Prólogo
La bandeja de entrada estaba vacía.
Seguía boca arriba descansando sobre el piso de su alcoba, acompañado del ruido de la tele que sintonizaba las noticias locales. Extrañamente el día estaba tan nublado que parecía que en cualquier momento iba a anochecer aunque fueran apenas las 2 de la tarde.
Recordar su vida en los últimos meses emanaba sentimientos que necesitaba gritar intensamente. Había tanta alegría presente en sus memorias que le parecía increíble sentirse así de mal en esos momentos.
El frío piso acariciaba la piel de su rostro y además le dolía la espalda, pero así estaba bien, preferia sentir la incomodidad de seguir en el piso que moverse, ademas asi podria concentrarse más en recordar aquella voz que resonaba en su cabeza una y otra vez; su voz vivía dentro de su corazón. Su voz...
En un abrir y cerrar de ojos dieron las 4 de la tarde. Habia caido en un sueño muy profundo de dos horas, y su espalda, ahora sí, pedía a gritos que espabilara.
Sin ninguna esperanza se irguió, camino a su computadora y revisó la bandeja de entrada: estaba vacía aún. De muchas maneras, eso le estaba pegando en su corazón, no tenía noticias de su contacto. Escribió: "¿dónde estás?" en su chat y al cabo de unos segundos el mensaje rebotó y apareció una pestaña que le informaba lo que menos quería ver.
Una sensación parecida a una descarga eléctrica recorrió sus extremidades, y afloró un gran nudo en la garganta que se convirtió en un llanto. Sus lágrimas fueron a parar a su almohada: dónde se refugiaban sus más grandes sueños e ilusiones.
Ya en su cálida cama, su cuerpo se destenso, y se sumergió en un sueño profundo, anhelando un mensaje más.