Selected Las Trenzas De La Guerra

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Summary

Tres chicas de países enemigos se ven obligadas a esconderse en el mismo lugar de los ataques de sus enemigos. Tres jovencitas que deberían estar discutiendo sobre sus futuros que se ven obligadas a protegerse para ver un nuevo día. Amor, traición, abandono no pueden debilitar la lealtad que esas tres chicas le tienen a su libertad. Enemigas a causa de una guerra entre sus países respectivos, pero unidas por haber sido seleccionadas como salvadoras. Adin, Dva, Tri: Tres lienzos para una trenza. Adin, Dva, Tri: Las tres trenzas de la guerra. ¿Podrán las chicas realmente apaciguar el fuego que se alimenta entre los países o tendrán que poner las armas al suelo?

Status
Ongoing
Chapters
26
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1- Próximamente

El corazón coge la libertad


que el cuerpo a veces impide.


No podría empezar a hablar sin decir esta frase que nos condenó a los tres. Años atrás, si alguien nos hubiera dicho que llegaremos a tal punto, seguro lo hubiéramos hecho pedazos con nuestras bromas.

—Es una desgracia que tengáis que pasar por eso, chicos —dice Nitup en un altavoz no muy lejano. Su voz parece divertida, cosa que no hace más que aumentar la dosis de adrenalina pura que circula por las venas de cada uno—, pero tenéis que demostrar que sois leales y que podemos contar con vosotros.

Escucho sollozar a alguien, pero no es tiempo de averiguar quién es. Tengo que hacer algo, no puedo dejar que eso suceda así.

—Tenéis veinte minutos —habla con alguien a su lado antes de ponerse a reír a grandes carcajadas—... Perdón.

Continúa hablando sin ningún tono de estar molesto.

—Tenéis cinco minutos—coge una pausa que congela a cada uno de la bodega—. ¡Sobreviven!

Sobrevivir, es lo único que queremos todos hacer, pero desgraciadamente algunos más de nosotros tendrán que dejar sus pieles humanas sobre la tierra que les vio nacer.

Miro a las otras personas de la sala, no somos más que unos jóvenes envejecidos por una estúpida guerra que ninguno de nosotros hemos empezado, pero tal como dice el dicho, los pecados de los padres son pagados por los niños. Y eso que ni siquiera mis padres son responsables de todo esta pérdida de tiempo y vida..

Mis ojos pasan de esquina a esquina, esperando él o la que hará el primer paso. O cazamos o somos cazados; esa es la regla de esta jungla de cuatro paredes de algodón incandescente. O matamos y sobrevivimos o nos matan a todos poniendo fuego a las paredes de algodón.

Yo no temo morir, pero si tengo que morir será después de haber luchado hasta con la muerte misma y haberla herido profundamente.

Las luces se apagan, señal que la carnicería puede empezar.

—Cierra los ojos y abre los oídos Malyshka —escucho decir a mi tía como si se tratara de apenas dos minutos que me estuviera dando lecciones sobre los otros sentidos cuando el necesitado está disfuncional.

En este caso, mis ojos funcionan bien, pero, con las luces apagadas, es difícil ver en mínimo la punta de su nariz.

—Haz trabajar tus otros sentidos—cierro los ojos y me concentro en los ruidos que me entornan como lo hice antes—, mira con tus oídos…

Ruidos, ruidos de espadas y katanas chocando. Mis puños cerrados sobre mi katana me duelen de tanto presionar.

—Escucha con tu nariz —a unos metros de mí, el olor de sudor mezclado al del miedo entra por mis narices, pero sigo sin hacer un movimiento—, siente con tus ojos Malyshka.

Entonces abro los ojos, reconozco el olor a jazmín de la preferida de Nitup. No estaba muy lejos de mí. La veo apuntar en una dirección, es como ver una sombra actuar. Me concentro sobre lo poco que pueden ver mis ojos para acercarme silenciosamente y no dejar caer nada.

El suelo cruje debajo de unas pisadas, la luz de la luna ilumina la hoja de la espada antes de que esta llegue a cortar la piel de Ghaal. Ghaal esquiva, apunta y dispara sin piedad sobre el hombre que la atacó.

Estoy tan concentrada en Ghaal que no me doy cuenta de que una sombra avanzaba sigilosamente detrás de mí hasta que siento la punta de una katana en el cuello.

—Dicen que morir por la mano de un amigo es morir dos veces —se burla la persona detrás de mí—, ¿quieres verificar?

—Será que las dos podrán mandarme cartas de cómo es el infierno abajo —dice una segunda persona poniendo la punta de su katana en el mismo lugar que la primera me lo metió a mí—. ¡Saludan a Mitty de mi parte!

No me lo puedo creer aún sabiendo que eso no es ningún estúpido sueño; en mi espalda están Adin y Dva, mis dos mejoras, mis hermanas de otra sangre, mis gemelas de otros padres apuntando la una sobre la otra.

—Tres lienzos de pelo para hacer una trenza —recito cerrando los dientes—, tres maldiputos lienzos de pelo…

Sin gritar cuidado, me doy la vuelta para enfrentar a mis eternas primeras y efímeras últimas hermanas de armas.