El arrogante Dios del cielo

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Summary

«El rey del cielo vendrá en busca de la elegida» Alba tiene heterocromía y una mancha en forma de flor en su frente. Una leyenda pasada de generaciones, anunciaba la llegada de un rey fantasioso, una bendición del cielo que escogería a la elegida, alguien que portara un rasgo físico especial, la cual le brindaría felicidad en su futuro. Alba, una joven adulta profesora de primaria, con el tiempo olvidará aquella leyenda convirtiéndose en una mujer independiente con gran fortaleza, a pesar de su tormentosa niñez rodeada de burlas y rechazo por su apariencia. ¿Qué pasará, cuando de repente un hombre extraño le salve la vida y este le diga que ella no es su tipo y que no la tomará como su prometida? La vida de Alba se volverá una verdadera travesía en donde aquel arrogante dios, sufrirá las consecuencias de estar en un mundo mortal y al lado de aquella mujer.

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Capítulo 1 El rey gruñón

"Hay veces que un sólo suceso, puede desatar la más fantasiosa y disparatada historia amor"




El olor a galletas recién horneadas eran mis favoritas en mi infancia. Aquellas mágicas manos que la preparaban, venían de una hermosa anciana que, para mi suerte, era mi abuela.


Desde muy pequeña mi abuela Ana fue la única que no me vio como alguien anormal, mi heterocromía y la mancha de una especie de pequeña flor en mi frente, era la causa de burlas y miradas curiosas de todas las personas que me veían y de las cuales estaba rodeada. La gente de mi ciudad natal era muy supersticiosa, hasta el punto que mi existencia se volvió un rumor malicioso, se decía que era de mala suerte. Todos temían verme a los ojos, era toda una medusa en ese tiempo. Incluso mis propios padres llegaron a temerme.


—Alba, la gente sólo te tiene envidia, esos hermosos ojos verde y violeta, sólo la tienen las mujeres de nuestra familia que están destinadas a tener una próspera vida. Tal vez tú seas la elegida para recibir el regalo del cielo.Cuenta la leyenda que un rey aparecerá en busca de su esposa, un Dios que descenderá del cielo. Él al momento de ver a la elegida, de inmediato formarán una conexión eterna. Sea la era que sea, aquel hombre traerá felicidad a la elegida.


—¿Un rey? ¿Como en los cuentos de hadas?


—Un rey muy especial, mi abuela era igual que tú y ella esperó por ese rey durante su juventud, pero nunca apareció. A cambio conoció a mi abuelo, es ahí que se dio cuenta que no era la elegida ya que había encontrado al amor de su vida. Cuando yo era joven me dijo: «Tu hija o futura nieta recibieran la bendición del cielo, ten en cuenta mis palabras»


—Entonces, ¿tú me acompañarás abuelita para ese día?


—No mi niña, yo viviré en una paz eterna. Pero no te pongas triste, siempre estaré a tu lado, cuidándote, estoy segura que aquel rey te dará una próspera felicidad. Sólo sé paciente, tú eres muy especial. Jamás dejes que las personas te vean menos de lo que realmente vales.


—¡Lo haré!


Con aquellos recuerdos de mi infancia, yo crecí creyendo en esa leyenda pasada por generaciones en mi familia, aferrada a una felicidad fugaz de un misterioso rey. Una fantasía que ahora sólo yo creía. Pero con la pérdida de mi preciada abuela y el desliz de mi juventud, me fui olvidando de mi niña interior.

Cuando por fin fui lo suficientemente mayor, me di cuenta de algo muy valioso.


Aprendí a vivir sin valer de los comentarios de los demás, mi apariencia formó parte de mi personalidad. En resumen:


No necesito de un fantasioso rey para formar mi felicidad.


Juventud, buena salud, espléndida apariencia, un equilibrio emocional y social. Tantas cosas que una mujer puede desear al estar en la flor de la juventud. Ahogada por los ideales románticos, el buen goce de la buena vida y la ropa costosa. Este último ideal que describo, por supuesto que...


No me pertenece.


Aquello le pertenece a mi hermana mayor. Thania.


—¡Toma esto! ¡No huirás cucaracha voladora!—Aplasté con mi zapato aquel insecto ante la mirada horrorizada de mi hermana, ella es tan pulcra y bien cuidada, que nunca se ensuciaría las manos en este trabajo "sucio".


Ella sería capaz de tirarse por la ventana por no tolerar ver a un insecto, las dos éramos realmente opuestas, tanto apariencia, personalidad y la forma de ver la vida.


—Asqueroso, eso fue asqueroso ¡Mi hermosa pared! ¡Alba malograste mi pared!


—Espera, ahora lo soluciono.


Agarré una tela brillante que notaba ser muy suave y limpié la pared siendo muy cuidadosa. Cuando finalmente en aquella rosada pared sólo quedó algo de humedad, pero ningún resto de aquella cucaracha, pareciera que el rostro de Thania se deformara de a poco.


—¡Como nuevo!


—Esa..., ¡esa tela lo iba llevar hoy a mi cita! ¡Le iba mostrar que tela debía utilizar para que confeccione mi vestido!


—Oh, lo siento. Pero hermana, para eso existe la tecnología. Lo lavaré y de inmediato lo secaré con mi secadora de cabello.


Cuando me disponía salir de su cuarto, su palma de su mano chocó con su pequeña mesa, como una forma de advertencia, sus ojos mostraban lo irritada y molesta estaba.


—Siempre me traes problemas, ¡es cierto lo que en el pueblo decían! ¡Tú sólo traes la desgracia! ¡Por eso la abuela murió tan rápido!


Con aquel estruendoso sermón, desvíe la mirada a la ventana al notar la cabeza caliente que tenía Thania, me repetía aquello cuando se enojaba y yo ya estaba acostumbrada a escucharlo, de hecho, estaba acostumbrada a recibir un "especial" trato de las personas. Pude haber utilizado lentes de contacto para ocultar mi heterocromía, pero juré a mi difunta abuela que jamás ocultaría lo que realmente era.


—Nuestra abuela murió porque tenía una enfermedad en el corazón y gracias a mi ahora tienes un lugar donde vivir en la ciudad. Thania, ¿tantos años y aún no buscas otra excusa para culparme?


—¡Como sea! Mejor iré a mi cita de una vez, cuando me case me iré de esta fea casa.


Cada vez que hablaba de su actual novio, ella soñaba con una mentalidad de princesa, vivimos en un lugar alquilado, pero ella sólo piensa en lo lujos y la buena vida que según ella merece. Pero como decía mi abuela, "tu recibes lo que das", tengo la esperanza que algún día se de cuenta que su belleza y juventud no es eterna.


—No olvides que tienes que traer la mitad de pensión de este mes, con un novio rico, ¿será pan comido, verdad?—Le sonreí muy satisfecha.


—Lo haré, no me digas que hacer ¡Soy tu hermana mayor!


—Gran hermana mayor, ya es tarde. Los autobuses estarán más llenos si no te apresuras.


—¡Quién dijo que iría en autobús! ¡Estamos en la capital!


Siempre dice eso, pero nunca se le olvide llevar la tarjeta para tomar el autobús.


Aquella desenfrenada y nada madura actitud, sólo me lo muestra a mí, tantos años cerca de ella ya se me hizo natural ese radical cambio que da cuando interactúa conmigo y con otras personas. La única razón por la que a pesar de todo la sigo ayudando, es porque mis padres me obligaron a irme con ella a la ciudad y me hicieron jurar que yo la cuidaría. Que irónico aquello siendo yo la menor. Claro está, que escoger a quedarme con mis padres, o tener una vida siendo más independiente, sin las burlas de mis vecinos y las malas habladurías de la gente. Prefería aguantar los griteríos de Thania que ya ningún efecto tenía en mí.


El día se mostraba brillante, con un sol que resplandecía y daba por hecho que sería un gran día.


A lo que me dedico ahora gracias a mi estudio técnico, es ser profesora de primaria. Siempre quise enseñar a los demás y de alguna manera fui aceptada en aquel colegio particular por mi buena presentación y buen manejo de estilo de enseñanza. Mi paciencia y perseverancia de alguna manera se la debo a Thania, es verdaderamente un mérito soportarla ¿Qué sería unos niños que sólo experimentan la flor de la juventud?


Justamente hoy es mi día libre, así que con lo que gano y ahorro para un futuro negocio, es necesario tener las mejores ofertas. Pronto vendrá la época de exámenes y no sólo mis estudiantes serán los únicos estresados.


—¡Hola, Alba! ¿Nuevamente vienes a casar las ofertas?


—Sí, necesito ahorrar mucho. Además, así me puedo dar algunos gustitos más.


Ella es Sandra, la conocí hace un año en esta tienda, usualmente compro aquí y de paso la visito. Realmente nos llevamos bien, me alegra haberla conocido ese día de Navidad, ella es una de las pocas personas que me tratan de manera normal por mi apariencia.


—Mañana vendrán los productos nuevos, así que te guardaré algunos que tengan alguna falla. No te preocupes, mi jefe ni se dará cuenta. Él lo desecha después de todo, es un viejo tacaño.—Rio susurrando.


—¿Realmente harías eso por mí?¡Realmente eres mi ángel Sandra!


—Esa eres tú, soportar a tu hermana mayor merece el cielo. Si fuera tú ya la habría corrido.


—Es mi hermana después de todo, aunque es bastante egoísta. En el fondo, muy en el fondo se preocupa algo por mí.—Cogí una de las canastas y miré los estantes con productos en ofertas.—Lo sé porque nunca me ha pedido dinero y a veces me da un extra del alquiler. Su boca siempre puede más que sus acciones.


—Bueno, si tú lo dices es porque es verdad...


—Lo es Sandra.—Reí brevemente ante su gesto de desconfianza.


Al salir de la tienda ya cumplido mi propósito. Me dirigí cerca al filo de un barranco hacia la vista del mar con mis bolsas lleno de productos, no había ningún problema acercarse ahí porque estaba muy bien cercado y la vista se mostraba espléndida.


Cuando a lo lejos oí gritos, no me imaginé que aquella advertencia era dirigida a mi persona. En breves segundos noté como un coche descarrilado venía a velocidad en mi dirección, presa del pánico retrocedí por miedo e incluso boté mis bolsas. Al retroceder aún más, la gravedad le ganó a mi cuerpo el cual sintió el vacío. Estaba cayendo a una altura de diez metros y mis ojos se cerraron instantáneamente. La primera imagen que pasó en mi mente fue la sonrisa de mi difunta abuela.


Yo aún no puedo morir, prometí a mi abuela Ana ser feliz ¡Cualquier cosa sálveme! ¡Lo que sea! ¡Aunque sea un Dios!


Mis ojos llorosos se abrieron al sentir que mi cuerpo flotaba y estaba siendo sostenida por una presencia cálida. En tan solo segundos mis pies tocaron el árido suelo aún muy desconcertada con lo sucedido, alguien estaba frente mio, por lo que alcé mi mirada muy lentamente. Pero una mano alzó mi mentón para dirigirme a su mirada.


—Tú ¿Acaso me invocaste para salvarte?—Mostró una mirada intimidante.—Así que eres tú.


—¿Eh?


Los ojos de aquel hombre eran como si reflejaran el mismo cielo, su cabello azulino oscuro y su rostro intimidante y profundo, fue un gran impacto para mi visión.


—Tienes hermosos ojos, símbolo de ser mi siguiente prometida, pero eres muy común, no eres mi tipo. No, no me casaré contigo. Aunque tenga que esperar cien años más.


—¿No soy tu tipo? Oye, te agradezco que hallas salvado mi vida. Pero ¿Quién te crees que eres para hablarme de esa forma?


Era la primera vez que mi paciencia se esfumaba, más que sentirme atraída por aquel hombre, me sentí ofendida, más que incluso cuando me tachaban de rara en mi pueblo.


—¿Crees que un ser humano podría sostenerte de tal altura?

Yo soy un dios, el rey del cielo. Tenme respeto, humana.—Tocó mi frente.


Abuela, creo que la leyenda que me contaste era cierta. Pero hay un detalle que te faltó contarme, que me encontraría con un arrogante dios. Sabes abuela, perdóname por lo que le haré.


—¿Respeto? Alguien que apunta con el dedo, no tiene modales. Rey falso.—crucé mis brazos.


Realmente en ese momento, no quería creer que aquel que veía era un dios. Todo era demasiado irreal para mi.


—Ahora más que nunca, estoy decidido a no tomarte por esposa. Nunca en mi vida alguien me había llevado la contraria. Te comportas como una mujer vulgar, no cumples los requisitos para ser mi siguiente prometida.


—Rey del cielo o de lo que sea. Sabes, siempre hay primeras veces.—palmeé su brazo.—Y creo que yo también no quisiera algún tipo de compromiso contigo, en el mundo hay muchas humanas que podrían interesarte y soportarte, porque para mí también, no eres mi tipo.


Cuando pronuncié la última frase, pareciera haber roto el orgullo de aquel se autodenominaba un dios. Su rostro estaba pasmado, como si le hubiera ofendido a tal medida que no pudiera pronunciar alguna palabra.


—Te dije que no te tomaría como mi prometida, pero ahora lo que haré es maldecirte.—Su sonrisa se tornó siniestra.


Cuando dijo esa última amenaza, por instinto de supervivencia, tomé un pedazo de metal que se encontraba enterrada en la arena, cuando él alzó su mano abriendo su palma y diciendo un lenguaje extraño, agité el metal sin una dirección cerrando mis ojos, hasta que al soltarse de mis manos el objeto, oí un fuerte golpe que resonó en todo el vacío lugar. Cuando abrí un ojo lentamente para darme cuenta qué pasó, creo que parecía haber ocurrido una tragedia al ver al Dios desmayado sobre la arena.


Soy Alba de 25 años y creo que maté a un Dios.


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