ÚNICO.
—Agradecemos su presencia, Capitán Jeon. Un gusto haberle tenido aquí.
—El gusto es mío, General Choi. Gracias por la invitación.
Después de despedirse de sus superiores, Jungkook abandonó el establecimiento. Había tenido un evento militar en las oficinas centrales de la ciudad, así que por el resto del día estaría libre de deberes en la base.
Salió por las puertas dobles de cristal luciendo elegantemente su uniforme militar. Debido a la importancia del evento, iba vestido formal de acuerdo a su rango. Varias insignias brillaban bajo el sol de la tarde, más cercana al atardecer. Respiró profundo y bajó a la par de los otros hombres que le acompañaban los escalones hasta la acera de la calle concurrida, podía sentir como la presión de sus hombros caía poco a poco; luego de tomar aire, se relajó en la sofocante tela verdosa. Indicó una orden rápida al soldado a su derecha y reanudó su camino.
Un par de horas bajo una sala de conferencias llena de personas y superiores que todavía dudaban de su capacidad fue suficiente para joderle su frustrado cerebro. La rigidez en su cuerpo era tan palpable que podía cortarse con un cuchillo.
Sus pasos le llevaron por la acera de un parque cercano, rápidamente tomó un camino tratando de distraerse con las pocas personas que andaban por allí. El lugar se sentía tranquilo y pacífico, algo que ayudó visiblemente a su espalda tensa. Caminó un poco más, consciente de que la tarde avanzaba rápido y pronto tendría que regresar a la base.
Un destello violeta dificulta su visión, vino de la nada y se fue. Sus orbes buscaron al culpable alrededor del parque, aunque no tuvo mucho que buscar, encontró varios rayos de luz a metros delante. Habían varias personas rodeando algo, de allí las luces moradas. Se acercó, solía ser demasiado curioso para su propio bien y esta vez no fue la excepción.
—Necesito que muevan el reflector un poco más a la derecha, eso es. Vamos, Jiminie, muestra esa sonrisa encantadora tuya —la voz ronca de un joven se hizo presente. Cuanto más se acercaba Jungkook, más fuerte era—. ¡Woah! Una toma más, sólo una y tendremos un descanso.
—Llevas diciendo eso desde hace aproximadamente quince minutos, Tae. No mientas.
—No puedes culparme, Minnie, fotografiarte es una belleza, tú eres una belleza.
El otro chico, quién parecía ser el modelo del de la voz ronca, rio divertido y negó con la cabeza, haciendo que su cabello castaño cayera en diferentes direcciones.
—¡Dios! Una más, Jimin, una más.
Jungkook fácilmente pudo entender el por qué de la emoción del fotógrafo, ver al joven cubierto de luces violetas, con una corona de piedras coloridas y el sencillo conjunto de ropa, hacían ver tan simple el ostentoso uniforme militar suyo.
El chico tenía una sonrisa hermosa, y junto con la mirada seductora que dedicaba a la cámara, hacían ver en total sintonía el ambiente.
La actitud y seguridad eran lo que más llamaba la atención del joven, se veía feliz y atractivo con su forma de comportarse. Tan libre.
—Bien, esta vez hablé en serio. Un descanso de cinco minutos y volvemos con la toma final de la sesión, luego podrás irte a casa.
—Bueno, me parece perfecto.
La cabellera castaña se elevó hasta que el poseedor de ésta estaba de pie, Jeon pudo apreciar visiblemente mejor al hombre. Un excelente cuerpo delgado, atlético y a la vez en forma, la piel lechosa resaltaba entre tonos rosas-morados y las piernas fuertes marcadas por los vaqueros de mezclilla le hicieron cuestionarse si alguna vez hubiese visto a algún chico que le quedaran tan bien unos pantalones.
Jungkook mantenía una distancia lo suficientemente alejada como para no advertir su presencia y tampoco para incomodar al grupo, ya que al observar algo aparte del chico castaño, notó que al menos otras tres personas más acompañaban al fotógrafo.
—¿Hay algún problema, señor?
La voz masculina le hizo levantar la vista, sin saber en qué momento la había bajado, y miró al dueño de ésta.
El modelo de la sonrisa hermosa.
Jungkook no se molestó en fingir inocencia, se encontraban en un espacio público, cualquier persona podía observarles en su sesión de fotos. Así que simplemente se dedicó a observarle de vuelta y mostrar una sonrisa ladina.
—No, para nada. Estaba viendo el trabajo del fotógrafo.
Pudo notar como la mirada del modelo no se detenía sólo en su cara, vagaba por sus prendas y por su figura; debido al silencio que surgió, se dio cuenta que el chico ni siquiera le había escuchado hablar.
Esta vez sonrió divertido. Jungkook era muy, muy consciente del atractivo que poseía y que su rostro era agradable a la vista. Pero que un modelo de rostro más hermoso y cuerpo perfecto lo admirara, subió más su ego que cuando una tropa completa en la milicia le mostraba respeto.
—Mhm, ¿chico? —habló, sólo para notar el momento exacto en que el joven le veía de vuelta a los ojos y se sonrojaba furiosamente al ser atrapado, comiéndoselo, literalmente, con la mirada.
—¿Disculpe, qué dijo?
—Nada importante —estiró su mano para presentarse—. Capitán Jeon Jungkook. Un gusto.
El otro hombre dejó caer la faceta de chico tímido y enseguida estrechó su mano, sus orbes avellanas brillaron seductores.
—Park Jimin. Encantado de conocerle.
Sus miradas se conectaron. Incapaces siquiera de dejar ir la mano contraria, y perdidos irremediablemente en el otro.
Park Jimin. Jungkook ahora comprendía el alboroto de algunas tropas por ese nombre, lo había escuchado con anterioridad, sin embargo nunca tuvo el tiempo suficiente para buscar al dueño de este. Sin duda comprendía el por qué varios de sus soldados incluso acompañaban el nombre con insultos o apodos desagradables, si aquellos hombres se sentían tan amenazados por un joven tan hermoso, no cabía duda que estaban más preocupados por su obvia frágil heterosexualidad, y masculinidad.
Jeon Jungkook no. Él no se sentía inseguro con su sexualidad. Estaba más que definido por ella, era un hombre saludable gay, con complejo de mandón, pero homosexual a fin de cuentas.
Irónico, ¿no?
Jimin no era el primer hombre que lo ponía en duda, pero sí el primero en desear tenerlo contra una pared y entrar en él hasta quedarse sin respiración. Su libido estaba más despierta que nunca.
Finalmente, el llamado de una chica a sus espaldas los sacó a ambos de su burbuja, separaron sus manos despacio, absorbiendo hasta el último estrago de calor de sus pieles, al parecer parte del staff ya estaba listo para seguir con la sesión de fotos.
—¡Jiminie, ven aquí! Ya tenemos todo preparado.
—¡Enseguida!
Jimin volvió a verle, sin embargo Jungkook jamás había dejado de hacerlo. Una promesa descrita a fuego en sus ojos y una lenta sonrisa curvando sus carnosos labios.
—Tengo que irme, Capitán. Fue un gusto conocerlo.
—Igualmente, Jimin. ¿Te molesta si me acerco un poco más para verte?
No había timidez en sus palabras, solo deseo puro y lujuria.
—Claro que no. Me molestaría que no lo hiciera. —Con una última mirada, se despidió caminando de regreso al set de fotografía montado al lado de unos árboles. El movimiento leve de sus caderas al caminar le hizo jurar. Jungkook nunca antes se había sentido tan tentado por otro hombre.
(...)
Cuando el fotógrafo, Vante, por como había escuchado que le llamaban, finalizó la última toma, Jungkook quedó más que fascinado por Park Jimin.
El modelo era perfecto para el mensaje que querían ofrecer en la campaña: libertad. Todo en el set hacía alusión a ello. Tanto los tonos de colores, las alas gigantes entre morado/azul y el maquillaje que al final añadieron a su rostro. Incluso su camisa representaba un apoyo a la comunidad LGBTQ+. Jungkook quedó muy asombrado, la producción, aunque podía verse a primera vista simple, ayudaba en todo sentido a las fotografías.
Incluso él, tan acostumbrado al sistema retrógrado de la milicia, comprendía y se sentía comprendido con tan solo observar la mínima parte.
Jimin les sonrió al equipo de producción y se inclinó en una reverencia, Vante se acercó a él y dijo un par de palabras, se veía visiblemente satisfecho con su trabajo. De manera muy poco disimulada, apuntó un dedo en su dirección y comenzó a reír cómplice. Jimin negó con su cabeza varias veces y al final terminaron dándose un abrazo. Los hombres se despidieron y Jimin tomó camino dirigiéndose a Jungkook, quién se encontraba sentado en una banca a un par de metros del set.
—Hey.
—Hey —Jeon respondió, todavía se sentía aturdido por la belleza irreal que poseía Jimin.
—¿Qué tal le pareció?
—Agradable.
—¿Sólo eso? —cuestionó de nuevo Jimin, arqueando una ceja.
Jungkook a cambio se estiró por completo en la banca hasta que su espalda chocó con el respaldo, sus piernas quedaron separadas y ni con las manos fuertes guardadas en sus bolsillos del pantalón pudieron esconder el bulto visible en la entrepierna.
Park sonrió.
—Creo que puedo ayudarle con eso.
—Oh, ¿de verdad?
—Claro. ¿Quisiera acompañarme a mi departamento? Allí sería más cómodo darle solución a su problema.
Ambos sonrieron, un coqueteo bastante barato pero una promesa de lujuria cara.
—Por supuesto. Suena prometedor.
(...)
Al llegar al complejo de departamentos al sur de Gangnam dónde residía Jimin, entraron por el ascensor privado del estacionamiento subterráneo. Directamente les dejó en el onceavo piso, no hablaron mucho de camino en las cuatro paredes de metal, se mantuvieron cada uno perdido en sus propios pensamientos.
Jimin fue quien lideró el camino a su puerta, sacó una tarjeta de su chaqueta y pulsó un par de números en la cerradura digital. Al abrir la madera le hizo un ademán de entrar.
Jungkook obedeció de inmediato.
El modelo se quitó su chaqueta de mezclilla y la dejó en el perchero al lado de la puerta. Le dedicó una sonrisa rápida y con su mano indicó la sala de estar.
El departamento estaba bien equipado, las paredes pintadas de un color tenue y los muebles de última generación; a pesar de haber escuchado que era “un modelo en ascenso” no dudaba que tuviera una pequeña gran fortuna respaldándole. Dejando su mente de lado, volvió a mirar al principal protagonista por el cual no había regresado a la base y por el cual no le importaba un carajo su rango o su estatus. Estaba simplemente fascinado.
—¿Puedo ofrecerle algo de beber? —preguntó Jimin, su sonrisa coqueta de regreso junto con toda su altanería.
Jungkook lo meditó por un segundo, pero enseguida negó. Lo único que necesitaba en aquel instante era tener debajo suyo a ese hombre tan atractivo.
No lo pensó mucho, desde luego.
Se dejó guiar por sus propios instintos y en un par de pasos la distancia que los separaba fue acortada por su presencia. Quedó de frente con Jimin, un mínimo de espacio entre sus cuerpos y estos podrían tocarse. Le sonrió ladino.
—¿No era otra cosa la que podrías ofrecerme? —Jungkook posó una mano en la cintura ajena y susurró—: Estaría encantado de verte de rodillas y rogar que te folle ahora mismo.
—Ah, ¿tan poco cree que valgo, Capitán Jeon? —Jimin se separó de su agarre, ahora él era quien posaba sus manos en sus hombros, empujándolo hacia el suelo, una orden silenciosa de que se arrodillara—. ¿No sería yo el que deba arrodillarlo para que pidiera mi polla?
Un silencio cargado de tensión se extendió por un par de segundos, con la vista fija en el otro Jungkook se dejó caer al frío suelo.
—Tus deseos son órdenes, Park.
Sus manos un tanto callosas hicieron un trabajo veloz en desabrochar su cinturón y el botón de los pantalones, los bajó hasta que a su vista quedó expuesto un bulto cubierto por unos bóxers ajustados blancos. Dándole una mirada rápida, lamió por sobre la tela el contorno de su polla. Jimin siseó y apretó un poco más los hombros anchos del contrario.
Jungkook apresuró sus manos y sin más juego previo bajó los bóxers, revelando una polla que le hizo salivar. La cabeza rojiza brilló por el líquido preseminal.
Se sintió hambriento.
Lamió sus propios labios y de lleno introdujo la cabeza a su boca, la textura y el grosor hicieron sus labios expandirse. Tomó una respiración lenta y siguió hasta que ya no entró más, el resto de la longitud la cubrió con su mano. Jimin fue quien empezó el vaivén, llevando un ritmo lento para que se acostumbrara a su tamaño. Luego, con un pequeño jalón en la muñeca que le sostenía el cabello, le dio a entender que usará su boca, que la follara a su antojo.
Jimin asintió viéndose más perdido en el placer y empezó con las embestidas directas a su garganta, Jungkook aguantó hasta que sintió el picor en sus orbes y las arcadas, pero no sacó el falo de su boca. Ayudó con su lengua de vez en cuando al no sentirse tan sofocado por el deseo. Se mantuvieron así hasta que se hizo visible el que Jimin estaba a punto de venirse, Jeon entonces se retiró lentamente y se puso de pie. La vista del otro hombre tan ido en busca de su propio placer le encendió más de lo que pudo imaginar. Puso su mano grande en la nunca de Jimin y lo jaló en busca de un beso necesitado, todo dientes y lengua.
Saborear su sabor en la boca gloriosa de Jungkook le inundó en un deseo insaciable, por más que besaba y mordía aquellos labios no podía sentirse satisfecho, así que empezó a guiarlo hasta su dormitorio. Tardaron un par de minutos al no dejar de besarse y molerse cuerpo a cuerpo, pero al llegar allí lo primero que hizo Jimin fue empujar hasta dejar sentado a Jungkook en medio de la cama. Enseguida le siguió sentándose en su regazo.
Ver las pupilas dilatadas y sentir el fuerte agarre de las manos grandes en sus caderas fue justo para empezar a retirar el estorboso traje militar del mayor. Jungkook trató de ayudarle, viéndose desesperado por la sofocante tela, pero Jimin no le dejó. Él desabrochó lentamente los botones y bajó la chaqueta hasta dejarla a un lado de la cama, continuó con la corbata negra y finalmente la camisa de vestir blanca fue casi arrancada por el mismo Jungkook.
—Te voy a follar tan mal —susurró.
Después todo se convirtió en un borrón, Jungkook dejó caer por sus hombros la camisa y se levantó para seguir con su cinturón. La respiración errática no ayudó a Jimin para mantenerse al margen; juró cuando Jeon bajó el zipper de sus pantalones y dejó a la vista unos bóxers negros. El bulto tan llamativo le hizo no poder apartar la mirada.
—¿Y qué estás esperando? Jodeme.
Jungkook sonrió como un depredador, se lanzó a él hasta que su peso hizo suspirar de placer al modelo. Tan malditamente delicioso y en forma. Sus bocas se encontraron a medio camino, chupando y mordiendo como si su vida dependiera de ello. Jimin no supo en qué momento se encontró desnudo por completo, pero no pudo perderse el instante en que Jungkook se quitó la única prenda que cubría su cuerpo.
—El lubricante y los preservativos están en el segundo cajón de la cómoda —añadió, en su último sentido antes de perder la conciencia.
Jeon asintió y le guiñó un ojo, luego los tomó de dónde le había indicado. Después estuvo entre sus piernas, lubricando dos dedos antes de meter uno en su entrada. Jimin jadeó. La preparación era lo más tortuoso de todo, pero valió la pena en el segundo que las tiras del placer y el dolor hicieron estragos en su mente.
—Vamos, otro. Estoy listo.
—Calma, bebé, no me iré a ningún lado todavía.
El sonido de los dedos entrando y saliendo de su orificio resonaban en las cuatro paredes de la habitación. Sin embargo el volumen de los gemidos de Jimin fue en aumento, opacándolos. Al añadir un tercer dígito, ambos estaban desesperados por más, querían más.
—Joder, mete tu polla. Estoy tan abierto para ella.
Un suspiro resignado de Jungkook y el agarre en sus caderas se hizo más intenso, al punto de que Jimin no dudó en que quedarían marcas. No le importó.
Cuando sintió la cabeza entrar por el anillo de músculos apretó los dientes, era grande y gruesa. La quería tan profundamente en él hasta que no supiera dónde acababa él y dónde empezaba Jungkook. El ardor persiste en su entrada y Jungkook tocó fondo. Suspiros al unísono se escucharon.
A pesar de que el condón era una barrera entre sus pieles, Jungkook jadeaba en busca de aire por la asfixiante sensación alrededor de su polla. Jimin se sentía tan, tan apretado que moverse un poco parecía el maldito fin del mundo. Esperó unos segundos más, en lo que el menor tardaba en acostumbrarse a su tamaño; la señal vino después y Jungkook no pudo detenerse a pensar, simplemente arremetió contra el interior caliente de la cavidad.
Los gemidos de ambos hicieron eco por todo el dormitorio, el golpeteo de la cabecera de la cama y la pared tan fuerte como sus embestidas. Jungkook no era un hombre civilizado, era un hombre salvaje en busca de su propio placer. Jimin no estaba tan lejos tampoco, con su rostro enrojecido contra las almohadas, haciendo poco por acallar las súplicas y los gritos extasiados de su boca.
—Más… ¡Ahí, por favor ahí!
Jungkook se guió por los sonidos, empujando su polla hasta que sus ojos se volvían blancos. Sus manos haciendo mucho por dejar moretones y su cabeza lo suficientemente jodida como para carburar algo más que gruñidos y gemidos inentendibles. Dejó caer su cabeza en la nuca de Jimin, besando un camino hasta el lóbulo de su oreja y mordiendo, incapaz de tener suficiente de él.
—Maldita sea, te sientes tan apretado que podía follarte por horas. Grita más fuerte, dime cuánto te gusta.
Jimin sollozó contra la almohada, totalmente perdido en la maraña de lujuria que mantenía atado su cuerpo y conciencia.
Podía sentirse tan cerca de venirse, tan al borde del precipicio que se entregó de lleno en el placer.
—Más fuerte. D-dame toda tu p-polla —tartamudeó, jadeando por aire.
Jungkook lo hundió de nuevo contra la almohada, imponiendo un ritmo a sus embestidas más rápido y desordenado. Gruñó por la sensación, tan asfixiante que si dejaba de arremeter contra Jimin podría morir.
Jimin se arqueó como pudo en un grito, pidiendo más fuerte que lo follara y sollozando con su rostro enrojecido. Jungkook empujó violentamente, sin pensar en nada más que correrse sobre toda su entrada. Hasta que su semen goteara por los formados muslos del menor y este le pidiera que lo jodiera de nuevo. Quedó ido, los gemidos suyos se entrelazaron con los de Jimin. Ninguno de los dos era particularmente silencioso, y eso fue todo para él.
Se corrieron al mismo tiempo, con Jungkook todavía dando un par de empujes profundos. Dejó caer su cuerpo musculoso sobre el más pequeño de Jimin, sin resistencia suficiente como para advertir no caer de lleno sobre su espalda. La respiración errática perduró. Se sentía como si acabase de correr un maratón.
Jimin se quejó minutos después despegando su rostro de las almohadas, Jungkook movió su cuerpo al lado en la cama, dejando que el menor tomara oxígeno.
—Mierda. Me jodiste el culo.
Jungkook rio.
—Vaya, gracias. Es un halago agradable.
—Dios, cállate. No siento las piernas —añadió, abriendo sus ojos avellana y observando divertido. Se veía tan malditamente bien follado. Jungkook quiso tomarlo de nuevo—. No. He visto esa mirada y en serio, dame un descanso. Cuando te vi en el parque no pensé que tuvieras una buena resistencia.
—Bueno, creo que has destrozado mi ego.
Jimin sonrió.
—Estamos a mano entonces.
Se mantuvieron en silencio por unos minutos, las respiraciones tomando el ritmo habitual. Jimin sentía su cuerpo flotar, haber tenido un sexo maravilloso en mucho tiempo le hacía bien a su cuerpo y mente. Sintió una mano acariciando su espalda hasta detenerse en la curvatura de su trasero cuando estaba a punto de quedarse dormido. Dio un jadeo resignado y acomodó su cuerpo para estar de frente a Jungkook, abrió los ojos.
—Dame todo lo que tengas. La noche aún es joven.
Viéndose tan apetecible con o sin ropa, Jungkook sonrió y acercó la tira de preservativos abandonada en una esquina. Le guiñó un ojo en respuesta, antes de moverse y tomar su boca en un hambriento beso.
(...)
Si Jimin fue visto en la base militar dónde residía el capitán Jeon Jungkook en los meses siguientes, nadie tenía por qué saberlo.