Juego de Mentiras

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Summary

Llego a la puerta de cristal que da a la piscina. El sol ya se está escondiendo, pero los rayos rezagados se reflejan en el agua, creando un espectáculo de luz y sombra impresionante. Me quedo allí por un momento, disfrutando del ambiente tranquilo y relajante hasta que finalmente abro la puerta y me adentro en el área de la piscina. El agua es cristalina y huele a cloro fresco. Alrededor de la piscina hay algunas tumbonas, todas de color blanco y dispuestas de manera impecable. Con pasos decididos me acerco al borde y justo en ese momento, Edrick emerge del agua, completamente desnudo. Detengo mis pasos abruptamente. Madre del amor hermoso. Por eso Margaret se sonrojó cuando le dije que me trajera el jugo aquí . Ella sabe que su descarado jefe hace largos en la piscina como Dios lo trajo al mundo. Tengo una amplia visión de cada exquisito centímetro de él. Juro que quiero apartar la vista y ser más grande que mis instintos físicos, pero estoy fallando miserablemente. Soy incapaz de apartar mis ojos de la perfección cincelada a solo unos pasos de mí, sus músculos destacan en cada movimiento que hace. Entonces sacude su cabello, haciendo que pequeñas gotas de agua salpiquen en el aire. Es una imagen impresionante. «No mires más abajo, Penélope, no mires». Pero lo hago.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo


Estoy en la recepción del hotel, donde Edrick está conversando con otros dos empresarios. La habitación está llena de gente, lo que hace que el calor y el ruido puedan resultar abrumadores. Después de tomar una copa de vino de una de las bandejas de los camareros, decido ir hacia la terraza para tomar un poco de aire.

Una vez fuera, me siento mejor. El aire fresco me ayuda a despejar la mente y la vista de la ciudad en la noche es realmente hermosa. Me olvido del evento por un momento y disfruto de mi soledad.

—Así que es la prometida de Cavendish —dice una voz a mi espalda.

Me vuelvo hacia el hombre alto de unos treinta años, con pelo castaño y ojos marrones.

—Novia —corrijo.

—Por poco tiempo, estoy seguro. Cavendish es un hombre inteligente y los hombres inteligentes ponen un diamante de varios quilates en mujeres tan hermosas como tú —dice con una sonrisa sensual en su boca y sus ojos brillan juguetones.

—Nuestra relación lleva poco tiempo, aún estamos viendo a dónde nos llevará —le contesto de manera evasiva.

—Pero se les ve muy enamorados, estoy seguro de que el matrimonio sellará ese amor que todos estamos viendo esta noche.

«Si él supiera...»

—Charlie Lennox —dice dando un paso hacia mí con una sonrisa. Su mano extendida en una invitación a hacer lo mismo.

—Penélope Burgos —respondo extendiendo mi mano hacia él. Entonces, al igual que hizo Edrick aquella vez en la cafetería cuando acepté hablar con él, Charlie se lleva mi mano a sus labios y deposita un beso que se demora más de la cuenta. Estoy a punto de retirar mi mano, pero no es necesario, porque alguien lo hace por mí: unos dedos firmes y suaves se entrelazan con los míos ejerciendo un control preciso.

—Cavendish. Estaba haciéndole un poco de compañía a tu novia. Notaba que estaba aquí sola un poco abandonada.

Las elegantes cejas de Edrik se arquean mientras sus ojos escrutan los míos.

—¿Te sientes abandonada, mi amor? —me pregunta, y tengo que recordarme a mí misma el tipo de relación que tenemos y desechar ese pensamiento que me grita que eso ardiendo como fuego en sus ojos azules son celos.

—Por supuesto que no —susurro—. Solo estaba tomando un poco de aire mientras tú conversabas.

Sin siquiera girarse hacia el hombre a su espalda, Edrik gruñe.

—Puedes largarte, Charlie. Ella no necesitaba ni necesitará nunca de tu compañía.

Al hombre no le gusta el tono de Edrick y lo manifiesta apretando la mandíbula, pero no dice una palabra, simplemente gira sobre sus pies y se marcha dejándonos solos.

—¿Qué ha sido eso? —pregunto mientras intento de manera discreta separar nuestros dedos entrelazados. Él tensa su agarre no permitiéndomelo, así que le doy un trago a mi copa tratando de ahogar la frustración que siento ahora mismo.

—Estoy cuidando lo que es mío —dice llanamente, y casi me atraganto con el vino.

—¿Perdón?

—Eres mía, aunque parece que se te ha olvidado.

Su voz es tranquila, pero su mirada es tan dura como el acero.

—Al que parece que se le ha olvidado que esto entre los dos es una farsa es a ti.

—Sí, pero esta gente —ondea su mano— no lo sabe, y estar coqueteando con otro no hace otra cosa que dejarme como un imbécil.


Tenemos un trato, Penélope.

—No estaba coqueteando, solo fui amable con él, al contrario que tú.

Sus ojos se oscurecen.

—Ese lo que quiere es meterse en tus bragas, y tú le dejaste tocarte.

Aprieta la mandíbula.

—Abandona, dice el muy imbécil. Al parecer, necesitamos ser más convincentes. Debemos demostrarles que nuestra relación es sólida como una roca y que no tienes necesidad de buscar lo que ya tienes en casa. Así evitaremos estos malentendidos.

Se me escapa una risa de incredulidad.

— Ya — digo. — ¿Y cómo cree el señor que...?

Desliza su brazo alrededor de mi cintura y me pega a su cuerpo. Me echa una mirada furtiva a la boca con los ojos entrecerrados y noto un exquisito y ligero apretón en la parte inferior de mi cuerpo cuando me doy cuenta de lo que pretende hacer.

— No te atrevas — digo con los dientes apretados, sin embargo, mi estómago, emocionado, me da un vuelco, como contradiciéndome.

— Solo es parte del trabajo, Penélope.

Entonces me besa.

Abre mi boca con su lengua y su sabor me produce una especie de cortocircuito. Se me escapa un gemido y eso da pie a que profundice el beso. Hay fuego, determinación, hambre y control en su boca, después de varios segundos va separando sus labios de los míos. Yo sigo confusa, agitada, caliente. Edrick respira hondo y a mí me falta el aire.

Sus manos acunan mi rostro.

— Respira, Penélope — susurra con voz ronca contra mis labios. — Solo respira.