Regina :: Romance Medieval

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Summary

Acostumbrada a conseguir lo que desea, ¿Será Destrian otro de sus caprichos o un obstáculo a superar? • • • Desde corta edad Regina siempre imaginó su futuro brillante y perfecto, casi tanto como su propio reflejo. Sin embargo, tras verse comprometida con Destrian Gaunt, un lord enfermizo y pelirrojo, sus planes comienzan a flaquear. ¿Aquel joven incapaz de sostenerle la mirada será capaz de estar a la altura de los deseos de Regina? ⚠️ Esta es la secuela de Gideon. Sin embargo, al tratarse de una historia diferente, y distintos personajes puede ser leída sin necesidad de haber leído la primera parte.

Status
Complete
Chapters
27
Rating
4.7 3 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1:

La llegada de los Gaunt

Regina no tenía más de siete años cuando se enteró de su compromiso con Destrian Gaunt. La noticia no la impresionó en absoluto. Siempre se había imaginado a sí misma como una princesa, viviendo en un lujoso castillo rodeada de sirvientes, vistiendo elegantes vestidos y acompañada por su apuesto y varonil esposo. Sin embargo, su sueño se vio truncado el día de la fiesta de cumpleaños de su padre, cuando Destrian y su familia visitaron el castillo.

Destrian no era más que un niño de su edad, más bajo que ella, delgado y pecoso. Su piel no era blanca sino gris, haciendo que las manchas anaranjadas en su rostro le dieran una apariencia enfermiza. Sus ojos eran azules, pero rodeados de horribles pestañas blancas. Su cabello era de un desagradable color naranjo, como el de una zanahoria. Sin embargo, lo peor de todo eran sus orejas, puntiagudas igual que las de un gnomo.

Regina no necesitaba un espejo para ver la expresión de asco en su rostro.

Ella siempre había imaginado que se casaría con un príncipe hermoso, y juntos tendrían hijos perfectos. Se imaginaba a su futuro marido como un lord acaudalado, alto y musculoso. Con piel tostada en lugar de gris, con suave cabello dorado que complementaria la palidez del suyo. Sin embargo, lo que había recibido era un despreciable duende.

Junto con la impresión y el asco, vino el enojo. Con tan solo siete años, Regina fue capaz de hacer una rabieta de tal envergadura que se provocó a sí misma fiebres y vómitos por la duración de la estadía de su futura familia.

Nadie entendía que había causado tal enfermedad, ya que Regina nunca se había enfermado en su vida, ella siempre había gozado de una salud privilegiada. Las únicas capaces de darse cuenta fueron sus hermanas.

—Tranquila, no te tienes que casar con él ahora mismo. Estoy segura de que cuando sean adultos él será mucho más atractivo que ahora. —intentó tranquilizarla su media hermana Orla, mayor que ella por un año.

—¿Y si se pone peor? ¿Si le crece una barriga como la de papá y se le cae el pelo? —preguntó Regina con escalofríos sacudiendo su pequeño cuerpo.

—Al menos dejaría de ser pelirrojo. —agregó Joana, un año menor que Regina. Ambas parecían hermanas gemelas. Con frecuencia la gente las confundía, ya que ambas compartían el mismo cabello rubio blancuzco de su madre, y ojos castaños. A diferencia de Orla quien tenía el cabello oscuro como su padre, y la menor de todas Zinnia, quien tenía el cabello también castaño, pero mucho más claro y rojizo que el de Orla.

El comentario de Joana no hizo sentir mejor a Regina, pero si divirtió a las muchachas que rodeaban el lecho de esta.

—Estoy condenada.

—Tranquila. De ser así todas estamos condenadas. Al menos tú eres la única que conoce a su prometido.

Regina deseaba que, de todos los prometidos, Destrian fuera el menos horrible.

Y por aquellas ironías de la vida, cuatro años después, el prometido de Orla visitó el castillo junto a su padre, y este había resultado ser perfecto.

Gideon era el chico más hermoso que hubiese podido imaginar, incluso superaba al príncipe de cabellos dorados que imaginaba cuando era pequeña. Con tan solo dieciséis años, Gideon tenía a todas las muchachas del castillo encandiladas con sus ojos verdes soñadores, con su cabello castaño delicadamente rizado, y con su callada, pero dulce personalidad.

Verlo resultaba un cruel recordatorio sobre el horrendo Destrian, cuando ya casi había logrado olvidar su existencia.

Regina pasó noches enteras imaginando que algo extraordinario sucedería y terminaría casada con Gideon, pero aquello nunca ocurrió. Semanas después de que su hermana Orla cumpliera los dieciocho años, ambos contrajeron matrimonio y dejaron el castillo.

Luego de ver partir a su hermana junto con el amor de su vida, Regina tuvo que hacerse a la idea de que ella sería la siguiente.

Esto la sumió en el desánimo. Ya no disfrutaba bordar sus vestidos para hacerlos más hermosos, ya no le importaba averiguar los chismes que sabían sus hermanas, ya no le importaba nada. Hasta que un día su madre, consternada por su comportamiento, le reveló información fundamental.

La familia Gaunt —su futura familia— era una de las más acaudaladas de Sussex. Al parecer la familia había estado relacionada con la alta nobleza por generaciones. Inclusive, la abuela de su suegra había sido la famosa duquesa Sorella de Mercia, prima del rey.

En aquel instante, Regina sintió más cercano su sueño infantil de ser una princesa, y también, el recuerdo de Destrian resultaba un poco menos espantoso.

Luego de pasar el verano en el castillo de su hermana, al fin había llegado la hora. Los preparativos ya estaban listos y dispuestos para celebrar su matrimonio la segunda semana de otoño. Mientras, Regina se preparaba a darle la bienvenida a la comitiva de su futura familia.

Destrian y su madre había viajado desde el otro extremo de Inglaterra, y debido al buen clima, habían logrado llegar a Caister en menos tiempo de lo esperado. Esto les ayudaría a hacerse a la idea de verse a diario.

Regina se miró al espejo. Su cabello naturalmente rizado caía por su espalda hasta la altura de sus caderas. Con la ayuda de Joana, habían logrado trenzar la parte superior de este para dejar su rostro despejado. Su vestido azul claro hacia ver su piel inmaculada, los únicos puntos de color eran sus mejillas, las que luego de apretarlas habían logrado adquirir un suave color rosa. Regina sabía que se había arreglado demasiado, pero no lo hacía para asombrar a Destrian, sino a su madre, y no por ser su futura suegra, sino por su sangre. Quería que, a pesar de la inferioridad de su linaje, ella supiera que Regina podía estar a la altura. Que, a pesar de ser la hija de un lord menor, ella estaba destinada a grandes cosas.

Regina y Joana bajaron las escaleras luego de escuchar el cuerno que alertaba que los visitantes habían llegado. Como protocolo, toda la familia y algunos sirvientes debían recibir a los visitantes en las puertas de castillo.

La comitiva era mucho más grande de lo que Regina había supuesto, debían ser al menos treinta personas. A la vez que cruzaban el puente pudo ver al menos quince guardias, una decena de sirvientes, y a su prometido acompañado por su futura suegra.

Según habían informado antes de partir de Adelby, lord Gaunt padre no estaba en condiciones de viajar debido a una enfermedad, y en su lugar había venido lady Lucille, su esposa.

En lugar de fijar la mirada en su prometido, Regina no podía dejar de ver a su suegra. Por la distancia no podía deducir su edad, pero por su postura sobre el caballo y el brillo de su vestimenta podía ver que era una mujer elegante y segura de sí misma. Su cabello era rojo oscuro, como el del terciopelo más caro, y este estaba recogido en una larga y complicada trenza que descansaba sobre su hombro derecho.

Era hermosa.

Al llegar a las puertas del castillo, lady Lucille bajó de su caballo con la ayuda de Destrian.

Este era mucho más alto que lo que recordaba. Aunque para ser completamente honestos, la última vez que se habían visto ambos tenían siete años. Destrian debía medir al menos un metro noventa, y bajo la armadura podía ver que tampoco era tan delgado como recordaba, sus hombros eran anchos, pero Regina sabía que las armaduras solían exagerar las cualidades de los caballeros. Su cabello seguía siendo desagradablemente anaranjado, pero su piel ya no lucia gris.

Al menos.

Destrian miró alrededor, buscando entre las personas a la que sería su esposa.

Junto a Regina, Joana le dio un codazo en las costillas. Regina intentó ignorarla, pero la risa ahogada de Joana la estaba incomodando.

—¡Para ya!

—¡Mira sus orejas! —Joana rio otra vez. Si cualquiera la viera, supondría que se trataba de una risa coqueta, pero Regina sabía que no. —Siguen igual de grandes y puntiagudas.

Regina había intentado no mirarlas, pero era inevitable. Destrian tenía el cabello corto, por lo que sus orejas blancas resaltaban entre su cabello naranjo zanahoria.

En aquel momento, los ojos azules del joven se posaron sobre ella.

Regina debía admitir que su apariencia había mejorado mucho, lo suficiente como para no provocarle un berrinche esta vez.

La joven le devolvió la mirada por un par de segundos, haciendo que su estómago se apretara provocándole un ligero malestar, hasta que los saludos entre sus padres y lady Lucille comenzaron.

—Tanto tiempo, Lucille. Sigues tan hermosa como te recordábamos. —mencionó la madre de las chicas.

—Lo mismo digo, Sufficia. Pareces una más de tus hermosas hijas.

—Bienvenida Lucille. —el padre de Regina le dio una tiesa reverencia. —Espero que el viaje no haya sido desagradable.

—Para nada. Hay muchos bellos paisajes en esta parte del reino, además el buen clima nos acompañó.

—Este debe ser el joven Destrian. ¡Vaya, como has crecido!

—Es un gusto volver a verlo, lord Caister. —su voz era profunda, pero bien articulada. El cuerpo de Regina volvió a dar un apretón a sus entrañas.

—¿Y dónde está la chica, Volkran? Casi no la recuerdo. La última vez que vinimos estaba tan indispuesta que apenas fuimos capaces de saludarla.

—Regina, acércate.

Esta era la primera vez que su padre se dirigía a ella en lo que debía ser un año. Desde que el pequeño Charlie había nacido, él solo tenía ojos y palabras para él.

Regina se acercó con tranquilidad. Podía sentir los ojos de todos sobre ella, pero no le molestaba. Estaba más que acostumbrada a la atención. Dos años atrás, cuando tan solo tenía dieciséis años, había sido nombrada la más bella de todas, en el torneo que se había llevado a cabo en el castillo. Era guapa, y tenía una corona que lo probaba.

—¡Es una joven hermosa! —comentó lady Lucille. —¿Verdad, Destrian?

El aludido masculló un casi inaudible .

Regina miró en su dirección sorprendida por la falta de emoción en su respuesta. Este se encontraba mirando al suelo, ocultando sus sonrojadas mejillas.

Así está mejor —pensó Regina.

—Déjalo, es algo tímido. Ya verás como la timidez se escurrirá con rapidez una vez que se conozcan mejor.

Finalizados los saludos todos entraron al castillo. Lores, guardias y sirvientes fueron acomodados en los lugares que descansarían los días que se quedaran, y también les proveyeron agua tibia a quienes desearan asearse antes de la cena.

Zinnia y Joana tomaron del brazo a Regina y la llevaron al jardín para comentar sus percepciones.

—No está nada mal. —comentó la menor de todas. —No es Gideon, pero al menos es alto, y no es una bestia como el prometido de Joana.

—¡No me lo recuerdes! —Joana odiaba a su prometido. El verano anterior este había viajado desde el rincón recóndito donde residía para reclamarla como su esposa. Luego que su padre le negara el favor hasta que ella cumpliese los dieciocho años, este montó un espectáculo de lo más aterrador.

Joana prefería comer mierda de caballo que casarse con él.

—No me importa como luzca. —contestó Regina con distinción.

—Claro que no, desde que madre te contó sobre su oro, solo lo ves bañado en él.

Aquello no estaba nada lejos de la realidad.

—¿Viste cómo te miraba al entrar al castillo? Parecía totalmente hipnotizado.

—Yo pensé que lucía asustado, aterrado más bien. —comentó Zinnia. —Aunque debo admitir que no te quitaba los ojos de encima.

—Cómo no va a estar aterrado de ver a Regina si la última vez lo miró como si estuviera a punto de vomitar. —Joana rio tan fuerte que las aves que descansaban en la fuente frente a ella emprendieron el vuelo.

—Que conveniente que luego se enfermara en serio.

Las tres hermanas rieron hasta que la campana las llamó de vuelta al salón.

—Es un alivio que lográramos llegar antes del anochecer. Tuvimos tiempo suficiente para descansar al menos unos minutos antes de la comida.

—Sí, es un alivio. En esta parte del reino las noches son muy frías y húmedas, sobre todo en esta época del año.

Regina dejó de prestar atención en su padre, ya que no había nada que él dijera que le interesara. En su lugar, Regina se concentró en comer. Podía sentir los ojos de Destrian y de algunos soldados de su comitiva sobre ella, por lo que no podía cometer ningún vergonzoso error.

Quería levantar los ojos y tomar a Destrian por sorpresa, pero antes de que pudiera hacerlo, la conversación de sus padres llamó su atención.

—¿Cuándo será la boda, Volkran? Estoy algo desorientada con las fechas luego de tantos días viajando.

—Tenemos todo planeado para que se lleve a cabo en dos días, pero si existe algún inconveniente podemos hacer los cambios que sugieras, Lucille.

Inconscientemente la mirada castaña de Regina voló hacia la de Destrian, sus ojos se encontraron, y ella supo que ambos pensaban igual.

En dos días, ambos estarían obligados a unir sus vidas hasta el fin de estas.