.

Pero lo único que encuentro son unos ojos de color verde que me observan cautelosamente.

La familiaridad de sus ojos golpean mi mente.

Transportan a mi cerebro a una cabina con muchos recuerdos pasando frente a el en forma de fotografía.

Todos ellos eran de la misma persona cuyos ojos verdes estoy viendo ahora mismo: Isaac.


Hola, hola. Si lees este apartado:

Acá el autor, solo quería aclarar que estaré editando esta historia para que sea mucho mejor, de o que ya es, a su vista como lector. Gracias por interesarte en esta historia.