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Summary

Howard, Lincoln, Darcy, Nathaniel, Zeth y Lennon se enfrentarán a cientos de peligros indescriptibles que forcejean por salir a la luz. <<Lo que paso no fue tu culpa.>> <<No quiero estos poderes.>> <<¿Y que más podemos hacer?>> Un invierno de 1986 lo paranormal se abriria paso al mundo exterior. Seis nuevos superhéroes harían de todo para contenerlo. ¿Era aquello lo correcto?

Genre
Fantasy/Horror
Author
Jess
Status
Complete
Chapters
28
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo 1

Pasado


—¿Hacemos carreritas? -pregunto con tono divertido mientras su helado, ya olvidado por la propuesta, se derretía sobre su mano.


—Si gano me das tu helado. -sentencio con firmeza y una sonrisa que se expandía de oreja a oreja.


El pequeño la miro con ojos desafiantes, sabiendo sin antes empezar, que tendría que despedirse de su helado, pues aquella pequeña corría tan rápido como la luz. Acepto, sonriendo ampliamente. El plan de hacer trampa acechó sus pensamientos.


—Trato echo -ambos estrecharon sus manos. Juntos, contaron hasta tres y al llegar, ambos corrieron tan rápido como sus piernas les permitía, entre risas a las que sobrepasaba la diversión y empujones juguetones de parte del pequeño, quedaron empatados tal y como él lo había planeado. Feliz, comenzó a comer a bocados su helado de vainilla.


Ambos, después de calmar su risa, se volvieron hacia la puerta oxidada frente a ellos, pusieron cara sería y fueron tan discretos como un ratón robando queso. Eso les habían enseñado. Ser discretos, silenciosos y cuidar que nadie les viera cada que entrarán o salieran de aquel lugar al que, despues de pasar tanto tiempo en el, ya lo consideraban su hogar.

Bajaron las escaleras que se encontraban justo en la entrada. Volvieron a reír al cerrar la puerta.


—¡Quedamos empatados porque hiciste trampa! -exclamo la niñita con voz chillona sonriendole a su hermano, mientras terminaban de bajar los últimos escalones de cemento.


—¡Mentirosa! -se defendió aún sabiendo que ella decía la verdad.


Sonriendo fueron a buscar a sus padres. Ignorando por absoluto todos aquellos químicos, tóxicos, y peligrosos a su alrededor a los que ya estaban acostumbrados de ver diariamente en aquel lugar.

Iban bromeando, distraídos.

Un ruido fuerte y agudo los hizo agacharse al instante en el que cruzaron la puerta.


Balazos.


—¡Basta, basta por favor! -gritaba, casi desgarrandose la garganta, arrodillado en el piso con sangre brotando de su labio hinchado, provocando que su bata fuera tornándose de un rojo intenso. El arma que uno de los hombres sostenía frente a su cabeza lo hacía temblar de solo escuchar el gatillo moverse.


Una mujer de cabello largo, lacio y castaño, con unos hermosos ojos claros, dirigió la mirada a la puerta. Su alma pareció abandonarla al ver a sus hijos temblando de miedo en el piso.


—¡Howard! ¡Darcy! -exclamo arrastrándose hacía ellos desesperadamente, ignorando los balazos amenazadores que pasaban rozando su cabeza. Las lágrimas saliendo de sus ojos con tal facilidad que le dificultaban la vista.

Llegó hasta ellos y los abrazo contra su pecho. Protegiéndolos. Diciéndoles que no les pasaría nada a ellos. Que ellos lograrían salir de ahí con vida.


Habían seis hombres, tres de ellos destruyendo todo a su paso, buscando algo que para Howard y Darcy era confuso.

Los otros tres los apuntaban con armas gigantes. Su padre, llorando de desesperación les suplicaba que los dejara ir, que lo matarán a él.


—Si no nos lo entregas gastaré las balas que me restan en aquellos mocosos -le dijo uno de ellos, riendo por las súplicas del hombre.


—No pueden hacer esto -repetia el hombre una y otra vez, volteando a ver a su familia. El corazón se le hacía añicos- Por favor....


La arma en su cabeza amenazó con lanzar la primera bala.


—¡Dinos dónde está o verás como tu familia muere uno por uno! -grito uno de los hombres apretando la mandíbula con rabia.


—Por favor.....-repitio, y cómo consecuencia, una de las armas fue dirigida a su hija menor- ¡No, no esperen! -grito de inmediato- No lo tengo, lo juro. Lo juro -decia desesperado ahogado en sus lágrimas.


El ambiente se torno más obscuro y los hombres comenzaron a molestarse haciendo temer a la familia, rogando porque todo eso acabara, rogando que solo fuera una terrible pesadilla.


—¡Deja de mentir bastardo insolente! -grito. En un arranque de ira lanzo la primer bala.


Le dió en el estómago al pobre padre. Se dejó caer en el suelo con pesadez, gimiendo de dolor.


—Llevatelos, Juli, llévate a los niños -le dijo con voz quebrada a la mujer, quien nego agachando la cabeza- llevatelos, vayanse, yo estaré bien -sonrio levemente. Un nuevo disparo impacto en su cabeza, perforandola, su mirada se apago, sus ojos se cerraron, su último suspiro se convino con los gritos de horror de la mujer, que corrió hacia él rogándole que se quedará con ella, que no la dejará sola.


—Por favor -decia con la voz ahogada por las lágrimas.- Maison -susurro acercándose a él- por favor -decia lastimosamente. Sintió un dolor inexplicable al recibir una bala atravesando sus costillas. Brotó sangre de su boca.


Se levantó apoyándose en la mesa y camino ignorando su mareo y vista borrosa, se apretó la herida con fuerza y tomo a sus hijos de las manos.


—¡Corran! -les dijo empujándolos hacía la salida. Otro disparo más en la pantorrilla y cayó al piso. Sus hijos se arrodillaron alado de ella, sus llantos eran incontrolables. Sus gritos eran tan intensos que los aturdían a si mismos- Vayan a casa, corran. Cuidense mucho mis pequeños. N-no dejen que nadie lo-los toque. Nosotros llegaremos allá, pronto....-dijo bajito sintiendo sus ojos pesados y su cuerpo dormirse.


—¡No, Mami! ¡Mami! -grito la pequeña moviendo a su madre y jalandola del brazo para que se levantará. Howard tomo a su hermanita de la mano llevándola a la puerta de salida- ¡No! ¡Mami! ¡Papi!


—Corran....-susurro su madre en un último suspiro. Un tercer balazo en su espalda acabo con todo.


Ambos niños salieron corriendo del lugar, haciendo lo que sus padres les habían dicho.

Corrieron tres cuadras hasta llegar a casa. Sacaron la llave de debajo de la maceta en forma de rana, entraron en la casa y pusieron seguro a la puerta.

Sus ropas estaban cubiertas de sangre.

Se tiraron en el piso, destrozados, llorando sin control.

La pequeña de cinco años se acurrucó en los brazos de su hermano mayor, que con tan solo diez años, supo en ese mismo día, que ahora a él le tocaba ser responsable de su hermanita ya que además de a sus padres ellos no tenían a nadie más.

Se prometió a si mismo jamás dejarla sola.


Tres días después; en todos los periódicos estaba la fecha de muerte de sus padres y el día en que los sepultarian.

Ellos no iban a ir. No tenían el coraje suficiente.


Howard guardo ese periódico en uno de los rincones de la sala de estar. Lo quería guardar, sumandolo a los recuerdos de sus padres.


"8 de enero de 1976.

Julieta y Maison Fernsby, científicos famosos y amigos confiables, fueron hallados muertos en su laboratorio subterráneo, el cuál habían mantenido en secreto hasta el día de su muerte. Se están haciendo investigaciones para dar en el lugar en el que vivían. Por el momento no hay noticias. Dejando a dos niños pequeños y aparentemente desaparecidos  a su suerte, llegaron como ángeles al cielo."


Aunque el joven Howard era valiente para su edad, ¿Podría después enfrentar todos los problemas que sus padres les dejaron? Para su gran suerte, no estaría solo en el momento.