Prólogo.
A veces deseo mantener el absoluto control en cada cosa que me rodea, a veces deseo regirme por el caos y actuar de manera espontánea, a veces deseo no tener que preocuparme tanto y vivir como se vive normalmente.
Deseo demasiadas cosas a la vez que al final no termino deseando nada. ¿Sabes lo que se siente, Jun?
Las cosas siguen igual, aunque el panorama se ve bastante desalentador. Key tuvo que internarse en el hospital otra vez y no tiene fecha de retorno, lo único de papá que veo son sus cheques mensuales y Minho se fue a vivir con su padre, ya que mamá se casó con un hombre que al menos yo no conozco y está esperando un bebé.
Lo bueno de todo es que ya me aceptaron en la universidad y en la carrera que quería. Ah, y que también ese viejo verde millonario aumentó nuestros sueldos en la cafetería porque aumentaron las ventas gracias a nuestras caras bonitas. ¡Estoy satisfecho con eso! Bueno, también está el tema del hombre con el que estaba saliendo de manera amistosa, ¿Lo recuerdas? Pues… confesó que le gustaba mucho y nos besamos, pero tengo miedo, Jun.
Pero bueno, esperaré a que me contestes este estúpido mail cuando te llegue la señal en la reserva de África y me des tu reporte mensual también, después de eso te contaré más al respecto.
Te extraño mucho, amigo, y espero que vuelvas a Corea pronto. ¡Mucha suerte en tu misión y nos leemos!
Tu único y más lindo amigo, Luhan.
Cerró las pestañas del navegador y, al notar la hora, rápidamente apagó el portátil y corrió hacia el baño para arreglar su aspecto, esperando llegar a tiempo a su turno en la cafetería. Se había quedado dormido, pero aun así decidió mandarle un correo al ser primero de diciembre, ya que usualmente Junmyeon siempre podía conectarse a alguna señal de internet durante los primeros días de cada mes cuando iba a alguna localidad cercana a abastecerse antes de volver al refugio de protección a animales salvajes del cual era voluntario.
Su cabello castaño estaba perfectamente peinado, su camisa negra lucía completamente lisa al igual que los pantalones negros. Aplicó un poco de maquillaje ligero en sus ojeras para desvanecerlas y una vez lo logró procedió a lavarse los dientes y salir con todas sus cosas hacia su lugar de trabajo.
Como estaban cerca del invierno, su gruesa chaqueta no permitió que ni la más mínima brisa de aire se filtrara por sus prendas luego de salir del departamento y con sus mejillas heladas agradeció vivir en el centro de la ciudad y cerca de la cafetería porque, al mirar la hora una vez más, llegaría a tiempo de marcar su turno y comenzar con sus horas laborales.
Al entrar al local, marcó la entrada y saludó a sus compañeros, colocándose el delantal y preparándose para salir a atender gente.
—Tu príncipe azul está fuera, Lu. —le susurró con picardía una de sus grandes amigas dentro de ese lugar, a lo que el castaño no pudo más que sonrojarse con una sonrisa.
—¿Es normal sentir ese cosquilleo en el estómago? —le preguntó, provocándole una risita a la chica.
—Eso significa lo jodido que estás por él, amigo.
Dándole todos los ánimos del mundo, sacó de empujones al chico hacia las puertas que daban al interior del local y Luhan preparó su semblante más amigable para no crear un mal ambiente con su intromisión porque, tanto como su supuesto príncipe azul, tenía muchos otros clientes más que lo adoraban e iban únicamente para hablar con él y verle.
El olor a café inundó sus fosas nasales y la suave música de fondo le transmitió cierta calma. Hizo contacto visual con varios clientes que le hicieron un gesto con la mano al verlos y él se los devolvió con una sincera sonrisa, la misma que se mantuvo hasta toparse con unos intensos ojos marrones que le quitaron la respiración.
El beso de la noche anterior seguía haciéndole temblar las piernas.
—Buenos días, Luhan —ni en sus más perversos sueños pensó poder recibir una mirada tan significativa de aquel hombre—, te ves tan guapo como siempre.
—Tú no te quedas atrás, Chan.
Guiñándole el ojo, hizo una leve reverencia y se dio la media vuelta para recibir a las personas que habían entrado al lugar para guiarlos a una mesa y brindarles el menú para tomar su orden, en todo momento sintiéndose observado por el hombre más apuesto que había visto en su vida.
Era verdad lo que le escribió a su amigo esa mañana, estaba demasiado satisfecho con las cosas buenas que tenía y aún más con su oportunidad de finalmente estudiar lo que tanto anheló en todos sus años de preparatoria.
Siempre mantuvo en su mente el pensamiento de sonreírle al presente, no dejarse morir por las cosas malas y sujetarse de las buenas para seguir adelante cada día. No cabía duda alguna que aquello lo mantenía con vida y seguiría siendo así, incluso con ese paso tan importante que daría en su vida para comenzar a escribir su historia.
“Todo va a estar bien, todo va a estar bien”.