CAPÍTULO I
La cabecera de la cama hacía ruido en la pared, cuando el cuerpo del rubio la golpeaba en cada embestida que recibía. Los ojos del castaño estaban clavados en los de él, ver su rostro al tiempo que lo penetraba, era malditamente sensual. Su imponente cuerpo, sus enormes manos, sus palabras aduladoras y ese aroma varonil que emanaba de su piel, habían logrado que el rubio se rindiera a sus encantos.
Esta era una lucha de cuerpos, gemidos y placer que probablemente no terminaría en varias horas. En un momento, las penetraciones pararon, el mayor sacó su miembro del rubio y tomó con fuerza sus caderas para levantarlo. Lo llevó en brazos y lo puso en cuatro sobre el enorme sofá que estaba a un lado de un gran espejo. El pequeño cuerpo era fácil de manejar. Se acercó para besar su cuello y acarició su delicada espalda con las yemas de sus dedos. Cuando llegó a sus nalgas, las separó mientras se lamia los labios y entraba de nuevo en él, despacio y delicioso. Gimieron de placer. Su enorme erección hundiéndose en el trasero del rubio, era una imagen caliente y morbosa que ambos veían a través de aquel reflejo. Ninguno podía parar de gemir y mirar, parecía una película porno y les fascinaba. La penetración era lenta y en la habitación de ese hotel, solo se podía escuchar el chasquido que generaban sus sexos húmedos y excitados al friccionarse.
—¡Más duro! —suplicó el rubio en una exhalación con su boca abierta y sus labios temblando. Sus dedos se clavaban en la tela del sofá a punto de romperla.
—Tendrás lo que deseas precioso, ¿siente eso? —empuja fuerte— está duro como una roca y solo es para ti. Te voy a llenar con mi semen y te verás hermoso cuando se salga de tu trasero y recorra tus piernas.
—¡Aaah! —gimió el rubio por las palabras calientes que acababa de escuchar y habían aumentado su excitación. No podía postergar su orgasmo ni un segundo más.
—¡Heeeeey, Jimin!
Escuchó su nombre en un susurro, pero no podía concentrarse en esa voz. La ignoró y continuó con los ojos cerrados, mientras sacaba más su trasero para que la penetración fuera más profunda.
—¡Jimin! despiertaaaaa.
Abro los ojos asustado. Veo a mi alrededor y me doy cuenta que estoy en mi oficina. Solo fue un sueño y he regresado a la maldita realidad. No, corrección, me han forzado a regresar. Con segundos de lucidez y mis latidos a mil por hora, descubro que tengo una erección y la sensación de un inminente orgasmo me recorre por la piel. Cierro las piernas y me agacho con los ojos cerrados para esconder mi cabeza en el escritorio. Mi pantalón se humedece sin poder controlarlo. Mi respiración es irregular, todo era tan real, que me hace sentir escalofríos. Respiro profundo y trato de bajar mi erección lo más pronto posible. Seguro mi cara esta roja por el momento, pero ya que, se quien está sentado frente a mi escritorio.
—¿Otra vez dormido? —pregunta mi amigo mientras lo veo sentado en una de las sillas frente al escritorio.
—Taeeeeee —protesto por la interrupción.
—¿Qué?, no me digas que estabas soñando que tenías sexo con tu príncipe azul otra vez. No, ni me lo confirmes, lo veo en tus mejillas encendidas, eres un goloso Park Jimin.
La erótica escena desaparece por fin de mi cabeza, respiro profundo y siento como ha bajado mi erección. Le sonrío forzado y me levanto directo al baño para limpiar el desastre en mis pantalones. Me aseo y a los pocos minutos salgo con una enorme sonrisa, estaba relajado. Necesito sexo más seguido. Pienso.
Es extraño, pero frecuentemente sueño con un encuentro de ese tipo, desearía poder encontrar a ese hombre que solo veo mientras duermo. Es como el príncipe azul que describen los cuentos de hadas. Ya sé, no existen, pero soy un ferviente admirador de las historias románticas y de los k-dramas. Muero por tener mi propia historia de amor y pasión.
—Imagínate que, en vez de tu mejor amigo hubiera entrado el Ceo del bufete. Tienes que calmarte Jimin, eso de tener orgasmos dormido es algo serio y aquí tu empleo puede estar en riesgo.
—Solo me quede dormido por un segundo.
—Sí claro, tus mejillas se ponen rojas solo cuando tienes un orgasmo. Ambos lo sabemos, no me mientas. Te han de haber dado duro en el sueño.
—¡Cállate! y dime a que viniste a mi despacho.
—Ahora no te voy a decir nada —se cruza de brazos.
—No seas así, anda dime.
—Bueno, nada más porque necesito de tu ayuda —se acerca al escritorio— Hobi me invitó a salir y también irá Jungkook, ¿qué dices?, ¿vamos?, nos veremos en el bar que tanto nos gusta —levanta sus cejas de forma graciosa.
—Na, hoy no tengo ganas de salir, solo quiero llegar al departamento y tomarme una copa de vino tinto para descansar.
—Sí y usar tus vibradores, goloso, ya me lo sé.
—Taeeee —regaño.
—Anda, no seas malo, es fin de semana y tengo ganas de estar con Hobi, hace mucho que estoy en abstinencia y takito ya me está reclamando —apunta su entrepierna— mira, ya se enojó —señala la carpa que empieza a emerger en sus pantalones— y eso que solo pensé en un besito de él, imagínate si pienso en otra cosa —se acomoda de lado en la silla echándose aire en la cara con sus manos.
—Jajaja, sí que está enojado takito —me quedo pensando por varios segundos y para ser sincero, me encanta ver a Jungkook, además es justo lo que necesito después de ese sueño— está bien, vamos, igual y me gustaría saludar a Kookie.
—¿Solo saludarlo? —sonríe de lado.
—Sí, igual que tú solo quieres eso de Hobi, ¿no?
—Jajaja —ambos reímos sabiendo la respuesta.
Hobi y Jungkook son nuestros respectivos amigos especiales desde hace un año. Son unos Médicos Cardiólogos de Busan que se instalaron en Seúl. Tae los conoció en un restaurante, un día que fue a recoger un pedido para nuestro almuerzo. Tiempo después, Hobi y él me presentaron a Jungkook y empezamos a salir los cuatro. Ellos son muy lindos con nosotros, han insistido por un noviazgo, pero ni Tae, ni yo queremos. Solo nos divertimos y eso es todo.
El día había avanzado muy lento. Sí, cuando sabes que por la noche te vas a divertir, eso suele pasar.
Eran las 6 de la tarde y por fin habíamos salido de la oficina donde trabajamos como abogados. Hacía dos años habíamos salido de Incheon para independizarnos. Teníamos 24 años y muchos sueños por cumplir aquí en Seúl. Vivir en el mismo edificio y trabajar juntos, es lo mejor que nos ha pasado a Tae y a mí.
—Descansa un rato Jimin, paso por ti a las 10, ponte sexy que hoy cenan los nenes —dice feliz haciendo movimientos de estocadas.
—Jajaja, va, tú también descansa un poco, no te vaya a fallar takito —bromeo.
—¡Cálmate!, mi soldado siempre está listo para la guerra —se va bailando a su departamento que está justo al lado del mío.
Entro sonriendo mientras cierro la puerta y me acuesto en la cama apoyando la cabeza en las manos. Mis ojos ven el techo pensando en Jungkook. Me sonrojo recordando nuestro último encuentro y me pongo ansioso por verlo de nuevo.
Después de unas horas de ver mi k-drama favorito, entro a la regadera para una ducha exhaustiva. Termino secando mi cuerpo, lo perfumo, peino mi cabello rubio y visto mi ropa interior mientras elijo el outfit de hoy que será: un pantalón negro de mezclilla bastante apretado, una camisa rosa de seda, botas negras y algunos accesorios.
A las 10 en punto ya estaba mi amigo tocando la puerta. Abro con una sonrisa y salgo listo para disfrutar de la noche.
Decidimos tomar un taxi para no manejar y beber cómodamente. Al cabo de 20 minutos llegamos al bar. Le pagamos al chofer y bajamos de éste.
Veo a Hobi y a Jungkook esperándonos en la entrada. Me quedo congelado por un segundo viéndolo vestir un pantalón de cuero, camisa, chamarra y botas, todo en negro. Su cabello azabache rebelde lo hace ver muy sexy y a veces el solo verlo me pone...
—Hey Jimin, reacciona, nos están esperando los chicos —golpea leve mi brazo mientras me habla bajito al oído.
—Hola hermoso —habla Hobi dirigiéndose a Tae para tomar su mano con una sonrisa.
—Hola cariño —Kookie me regala una mirada coqueta, sonríe y extiende su mano para que la tome. La besa y me lleva dentro.
Las luces de colores se mueven al compás de la música de fondo, el ambiente es cálido y ya hay gente bailando. Nosotros nos dirigimos a la barra para pedir nuestras bebidas, mientras Tae jalaba a Hobi para llevarlo a bailar.
—Pídanme una margarita —dice Tae.
—Yo una cerveza —grita Hobi.
Asiento con la cabeza y me quedo con Jungkook para pedir las bebidas. Él las paga al recibirlas y nos dirigimos a una mesa al fondo del bar. El lugar aún no está lleno, es temprano, así que elegir donde sentarnos no fue nada complicado.
Nos instalamos en la mesa, mientras veíamos atentos la pista de baile y empezamos a beber. Era extraño, pero cada vez que estaba con Jungkook, moría de nervios, no había motivos, solo nos acostábamos.
—¿Cómo has estado cariño? —bebe de su whisky para luego dejarlo en la mesa y ponerme atención.
—Muy cansado, hemos tenido tanto trabajo que salimos muy tarde de la oficina, pero pronto vendrán las vacaciones y espero escaparme unos días a casa de mis padres, ¿y a ti cómo te va en el hospital? —saboreo mi vino tinto esperando la respuesta.
—Vengo de allá. Varios cardiólogos del país se fueron a E.U.A. a una convención y los que nos quedamos estamos saturadísimos de trabajo. Así que de milagro me pude escapar, necesitaba un respiro y deseaba verte.
—El viajar te hubiera ayudado a descansar —hago como que no había escuchado lo último que dijo.
—Sí, yo estaba deseando ese viaje, pero los elegidos fueron unos cuantos, y esta vez no me tocó, seguro será en la próxima. Pero, no hablemos más de mí —toma mi mentón para voltearme completamente hacía él— te he extrañado, pequeño. No sabes cómo te necesito —se acerca, besa mi nariz y baja a mis labios para rosarlos con los suyos. Mi boca se abre y lo recibo gustoso.