Capitulo 1
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--Siguiente —dice la voz femenina tras el escritorio, aun manteniendo la vista en los papeles. Hace una enorme cruz roja en la esquina del último currículo y saca el siguiente de la misma carpeta donde guarda el anterior.
Él entra en la habitación ante su llamado y hecha una ojeada alrededor. El lugar está perfectamente arreglado, las paredes de color gris están cubiertas por cuadros en blanco y negro de Marilyn Monroe que le da un aspecto moderno y relajado al lugar.
Con paso seguro avanza hacia las sillas que están frente a la joven, hala una hacia atrás para sentarse. El hombre de cabellos marrones arregla con minuciosidad la camisa de su traje que se ciñe perfectamente a su porte atlético y pone las manos a los lados sobre las piernas, con cierto gesto de egocentrismo que ella es capaz de notar.
—Buenos días, señor Anderson —saluda con educación, haciendo contacto con aquellos profundos ojos negros y pronuncia de forma dificultosa su apellido.
—Richard Andersen —corrige él sin darle mucha importancia llevando su vista al organizador con forma de ojo panda sobre el escritorio.
—Bueno, señor Andersen, es impresionante su currículo —Le reconoce mientras juega con sus rizos cafés que caen sobre los hombros de su camisa rosa palo.
—Sé que mi edad no es la normal para el puesto, —señala al ver como la chica se mantiene leyendo su hoja —pero le aseguro que esto solo se traduce en experiencia —se adelanta a sus posibles objeciones.
—Treinta y cinco años de edad, —analiza ella en voz alta —sí, no es lo más típico para contratar un secretario. —Su sonrisa contiene algo de sarcasmo y se dibuja en sus labios matizados en color carne.
—Asistente —corrige él, pero ella lo ignora y continúa hablando.
—Se graduó con honores de su universidad, de eso debe hacer mucho tiempo, —comenta entre dientes pero lo suficientemente alto para que la escuche —y lleva 15 años trabajando para Gabin Assosiations.
—Lo cual demuestra mi lealtad para con mis empleadores.
—Sí, es de reconocimiento su lealtad a la empresa. ¿Y cuál fue el motivo de su renuncia? —cruza sus largas piernas recostándose en el espaldar de la silla para transmitirle su confianza.
—Ya no era profesionalmente estimulante —responde este.
— ¿Quiere decir que la esposa de su jefe ya no le estimulaba? —Se atreve a decir con sorna— Corren ciertos rumores por el telón trasero del mundo empresarial. —hace un movimiento con su mano derecha como si esta caminase por encima de la mesa.
—No son ciertos —Le mantiene la mirada a esos ojos verdes para probar la veracidad de sus palabras.
—Bueno saberlo, un trabajador con integridad es algo importante —dice con cierto cinismo — ¿Cómo se sentiría de tener que trabajar para alguien más joven que usted?
La idea de hacer de niñera para alguien como ella no le hace mucha gracia pero debe hacer lo posible para disimularlo.
—Estoy seguro de que si con 25 años ya ha sabido gestionar una industria cosmética de éxito es porque tiene la competencia para hacerlo —La adula un poco para aminorar el ambiente.
Ella se mueve hacia adelante uniendo las manos y apoyando los brazos contra la madera de forma intimidante. Es hora de la verdadera prueba para ver si será capaz de aguantarla y realizar el trabajo.
—¿Sabe lo que implica este trabajo?
—Llevo 15 años haciéndolo —responde innegable como si la pregunta le pareciera muy estúpida.
— ¿Qué haría si a las 2 am le llamo pidiéndole un consolador nuevo?
La pregunta lo toma por sorpresa pero no deja que los colores se le suban al rostro por más estúpido que le parezca.
—Preguntaría pulgadas y color —no titubea en sus palabras
— ¿Y si necesito espiar a mi pareja?
—Fotos y videos en 4K y varios ángulos.
— ¿Y si alguien insistentemente quiere contactarme? —la última parecía la más razonable de todas a pesar de que esperaba de que fuese la peor.
—Anunciaría su indisponibilidad de reiteradas maneras.
Ella sonríe complacida ante las respuestas. Hasta ahora es el mejor de los prospectos disponibles.
—Entonces podemos dar por concluida la reunión, se le avisará si el puesto es suyo en las próximas horas o días.
Ambos se levantan para despedirse con un formal apretón de manos.
— ¿Qué les preguntaste qué? —dice una chica rubia a su amiga casi botando el batido por la nariz del asombro —Tu descaro no tiene límites Denisse. —baja la voz al darse cuenta de que toda la cafetería tiene los ojos sobre ella.
Las personas en el local oportunamente regresan su vista a sus asuntos. Es el lugar preferido para reunirse de las chicas y queda junto al gran edificio de la empresa.
La rubia toma la servilleta para limpiarse el rostro y parte de la camisa que se ha manchado de café. La trigueña le alcanza otro pedazo de papel del servilletero para ayudarla mientras contiene su propia risa.
—Si van a trabajar para mí tienen que estar preparados psicológicamente para las visitas de mi madre —da un sorbo a su café —La mujer agarró su crucifijo, estoy segura de que todavía anda rezando por mi alma —ríe al pensar en ello
— ¿Y con cuál te vas a quedar? —Dice revisando los currículos que tienen sobre la mesa, un poco manchados con café —Este es guapo —señala un joven de 20 años —recién graduado, el mejor de su clase —enuncia con admiración.
—Un come libros, demasiado guapo y joven, no quiero demandas por acoso sexual.
— ¿Lo acosarías? —bromea pícaramente
—Tu seguro si lo harías.
—La mujer con experiencia queda descartada por sensible. ¿Y la chica joven?
— ¿Para qué se acueste con mis novios, como en un absurdo cliché? —Un mal recuerdo atraviesa su mente y hace que el paso del líquido por su garganta sea difícil —No gracias.
—¿Y el madurito? —La otra se queda pensando, recordando aquel porte impecable y actitud serena y orgullosa
—No sé si me aguantaría, parecería mi padre regañándome por escaquearme de reuniones aburridas y juntas administrativas —recuerda aquella respuesta tajante ante una pregunta indecorosa —aunque puede ser más fuerte de lo que pienso.
— ¿Si no te lo quedas tú puedo hacerlo yo?
—Carolina —la regaña con amor
—Vale, vale, mi sugar daddy tendrá que esperar —ambas ríen cómplices — ¿Y el estúpido de tu ex? —cambia el tema por un chisme más jugoso.
—Todavía acosándome —revuelve con pesar el azúcar en el fondo del líquido negro recordando su propia depresión. Su amiga nota la tristeza en sus ojos
—Lo siento, no debí haber mencionado ese imbécil
—No te preocupes, lo tengo superado —finge una sonrisa que reconforta a su compañera
—Entonces lo tienes decidido —agrega la rubia regresando al asunto anterior.
— ¿El qué? —pregunta aun despistada la otra chica.
—Tu asistente, —le recuerda —te quedas con el madurito ¿verdad?
—Sí, supongo que si —se queda mirando la pequeña foto en la esquina del currículo vitae —Me quedo con él
Mientras él conduce su auto a través del cargado tráfico, el timbre del teléfono suena por el sistema de sonido del coche y la pantalla táctil se ilumina. Aprieta un botón para activar el altavoz sin quitar la vista de la carretera.
—Señor Anderson —aquella quisquillosa voz lo hace voltear los ojos.
Ella hace que la silla de su oficina de deslice sobre sus ruedas para quedar de espaldas a la puerta.
—Es Andersen —ya le parece que lo hace intencionadamente para molestarlo
—Sí, disculpe —ella deja salir una risa disimulada que él puede escuchar mientras juega con el cabe del teléfono de su escritorio —Quería darle las felicitaciones, ha sido contratado como mi secretario.
—Asistente administrativo —vuelve a corregirla sin una pizca de alegría por la noticia.
—Si exacto. —No se escucha como si le importase mucho denigrarlo —Lo espero mañana a las 6:00 am; —está a punto de colgar pero su voz lo retiene —y señor Anderson...
—Andersen —refunfuña entre dientes
—Lleve paraguas, puede que se moje. —dice de forma sensual colgando la llamada
Automáticamente aun algo molesto, presiona la marcación rápida en la pantalla táctil del coche. El timbre suena dos veces antes de ser levantado.
— ¿Ya tienes noticias? —dice otra voz femenina que parece anhelante por lo que tenga que informar.
Ella camina con el móvil en su mano pegado a su oreja hacia el balcón de la habitación. Enciende un cigarrillo en sus labios mientras espera una respuesta. Su espeso pelo color rojo cae hasta su cintura que solo está cubierta por la bata de baño.
—He entrado —confirma como buena noticia —Esto sigue sin gustarme, ser niñera de una niña loca ¿sabes lo que me preguntó en la entrevista?
—Nada que no puedas manejar —agrega ella para tranquilizarlo mientras se apoya en el barandal para sentir el frío de la media noche —Además, esto es temporal, pronto regresarás a tu verdadero empleo.
—Está bien —se resigna a su destino y puede escuchar en el fondo de la llamada el sonido de una música tenue — ¿Dónde estás?
—En el hotel de Madrid, tuve que salir por negocios, nada de lo que debas preocuparte, solo reuniones con nuestros socios.
— ¿Qué llevas puesto? —pregunta seductoramente
—Algo que seguro te gustaría ver, tocar, arrancar —ella se divierte sabiendo que le provoca — Vuélveme a llamar cuando tengas más noticias.
—Así será.