Way back home 🏡

Summary

Seungmin no buscaba un padre para su cachorrito, pero Hyunjin querĂ­a serlo.

Status
Complete
Chapters
30
Rating
n/a
Age Rating
18+

01.

Seungmin sabía que no debía correr con un bebé en brazos, pero, en su propia defensa, no estaba corriendo. Sólo... iba a paso acelerado.

Le gritĂł al bus para que se detuviera, teniendo suerte, y le agradeciĂł al conductor una vez subiĂł al vehĂ­culo, aunque tratĂł de ignorar la mirada grosera que le dirigiĂł. Muchas personas solĂ­an mirarlo de esa forma, asĂ­ que ya se habĂ­a acostumbrado. A medio mundo le parecĂ­a muy horrible que un omega de su edad ya tuviera un cachorrillo en sus brazos.

Seungmin se abrió paso por el angosto pasillo del bus, sentándose en un asiento vacío, y dejó caer a un lado el bolso cargado con sus cuadernos y cosas que Lixie podía necesitar, llamándole la atención a su pequeño bebé de poco más de un año.

Felix hizo sonar su chupete, el ruidito haciendo que Seungmin sonriera. Lo llevaba cargado en ese canguro negro, que sus amigos le regalaron unos meses atrás y era de gran ayuda cuando debía salir con el bebé, o tenía casos de emergencia como ese.

Liberó un par de feromonas suaves para Felix, que chupó el juguete con más fuerza, contento, y Seungmin acarició su cabello mientras observaba por la ventana, reconociendo el camino hacia la universidad.

Con diecinueve años, Seungmin estaba viviendo su primer año universitario gracias a ser un padre -o madre- soltero, que quedó preñado cuando sólo tenía diecisiete años de edad, en su último año de preparatoria. Un accidente, cómo calificó tantas veces, pero del que tuvo que hacerse cargo sin ayuda alguna, porque el padre de Felix desapareció apenas se enteró de eso. Seungmin se atrasó con sus estudios debido a eso, logrando terminarlos sólo el año pasado, pero estaba satisfecho cómo estaba avanzando. Era muy complicado, considerando que debía cuidar de un bebé pequeño, trabajar y estudiar al mismo tiempo, aunque eso no iba a impedir que lograra conseguir sus sueños.

Seungmin quería sacar su título de profesor de pre-escolar, ¡siempre le había llamado la atención eso! Sobre todo, cuando Lixie nació.

Suspiró con algo de cansancio, viendo la hora y percatándose que iba bien para su primera clase de ese día. Por lo común, Felix era cuidado por su niñera, una beta llamada Shuhua, pero la chica le llamó una hora antes para decirle que no podría ir porque su papá tuvo un accidente así que estaba en el hospital con él. Seungmin se vio muy complicado por eso, no era de llevar a su bebé a la universidad, porque muchas veces podía quedarse más tiempo de lo que previó y no quería que su cachorrito la pasara mal allí.

En medio de toda esa urgencia, pensó en llamar a alguno de sus amigos para que lo cubriera, pero luego llegó a la conclusión de que, quizás, no sería necesario. Ese día, para su propia fortuna, tenía sólo dos clases, y ambas eran en la mañana, sólo debía llevar un cambio de ropa para Lixie en caso de emergencia, sus pañales, algún que otro juguete con el que entretenerlo y su papilla.

Llegó unos minutos después al campus universitario, bajándose con su bebito, acomodado en su canguro, y caminó hacia la Facultad de Educación, ignorando las miradas que varios estudiantes y profesores le dirigieron.

Que imbéciles.

Aunque, de pronto, un pensamiento inseguro apareció: ¿y qué tal si el profesor no querría un bebé allí metido? ¿Qué tal si le decía que debía irse de la clase? Seungmin lo haría, por supuesto, aunque tratando de no lucir humillado por tan vergonzosa situación.

Sus nervios aumentaron cuando se dio cuenta de que esa clase era con el profesor Hwang, que les impartía Neurociencia y Estimulación Infantil. Era muy estricto en todo, desde el hecho de comer en el salón hasta llegar tarde, además de ser escrupuloso con sus informes y exámenes. Era una de las materias más difíciles de la carrera, les dijeron cuando entraron.

DudĂł un momento antes de entrar al salĂłn, pero decidiĂł arriesgarse. No perdĂ­a nada, Âżcierto?

Para su fortuna, el profesor no había llegado y se sentó en un pupitre que quedaba en la orilla del pasillo, así le sería más fácil salir en caso de emergencia. Algunos de sus compañeros lo saludaron, haciéndole arrullos al bebé, que no los tomó mucho en cuenta, haciendo sonar su chupete cuando Seungmin se sentó y se quitó el canguro, dejándolo en el asiento a su lado, junto a su bolso, sentando a Felix en sus rodillas para que estuviera más cómodo.

Todos sabían inmediatamente el momento exacto en el que el profesor Hwang llegaba, su olor a alfa adulto golpeando a todos los estudiantes. Olía a menta y café, una combinación algo extraña pero imponiéndose frente al resto con facilidad. Las conversaciones callaban, todos prestando atención a lo que fuera a decir.

―¿En qué quedamos la clase pasada? ―comentó el profesor, pasando al lado de Seungmin, y trató de no mirarlo.

A Seungmin no le gustaba llamar la atenciĂłn de nadie, menos de los alfas, pero ese profesor era otro caso. Desde que entrĂł a su primera clase, hace un mes aproximadamente, que se sentĂ­a nervioso en su presencia.

Era muy guapo: tenía el cabello un poco largo y oscuro, su piel parecía de porcelana, ojos con un extraño aspecto gatuno y una mirada que muchos calificaban de amargada. Seungmin creía que sólo lucía con un poco de sueño. Su tono de voz era grave, suave, era muy bueno para explicar su materia y siempre contestaba las dudas que pudieran tener.

Seungmin lo encontraba muy hermoso, las pocas veces que le tuvo que hablar se ponĂ­a colorado y no le miraba a los ojos.

―Hemos hablado acerca del aprendizaje memorístico y el aprendizaje significativo, más en niños pequeños...

El omega trató de tomar los apuntes necesarios mientras oía al profesor hablar, moviendo su pierna izquierda, donde tenía a Felix, que tenía los ojos medio cerrados por el sueño, en especial porque el profesor bajó un poco las luces, mientras pasaba las diapositivas. Al parecer, no se dio cuenta del niño pequeño metido en el salón, lo que era mejor para él.

Seungmin estaba tan concentrado que no se dio cuenta hasta que Lix soltĂł el primer ruidito de queja.

Lo miró, sorprendido, y se dio cuenta enseguida qué ocurría: se le cayó el chupete. Se inclinó, buscándolo con rapidez en el suelo, pero no lo vio a primera vista.

El bebé soltó ahora un lloriqueo.

―Bebé, no... ―susurró el oji-miel, asustado, cuando sus compañeros más cercanos le dirigieron una mirada grosera.

Volvió a inclinarse, tratando de ver el chupete, pero las mochilas en el suelo obstaculizaban demasiado su vista, además de que las luces bajas no le ayudaban tampoco.

Su cachorrito empezĂł a llorar en voz baja.

Seungmin lo meció, aunque sabía que no podía hacer mucho porque a Felix le estaban saliendo sus dientes, y eso le dolía. El chupete ayudaba un poco, lo suficiente para que no llorara, pero sin él, era todo lloriqueos y gritos.

Por eso, no le sorprendiĂł cuando rompiĂł a llorar, interrumpiendo la clase del profesor, que dejĂł de explicar lo que estaba ocurriendo con una expresiĂłn molesta al inicio, que luego se transformĂł en algo que Seungmin no supo reconocer.

Felix lloró con más fuerza cuando sintió las feromonas asustadas de su mamá.

―Lixie, bebé, por favor, no ahora... ―le pidió, a punto de llorar. Seungmin lo pegó a su pecho, temblando al ver al profesor acercándose hacia él.

Bien, estaba listo para irse de esa clase y nunca volver.

Pero el hombre se detuvo en un punto, se inclinĂł y recogiĂł algo. Toda la clase estaba en silencio, un poco tenso por lo que fuera a ocurrir.

―Ya-ya voy a... a irme ―tartamudeó Seungmin, por encima del llanto de su bebé―, lo... lo si-siento mucho, pro-profesor, no... no volverá a ocurrir...

El alfa enarcĂł una ceja, levantando lo que tenĂ­a en su mano, y el tricolor menor lo mirĂł.

¡El chupete!

―¡Oh, gracias! ―saltó Seungmin, urgido por correr lejos de allí―. ¡Muchas gra-!

―Vamos, ¿me da al bebé? ―preguntó el profesor Hwang con calma.

Seungmin calló. La clase contuvo el aliento. El hombre, con poca paciencia, prácticamente le quitó al niño en brazos, que hipó y lloriqueó.

El omega olisqueó las feromonas de menta y café, más fuerte, y para su propia sorpresa, Felix las sintió y calló.

―No llores, cachorrito ―arrulló el profesor Hwang, caminando de vuelta hacia la pizarra, limpiando el chupete en su pantalón antes de volver a ofrecérselo a Felix, que lo recibió con gusto―. ¿Ves? No molestemos más a mamá.

Nadie habló, ni siquiera Seungmin, para exigir a su hijo de vuelta, demasiado sorprendido por lo que acababa de ocurrir. Felix se acurrucó en los brazos del profesor, cómodo, mirando a su mamá con esos bonitos ojitos de Bambi, que parecían decir ‹‹¡mira qué lindo me veo en los brazos del profesor Hwang!››.

―Obligar a niños pequeños a permanecer sentados ―continuó el alfa, cargando a un bebé medio dormido en brazos, y todos los estudiantes se pusieron a escribir otra vez, a pesar de la extraña situación―, en pocos espacios, quietos, en lugar de estar en un lugar abierto, en constante movimiento, impide que sean capaces de desarrollar...

Seungmin no pudo anotar ningĂşn otro apunte por el resto de la clase.