BAJO LA MIRA

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Summary

Nadie ha encontrado al mafioso más buscado en toda latinoamerica. Con una actitud autoritaria, siendo cuidadoso y no confiando en su misma sombra ha sobrevivido al mundo cruel de la mafia, el narcotrafico y la trata de personas. Este hombre ha sabido escabullirse y burlarse de las autoridades, pero un error que cometió en el pasado, hizo que una agente de la CIA se obsesionara con encontrarlo. Ella lo encontró, se metió bajo sus sábanas y cuando pensó en asesinarlo y vengar lo que una vez él le hizo, no sucedió como pensaba. A Enzo Rinaldi, nadie lo engaña.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

Narrado por Crystal Rodríguez:

—¡Avancen! —le ordeno a mis compañeros para que no se escapen los secuaces de Rinaldi con la droga.


Nuestro grupo se hace llamar como —the monsters— y hemos estado buscando al narcotraficante Enzo Rinaldi por tres largos años. Hemos hecho operaciones especiales, investigando a su familia y a todos sus allegados, pero nunca hemos podido dar con él.


Él es invisible, al menos es lo que dicen los policías. Pero yo, Crystal Rodríguez, la mayor general de mi propio grupo especial, digo que lo encontraremos así me pase la vida por delante. Muchos dicen que hay algo personal en la forma en la que lo quiero encontrar y sí, es personal a causa de todas las vidas que han muerto por usar sus drogas y toda la trata de personas, de niñas de 18 a 23 años, que él hace.


Giro en el pasillo de la sala de la casa de drogas, donde la guardan y luego envían a todos lados.


—¡Disparen! —exclama al parecer un hombre y en cuanto dice eso, comienza una lluvia de balas.


Le hago señas a mi grupo para que avancen un poco más mientras que uno de mis hombres se coloca delante mío con una M4A1, la cual tiene un calibre de 5,56x45mm. El alcance máximo de esta es de 650 m. Desde la distancia en la que estamos este hombre podría matar a todos los que están aquí.


—Jefa, dispare si me disparan. —No espera a que asienta o que diga algo al respecto, sino que solo empieza a caminar hacia el enemigo.


Se coloca en frente de las mesas de hierro que están echadas en el suelo para cubrir a aproximadamente 10 hombres, por lo que he contado.


—Me pregunto si la estupidez no los deja pensar. —dice Richard burlándose de ellos.


—La estupidez la tiene usted al salir y presentarse frente a nosotros. —se levanta uno de los hombres que estaba escondido bajo la mesa.


Hombre muerto.


Le disparo justamente entre las dos cejas y su cuerpo cae flácidamente encima de heno de caballos.


En ese instante se arma la guerra de troya entre todos los que estamos aquí, entonces buscando que no maten a Richard salgo y disparo con fuerza mi escopeta, matando a dos de los hombres de Enzo Rinaldi.


—¡Nos rendimos! ¡Nos rendimos! ¡No nos mates, por favor! —suplica uno de los hombres. Las lágrimas recorren sus mejillas haciendo que mi corazón se ablande y quiera terminar con su dolor, no obstante, no lo hago ya que el teniente Richard y todo el equipo se queda observándome.


Estúpidos hombres. Quieren ser racionales, cuando en la mayor parte del día no lo son.


—Vamos a hacer algo. Tu me dices lo que quiero escuchar y te prometo que saldrás vivo de aquí. —el hombre asiente rápidamente como si temiera por su vida y creo que es así.


Avanzo hacia él y sus hombres, quitándoles las armas y entregándolas a mis hombres.


—¿Quién es su jefe? —es lo primero que pregunto. Me gusta disparar a la cabeza y por algo es.


Él mira a sus compañeros, mientras que ellos lo miran con miedo.


—Es Enzo Rinaldi, pero si usted quiere inculparlo, de nada le sirve, él nunca está presente en los trabajos, las órdenes la da otro hombre, siempre está con él. —dice nervioso.—. La única vez que lo vi, fue cuando me llevaron secuestrado con una funda en la cabeza.


Francisco Morreti, la mano derecha de Rinaldi. He investigado hasta lo que come en la mañana, donde frecuenta ir y que le gusta hacer. Su vida es más aburrida que la mía y eso que siempre estoy en misiones, matando o torturando a delincuentes.


Cuando atrape a Rinaldi, Morreti también irá a la cárcel por cómplice.


—Llévenselos. —ordeno a mis hombres y estos empiezan a protestar y a quejarse de que no estoy cumpliendo mi promesa.


—Señora, usted dijo que seríamos libres.


¿Señora? ¿Me veo tan vieja? Apenas tengo 30, no creo que... mejor dejo de torturarme. Me veo muy bien para mi edad y quien diga lo contrario le meteré un tiro en la boca de adorno.


—Digame señorita o le rompo la boca y en ningún momento dije que quedarían libres. Les dije que los dejaría vivir, nada más. —les sonrío cinicamente, mientras mis hombres se los llevan hacia afuera para que lo lleven al palacio judicial de Italia.


"Ese hombre será mi ruina".


Debo encontrar pruebas que digan que él es el dueño de la organización, pero su fachada de empresario y de buena persona hace que nadie se de cuenta de lo hijo de puta que es; ya que dona 3 millones cada mes a una fundación de huérfanos.


—Deja de martirizarte. Pronto lo encontráremos. —Me habla Richard al oido, para luego a acariciar mi espalda lentamente, como si de un masaje se tratara.


Desde que conocí a Richard hace un año, sé que él tiene sentimientos por mi, pero yo por él ya no. Me prometí no volver a confiar en un hombre, desde que encontré a Richard que en ese momento era mi prometido, acostándose con mi jefe. Lo que sucedió me marcó. No he podido estar en una relación seria con un hombre despues de eso.


—¿Me escucha, Rodríguez? —cuando me llama por mi apellido me giro y lo miro a los ojos. Odio que me llamen por mi apellido si no he autorizado eso y él muy bien lo sabe.


—Si, lo escuché. Vamos a informarle al teniente general de un plan que llevaré a cabo.


Empiezo a caminar dejándolo atrás, pero él me agarra el codo y me gira para que lo mire.


—¿Plan? —enarca las cejas.—. No estaba enterado.


—La idea la creé en estos instantes. Me haré pasar de escolta y trabajaré con el mismísimo Enzo Rinaldi en su empresa.


Richard se coloca erguido queriendo darse a notar.


—Él no te va aceptar.


—Eso lo veremos, Richard. —me giro y sigo caminando.


—Te estoy aconsejando. —dice de repente.


—No pedí tu consejo. —lo dejo hablando solo por metiche. Solo está celoso porque sabe que lo que me propongo, lo logro.


Odio cuando las personas ven que vas a hacer algo y te dicen algo negativo para que no lo hagas.


Imbécil de Richard. Desde que lo nuestro terminó, ha querido hacerme creer que soy un fracaso. Él me fue infiel, no yo. Si hubiera tenido un poco más de respeto, tal vez estaríamos juntos.


Haré caer a Enzo, cueste lo que cueste y dígan lo que digan.