Pink and Sweet Omega
21 de Abril
Louis paseaba por las frías calles de Londres a las jodidas ocho de la mañana, de un sábado ¿quién diablos desperdicia un sábado de esa forma? Se pregunta Louis.
—Joder —murmura de mal humor para sí mismo soplando aliento en sus manos tratando de darse calor.
Lo único bueno es que el sol no ha salido, y no saldrá con el apoyo de Dios, en mucho tiempo.
Frota sus manos ya un poco más tibias en su cara para calentar también su nariz, que está fría, debajo de su chaqueta de cuero negra se cuela el frío que cala hasta los huesos y se pegan briznas de polvo que vuelan con el viento a su cabello y pestañas.
También odia el viento, ese estúpido invitado que va a todas partes y mueve todo de su lugar sin permiso ajeno, jodido viento engreído, creyéndose mucho sólo por que todos lo necesitan para vivir, literalmente.
Y qué decir, también odia ser un alfa, un estúpido animal terrestre que necesita del viento para vivir, muchas veces ha pensado en ser "Nemo", viviendo feliz bajo el agua o siquiera una medusa, sería feliz electrocutando a cualquiera que le tocara.
Mientras sigue maldiciendo en su mente todo lo que está frente a él, una ráfaga de viento llega otra vez pero, no viene sola, ésta vez trae consigo un exquisito aroma a cerezas con chocolate y ¿algo horneado? Tal vez pastel de cerezas y chocolate recién horneado.
A Louis le repugna cualquier cosa dulce y en especial si es horneada pero, por alguna razón, el aroma que se coló en su nariz le llama, no es empalagoso ni desabrido, es perfecto.
La ráfaga de viento se marcha y con ella también el delicioso olor, y, con ganas de más, sigue las corrientes de aire hasta que llega a un parque donde hay un montón de chiquillos correteando por aquí y por allá, y se siente estúpido.
Gruñe bajo desde el fondo de su pecho y se da la media vuelta para irse, no sabe por qué actuó así pero, el aroma de nuevo se cuela bajo su ser y ahora es más intenso, la fuente de él está cerca.
Se da la media vuelta de nuevo pero ésta vez hacia el lado contrario, buscando a la persona dueña de ese olor, su mirada azul busca en todas partes del parque hasta que sus ojos se posan sobre un niñato bajito y delgado, su cabello se ve sedoso con esos rizos color chocolate, no puede ver sus ojos pero de por sí el pequeño muchacho ya es hermoso.
Aquel chiquillo iba vestido de una forma inusual, con una falda corta color rosa pastel, botines negros brillantes y chillones, una pequeña camisa vainilla muy suave casi blanca, podría hacerse pasar por una chica y nadie notaría que es un contrario, pero no le importa que el chico resalte a kilómetros de distancia porque lo quiere sólo para él, sólo suyo.
Y ni siquiera sabe por qué está caminando en dirección al chico bonito, sólo era un niñato común y corriente, no podía hacer que sus miembros le hicieran caso ya que no se detenía y su estúpido alfa estaba gritando para que se aventara sobre aquel chico y lo llenara de su olor, de que nadie se acercara a él, de que nadie lo tocara, estaba pensando con posesividad....
Pensó tanto que, cuando pudo reaccionar ya estaba en la misma esquina donde estaba el chico cereza y sin pensar que asustaría al niño o que su acción se vería rara, dio los pasos faltantes para cerrar la distancia entre el chiquillo y él y lo tomó por la cintura, enterrando su cara en el cuello del chico, casi tratando de enterrarse bajo él y vivir de ese aroma.
—Dis… Disculpe señor... Yo, yo no soy el shampoo de fresas —dijo aquel muchacho que era un omega, un omega dulce—. Si, si quiere shampoo se… Se encuentra en el supermercado. No soy una muestra viviente —el omega soltó una leve risa nerviosa.
El alfa gruñó celoso e irritado pensando en que otros alfas habían olfateado al pequeño saco de dulces que, claramente, era suyo y sólo suyo.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó, despegándose del blanquecino cuello del omega y mirando hacia abajo para poder ver al pequeño, sus ojos eran verdes, sonrió sin soltar aún al omega de la cintura.
—Yo, Harry —dijo, con las mejillas sonrojadas y entonces "Harry " volteó hacia arriba para ver a Louis.
Harry se dió cuenta que aquel olor a colonia fresca que había percibido desde que salió de su casa era aquel hombre, un alfa, su alfa...
—Louis —le contestó acercándose a su omega, que soltaba un olor mezclado con el de antes y un poco de sentimientos como emoción, confusión y felicidad.
El alfa estaba feliz de que aquel pequeñuelo, que era su pareja, estuviera feliz y emocionado de haberlo encontrado.
—¿Usted…? —Louis asintió seriamente para después sonreír, antes de que su pequeño acabara de formular la pregunta.
Louis cerró la distancia entre el omega y él y lo besó con cariño.
18 de Julio
Un alfa y un omega caminaban felices por el centro comercial.
El alfa cargaba tantas bolsas con ropa del omega que había perdido la cuenta de cuántas eran, y por otro lado el omega se comía un cono de helado contento.
—Mira, LouLou —apuntó Harry hacia un aparador—. Esa camisa te quedaría bonita —le dice con una sonrisa de oreja a oreja al alfa.
Louis voltea a ver la dirección en que apunta Harry y casi se atraganta con su propia saliva al ver una camisa color mostaza con brillos y un lazo negro en el cuello, igualmente brillante, es manga larga y antes de que pueda decir algo puede ver a Harry saliendo de la misma tienda con una camisa idéntica a la que tiene encima el maniquí del aparador.
—Es hermosa, bebé —le sonríe al oji-verde, disimulando su olor para que no perciba el desagrado por aquella chillante prenda—. ¿No te gustaría hacer una combinación para los dos? —le pregunta Louis con una sonrisa de pura ternura.
Harry asiente efusivamente, feliz, y sale corriendo a buscar una prenda que pueda usar en conjunto con Louis.
El alfa sigue con la mirada a Harry, cuidándolo de otros alfas y betas mientras el rizado corre de un lado a otro, viendo todo con admiración y una que otra tela con desagrado.
Luego de algunas horas, Harry elige lo que él mismo usará y así es como Louis termina usando la camisa que Harry le obsequió, con el omega al lado suyo usando una falda amarilla neón con brillos y la pequeña camisa vainilla que llevaba puesta cuando se conocieron.
Tal vez Louis odie los colores chillones, los dulces y el viento, pero ama al pequeño rizado, su amor por él es mucho más grande, al grado de superar un millón de veces el odio que siente por el color amarillo en especial.
Porque lo ama con todo su ser y Harry, Harry es el único dulce que le gusta a Louis.