Incorpórea by Mel at Inkitt
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Incorpórea

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Summary

Ella está confundida, perdida, no sabe lo que pasa, pero lo único que entiende es que debe obedecer y dar lo mejor de sí. Llena de miedo ella debe amoldarse y sobre todo conseguir aleados. Podrá hacerlo? Podrá mantenerse dentro? Y sobre todo Podrá confiar en alguien?

Genre
Scifi/Adventure
Author
Mel
Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Los de azul, marrón y negro

Despertó por los golpes, estaba yendo de un lado al otro sin parar, todo era oscuridad, lo único que escuchó fue el bramido de un motor. Intentó moverse pero se encontró atada de pies y manos, su cabeza dio un fuerte golpe en seco contra lo que fuera que hubiese a su derecha.

El pánico la comenzó a sobrepasar, intentó desesperadamente soltarse sin obtener más que raspaduras en sus muñecas, se asustó porque no entendía lo que estaba pasando pero supo que se encontraba en peligro. Quiso gritar, lo hizo con todas sus fuerzas pero ningún sonido salió de su boca, sentía algo trabando su garganta; comenzó a entrar en desesperación a medida que le comenzaba a faltar el aire, de una forma cada vez mas peligrosa.

Los nervios la invadían, deseaba poder estirar sus manos, sus dedos, alcanzar su hombro para poder pellizcarse, para saber si eso era real y pensar en algo más que su miedo intolerable.

Sintió movimientos a su lado, se alarmó de inmediato pero sabía que no podría hacer algo al respecto. Suspiró derrotada cuando esos movimientos pasaron de alarmarla a incomodarla, casi comenzaba a moverla, era algo continuo y extenuante, por lo que ella también comenzó a empujarlo.

-Veo que algunos han despertado - la voz masculina la sobresaltó - Son chicos fuertes, no deberían despertar hasta...-hizo una pausa - hora y media.

Se escuchó una risa breve, llena de satisfacción.

-Los elegimos bien - esta vez habló otra voz masculina.

No volvieron a hablar. Pasó el tiempo, pudieron ser minutos u horas, pero no lo sabía porque le pareció eterno. El silencio, las ataduras y la falta de aire la torturaban, sobre todo la oscuridad, el miedo.

En donde fuera que estaba, entendió que era un vehículo, gracias a la repentina frenada. Si no hubiera estado atada hubiera salido disparada contra lo que sea que tuviera en frente.

-Llegamos, evaluados - la primera voz que ella había escuchado fue la que habló.

Escuchó los ruidos metálicos de la puerta de la camioneta al abrirse.

Se asustó cuando sintió que la agarraban de los pies y la liberaban de las ataduras. Alguien la agarró del brazo guiándola suavemente, dio un par de pasos, sus piernas le temblaban levemente, como cansadas.

-Cuidado, escalón. - esta vez la voz era dirigida sólo a ella, se sentía cercana.

Ella bajo lentamente su pie derecho buscando a tientas el escalón, cuando lo encontró pudo bajar sin problema. Aunque la guiaban, ella caminaba lento y con desconfianza, la hicieron detener en seco, sus piernas ahora recobraban un poco más de fuerza pero seguían débiles.

Sintió el ruido de las pisadas detrás de ella, y un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando sintió a alguien demasiado cerca. Por más que ya no caminaba seguía esa mano en su brazo derecho, esa mano que la guiaba, dándole a entender que estaban pendiente de ella.

Al estar quieta pudo sentir su cuerpo, se sentía inestable, tenía un fuerte dolor de cabeza que le hizo fruncir el ceño. Parecía no tener equilibrio, comenzaba a tambalearse y si no fuera por esa mano que ahora la sostenían con más firmeza, se habría caído al suelo.

-Estás bien? - La misma voz que le avisó del escalón sonó en su oído.

-Qué nos hicieron? Cómo nos desmayaron? - ella no pudo evitar preguntarles.

No obtuvo respuesta, lo cuál la inquietó, pero no habia mucha esperanza de tenerla. Dejando de lado el malestar físico intentó agudizar sus sentidos para escuchar algo que le ayudara, para conseguir ver a través de lo que tenía en los ojos, lentamente movía sus manos para tantear que tanto le apretaban las ataduras.

Oyó un poco más lejos como una voz masculina bufaba y se quejaba mientras escuchaba a una chica gritar. Lo cual hizo que le empeorara el dolor de cabeza.

-Por qué me toco una con los pies atados? - rechistaba el hombre y podía oír como arrastraba el cuerpo inquieto de la muchacha.

Estaba confundida, “Cómo es posible que esa chica tuviera los pies atados cuando ella ya no los tenía?” pensó para sí misma.

-No estamos todos en iguales condiciones? - se animó a volver a hablarle a quien la sostenía.

-No - escuchó como se aclaró la garganta - SEÑOR, TENEMOS A LA PRIMERA ALERTA.

Se asustó ante el inesperado grito, pero le asustó más la posible repercusión, se lamentó de haber hablado.

-Bien. Gracias a esta evaluada procedemos a explicarles, hay 3 formas en las que los hemos reducido: número uno pies, número dos manos, número tres vista. Todos ustedes tienen 2 reducciones solamente, algunos tienen libres las manos, otros los pies y otros la vista.

Sintió un escalofrío al sentir una presencia muy cerca detrás suyo, su cuello hizo contacto con una piel demasiado fría, la cual hizo alejarse un poco, para luego volver a quedarse inmóvil. El agarre en su nuca la estremecía y fue lo que le dio terror, temía que si se movía tan sólo unos centímetros lo lamentaría después.

-La evaluada que habló hace un momento, preguntó si todos no estaban en las mismas condiciones, no tuvo el valor de hacerlo en voz alta pero aún así está en ventaja ante ustedes, se dio cuenta de una diferencia, y se atrevió a preguntar por ello. Primera lección de muchas: utilicen la información a su favor, decir de lo que se dan cuenta es una forma de hacerlo, recibirán premios por cada descubrimiento.

Sintió como la mano comenzó a desatar la venda en la parte posterior de su cabeza y se alivió cuando vio caer el pedazo de tela. Tuvo que entrecerrar los ojos para poder soportar toda aquella luz que le llegaba a los ojos, no pudo evitar parpadear frenéticamente por la molestia y bajar un poco la vista hasta acostumbrarse.

Cuando volvió a levantar la cabeza pudo ver una llanura inmensa, todo verde a excepciones de unas grandes construcciones grises, automáticamente se le vino el impulso de una palabra a la mente pero no podía pensarla bien, sabía que era algo familiar pero no podía tenerlo claro.

A su lado, sosteniéndola del brazo se encontraba un jóven, no mucho mas grande que ella, con aspecto serio a pesar de su alegre pelo pelirrojo lleno de ondas que le caian sobre el rostro.

Miró al responsable de que ya no estuviera vendada, él aún estaba envolviendo la venda en su puño, sonriéndole. En su cabello se podían ver igual cantidad de negro que de blanco, alternados entre sí, se notaba que era mayor, aunque era dificil saber que tanto; tenía un traje completamente negro y lo que mas se notaba de su atuendo es la pistolera que tenia en su pierna derecha.

-Y se hizo la luz - él de negro se rió de su propio chiste, para luego alejarse y quedar frente al grupo.

El grupo eran un puñado de jóvenes, algunos vendados y atados, otros solo atados, algunos forcejeaban, otros temblaban y otros simplemente se quedaban quietos como estatuas. Todos tenían a su lado alguien que los sostenían del brazo, automáticamente notó que los inmovilizados tenían la misma ropa, el mismo traje entero azul, de ese que resalta a la vista y podrías ver a la distancia, el mismo que ella tenía puesto. Los que estaban al lado de los de azul llevaban un traje igual sólo que marrón, algo bien discreto, y por último, el único diferente era el que tenía la venda en la mano, todo de negro. Aunque todos se diferenciaban de acuerdo a su función, dos colores llevaban las mismas pistoleras, las cuales sospechó que no estaban vacías y que no dudarían en vaciar.

-Bien, creo que ya es hora - comenzó a caminar el de negro mirando su reloj de muñeca, haciendo que cada acompañante empujara levemente a su evaluado indicándoles que lo siguieran.

Mientras iban caminando, algunos renegaban de su torpeza al andar, ya sea por las vendas o por las ataduras, pero ella estaba realmente preocupada por saber de que se trataba todo y porque hacían las cosas de esa manera. Llevaban la suficiente distancia recorrida como para divisar aquellas figuras grises en un tamaño considerable y a medida que avanzaban hacia ellas las dimensiones eran cada vez mas grandes aumentando así también su intriga, quería saber a donde iba a terminar todo ello y que querían de cada uno.

Una vez que llegaron a uno de los enormes galpones, se detuvieron frente a su portón de entrada. El de traje negro se dió media vuelta para mirarlos y dar la señal de que no avanzarían más.

-Esperaremos un poco hasta que venga el resto, mientras creo que sería prudente presentarme. - sonrió amablemente - Mi nombre es Harrison y estoy a cargo de este grupo por este período.

Era alto, bien formado físicamente, su cabellera era negra y gris en iguales cantidades y les sonreía amablemente como si fuera un guía turístico, lo cual la confundía cada vez más.

-Todas las dudas que tengan las resolverán aquí dentro, ya habrá tiempo para ello, y tranquilos que no vamos a lastimarlos. - miró el reloj en su muñeca, parecía impaciente.

Ella miró a su alrededor, los que se encontraban en su misma posición eran otros 9 jóvenes, parecían todos de la misma edad y, por sus caras, estaban igual o más asustados que ella.

Parecía que más personas llegarían aunque no lograba entender porque 10 no les eran suficientes y tampoco su manera amistosa de tratarlos, simultáneamente de tenerlos atados y claramente secuestrados. Su comportamiento daba a entender que su intención no era hacerles daño.

“Por qué estamos tan acorralados? ¿Por qué no darnos la opción de acceder por voluntad propia? Tal vez estamos por hacer algo que no aceptaríamos” pensó para sí misma.

Encontró un poco de calma cuando comenzó a apretarse el hombro lentamente, aunque también al pellizcárselo se le rompió esa poca esperanza que tenía de que lo que estaba viviendo fuera un sueño, cuando entendió que era totalmente real.

Los 4 grupos restantes llegaron hasta el galpón principal, entre los evaluados, sus cuidadores y encargados era un grupo realmente grande de personas. La jefa del segundo grupo se acercó a Harrison.

-Qué tal Stella? - él comenzó la conversación sin mucho interés.

-Por qué la prisa en llegar? - Stella preguntó algo sarcástica.

-Ninguna, sólo despertaron antes de tiempo, ya sabes como se ponen cuando se dan cuenta de su estado - se encogió de hombros.

- Cómo que los tuyos tardaron menos? A los míos tuve que sacudirlos para que despierten - Otro encargado se unió a la conversación, miró hacia su grupo y añadió sonriendo - Bueno él tardó mucho menos en despertarse pero por la cara creo que funcionó el reiniciador.

-Crees que se acuerde de algo? De nosotros? - Harrison realmente estaba interesado.

-No lo creo, habría reaccionado. - dijo el hombre que se unió al último, se veía alto y fuerte, era pelado y con una barba voluminosa.

- Y algún alerta? - Stelle insistía en hablar con Harrison.

-Sí, sólo una, la chica del medio - dijo señalándola.

Ella vió como los 3 encargados se voltearon a mirarla siguiendo el dedo señalador de Harrison, no pudo evitar sentirse nerviosa por lo que desvió rápidamente la vista y la concentró en sus alrededores.

Viò como los chicos de azul optaban distintas actitudes frente a la situación: algunos con miedo, otros examinando el lugar, otros nerviosos, algunos con expresiones serias pero a cada uno de ellos se les notaba el miedo, aunque le llamó la atención uno en particular por su actitud, ese chico con las mangas de su mameluco arremangadas, parecìa mas sereno que el resto y más que examinar el lugar y tener miedo, examinaba a los evaluados, uno por uno, tal vez buscando algo, tal vez buscando a alguien o tal vez curioso de sus comportamientos.

Se sobresaltaron cuando el gran portón comenzó a desplazarse, abriendo la entrada, dejando ver el interior. Era todo oscuro y gris, del interior emanaba un hedor a humedad y a encierro, el mobiliario eran sillas dispuestas en filas, dejando un sendero en el centro que terminaba en un atril que se encontraba al fondo del lugar.

-Bien chicos, ahora comienza todo, sólo les digo que pueden acudir a mi ante cualquier consejo o duda que tengan.

Dicho eso, Harrison emprendió marcha al interior y cada encargado volvió con su grupo para el ingreso.

-Por qué haríamos algo así? Estamos secuestrados, ninguno de ustedes es nuestro amigo. - una voz desconocida fue la que rompió el silencio.

Harrison se detuvo frente a esa interrupción y le contestó de espaldas al chico que acaba de hablar.

-Lo van a entender cuando terminen la reunión. - se giró para dirigirse a los cuidadores - Liberenlos

Cada uno de los cuidadores les soltaron las sogas de las manos y los pies, dejando libres a sus respectivos evaluados. Todos intercambiaron miradas entre sí sin entender, algunos intentaron golpear a sus acompañantes, pero fueron reducidos casi inmediatamente. La mayoría se sobresaltó ante esto y estaban aún más inquietos por la situación.

-Espero sepan lo que hacen - Harrison les sonrío.

-Idiotas hagan lo mismo, si todos peleamos podemos salir de acá. - dijo un chico que había sido reducido por su acompañante.

Los cuidadores que tenian las manos libres, sin reducir a su evaluado, sacaron su libreta y comenzaron a realizar las primeras anotaciones. Los de azul se sintieron nerviosos ante esta acción, las cosas comenzaban a ponerse más tensas entre todos, las reacciones estaban comenzando.

Ella se encontraba realmente sorprendida por la facilidad en que sus cuidadores los dominaban y no podía quitarle la vista de encima a como una chica de azul estaba presionada contra el suelo y, sobre ella, clavándole la rodilla, estaba su acompañante de marrón. Miró a su cuidador y el le devolvió una mirada fija seria, dándole a entender que si ella reaccionaba él no dudaria en detenerla.

Un chico a su lado reaccionó violentamente, y su cuidador no tuvo el menos inconveniente en sujetarlo pero en el proceso ella tuvo que alejarse para que no la golpearan. Allí, frente a ella se encontraba otro reducido, se sumaba al grupo de todos los que reaccionaron formando un círculo rodeado de los que no se animaron a hacerlo.

Mientras contemplaba aquello pensando en la situación su mirada cruzó con el cuerpo del chico arremangado que ahora tenía los brazos cruzados y tenía la mirada clavada en ella, más específicamente en su hombro. Cuando ella se dio cuenta de su mirada la siguió, encontrando que estaba pellizcandose su hombro, algo que no sabía cuando había comenzado.

-Tengan en cuenta que no tienen idea de en donde estan, las llaves de los vehículos los tienen los dirigentes y tenemos armas a distancias - Una voz nueva se hizo presente en todos lados, mediante altavoces.

Parece que notó la confusión de todos por lo que añadió:

- Estoy dentro.

Todos se giraron hacia el interior del galpón y allí estaba, una mujer de cabellera blanca y mirada sonriente hacia la multitud parada detrás del atril, vestía un saco color azul marino que contrastaba con su blanca piel. Al escucharla todos se tensaron y los que estaban reducidos los soltaron, nadie presentó algún otro signo de violencia.

- Tomen asiento en donde más les guste evaluados, no hay orden, y permítanme un poco de su tiempo para poder explicarles, salvar sus dudas de lo que pasa y va a pasar - la voz era serena y denotaba liderazgo.

Luego de un momento de incertidumbre, algunos empezaron a caminar y sentarse de forma aleatoria. Como era de suponerse los lugares del fondo fueron los primeros en llenarse dejando a los del frente para el último.

Los cuidadores se posicionaron parados contra las paredes, casi sin que se notaran que estuvieran pero ninguno de los sentados se olvidarían que estaban allí exclusivamente para vigilarlos.

Ella comenzó a estar atenta de todo, sus alrededores, el lugar, la gente, era demasiado para una persona el estar pendiente de todo; claramente no lo logró porque cuando una chica se sentó a su lado la sorprendió y no se percató en que momento el chico rapado y sin mangas se sentó en el asiento libre a su lado.

-Veo que algunos se quedarán parados en la entrada - dijo la mujer del atril sonriendo - son libres de hacerlo, son libres de hacer casi todo en este lugar, incluyendo decir lo que piensan en voz alta, salir del galpón, incluso intentar golpear a quien quieran. Tengan en cuenta que el lugar está cercadoy vigilado todo el tiempo.

Al ver que todos tenían su voz tapada con la intriga decidió proseguir.

-Espero vean y entiendan que no queremos hacerles daño y solo estamos para evaluarlos. No les voy a dar ningún discurso ni nada semejante, sólo me limitaré a responder sus dudas.

Todos tenian dudas pero nadie se atrevía a hacerlas, por miedo a la reacción y sobre todo por miedo a las respuestas que pudieran darles.

- Dígame jóven - dijo la mujer dirigiendose a un chico.

Todos los presentes dirigieron su vista hacia un chico que tímidamente bajaba la mano mientras comenzaba a hablar:

-Disculpe, señora…

-Líder, por favor- le corrigió la mujer.

-Bien, líder, creo que muchos tenemos dudas pero la principal es: Qué hacemos en este lugar?

- Buena pregunta, acá están para ser evaluados, para ser seleccionados.

-Cómo salimos de este lugar? - la chica ni se molestó en levantar la mano, sonaba ansiosa.

-Solo hay una forma: haciendo las pruebas. Dos resultados: seleccionados o descartados.

-A que se refiere exactamente con descartados?

El chico rapado, que estaba a su lado, ni se molestó en ponerse de pie para formular la pregunta, la líder se sorprendió un poco ante ello pero prosiguió a contestar.

-Simplemente salen de las pruebas.

- Y que les sucede? - Este chico parecía realmente interesado en la respuesta y si tenía miedo no lo demostraba en absoluto.

- No puedo decir esta información, y antes que intenten saber mas entiendan que no está en mi poder esta decisión - al decirlo la mujer estaba igual que serena pero en los oyentes se sembró un pánico enorme.

El chico se limitó a rodear los ojos.

-No me sorprende - susurró para sí mismo.

Muchos se levantaron, otros gritaron, otros se quejaron y otros salieron del galpón corriendo, los encargados y los ayudantes comenzaban a anotar sin parar. La única reacción de ella fue llevar su mano al hombro pero una voz la paralizó antes de lograrlo.

- Si lo haces muy seguido vas a terminar llena de moretones - él no se giró para mirarla pero ella entendió que le hablaba.

El chico arremangado tenía la misma calma de cuando ella lo había visto por primera vez, fuera el galpón, aunque le sorprendió que le dirigiera la palabra a ella, aún así decidió responderle, girándose a él.

-Me ayuda a lidiar con el miedo o los nervios. - no sabía bien del todo porque entablaba una conversación con él, pero le inspiraba algo de confianza y algo de curiosidad.

-Me podrías señalar a tu superior? - esta vez cuando lo dijo se volteó para mirarla.

Ella estaba confusa por la situación, al tenerlo cerca pudo notar que sus ojos eran un poco claros y que claramente esperaba una respuesta. Estaba confundida, no sabía a quien se refería exactamente pero le señaló al chico pelirrojo que la acompañó todo el camino.

-No, ese es tu cuidador, necesito al encargado - hizo una pausa y suspiró - el de traje negro.

Ella señaló a Harrison que intentaba terminar la conversación con Stella sin éxito, el chico rapado siguió con la vista a donde señalaba el dedo de ella.

- Bien - se levantó de su silla y se fue.

Ella vió como él se levantaba y lo siguió con su vista hasta que desapareció lentamente detrás del portón de entrada, preguntándose qué había sido esa conversación y sobre todo, a donde había ido.

- NO NOS PUEDEN NEGAR ESA INFORMACIÓN - resonó el grito de un chico a través de todo el ruido de conversaciones encimadas, lo cuál hizo que ella dirigiera nuevamente su atención a lo que pasaba a su alrededor. El evaluado le estaba gritando a su jefe de grupo.

- ENTIENDAN! - El grito de la mujer detuvo todo de repente. Comenzó a caminar hacia el chico que había gritado y lo agarro del cuello con demasiada fuerza -Entiendan que aqui cada uno hace lo que quiere excepto salir, nosotros no somos violentos pero podemos serlo sin problema, asi que no nos colmen la paciencia.

La líder se volteó al resto, mirando a todo el grupo para enfatizar su amenaza, al verles las expresiones de miedo, decidió soltar al chico, que cayó al suelo y comenzó a respirar desesperadamente, la lider tomó su postura serena habitual y prosiguió.

-Bien, imagino que no fue mi mejor manera de reaccionar - se acomodó el traje - pero creo que entendieron el mensaje, somos buenos sólo porque queremos, tenemos la libertad de hacerles lo que se nos da la gana y, cuando es necesario, no dudamos en hacerlo.

Se quedó mirándolos y al no obtener respuesta ni reacción decidió dar por terminada la conferencia, estaban demasiado asustados, no quería perturbarlos todavia más.

- Los veo muy…. alterados, mañana intentaremos seguir con las preguntas, hoy será su día de adaptación, sus encargados les dirán que actividades restan en el día y sus acompañantes los guiarán. Que tengan un placentero día - dicho eso salió del galpón seguida por las vistas de todos.

Ahora todos tenían más miedo que antes, se notaba en las miradas, pero nadie se atrevía a expresarlo, todos se quedaron en sus lugares, esperando a lo siguiente que tenía que pasar. Intercambiaron miradas entre todos, tragaban con dificultad, sudaban, algunos temblaban, otros lloraban, en vez de resolver sus dudas con la líder terminaron con muchas más y sobre todo con más miedo.

-REUNIÓN DE GRUPO- Gritaron al unísono los encargados.

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