Prólogo
“Con cuidado” el omega pide, jadeante. “Despacio”
La sonrisa en el rostro de su alfa no se hace esperar, una sonrisa entre sus facciones tensas, en su aliento pesado.
Taehyung asiente con la cabeza ante el pedido y el leve movimiento hace que sus narices se rocen, están tan cerca que comparten el mismo aire y el sabor de la saliva ajena está en su boca, tiene que tragar duro porque pronto la garganta le pica con la voz que tarda en salir y él no puede pensar coherentemente, al menos, no demasiado.
Kim Taehyung es la clase de alfa que se pierde cuando está así, con la persona que ama.
“Sí” dice simplemente sin demasiadas vueltas y no sabe por qué siquiera se le está pidiendo tal cosa, su omega debería suponer, debería saber de lleno que Taehyung jamás lo trataría con algo más que no fuera delicadeza y cuidado.
Quizá en otras ocasiones podría jugar un poco, pero hoy no tiene la paciencia. Su omega tampoco.
Porque éste lo apura con las manos en su espalda apretando para atraerlo aún más a sí mismo y Taehyung regresa a él de inmediato, empujando apenas, sólo un poco, las caderas hacia el otro y lo arrastra en el colchón debido al profundo embiste, el ronroneo complacido que recibe lo hace vibrar, sintiendo los dedos de su omega serpentear por su cuello antes de hundirse en los cabellos color caramelo de su nuca.
Joder.
“T-Tae”
“Con cuidado” el alfa repite, sin aliento. “Sí”
Y Taehyung deja de hablar porque prefiere usar todo el aire que inhala para expulsarlo en un suspiro que se vuelca en el pecho de su omega, cuyas manos escapan de sus cabellos para tomarle los hombros
Lo empuja, aunque débilmente, no queriendo realmente alejarlo, pero oh, quizá es el instinto y aunque se siente bien, aunque el cosquilleo es suficiente para tenerlo queriendo un poco más, no puede evitar que el instinto lo consuma al sentir un intruso en su cuerpo e intente proteger.
No tiene que hacer demasiado, porque el alfa es lo suficientemente receptivo y todo él se ralentiza más, y aunque la sensación no tiene la misma intensidad, tiene el mismo efecto en el temblante omega, que no necesita que Taehyung haga demasiado para hacerle lloriquear en placer.
Siempre ha sido así de sensible. Jeon Jungkook siente los ojos picarle con pequeñas lágrimas, el vientre cosquilléandole en una ansia a la que aún no sabe acostumbrarse.
“Tae” susurra bajito, tan bajito que ni él se escucha, pero siente y sabe que Taehyung lo siente también, porque saca el rostro de su cuello para mirarlo a los ojos y el omega puede ver, a la débil luz que las velas en el escritorio del cuarto proporcionan con esfuerzo, los ojos grises del alfa, su rostro sonrojado y animal, deteniendo todo movimiento, profundamente enterrado en el omega que regresa las manos a su cabello, acariciando todo el camino de piel hasta su cabeza, hundidos en la calidez de un desarmado nido en el centro de su cómoda cama.
Jungkook sonríe poquito, con los ojos algo aguados y sorbe la nariz, sintiendo la mano en su cintura deslizarse a su vientre hinchado.
Y en el rugir de la tormenta fuera de su humilde casa, Jungkook es capaz de hacerse escuchar. De hacerse sentir.
“Tae, te amo”