01.
Seungmin sabĂa que no debĂa correr con un bebĂ© en brazos, pero, en su propia defensa, no estaba corriendo. SĂłlo... iba a paso acelerado.
Le gritĂł al bus para que se detuviera, teniendo suerte, y le agradeciĂł al conductor una vez subiĂł al vehĂculo, aunque tratĂł de ignorar la mirada grosera que le dirigiĂł. Muchas personas solĂan mirarlo de esa forma, asĂ que ya se habĂa acostumbrado. A medio mundo le parecĂa muy horrible que un omega de su edad ya tuviera un cachorrillo en sus brazos.
Seungmin se abriĂł paso por el angosto pasillo del bus, sentándose en un asiento vacĂo, y dejĂł caer a un lado el bolso cargado con sus cuadernos y cosas que Lixie podĂa necesitar, llamándole la atenciĂłn a su pequeño bebĂ© de poco más de un año.
Felix hizo sonar su chupete, el ruidito haciendo que Seungmin sonriera. Lo llevaba cargado en ese canguro negro, que sus amigos le regalaron unos meses atrás y era de gran ayuda cuando debĂa salir con el bebĂ©, o tenĂa casos de emergencia como ese.
Liberó un par de feromonas suaves para Felix, que chupó el juguete con más fuerza, contento, y Seungmin acarició su cabello mientras observaba por la ventana, reconociendo el camino hacia la universidad.
Con diecinueve años, Seungmin estaba viviendo su primer año universitario gracias a ser un padre -o madre- soltero, que quedĂł preñado cuando sĂłlo tenĂa diecisiete años de edad, en su Ăşltimo año de preparatoria. Un accidente, cĂłmo calificĂł tantas veces, pero del que tuvo que hacerse cargo sin ayuda alguna, porque el padre de Felix desapareciĂł apenas se enterĂł de eso. Seungmin se atrasĂł con sus estudios debido a eso, logrando terminarlos sĂłlo el año pasado, pero estaba satisfecho cĂłmo estaba avanzando. Era muy complicado, considerando que debĂa cuidar de un bebĂ© pequeño, trabajar y estudiar al mismo tiempo, aunque eso no iba a impedir que lograra conseguir sus sueños.
Seungmin querĂa sacar su tĂtulo de profesor de pre-escolar, ¡siempre le habĂa llamado la atenciĂłn eso! Sobre todo, cuando Lixie naciĂł.
SuspirĂł con algo de cansancio, viendo la hora y percatándose que iba bien para su primera clase de ese dĂa. Por lo comĂşn, Felix era cuidado por su niñera, una beta llamada Shuhua, pero la chica le llamĂł una hora antes para decirle que no podrĂa ir porque su papá tuvo un accidente asĂ que estaba en el hospital con Ă©l. Seungmin se vio muy complicado por eso, no era de llevar a su bebĂ© a la universidad, porque muchas veces podĂa quedarse más tiempo de lo que previĂł y no querĂa que su cachorrito la pasara mal allĂ.
En medio de toda esa urgencia, pensĂł en llamar a alguno de sus amigos para que lo cubriera, pero luego llegĂł a la conclusiĂłn de que, quizás, no serĂa necesario. Ese dĂa, para su propia fortuna, tenĂa sĂłlo dos clases, y ambas eran en la mañana, sĂłlo debĂa llevar un cambio de ropa para Lixie en caso de emergencia, sus pañales, algĂşn que otro juguete con el que entretenerlo y su papilla.
Llegó unos minutos después al campus universitario, bajándose con su bebito, acomodado en su canguro, y caminó hacia la Facultad de Educación, ignorando las miradas que varios estudiantes y profesores le dirigieron.
Que imbéciles.
Aunque, de pronto, un pensamiento inseguro apareciĂł: Âży quĂ© tal si el profesor no querrĂa un bebĂ© allĂ metido? ÂżQuĂ© tal si le decĂa que debĂa irse de la clase? Seungmin lo harĂa, por supuesto, aunque tratando de no lucir humillado por tan vergonzosa situaciĂłn.
Sus nervios aumentaron cuando se dio cuenta de que esa clase era con el profesor Hwang, que les impartĂa Neurociencia y EstimulaciĂłn Infantil. Era muy estricto en todo, desde el hecho de comer en el salĂłn hasta llegar tarde, además de ser escrupuloso con sus informes y exámenes. Era una de las materias más difĂciles de la carrera, les dijeron cuando entraron.
DudĂł un momento antes de entrar al salĂłn, pero decidiĂł arriesgarse. No perdĂa nada, Âżcierto?
Para su fortuna, el profesor no habĂa llegado y se sentĂł en un pupitre que quedaba en la orilla del pasillo, asĂ le serĂa más fácil salir en caso de emergencia. Algunos de sus compañeros lo saludaron, haciĂ©ndole arrullos al bebĂ©, que no los tomĂł mucho en cuenta, haciendo sonar su chupete cuando Seungmin se sentĂł y se quitĂł el canguro, dejándolo en el asiento a su lado, junto a su bolso, sentando a Felix en sus rodillas para que estuviera más cĂłmodo.
Todos sabĂan inmediatamente el momento exacto en el que el profesor Hwang llegaba, su olor a alfa adulto golpeando a todos los estudiantes. OlĂa a menta y cafĂ©, una combinaciĂłn algo extraña pero imponiĂ©ndose frente al resto con facilidad. Las conversaciones callaban, todos prestando atenciĂłn a lo que fuera a decir.
―¿En qué quedamos la clase pasada? ―comentó el profesor, pasando al lado de Seungmin, y trató de no mirarlo.
A Seungmin no le gustaba llamar la atenciĂłn de nadie, menos de los alfas, pero ese profesor era otro caso. Desde que entrĂł a su primera clase, hace un mes aproximadamente, que se sentĂa nervioso en su presencia.
Era muy guapo: tenĂa el cabello un poco largo y oscuro, su piel parecĂa de porcelana, ojos con un extraño aspecto gatuno y una mirada que muchos calificaban de amargada. Seungmin creĂa que sĂłlo lucĂa con un poco de sueño. Su tono de voz era grave, suave, era muy bueno para explicar su materia y siempre contestaba las dudas que pudieran tener.
Seungmin lo encontraba muy hermoso, las pocas veces que le tuvo que hablar se ponĂa colorado y no le miraba a los ojos.
―Hemos hablado acerca del aprendizaje memorĂstico y el aprendizaje significativo, más en niños pequeños...
El omega tratĂł de tomar los apuntes necesarios mientras oĂa al profesor hablar, moviendo su pierna izquierda, donde tenĂa a Felix, que tenĂa los ojos medio cerrados por el sueño, en especial porque el profesor bajĂł un poco las luces, mientras pasaba las diapositivas. Al parecer, no se dio cuenta del niño pequeño metido en el salĂłn, lo que era mejor para Ă©l.
Seungmin estaba tan concentrado que no se dio cuenta hasta que Lix soltĂł el primer ruidito de queja.
Lo mirĂł, sorprendido, y se dio cuenta enseguida quĂ© ocurrĂa: se le cayĂł el chupete. Se inclinĂł, buscándolo con rapidez en el suelo, pero no lo vio a primera vista.
El bebé soltó ahora un lloriqueo.
―Bebé, no... ―susurró el oji-miel, asustado, cuando sus compañeros más cercanos le dirigieron una mirada grosera.
Volvió a inclinarse, tratando de ver el chupete, pero las mochilas en el suelo obstaculizaban demasiado su vista, además de que las luces bajas no le ayudaban tampoco.
Su cachorrito empezĂł a llorar en voz baja.
Seungmin lo meciĂł, aunque sabĂa que no podĂa hacer mucho porque a Felix le estaban saliendo sus dientes, y eso le dolĂa. El chupete ayudaba un poco, lo suficiente para que no llorara, pero sin Ă©l, era todo lloriqueos y gritos.
Por eso, no le sorprendiĂł cuando rompiĂł a llorar, interrumpiendo la clase del profesor, que dejĂł de explicar lo que estaba ocurriendo con una expresiĂłn molesta al inicio, que luego se transformĂł en algo que Seungmin no supo reconocer.
Felix lloró con más fuerza cuando sintió las feromonas asustadas de su mamá.
―Lixie, bebé, por favor, no ahora... ―le pidió, a punto de llorar. Seungmin lo pegó a su pecho, temblando al ver al profesor acercándose hacia él.
Bien, estaba listo para irse de esa clase y nunca volver.
Pero el hombre se detuvo en un punto, se inclinĂł y recogiĂł algo. Toda la clase estaba en silencio, un poco tenso por lo que fuera a ocurrir.
―Ya-ya voy a... a irme ―tartamudeó Seungmin, por encima del llanto de su bebé―, lo... lo si-siento mucho, pro-profesor, no... no volverá a ocurrir...
El alfa enarcĂł una ceja, levantando lo que tenĂa en su mano, y el tricolor menor lo mirĂł.
¡El chupete!
―¡Oh, gracias! ―saltĂł Seungmin, urgido por correr lejos de allĂ―. ¡Muchas gra-!
―Vamos, ¿me da al bebé? ―preguntó el profesor Hwang con calma.
Seungmin calló. La clase contuvo el aliento. El hombre, con poca paciencia, prácticamente le quitó al niño en brazos, que hipó y lloriqueó.
El omega olisqueó las feromonas de menta y café, más fuerte, y para su propia sorpresa, Felix las sintió y calló.
―No llores, cachorrito ―arrulló el profesor Hwang, caminando de vuelta hacia la pizarra, limpiando el chupete en su pantalón antes de volver a ofrecérselo a Felix, que lo recibió con gusto―. ¿Ves? No molestemos más a mamá.
Nadie hablĂł, ni siquiera Seungmin, para exigir a su hijo de vuelta, demasiado sorprendido por lo que acababa de ocurrir. Felix se acurrucĂł en los brazos del profesor, cĂłmodo, mirando a su mamá con esos bonitos ojitos de Bambi, que parecĂan decir ‹‹¡mira quĂ© lindo me veo en los brazos del profesor Hwang!››.
―Obligar a niños pequeños a permanecer sentados ―continuó el alfa, cargando a un bebé medio dormido en brazos, y todos los estudiantes se pusieron a escribir otra vez, a pesar de la extraña situación―, en pocos espacios, quietos, en lugar de estar en un lugar abierto, en constante movimiento, impide que sean capaces de desarrollar...
Seungmin no pudo anotar ningĂşn otro apunte por el resto de la clase.