Escuela de magia

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Summary

"Los dioses manejan Nuestras vidas a su Antojo" Hiroki Chui es un niño de 12 años que no conoce nada del Omniverso, ni de su verdadera procedencia. Ni de que en realidad, es un dios. Al cumplir trece años, Hiroki Chui descubre que es el hijo de dos conocidos dioses, de los que ha heredado poderes divinos. Y recibe una piedra mágica, con la cual deberá acudir entonces a "Yoshahis-Allah", una famosa escuela para futuras deidades, la cual se encuentra fuera del espacio y del tiempo; en el Omniverso. En esta escuela de dioses, Hiroki tendrá muchas aventuras, sentirá el amor y conocerá, como los dioses contribuyen con el avance físico mental y espiritual de sus creaciones, y manejan los hilos del poder con facilidad. Esta es la historia, tal y como Hiroki la conoció, contada a lo largo miles de años, en múltiples planetas y especies. En el proceso Hiroki deberá embarcarse en una misión autoimpuesta para evitar que un antiguo y tenebroso dios, el cual asesino a sus padres, obtenga una antigua Estrella Primigenia-apocalíptica, y así evitar que este regrese a obtener el poder del cosmos.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
13+

La mano que se convirtió cuchillo

Habían pasado aproximadamente doce años desde el día en que Zaida, la empleada de la mansión se despertó y encontró al sobrino del señor Fabrice Dubois, al pequeño Hiroki Chui (El cual a pesar de ser un recién nacido, tenía ya la apariencia de un niño de 3 años) sentado en la puerta de entrada, pero Fox Hollow Farn no había cambiado en absoluto. El sol se elevaba sobre los mismos árboles y pastizales de la granja, iluminaba el anagrama de latón y su símbolo ateísta sobre la puerta de entrada y avanzaba en su enorme salón, que era casi exactamente el mismo que aquel donde el señor Dubois había oído las ominosas noticias sobre las parvadas de cuervos que volaban descontrolada mente por los cielos enrojecidos y contaminados de las distintas ciudades del mundo. Sólo las fotos perfectamente enmarcadas sobre la elegante y siempre limpia repisa de la chimenea eran testimonio del tiempo que había pasado. Doce años antes, había una gran cantidad de retratos de lo que parecía ser una pelota enorme con gorro y suéter de diferentes colores, pero Denis Alvarado, el hijo de la señora Zaida, al cual el señor Dubois malcriaba y consentía tanto, no era ya un niño pequeño, y en aquel momento las fotos mostraban a un chico grande y moreno montando su primera bicicleta de antigravedad, la cual el señor Fabrice le obsequió, con un holograma de pato en la sala, jugando con las gafas de realidad virtual, también obsequiado por el señor Dubois, y siendo besado y abrazado por su madre... La gran y espléndida mansión no surgiría señales de que allí viviera otro muchacho.

Sin embargo, Hiroki Chui estaba todavía allí, durmiendo en aquel momento, aunque no por mucho tiempo. La empleada de la granja Fox Hollow Farn, la señora Zaida se había despertado y su voz chillona era el primer ruido del día.

—¡Arriba! ¡A levantarse! ¡Ahora güey!

Hiroki se despertó con un sobresalto. La señora Zaida llamó otra vez a la puerta.

—¡Que te despiertes naco! —chilló de nuevo.

Hiroki se asustó un poco al escuchar los pasos de la señora Zaida caminar por el largo pasillo de arriba, con tanta intensidad que pensó que está, bajaba por los escalones del sótano para reprenderlo por no levantarse. Sin embargo, se tranquilizó cuando la escucho subir por el elevador de la mansión. La señora Zaida era delgada, de pelo negro y tenía un cuello casi el doble de largo de lo habitual, lo que le resultaba muy útil, ya que se la pasa la mayor parte del tiempo estirándolo por encima de los jardines de los vecinos del pueblo para espiarlos. El elevador se encontraba demasiado lejos del sótano en el que dormía Hiroki, por lo cual era muy extraño que el muchacho escuchara aquellos pasos tan cerca, sin embargo, y a pesar del pequeño susto, a Hiroki le pareció increíble poder hacer eso. El chico se dio la vuelta y tratar de recordar el sueño que había tenido. Había sido bonito. Había un enorme carruaje que volaba tirado por 4 caballos blancos el cual era, junto con los caballos, tragados por el sol. Tenía la curiosa sensación de que había soñado lo mismo anteriormente.

—Ese sí que era un sueño hermoso —pensó—. No como el que viví hace cuatro años. Hiroki solía tener sueños aterradores pero ninguno como ese... Se sintió tan real...

Hiroki se detuvo unos segundos en su cama polvorienta (con un colchón roto por todas partes) mientras grababa aquel sueño:

...Sucedió una noche mientras dormía en aquel sótano oscuro y lleno de telarañas al cual ningún miembro de la casa, ni siquiera la empleada, la señora Zaida, bajaba por órdenes estrictas del señor Dubois.

En el sueño Hiroki salía de su cuerpo atravesando las paredes de aquella prisión llamada casa de su tío y volaba por los aires mientras estaba asombrado; contemplaba las rosadas estrellas que iluminaban la noche contaminada, con un color sangre, como lo había hecho en miles de sueños durante toda su vida. Las estrellas eran para Hiroki un manto de protección mucho más eficiente y eficaz que la casa de su tío, también eran un techo que lo acompañaban en sus sueños. Mientras el muchacho aprovechaba cada oportunidad que tenía en el sueño antes de despertarse para mirarlas y disfrutarlas, pudo observar como entre dos estrellas brillantes se formaban dos figuras extrañas:

Una de aquellas figuras era similar a un ojo color verde, mientras que la otra figura presentaba un aspecto más parecido al de un agujero negro, profundo y nublado, de cuyos extremos le chorreaba pequeñas aunque numerosas gotas de sangre. A pesar de esto, y de quedarse levitando en el aire frío y oscuro unos dos o tres minutos observando con atención el agujero más oscuro que la noche más oscura, de aquel cielo color sangre, Hiroki, en ningún momento logro ver que las gotas de sangre que le chorreaba a aquella formación extraña y oscura de su mente se cayeran o se movieran siquiera. Hiroki escucho un ruido extraño. Como un susurro que le decía al oído: Están ahí todos los días... Acompañándote... Nunca lo olvides... Aquellas palabras, aunque le extrañaban, le reconfortaron.

En aquel momento en lo alto de un cerro cercano, Hiroki vio a una mujer envuelta en un rebozo color verde. La mujer estaba sentada a la orilla de un puente. Hiroki sintió curiosidad por esa mujer. Se acercó levitando hasta ella para preguntarle si ella le había susurrado esas palabras al oído.

—¿Buenas noches? —dijo amablemente. Pero la mujer no respondió.

Al estar de espaldas, él en ese entonces niño de ocho años, no logró ver su rostro. Solo pudo notar como abría la boca en lo que parecía ser un grito silencioso de dolor.

—¿Buenas? —volvió a preguntar.

Al ver qué la mujer no le contesto y que ni siquiera se movía, Hiroki paso de largo. Segundos después de alejarse de ella escucho unos pasos detrás de él. Sin girarse siguió caminando y pensando que aquella extraña mujer morena se disponía, por fin, a explicarle que era lo que pasaba.

Era común que en los sueños se escucharan voces provenientes de ninguna parte, pero en los sueños de Hiroki siempre se aparecía alguien que le explicaba qué ocurría en ellos.

Aquellos pasos se acercaban más y más a Hiroki, hasta que la noto a su lado; y vio que era mas alta de lo que él pensaba. Tras esto la mujer tomo bruscamente del brazo a Hiroki, y le dijo que le enseñaría un lago que se encontraba muy cerca, en Michoacán. Hiroki la siguió. Nunca en su vida había ido a ningún lago, y tenía curiosidad. Por órdenes de su tío Hiroki tenía prohibido salir de la mansión a cualquier sitio, excepto a para ir a la escuela en donde lo considera un bicho raro.

De la nada y sin que este se lo esperara, la mujer intentó jalar bruscamente a Hiroki, pero este (no recuerda si por instinto, o por miedo) le puso resistencia a su apretón. El viento movió el rebozo en que se envolvía a la mujer y su largo vestido blanco, le rozo una pierna, dejándolo helado y dándole un mal presentimiento. Cuando de pronto Hiroki sintio un fuerte escalofrios, seguido de un gigantesco haz de luz de color celeste, emerger desde dentro de el, en direccion a aquella mujer. La brillante luz colocó un límite entre el pequeño y la mujer, cuyo rostro se iba tornando en una expresión de llanto y con la boca abierta empezaba a gritar como lamentándose por algo. En un llanto silencioso de dolor.

Hiroki impactado, asustado y aconsejado por la misma voz que había escuchado antes, empezó a correr en línea recta hasta que de la nada y sin saber cómo, pudo divisar su cuerpo a lo lejos, por lo que corrió todavía más rápido hacia él. La mujer se iba quedando cada vez más y más atrás y, a medida que la mujer se iba alejando sus lamentos se iban haciendo más audibles para Hiroki, hasta que pudo llegar a su cuerpo y justo antes de despertar, pudo escuchar el grito más desgarrador que habia oído en su vida:

—¡Ay, mis hijos!

Al despertarse Hiroki sintió el grito justo dentro del sótano. Hiroki se despertó agitado. A pesar de este sueño, Hiroki no estaba sudando; por el contrario, estaba totalmente frío como si su cuerpo fuera el cadáver de un muerto de horas. A pesar de esto, Hiroki decidió no acudir a su tío por consuelo, pues sabía que esté no iba a ser bien recibido. Y se dispuso a calentarse con la sucia y desgastada sabana que tenia.

Aquella mujer y aquel grito, le hicieron sentirse en peligro incluso dentro de la propia casa de su tio; y por unos minutos Hiroki sintió que todo se encontraba en silencio, lo que es más, se podía jurar que hasta los grillos callaron...

A Hiroki se le erizo la piel solo de recordarlo: Recuerda el frío que sintió, y la sensación de profusa hostilidad que de aquella mujer salía. Aquel ha sido uno de los peores sueños que ha tenido.

La señora Zaida volvió a la puerta.

—¿Ya estás levantado naco? —quiso saber.

—Casi —respondió Hiroki.

—Bueno, date prisa, quiero que vigiles el tocino de desayuno. Y no te atrevas a dejar que se queme. No permitiré que tú, o las voces que solo tú escuchas arruinen este día. Quiero que todo sea perfecto el día del cumpleaños de mi kuchipan.

Hiroki gimió.

—¿Qué has dicho naco? —gritó con ira desde el otro lado de la puerta.

—Nada, nada...

El cumpleaños de Denis... ¿cómo había podido olvidarlo? Hiroki jamás ha entendido porque su tío se ofrece a pagar los cumpleaños del hijo de la sirvienta de su mansión cada año, pero los de su propio sobrino, nunca; ni siquiera una vela de cumpleaños, en todos esos doce años, su cumpleaños nunca ha sido celebrado. A los 6 años Hiroki le hizo esta pregunta a su tío, pero esté solo le respondió jalandole de la oreja y echandole fuera de su habitación, sin darle ninguna respuesta.

Hiroki se levantó lentamente quitándose las sábanas húmedas y gastadas y comenzó a buscar sus calcetines. Encontró un par debajo de la cama y, después de sacar una araña de uno, se los puso. Hiroki estaba acostumbrado a las arañas, porque el oscuro sótano al final de las escaleras, estaba lleno de ellas, y allí era donde dormía.

Cuando estuvo vestido, subió las escaleras, salió hacia el pasillo en dirección a la escalera principal.

¿Por qué no en dirección al ascensor? Pues, esto es debido a que su tío, jamás, en todos esos 12 años, le ha permitido utilizar el ascensor de la mansión, por lo cual este se ve obligado a utilizar las escaleras para moverse por toda la inmensa casa.

Desde el pasillo, Hiroki escuchó como la señora Zaida caminaba en dirección a la cocina, y después el roce de la sartén contra el fogón. Desde que tenía memoria, Hiroki ha logrado escuchar los sonidos a una larga distancia. Aunque no entendía como, esto le gustaba, pues así era capaz de escuchar cuando Denis se disponía a propinarle una golpiza. aunque no siempre conseguia escapar de sus golpes.

Subiendo por las escaleras de la segunda planta pudo notar algo totalmente extraño, de lo más sorprendente. Sin ningún motivo aparente, el ascensor iba subiendo a la velocidad en que el muchacho lo hacía por la escalera. Era como si alguien en el ascensor lo siguiera en todo momento, pero no habia nadie en el ascensor.

—Debe estar descompuesto —pensó. Esperemos que no me culpen a mí por dañarlo.

A Hiroki siempre le echaban la culpa en la mansión Fox Hollow Farn; desde vidrios rotos, hasta cosas que desaparecían de su lugar. Todo era culpa de Hiroki.

Hiroki entró en la cocina, y se sorprendió al ver un rostro que ya había visto antes: Parado junto al refrigerador se encontró la figura de un hombre gigante y corpulento. Ahí de pie, con una larga maraña de pelo y barba desaliñada de un profundo tono rojo profundo que le llegaban hasta los hombros, y unos ojos verdes y feroces que recordaban a los de un gran oso. A este hombre, ni la señora Zaida, ni su tío lo habían visto nunca.

La primera vez que Hiroki lo vio dentro de la mansión, le preguntó a su tío que si era algún amigo suyo. Pero este lo regaño y castigo encerrándolo en el sótano por tres semanas, gritándole que aquello era el producto de su imaginación. Pero Hiroki, por alguna razón que no entendía, no sentia que la figura fuera el producto de su imaginación infantil: El hombre iba vestido únicamente con una pequeña falda de piel de oso, sujeta a la cintura por un cinturón hecho de metal y diversos diseños de serpientes entrelazadas, unas botas de un extraño color (una mezcla entre negro y dorado) y por todo su cuerpo llevaba varios tatuajes de diseño rúnico. Además llevaba un pesado martillo, así como un par de guantes de plata enchapados en oro, con los mismos diseños nórdicos que llevaba por todo el cuerpo.

Tras unos segundos caminando por la cocina, inspeccionando el lugar; aquel ser fantasmal movió su dedo índice haciendo un círculo en el aire, y desapareció entre la pila de regalos que había en la mesa. La mesa estaba casi cubierta por los regalos de cumpleaños de Denis. Parecía que este había conseguido el juego de realidad virtual nuevo que quería, por no mencionar el televisor plegable y la motocicleta de antigravedad. La razón exacta por la que Denis podía querer una bicicleta era un misterio para Hiroki, ya que Denis estaba demasiado gordo y aborrecía el ejercicio, excepto si conllevaba golpear a alguien, por supuesto. El saco de boxeo favorito de la pelota inflable de piscina, era Hiroki, pero este no lograba atraparlo muy a menudo. Tal y como lo mostraba su apariencia física, Hiroki era muy rápido.

A pesar de vivir en un sótano oscuro, a veces sin comida, Hiroki había sido siempre fuerte y muy alto para su edad. A sus 12 años poseía la apariencia física de un muchacho de 14 años. A pesar de esto, Hiroki parecía más pequeño y enjuto, debido a que toda la ropa que llevaba eran prendas viejas de su tío Fabrice, y sus camisas eran cuatro veces más grandes que él. Hiroki poseía un rostro angosto, rodillas robustas, pelo negro y unos rasgados ojos color violeta. A pesar de que Denis le había destrozado la nariz a golpes algunas veces, Hiroki tenía únicamente cicatrices pequeñas que casi ni se notaban en su rostro asiático (Las heridas de Hiroki suelen curar muy rápido, tal vez más rápido que muchas personas) y esto hace enojar tanto a su tío como a Denis. Las únicas cosas que a Hiroki le gustaban de su apariencia eran ademas de sus ojos unicos: Su cabello largo y liso, el cual se colocaba en un sencillo moño sobre el hombro; y aquellas pequeñas cicatrices en las palmas de cada uno de sus dedos meñiques con la forma de pequeñas llamas de fuego. Las tenía desde que podía acordarse, y lo primero que recordaba haber preguntado a su tío Fabrice era cómo se las había hecho.

—Tu padre te las hizo el día que fue encarcelado—había dicho—. Y no hagas más preguntas.

" No hagas más preguntas ": Esa era la primera regla que se debía observar si se quería vivir una vida tranquila en la mansión de Fox Hollow Farn.

Desde fuera de la cocina se escuchó como el elevador subía y volvía a bajar con su tío Fabrice en el. El señor Fabrice era un señor alto y flacucho, con cabellos de un tono rubio con pequeñas mechas de pelo rosado y canas, lo cual combina perfectamente con ese mundo tecnológico y contaminado, propio de la ciencia ficción, que es la tierra en el año 2059. Este entró a la cocina cuando Hiroki estaba dando la vuelta al tocino y le pregunto:

—¿El ascensor funciona bien?

—"Pog" por supuesto que funciona bien —gruño el tío.

—¡Péinate! —bramó. Y se puso sus lentes de realidad virtual para hacer sus compras virtualmente.

Una vez por semana, tío Fabrice solía quitarse sus lentes del Megaverso y gritaba que Hiroki necesitaba un corte de pelo. A Hiroki le habían cortado más veces el pelo que al resto de los chicos de su clase todos juntos, pero no servía para nada, pues su pelo seguía creciendo de aquella manera, Largo y liso.

Hiroki estaba friendo los huevos cuando Denis llegó a la cocina con su madre. Denis se parecía mucho a su difunto padre, el señor pablo. Tenía una cara grande y morena, casi no tenía cuello, ojos pequeños de un tono café oscuro, y abundante pelo negro que cubría su cabeza gorda. La señora Zaida decía a menudo que Denis parecía un angelito. Hiroki decía a menudo que Denis parecía a Jabba el Hutt con peluca.

—Sin ofender a Jabba —se río de su propia broma.

Hiroki puso sobre la mesa los platos con huevos y tocino, lo que era dificil porque habia poco espacio. Entretanto, Denis contaba sus regalos. Su cara se ensombreció.

—Veintisiete —dijo, mirando a su madre y al señor Dubois—. Tres menos que el año pasado.

—Querido, no has contado el regalo de tía Lucrecia. Mira, está debajo de este grande del señor Fabrice.

—Muy bien, veintiocho entonces —dijo Denis, poniéndose rojo.

Hiroki, que podía ver venir un gran berrinche de Denis, comenzó a comerse el tocino lo más rápido posible, por si volcaba la mesa.

Su madre también sintió el peligro, porque dijo rápidamente:

—Y vamos a comprarte dos regalos más hoy después de la fiesta. ¿Qué te parece, mi kuchipan? Dos regalos más. ¿Está todo bien?

Denis pensó durante un momento. Parecía un trabajo difícil para él. Por último, dijo lentamente.

—Entonces tendré veinti... veinti...

—Treinta, mi dulce kuchipan —dijo la sirvienta.

—Oh —Denis se dejó caer pesadamente en su silla y cogió el regalo más cercano—. Entonces esta bien. tio fabrice rio entre dientes.

—El pequeño tunante "quiege" que le den lo que vale —dijo mirando con frialdad a Hiroki. En su rostro se podia notar rencor y enojo, como si este le hubiera robado alguna cosa. ¡"Bgavo", Denis! —dijo, con acento francés y revolvió el pelo del muchacho.

En aquel momento sonó el comunicador holográfico y la señora Zaida fue a revisarlo, mientras Hiroki y tío Fabrice miraban a Denis, que estaba desembalando la bicicleta de antigravedad, la filmadora holográfica, el drone con control remoto, diecisiete juegos nuevos para los lentes del megaverso y dos vídeos de animación 3D. Estaba rompiendo el envoltorio de un reloj de oro, cuando la señora Zaida volvió, enfadada y preocupada a la vez.

—Malas noticias, señor —dijo—. La señora Circe se ha fracturado una pierna.

No puede cuidarlo. —Volvió la cabeza en dirección a Hiroki.

La boca de Denis se abrió con horror, pero el corazón de Hiroki dio un salto. Cada año, el día del cumpleaños de Denis, la señora Zaida lo llevaba con un amigo a pasar el día a un parque de atracciones, a visitar el lugar en donde construyen los lentes de realidad virtual, o, a volar en un enorme drone automático. Cada cumpleaños, desde hace cinco años, Hiroki se queda con la señora Circe, una anciana loca que vivia en una pequeña casa de madera, cerca de la granja de su tío. Hiroki no podía soportar ir allí. Toda la casa olía a plantas extrañas y la señora Circe le hacía mirar las fotos de todos los amantes que había tenido, y empezaba a contar la historia de como el señor Odiseo; después de diez años de amor y pasión, este la rechazo y volvió con su esposa, y como a pesar de esto, la señora Circe en su infinito amor, aconsejo al señor Odiseo, del peligro que suponía para él y para sus soldados la amada del señor Glauco. Por quien esté la dejo.

Cada año Hiroki ha tenido que soportar escuchar las vidas de Glauco, Pico, Telémaco y Odiseo; y de cómo la señora Circe fue rechazada por todos ellos. Todos los años lo llevan a esa casa, incluso hace dos años, cuando la fiesta de cumpleaños de Denis fue realizada en la mansión, decidieron dejarlo con aquella señora.

—¿Y ahora qué hacemos? — preguntó a la señora Zaida, mirando con ira a Hiroki como si él lo hubiera planeado todo. Hiroki sabía que debería sentir pena por la pierna de la señora Circe, pero no era fácil cuando recordaba que pasaría un año antes de tener que ver otra vez los rostros de Pico, Escila, el Señor Glauco y Odiseo.

—Podemos llamar a Jessie —sugirió la sirvienta.—No seas tonta, Zaida, ella no aguanta al chico.

Los miembros de la casa hablaban a menudo sobre Hiroki de aquella manera, como si no estuvieran allí, o más bien como si pensaran que era tan tonto que no podía entenderlos, algo así como un gusano.

—¿Y qué me dices de... tu amiga... cómo se llama... "Fedegica"?

—Está de vacaciones en la estación lunar —respondió enfadada la señora Zaida.

—Podéis dejarme en el sótano —sugirió esperanzado Hiroki. No me salgo de ahí.

La señora Zaida lo miró como si se hubiera tragado un limón.

—¿Y qué explotes la casa en "fgente" de todos? —rezongó su tío.

—No voy a explotar la casa —dijo Hiroki, pero no le escuchó.

—Supongo que podemos sacarlo a la fiesta —dijo en voz baja la señora Zaida—... y dejarlo en el salón de la casa...

—El "televisog" es nuevo, no se "quedagá" allí solo... Denis comenzó a llorar a gritos. En realidad no lloraba, hacía años que no lloraba de verdad, pero sabía que, si retorcía la cara y gritaba, su madre le daría cualquier cosa que quisiera.

—Mi pequeñito Kuchipan no llores, mamá no dejará que él te estropee tu día especial —exclamó, abrazándolo.

—Yo... no... Quiero... que... él venga! —Exclamó Denis entre fingidos sollozos—. ¡Siempre lo estropea todo! ¡Re... Recuerda lo que paso! —Le hizo una mueca burlona a Hiroki, desde los brazos de su madre.

Hiroki recordaba bien lo que ocurrió hace cinco años, la última vez que su tío le permitió estar en un evento público de la granja: En ese entonces Hiroki tenía siete años, y prefería no jugar a la pelota con Denis y su amigo en el enorme patio de la mansión, a pesar de que los invitados le pedían que jugara y se divirtiera. Hiroki prefirió no jugar porque sabía que Denis y su amigo decidirían dejar a un lado la pelota y tomarlo a él de pelota de futbol. Segundos después la pelota fue lanzada hacia los arbustos junto a Hiroki, y de los arbustos surgió una mujer alta y bella, con un hermoso vestido floreado y unas lianas enredadas en su cabello rubio y hermoso. Está tomo la pelota con sus manos envueltas en lianas y flores de todos los colores, y se la dio a Hiroki.

—Gracias— le dijo el pequeño.

Luego de esto y tras darle un beso suave en la frente, la mujer se volvió a meter entre los arbustos de la mansión. Desapareciendo. Al girarse, Hiroki vio a los padres, y a sus hijos que estaban alrededor; a todos los invitados del cumpleaños con un rostro de espanto, como si hubieran visto a una bruja. Hiroki un poco confundido por los rostros de todos, le tendio la pelota al asustado Denis, que se negó a tomarla y salió llorando y corriendo en busca de su madre. Su tío lo castigo durante dos semanas sin poder salir del sótano oscuro al final de las escaleras, y a estar sin comida durante un mes. También le prohibió estar en cualquier otro evento de la mansión, ya fuera en los cumpleaños de Denis o cualquier otro evento dentro o fuera de la casa. Y fue a partir de entonces que su tío empezó a dejarlo en casa de la señora Circe.

Hiroki siempre ha pensado que lo castigaron por haber recibido la pelota de una persona con una vestimenta tan extraña. No sería extraño por parte de su tío. "Él siempre ha pensado que solo debe haber una forma de hacer las cosas, que hacerlas diferentes debería estar prohibidas".

—¡Solo me dio la pelota! —Grito durante los días.

Un día que se despertó hambriento, noto algo totalmente extraño: De su dedo meñique izquierdo empezó a fluir un jugo, y la piel de su meñique derecho se empezó a despellejar como si fuera la cáscara de una banana. Hiroki no recuerda si fue la curiosidad o el hambre los que lo llevaron a probar aquel fluido, y piel muerta tan extrañamente deliciosos: De su meñique izquierdo salía un líquido con sabor a jugo de limón, y la piel del derecho sabía a manzana y pollo.

¿En realidad sus dedos estaban realizando una hazaña tan asombrosa? A Hiroki no le importaba, ya que gracias a eso pudo aguantar el hambre durante todo ese mes, en aquel sótano oscuro y sucio al final de las escaleras.

Justo en ese momento, sonó el timbre de la puerta.

—¡Oh, Dios, ya están aquí, los invitados están aquí! —dijo la señora Zaida en tono desesperado y, un momento más tarde, el mejor amigo de Denis, Austin Mclaggen, entró con su madre.

Austin era un chico flacucho con cara de cerdo con pelo. Era el que, habitualmente, sujetaba los brazos de los chicos detrás de la espalda mientras Denis les pegaba, o se paraba detrás de ellos mientras Denis les quitaba su dinero y comida. Denis suspendió su fingido llanto de inmediato. Media hora más tarde, Hiroki no podía creer en su suerte. Estaba sentado en una de las mesas de la fiesta de Denis, junto con Austin y Denis, en el jardín de la mansión por primera vez en cinco años. A su tío no se le había ocurrido una idea mejor, pero antes de salir al patio tío Fabrice se llevó aparte a Hiroki.

—Te lo "adviegto" —dijo, acercando su rostro arrugado y rojo al de Hiroki—. Te estoy avisando "ahoga", niñito: "Cualquieg" cosa "gaga", lo que sea, y te "quedagás" en el sótano hasta la Navidad.

—No voy a hacer nada —dijo Hiroki—. De verdad...

Pero tío Fabrice no le creía. Nadie lo hacía.

El problema era que, a menudo, ocurrían cosas extrañas cerca de Hiroki y no conseguía nada con decir a su tío que él no las causaba.

En una ocasión, la sirvienta, cansada de que Hiroki volviera de la peluquería como si no hubiera ido, cogió unas tijeras de la cocina y le cortó el pelo casi al rape. Denis se río como un tonto, burlándose de Hiroki, que pasó la noche sin dormir imaginando lo que pasaría en el colegio al día siguiente, donde ya se reían de su ropa holgada y las cicatrices en sus dedos. Sin embargo, a la mañana siguiente, descubrió al levantarse que su pelo estaba exactamente igual que antes de que la señora Zaida lo cortara. Como castigo, lo encerraron en el sótano durante una semana, aunque intentó decirles que no podía explicar cómo le había crecido tan deprisa el pelo.

Otra vez, había tenido un problema terrible cuando lo encontraron en el techo de la cocina del colegio. El grupo de Denis lo perseguía como de costumbre cuando, para sorpresa tanto de Hiroki como de los demás, el joven dio un fuerte y ágil salto hasta un cubo situado detrás de la cocina, quedando este parado en el borde del techo, y encontró a Hiroki ahí, sentado en la chimenea. Su tío recibió un mensaje de texto amenazador del director del colegio, diciéndoles que Hiroki andaba trepando por los techos del colegio. Pero lo único que trato de hacer (como le gritó a tío Fabrice a través de la puerta cerrada del sótano) fue saltar los grandes cubos que estaban detrás de la puerta de la cocina. Hiroki ha pensado siempre, que la fuerza física que le ayudaba a aguantar los golpes de Denis, y que le hacía parecer un adulto en el cuerpo de un niño, fue la misma fuerza que lo ayudo a escapar de los golpes de Denis. Logrando saltar hasta el techo de la escuela.

Otro día, al cumplir 6 años, el tío Fabrice le obsequió de regalo de cumpleaños un saco sucio. Lo que él no sabía era que dentro de el, se encontraba un libro viejo y descuidado de Harry Potter. Ese día Hiroki salió al patio de la mansión y se recostó en un árbol. Ese mismo día Denis y su amigo Austin se acercaron a Hiroki para molestarlo como era su costumbre. Al llegar al lugar en donde estaba Hiroki, estos vieron que estaba leyendo el viejo libro. El amigo de Denis le arrebató el libro y ambos empezaron a reírse. Debido a la antigüedad del libro, algunas hojas cayeron al suelo. Hiroki solo los vio con furia en su rostro.

—Qué harás maldito fenómeno —Dijo varias veces Austin.

—Devuélvemelo!— les grito Hiroki con vos algo tenebrosa para su edad.

Los niños solos sonrieron y comenzaron a darle patadas a Hiroki sin que esté se moviera. A Hiroki no le importaba que le pegaran, debido a su habilidad de regenerar todas las heridas que Denis le ha hecho en minutos. Únicamente dejando unas pequeñas cicatrices en su rostro y cuerpo.

Después, los niños al ver que a Hiroki no le importaba que le estuvieran pegando se irritaron un poco. Luego vieron que Hiroki solo miraba el dañado libro. Denis sonrío.

—Sujétalo —ordeno Denis a Austin. El chico solo asintió y cargo a Hiroki sujetándolo de sus extremidades.

—Mira maldito fenómeno —Después de decir esto el niño comenzó a romper las hojas del libro mientras reía con maldad y decía:

—Tu madre era una mujer que pasaba acostándose con cada borracho que veía.

Eso fue suficiente para que Hiroki explotara. No le importaba que dijeran que era un bicho raro. Lo que simplemente no soportaría era que insultaran a su madre.

A Hiroki se le abrieron los ojos "llenos de furia", y abandonaron su característico tono violeta. Y se tornaron de un color completamente blanco como una supernova que acaba de explotar. Sus ojos eran escalofriantes.

—¡Nunca vuelvas a insultar a mi madre! Hiroki quería ser similar al animal de su libro de fantasía, quería ser como esa ave. Hiroki no se explica como, pero en ese mismo instante el joven sintió como sus brazos tomaban la forma de dos emplumadas alas llameantes, las cuales lo hacían volar, y sentía como sus pies y piernas se transformaban en garras, y su torso se transformaba en el torso de una ave.

Lo único que recuerda antes de que su tío apareciera a gritarle furioso como siempre, es como su cuerpo de ave se transformaba en una enorme en incandescente llamarada de fuego que iba en dirección a Denis y Austin, la cual hizo que parte de sus ropas se incendiaran. Hiroki sintió como de su interior salía una onda expansiva de fuego.

Afortunadamente, para los maltratadores, en el patio había una fuente. También pudo ver como estos corrían espantados en dirección a está.

Ese incidente provoco que su tío lo encerrará en el sótano sin comida por una semana. La señora Zaida, por órdenes del tío Fabrice, le dijo a la madre de Austin que Hiroki, jugando con unas cerillas quemó la ropa de su hijo, pero que ya sería castigado.

Hiroki estaba muy confundido. Prácticamente, había herido a los chicos sin siquiera tocarlos.

Pero aquel día nada iba a salir mal. Incluso estaba bien pasar el día con Denis y Austin si eso significaba no tener que estar en el colegio, en su sótano oscuro, o en la casa de la señora Circe, con su olor a plantas extrañas.

En la fiesta, Denis jugaba con Austin; y de vez en cuando hacía un berrinche para que su madre reprendiera a Hiroki, el cual se encontraba a su lado en un extremo oscuro y lleno de arbustos a su izquierda. Para que nadie le viera, mientras, su tío Fabrice se quejaba dentro de la sala ante sus amigos.

Le gustaba quejarse de muchas cosas. Hiroki, el gobierno mundial, Hiroki, la nueva religión mundial y Hiroki eran algunos de sus temas favoritos. Aquella mañana le tocó a los corredores con sus trineos.

—... "coggiendo" en el hielo como locos esos "cavegnícolas" —dijo, mientras en el televisor un trineo tirado por perros aparecía en pantalla.

—Tuve un sueño sobre un enorme carruaje que volaba tirado por caballos blancos —dijo Hiroki recordando de pronto, mientras entraba a la casa por un vaso de agua—. Estaba volando.

Tío Fabrice escupió la bebida que estaba tomando. Se dio la vuelta hacia Hiroki y gritó:

—¡LOS «CAGGUAJES» NO VUELAN!

Su rostro era como un gigantesco tomate con bigotes con canas.

Denis, Austin y los otros niños que escuchaban parados desde la entrada de la salida, se rieron disimuladamente.

—Ya sé que no lo hacen —dijo Hiroki—. Fue solo un sueño.

Pero deseó no haber dicho nada. Si había algo que desagradaba a su tío Dubois aún más que las preguntas que hacía Hiroki, era que hablara de cualquier cosa que se comportara de forma indebida, no importa que fuera un sueño o un dibujo animado e incluso una obra de teatro. Parecía pensar que podría llegar a tener ideas peligrosas.

Era un viernes muy soleado y la mansión estaba repleta de personas. Los dulces sobre la mesa eran únicamente para Denis, sus amigos y los invitados. Hiroki tenía prohibido tomar alguno. Al pasar una señora que vendía golosinas, la señora Zaida le compró con la tarjeta del tío Fabrice, unos grandes helados de chocolate a todos los niños; y luego, como la sonriente señora del puesto preguntó a Hiroki qué quería antes de alejarse, y al ver que la señora Zaida se alejó de la mujer sin prestarle atención a la señora, uno de los padres de los otros niños le compró a Hiroki, un polo de limón, que era más barato. Aquello tampoco estaba mal, pensó Hiroki, chupándolo mientras observaban a un hombre vestido de gorila que se rascaba la cabeza y se parecía notablemente a Denis, salvo que era rubio.

Fue la mejor mañana que Hiroki había pasado "despierto" en mucho tiempo. Los únicos otros momentos buenos que había tenido, eran mientras dormía y sentía como su mente se desprendía de su cuerpo y volaba por los aires cruzando bosques y montañas. Tuvo cuidado de andar alejado de Denis, para que este y Austin, que comenzaban a aburrirse de los hombres disfrazados de animales, cuando se acercaba la hora de comer, no empezaran a practicar su entretenimiento favorito, que era pegarle a él. Después de que comieron, Denis tuvo una rabieta porque su bocadillo no era lo suficientemente grande, la señora Zaida tuvo que comprar otro más grande y Hiroki tuvo permiso para terminar el primero.

Más tarde, Hiroki pensó que debía haber sabido que aquello era demasiado bueno para durar.

Después de comer, Denis y sus amigos fueron a jugar a la pelota, mientras Hiroki caminaba tranquilamente hacia la mesa de comida intentando mantenerse alejado de Denis y sus amigos golpeadores. Sin embargo esto no fue posible, ya que, Denis le arrebato bruscamente el plato de comida que Hiroki sostenía, y lo lanzó al suelo.

—Tú tienes prohibido tomar cualquier plato de esta mesa. Luego empezó a reírse.

Todos los padres estaban dentro de la casa conversando sobre la consolidación del gobierno mundial. Política, básicamente.

Hiroki se mostró indiferente ante las burlas en contra suya; y tomo otra comida de la mesa. Pero Austin le insultó diciendo:

—¡Hijo de una prostituta!, ¡hijo de una prostituta!

Ante esto Hiroki no pudo contener su ira, y con rabia en su puño se abalanzó sobre Austin y lo golpeó duro en la cara haciendo que su nuca diera contra la pared, cercana de forma violenta. dejándole inconsciente en el suelo. Hiroki perdió los estribos, y volviéndose loco, se colocó sobre Austin y lanzó su mano derecha con intención de darle un fuerte puñetazo en la cara. Sin embargo en ese mismo instante la mano de Hiroki se salió de control; y antes de que pudiera reaccionar, la mano se transformó en el filo de un cuchillo afilado, que acabo impactando en el pecho de Austin. Atravesándolo.

Volviendo en sí, Hiroki estaba completamente espantado, y como si estuviera dentro de una pesadilla. Sentado sobre Austin, y con su mano todavía atravesando el pecho del chico, Hiroki pudo ver una pequeña punta afilada; también notó como esta se acercaba a un pequeño cono invertido de carne, envuelto en delgadas capas de tejido líquido y conectados a varios tuvo que bombeaban lo que parecía ser sangre: Los ojos de Hiroki se tornaron blancos otra vez. Todo lo que veía era liquido de color rojo intenso. Hiroki no sabía qué hacer quería despertar de esa pesadilla, intentó varias veces, pero dejo de intentarlo al ver que el cuchillo estaba a un milímetro del corazón. El cuchillo se encontró tan cerca de uno de los tubos que bombeaban sangre, que si alguien empujaba el cuchillo, podría atravesarlo y dejar salir todo ese líquido rojo.

Hiroki, al verlo, intentó alejarse de Austin, ya que supuso que así, podría sacar el cuchillo del pecho de Austin. Y así lo hizo. Y Hiroki cayó al suelo junto a Austin.

—¡MAMÁ, MIRE LO QUE HIROKI HIZO! —grito Denis corriendo espantado hacia su madre.

Uno de los invitados, una mujer regordeta, pego un grito ahogado al ver como Austin se desangraba en el suelo. De un momento a otro todos los invitados llegaron a gritar al ver a Austin tirado en el suelo con una herida profunda en su pecho. La señora Zaida salió arrastrada por su hijo al escuchar los gritos:

—Que ocurre, que sucede —pregunto la mujer mientras escuchaba los gritos de alarma en el patio.

—Mira lo que ha hecho esta vez...

—AY, MI QUERIDO HIJO¡ —exclamó la madre de Austin, una mujer rubia, que al ver a su hijo tirado en el suelo del jardín casi se desmaya.

—¡LLAMEN A UNA AMBULANCIA! —exclamo la mujer entre gritos, mientras se abalanzaba sobre su hijo.

—¿¡PERO QUE HA OCURRIDO!? — se preguntaban todos alarmados.

-¡No lo sé! ¡Los chicos estaban solos!

—Que fue lo que paso —Le exigió el padre de Austin a Hiroki, levantándolo del suelo y sujetándolo bruscamente por los brazos.

—Yo... yo... no lo sé señor... ¿y el cuchillo?... —Hiroki no paraba de balbucear—. ¡Pero no está muerto! —dijo rápidamente Hiroki.

Hiroki no entendia que acababa de ocurrir. Señalo hacia la pared en la que segundos atrás su mano había realizado aquella acción tan terrorífica. Pero de pronto noto que la hoja del cuchillo que llevaba en lugar de su mano ya no estaba, y en su lugar tenía otra vez su mano. El padre de Austin soltó a Hiroki de los brazos. Este volvió a caer en el suelo. Aturdido.

—¡SE HA CORTADO CON UN CUCHILLO! —grito mientras corría junto a su esposa y su hijo en brazos, hacia su coche de antigravedad para llevarlo al hospital.

Tío Fabrice esperó hasta que todos los invitados se hubieran marchado, totalmente espantados, antes de enfrentarse con Hiroki. Estaba tan enfadado que casi no podia hablar.

—Ve... al sótano... quédate... no hay comida —pudo decir, antes de desplomarse en una silla.

La empleada tuvo que servirle una copa de brandy.

Mucho más tarde, Hiroki estaba acostado en la mugrienta cama de su sótano oscuro, deseando tener un reloj, y pensando en lo que había sucedido en la fiesta: Hiroki había tenido ataques de ira fuertes en muchas ocasiones, casi siempre, por no decir que todos, habían sido producidos por Denis y su grupo. Pero aquello era extraño. Por alguna razón que no podía explicar, había atravesado el pecho de Austin con una especie de cuchillo mágico, el cual era además su propia mano transformada. Eran muchas preguntas, y todas sin respuestas. Pero de algo estaba seguro Hiroki: Austin no estaba muerto. Y lo sabía porque años atrás; cuando el jardinero de la mansión, el padre de Denis murió, Hiroki desde el borde de la escalera de su sótano, pudo ver como una sombra salía del cuarto en donde estaba el señor Alvarado y como se desvanecía en el aire. Hiroki no entendia como, pero sabía que el señor Adolfo había muerto.

—Guuorrpp.... —Su estómago crujía y el hambre no lo dejaba pensar con claridad. No sabía qué hora era y no podía estar seguro de que Su tío o la señora Zaida estuvieran dormidos. Hasta que lo estuvieran, no podría arriesgarse a ir a la cocina a buscar algo de comer.

Había vivido con su tío casi doce años, doce años desgraciados, hasta donde pudo acordarse, desde que era un niño pequeño y su madre había muerto asesinada por su padre. No podía recordar haber estado en aquel sitio cuando su madre murió. Algunas veces, cuando forzaba su memoria durante las largas horas en aquel sótano, tenía una extraña visión, sentía un fuerte estrujón de manos alrededor de todo su cuerpo y un dolor como el de una quemadura que rodeaba todo su cuerpo. También recordaba el grito de una mujer y dos hombres, como si estuvieran discutiendo. Aquellos debian de ser sus padres discutiendo. Pero ¿quién era el tercer hombre? ¿Algún tío que intentaba ayudar a su madre? Hiroki no podía recordar casi nada de sus padres. Su tío nunca habló de ellos y, por supuesto, tenía prohibido hacer preguntas.

Cuando era más pequeño, Hiroki soñaba una y otra vez que algún pariente desconocido iba a buscarlo para llevárselo, pero eso nunca sucedió: Su tío era su única familia. Pero a veces pensaba (tal vez era más bien que lo deseaba) que había personas desconocidas que se comportaban como si lo conocieran. Eran desconocidos muy extraños. Una mujer alta con una corona de estrellas fosforescentes, y unos ojos del mismo color que los suyos, lo había saludado, cuando estaba de compras con la señora Zaida y Denis. Después de preguntarle con ira porque saludaba a la nada, la señora Zaida se los había llevado de la tienda, sin comprar nada. Una mujer anciana tuerta con aspecto estrafalario, toda vestida de negro, cuyo único ojo era multicolor, aunque también fosforescente, lo había saludado sombríamente en un autobús. Un hombre de tez oscura, vestido con una blusa parecida a la camisa de una pollera de gala y un pantalón amplio con dibujos florales de diferentes tamaños, estampado sobre un fondo blanco, descalzo y con un Gorro Kufi, le había estrechado la mano en la calle y se había alejado sin decir una palabra. Lo más raro de toda aquella gente era la forma en que parecían desaparecer en el momento en que Hiroki trataba de acercarse, y que ni su tío ni los Alvarado parecían lograr verlos.

En el colegio, Hiroki no tenía amigos. Todos sabían que el grupo de Denis odiaba a aquel extraño Hiroki Chui, con su ropa vieja y holgada y su cabello largo y desordenado, y a nadie le gustaba estar en contra de la banda de Denis.

Hiroki no podía dormir. Se estremecía y daba vueltas, tratando de ponerse cómodo en su incómodo colchón, con el estómago rugiendo de hambre. Escuchaba voces y pasos que iban hacia él. intentó pensar en otra cosa.

Ya habían comenzado las vacaciones de verano. Hiroki se alegró de que el colegio hubiese terminado, pero no había forma de escapar de la banda de Denis, que visita la casa cada día. Austin, Max, Tom y Alex eran todos grandes y estúpidos, pero como Denis era el más grande y el más estúpido de todos, era el jefe. Los demás se sintieron muy felices de practicar el deporte favorito de Denis: cazar a Hiroki.

Quizás en el final de las vacaciones podría existir un pequeño rayo de esperanza: En septiembre Denis estudiaría en un internado. su tío se había ofrecido a pagarle los estudios en una escuela en China, y, por primera vez en su vida, Hiroki no iría a la misma clase que la bola de piscina.

—Pobres los chinos que tendrán que soportar a Denis durante seis años —penso.

Y mientras esperaba en su suerte Hiroki acabo durmiéndose; y al volver a abrir los ojos este se encontró en el aire flotando. Aquel debía de ser otro de sus sueños donde viajaba por los aires. Hiroki se emocionó y, volando salió del sótano atravesando el pastizal de la granja. Al ver el oscuro cielo estrellado color sangre este se acordó de Austin. Y de un momento a otro, Hiroki se encontró en una sala de hospital. Hiroki reconoció a Austin acostado en la cama, durmiendo. Conectado a varios aparatos médicos. Se sentó en la cama y miró a su alrededor. Hiroki suspiró y se levantó de la cama. El día anterior habría dado cualquier cosa por estar en aquella fiesta. Pero en aquel momento prefería quedarse con la señora Circe a estar en aquella situación. Él castigado nuevamente, y Austin postrado en la cama de un hospital.

—Quiero hacer una denuncia —dijo la voz de un hombre.

Hiroki reconoció la voz como la voz del padre de Austin, y salió del cuarto a ver que estaba pasando. Afuera en el pasillo estaba el señor John, hablando con un oficial de policía.

—Dígame señor contra quien es la denuncia.

—Quiero denunciar al sobrino de un amigo por haber intentado matar a mi hijo.

Hiroki se paró en seco. ¿Una denuncia en contra suya?

—¿Tiene pruebas de que en realidad fue el sobrino de su amigo quien agredió a su hijo? —pregunto el oficial.

—¡Por supuesto que tengo pruebas! —exclamó el señor John, en un tono que denotaba enfado y tristeza—. Mi hijo acaba de despertar hace unos minutos y me dijo lo que ocurrió. Me dijo que quien le hizo aquella herida que casi lo mata... Fue nada más y nada menos que el sobrino de la mansión Fox Hollow Farn. El joven Hiroki Chui, de 12 años de edad.

El oficial quedo perplejo ante la revelación.

—Los médicos me informaron de que Austin estuvo tan solo a un milímetro de morir. La puñalada estuvo a un milímetro de perforar el corazón —dijo el hombre con una voz quebrada—. Por un milímetro oficial. Por culpa de ese muchacho endemoniado mi hijo casi se muere. —dijo el señor John mientras se sacaba un pañuelo del bolsillo para secarse las lágrimas.

—No se preocupe señor —dijo el oficial colocándole suavemente la mano en el hombro— haremos lo que sea necesario...

Hiroki volvió a entrar en la habitación en donde Austin seguía durmiendo. Asustado y perplejo. Queria despertar de aquella pesadilla. Intento de todo: pellizcarse, darse de bofetadas. pero nada de esto funciono. ¿Se debía dejar encerrar en un reformatorio para niños problemáticos? Su tío estaría muy contento. Librarse de aquel bicho raro para siempre. Todo un sueño para él. Pero él no había atacado a Austin a propósito, aquello había sido un accidente.

Hiroki se dirigió hacia la ventana, contemplando las luces de los autos de antigravedad en el cielo y deseando saber... saber por qué siempre que se enojaba acababa lanzando fuego o hiriendo a otros.

Mientras contemplaba el amanecer, Hiroki divisó como uno de los primeros rayos del sol se transformaba en una hermosa cuadriga completamente de oro; se dirigieron hacia él, hasta detenerse en frente de la ventana del hospital. A Hiroki le recordó aquel carruaje con el que tanto había soñado.

Dentro del carruaje pudo ver a un apuesto joven de cabellos dorados como el sol, vestido con una túnica sobre el hombro decorado con bordes dorados, dejándole el pecho descubierto, y llevaba una aureola alrededor de su cabeza brillante y hermosa. Sin moverse de su lugar, aquel hombre extendio su musculoso y llameante brazo como si fuera una banda elástica y; atravesando el vidrio, agarro a un sorprendido Hiroki, jalándolo hacia el vidrio (el cual atravesó) y llevándolo hasta un agujero de fuego, el cual se conectaba al hermoso hombre del carruaje con un brillante hilo plateado, y al cual esté manejaba con unos ligeros movimientos de dedos. En el fondo del agujero Hiroki pudo ver su cuerpo. Este se encontraba durmiendo en su cama. Luego de esto Hiroki fue arrojado hacia aquel agujero, y este se cerró.

El chico se levantó casi por instinto. Se giró hacia la ventana del sótano y pudo ver que ya se había hecho de día. Era una mañana muy calurosa.

—¡Arriba! ¡A levantarse! ¡Ahora güey!

Aquel sueño había sido extraño. ¿que era aquel agujero y aquel hombre de cabellos dorados?

Hiroki miró el calendario colgado de la oscura y deteriorada pared. Era 1 de julio. Ese era el día de su cumpleaños. el muchacho se quedó mirando el techo dañado, pensando si su tío se acordaría. Los cumpleaños de Hiroki nunca habían sido exactamente divertidos: El año anterior, por ejemplo, su tío le regaló una percha y un par de calcetines viejos suyos. Sin embargo, no se cumplen trece años todos los días.

La señora Zaida llamó otra vez a la puerta.

—Que te despiertes nac...

BUM.

Toda la mansión se estremeció, y Hiroki se enderezó en su cama mirando fijamente el techo del sótano. El sótano en el que Hiroki dormía se encontraba justo debajo de los pastizales de la granja.

Alguien estaba arriba, llamando.