La Guardaespaldas del CEO

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Summary

Jackson es el CEO más atractivo y codiciado de Washington D.C. pero no solo es perfecto físicamente, también es un genio; sus negocios van de la mano de la industria armamentista. Luego de estudiar ingeniería muchos años en el extranjero, regresa con un revolucionario invento que lo pone en la mira de enemigos que están dispuestos a todo para conseguir sus secretos. Maxine es la mejor militar de su promoción. Tras sufrir un accidente en Irak, termina regresando y consigue un trabajo como guardaespaldas en la empresa de su padre. Ella ha estado enamorada en secreto de Jackson desde la infancia, pero él siempre la vio como “un amigo” más. Sus caminos se vieron separados, pero cuando él sufre un intento de secuestro por los enemigos que buscan su invento, el destino los vuelve a reunir, y entonces Maxine se convierte en la responsable de proteger a Jackson, mientras ambos luchan por sobrevivir a un peligroso juego de poder. Ella lo sigue amando en silencio, mientras ve como él se ha vuelto un don juan que solo tiene ojos para chicas más femeninas y sensuales. Sin embargo, detrás de esa fachada de chica ruda se esconde una mujer mucho más interesante de lo que Jackson cree. Secretos, mentiras y trampas pondrán a prueba sus instintos, mientras lidian con el romance que parece florecer entre ellos, pero ¿será Jackson capaz de darse cuenta de lo que tiene antes de perderla?

Status
Complete
Chapters
48
Rating
4.7 23 reviews
Age Rating
18+

CAPÍTULO 1: “KONG”

Esa mañana Jackson se despertó con un terrible dolor de cabeza. Poco a poco fue recobrando la conciencia de la noche anterior. No estaba demasiado seguro de lo que había sucedido; ligeras pinceladas de luces, bebidas, cuerpos femeninos y música llegaron a su mente, causándole aún más confusión.

Cuando consiguió abrir los ojos por fin, se dio cuenta de que tenía una mujer a su lado. El único problema es que no sabía ni quién era. Decidió no darle importancia, se levantó de la cama y se puso los pantalones apresuradamente. Un vistazo rápido al reloj del despertador lo puso en jaque, pues su padre lo había citado para ese día.

Seguramente porque hacía dos noches, Jackson había sufrido un terrible atentado. Un par de hombres habían querido secuestrarlo, aunque por fortuna, no consiguieron su cometido.

Sin embargo, Percival, el padre de Jackson, no pensaba permitir que algo así volviera a suceder. Por eso, había tomado cartas en el asunto para prevenir un nuevo ataque.

Esa idea no le gustó para nada a Jackson, ¿ponerle un guardaespaldas a él? ¿Un genio de la ingeniería, próximo a tomar el mando de la empresa ArmTech Labs Company? No, él no podría verse débil, ni dejarse amedrentar por un par de intentos de maleantes.

Pero, a pesar de su negativa, su padre insistió. Así que no le quedó más que aceptar la reunión para conocer a la persona que designó para él.

Jackson bajó las escaleras apenas colocándose la camisa blanca por encima. Se sorprendió cuando encontró a la mucama abriéndole la puerta a su padre. Estuvo a punto de decir que no lo hiciera, pero fue demasiado tarde, Percival ya había entrado.

—¿Todavía no te has vestido? Ya están por llegar —reprendió molesto.

—¡Bah! Ya te dije que no necesito un guardaespaldas, mucho menos una niñera. Si querías ayudar al señor Colt, puedo hacerle una donación especial a su compañía.

Ya él sabía que le iban a designar a una mujer como su cuidadora, pues la ridícula idea de su padre (a su pensar), era que así pasaría más desapercibido.

—No digas ridiculeces Jackson, y cuidadito con faltarle el respeto a Colt o a…

Percival no pudo terminar de hablar pues en ese momento tocaron el timbre de la entrada. La mucama de nuevo se acercó a abrir y el hombre del que tanto hablaba Jackson entró en la casa, acompañado de alguien más.

A Jackson le importaba tan poco saber quién sería su nueva guardaespaldas que se dedicó a mirar el celular que tenía guardado en su bolsillo, en lugar de levantar la mirada hacia la mujer. “Seguramente debe ser una marimacha”, pensó hastiado.

Solo le preocupaba su reputación de playboy, pues con treinta años, Jackson era uno de los hombres de negocios más deseables de la ciudad de Washington D.C.

—¡Tanto tiempo sin verte! ¡Y a ti! Has cambiado mucho —exclamó su padre.

Aquello hizo que su atención se viera más involucrada, pues hablaba como si la conociera de toda la vida.

Al levantar la mirada, los ojos azules de Jackson se encontraron con los de ella. Había algo en su mirada que se le hacía familiar, pero no fue capaz de reconocerla como sí lo hizo su padre.

—Hola, Jackson —saludó la chica con cierta timidez.

Por mucho que él trató de buscar alguna familiaridad en su rostro, no le sonaba más allá de nada. Sin embargo, no pudo negar que había algo en ella que le parecía ligeramente atractivo.

A él ninguna mujer se le podía resistir, y por sus pensamientos surgió la idea de que seguramente esa guardaespaldas terminaría igual que todas las demás. No obstante, jamás estaría con alguien como ella.

La detalló bastante rápido de arriba abajo. Llevaba un vestuario holgado y simple, más masculino, para ser una chica. Toda de negro, y con el cabello castaño recogido en una coleta.

—¿Es en serio? ¿Ella es la que me va a proteger? No parece que sea capaz de levantar más de diez kilos —bufó.

Aquel comentario lo hizo solo para molestarla, pues se podía ver incluso a través de la ropa, que la chica era ligeramente más musculosa que el promedio de mujeres, aunque no demasiado como para hacerla ver tan masculina.

—¡Jackson! ¿Acaso no la reconoces? —preguntó su padre desconcertado.

—Se nota que ha cambiado mucho, ¿verdad? —dijo el señor Colt. Luego, invitó al padre de Jackson a retirarse de ahí para que ellos hablasen.

A él eso le pareció una tontería, pues en su cabeza, no tenía nada que hablar con la chica.

—Pierdes tu tiempo, no pienso dejar que seas mi guardaespaldas —espetó de frente cuando estuvieron a solas.

—Creí que estabas bromeando, pero veo que vas en serio. ¿Quién eres? Ya no eres el mismo Jackson que conocí —reprocha ella.

Eso a él le causa gracia, pero en su mayoría, enojo.

—¿De qué hablas? Tú no me conoces, seguro crees que sí por todo lo que has leído de mí en las revistas. Ya sé que soy un genio, millonario, playboy, pero no creas que sabes quién soy.

La chica soltó un bufido, quería burlarse de él. Al parecer los años lo habían cambiado mucho, pues no lo recordaba tan arrogante. Jackson dio media vuelta dispuesto a irse del lugar, pero ella le tomó la mano y lo detuvo. Se quedó impactado al ver la fuerza con la que le apretó la muñeca. Sorprendido, giró para encararla y entonces realmente la vio. Sus ojos verdes inconfundibles y esa mirada de niña perdida seguían ahí después de muchos años.

—Soy yo, idiota, Max.

—¿Kong? —preguntó confundido.

La respuesta que le dio la decepcionó. Esperaba que se diera cuenta de quién era desde el primer momento, pero fue evidente que no.

Max para los amigos, Maxine para el resto del mundo; pero para él ella era “Kong”. Un apodo amistoso que le había puesto hacía muchos años, cuando eran solo unos niños.

—Sí, soy yo.

—No lo puedo creer, ¡¿de verdad eres tú?! —La actitud le cambió por completo al darse cuenta de que era ella, su amiga, pero no cualquiera, su mejor amiga de la infancia, con la que vivió miles de aventuras.

Una sonrisa se le formó en el rostro y entonces, de manera imprevista, la tomó por la cintura y giró con ella como un trompo. Jackson no recordaba que fuese tan pesada, cuando volvió a aterrizarla en suelo casi da un traspiés, y es ella quien tiene que sujetarlo del brazo para que no caigan ambos.

—Tardaste demasiado en darte cuenta —recriminó Maxine con una sonrisa.

Para ella, volverlo a ver significaba reavivar todos los sentimientos que tuvo por él cuando era una niña. Decir que tuvo un crush con Jackson Walton era quedarse corto, porque Maxine estuvo perdidamente enamorada de él hasta que tuvo que despedirse en el aeropuerto, cuando su padre lo envió a Europa a estudiar hace doce años.

Cualquiera pensaría que, con esa cantidad de tiempo, los sentimientos desaparecerían, sin embargo, no fue así en su caso.

Su corazón latió aceleradamente en el momento en el que él la levantó del suelo, y todo eso que creyó haber enterrado, resurgió cual zombi en una noche de muertos vivientes.

—Lo siento, es que… te ves… ¡wow!

Jackson siempre la vio como una chica muy masculina, de hecho, la trataba de “Kong” porque los demás chicos del colegio se burlaban de ella diciéndole gorila. Así que se le ocurrió convertir las burlas en un personaje épico de esos videojuegos que se la pasaban jugando en las tardes. Cuando él le dio ese apodo, ella lo llevó con orgullo, y los demás ya no tuvieron con que burlarse.

No obstante, ahora se ve como toda una mujer, a pesar de que sigue ocultándolo tras toda esa fachada.

—¿Eso es una ofensa o un halago? —preguntó.

—Mmm, es…

Jackson no terminó de hablar pues en ese momento se vieron interrumpidos por el taconeo de la mujer que estaba en la habitación, que bajaba las escaleras.

Max se quedó viéndola con recelo, en especial al ver a Jackson con ese perfecto torso semi descubierto y los pantalones a medio poner.

—Veo que tienes visitas, tengo que irme ya —le dijo la chica con una voz seductora.

Maxine no pudo evitar compararse con ella, una mujer femenina y sensual. La chica se acercó y le dio un beso en los labios, acción que hizo que ardiera de celos en el interior.

—Está bien, adiós, Rebecca.

La chica lo miró descolocada, arrugó el entrecejo y le cambió la expresión a una mala cara.

—Ese no es mi nombre.

—Oh, lo siento, ¿Ángela?

La mujer echaba chispas, se alejó de él y se fue cerrando la puerta de un azote, visiblemente molesta. Para Max fue imposible no reírse de ella con disimulo.

Vio a Jackson, este se encogió de hombros sin darle importancia.

—Entonces, ¿no te opondrás a que sea tu guardaespaldas?

—Creo que no, será como en los viejos tiempos, solo dos amigos juntos.

A ella se le desdibujó la sonrisa cuando dijo la palabra “amigos”. Y es que él nunca la había visto como algo más que eso.

—Por supuesto —respondió con una sonrisa falsa y los dientes apretados.

Mientras caminaban para encontrarse de nuevo con sus padres, él le miró el trasero sin una pizca de disimulo, pero sacudió la cabeza rápidamente. No podía pensar así de ella, sin importar qué tanto hubiese cambiado.

Jackson le informó a su padre y al padre de Max que aceptaría, pero la única condición, era que nadie podía saberlo.

—Bien, es perfecto. Maxine puede empezar desde esta noche, habrá una fiesta por el nombramiento de Jackson como el nuevo CEO de ArmTech, no dudo que esos terroristas puedan intentar atacarlo ahí —comentó su padre.

—No se preocupe, yo me encargaré de la seguridad de Jackson —afirmó ella con temple.

Jackson pasó una mano por su hombro y la sacudió ligeramente.

—¡Genial! Quizá esto sea más divertido de lo que imaginé.