Prólogo
Hola, no me gustan las formalidades, así que no esperes una presentación o que te haga las típicas primeras preguntas sobre tu estado y tu vida.
Antes de que puedas leer esto quiero que sepas que es la decimosegunda vez que lo intento. Léelo a tu gusto o sáltatelo total es solo un prólogo, de una historia que merecen contar. Te seré sincera mi amado lector, no era mi intención ninguna de las catástrofes que lleve a cabo, ninguna. Solo soy un incentivo de un destino y un azar existente. Es mi destino todos los actos que he hecho. Considéralo una excusa mediocre para justificar todos mis hechos y mis heterodoxos métodos. Una vez una amiga solía alegar mi “racismo y clasismo moderno ignorante” de manera victoriosa, muy orgullosa. Tú no lo hagas, ten mejores valores que yo.
Estudié una carrera que no me gustaba, pero me complacía, sentía que eso me serviría tarde o temprano. Un pensamiento que me impedía dejarlo y luchar por mis sueños. A día de hoy pienso, que si mi destino hubiera cambiado, si no sentía ese amor, odio hacia lo que hacía y lo dejase, lo abandonase. ¿Habría llegado a tal altura? Lo dudo, hubiera sido una más que no destacará más que por su talento. No podría gozar del poder que tenía para poder hacer todo lo que vas a leer entre estas páginas.
Júzgame, insultarme, te caeré mal de todas formas, sin importar mis razones. Porque como bien diría Kant, no importa el resultado si no cómo se llegó a la meta. Toda mi vida está llena de actos inmorales, desafíe todos los imperativos categóricos posibles, contradije lo imposible. Pero por un resultado único y entendible. Espero que seas tan indulgente que puedas incluso sentir lástima de mí. Al fin y al cabo solo soy una pequeña anémona confundida, en un prado lleno de brillante fauna.
…
Una anémona.