1: vacaciones.
Después de presentar las pruebas de fin de año, pasé, la fiesta fue lo más idiota que he hecho, ¿qué con quién fui?, fácil, yo quería pastel, él quería novia falsa, ya saben, teníamos buenos motivos.
—Un momento, ¿qué pasó en el baile que yo no estaba? —preguntó Andrea, ese idiota no quiso ir al baile porque no le gusta la comida chatarra que sirven. Es tan quisquilloso con la comida que por eso el cocinero de la casa se fue (o eso fue lo que me dijo Usui).
—Que te lo cuente el Flash Back.
—Los Flash Backs hacen que me duelan la cabeza.
—¿Has visto uno?
—No.
—Pues, entonces, a ver el Flash Back —miré a mi izquierda.
—¿Qué no era de frente para arriba?
—Con razón sentía que hacía algo mal. Que empiece el recuerdo.
Hace millones de años atrás (no hay presupuesto).
—¿Esa cosa es sangre? —señalé el embace lleno de un liquido rojo.
—Es jugo de fresa, creo. —Alicia y yo mirábamos el embace con desconfianza—. Por cierto, ¿qué no era que no ibas asistir a la fiesta?
—Eso dije, antes de saber que Andrea y Víctor se quedarían en casa y que allá no había pastel.
—Tiene sentido, ¿con quién viniste?
—Con el pendejo que está allá —señalé a un chico que estaba convulsionando.
—¿Qué no es Noah?
—Lo es, le debo una, y yo quería comer.
—Ahh.
—Bonjour mi gente —dijo siendo acompañado por un unicornio con vestido y peluca al lado.
—Miguel, ¿y ese unicornio? —señalé lo que tenía al lado, ¿qué?, ¿pensaron que el unicornio era mentira?
—Es un burro con un cono en la cabeza —me corrigió Alicia.
—Me vale, ¿por qué esta criatura está aquí?
—No tenía cita para el baile, así que vine con un burro disfrazado.
—¿Y el director no se dio cuenta?
—La saludó, y pensó que era Amber, y a la verdadera la corrió, pensó que era un chimpancé disfrazado.
—Ahh —dijimos las dos.
—Por cierto, ¿y Uziel? —pregunté.
—En el baño.
—Ok.
—No me imaginé una fiesta así. —Alberto apareció al lado de Miguel.
—¿Alberto?, ¿con quién viniste?
—Con nadie.
—¿Cómo que con nadie? —Se alteró Miguel.
—¿Qué no sabían?, este año no es obligatorio traer pareja.
—Entonces Miguel tiene la burra de adorno. —Apunté a la burra quien estaba tomando el jugo de fresa.
—¡Matarile! —gritó un chico con una escoba en la mano y se lanzó hacia la mesa, destruyendo todo.
El idiota era Dorian.
—¡Estúpido, mi vestido, idiota! —Se enfadó unas de las chicas de relleno, quién agarró un pedazo del pastel y se lo embarró en la cara a Dorian.
—¡Guerra de comida!
Lanzamos comida y luego sillas, las mesas, a la burra, todo fue un caos total, después de destruir por completo el lugar y que Uziel participara también, el director nos mandó a todos al carajo.
—Eso explica el por qué Dorian está castigado, pero si la que gritó guerra de comida fuiste tú.
—Cállate, que te pueden oír.
—¿Y Víctor?
—A mí no me preguntes nada, Emilia, no sé donde está. —Miré a Aoi, quien jugaba en la sala—. Y no lo invoques, Aoi tiene tiempo que no baja.
—¿Qué tienes en la cabeza?
—La estufa.
En realidad tengo papel aluminio, pero como Emilia no sabe qué es una estufa, entonces dije esa estupidez.
—Ahh, ¿y por qué lo tienes puesto?
—No sé.
—Jane, ¿has visto a Dorian? —pregunta Usui con una pistola (de juguete) en la mano.
—No, pero debió ocultarse en el refugio del quinto piso.
—Ah ok.
—¿Lo vas a matar?
—No, sólo pensé que me vería genial con una de estas. —Mostró la Nerf.
—Y te ves genial, hermanote, por cierto, hablando de hermanastros desaparecidos, ¿no creen que el perfeccionista no se presenta en el día?
—Cierto, ayer lo vi entrar de noche mientras los demás dormían —informó Emilia y añadió—: Y no es la primera vez que hace eso.
—Eso es preocupante, pero no sé que le estará pasando a Víctor —chistó Usui.
—Dejemos el drama y la preocupación para después, no nos hace bien.
—Pero si tú no estás preocupada. —Me miró con duda.
—Lo sé, pero igual, no es bueno para ustedes, quiero pizza.
—Yo invito. ¿Vienes Alberto?
Apareció de las sombras, aunque solo estaba tomando agua en un rincón.
—Bien, si ustedes lo dicen.
Vaya, está avanzando.
—Hecho, por cierto, ¿por qué tienes papel aluminio en la cabeza, hermana? —Señaló—. Pareces sacada de una parodia de Nickelodeon.
—Aliens, Usui, aliens.
—Ahh, me lo hubieras dicho antes.
—¿Me pasas la sal, hermano? —Sostuve la rebanada de pizza en mi mano.
—¿Para qué? —Levantó una de sus cejas negras.
—Para la pizza.
—¿La pizza se come con sal? —preguntó Emilia, quien trataba su rebanada como postre fino.
—No, pero quiero saber cómo sabe.
—Ok. —Agarró la sal—. Toma.
—Gracias. —La esparcí por la rebanada y di una mordida—. Creo que me pasé. —Escupí como loca—. Está amargo.
—La sal es salada.
—Como sea. —Comí otra rebanada mientras me miraban raro—. ¿Qué?, hay que comer comida comestible.
—Pero si la comida es comestible —dijo Alberto.
—No todas, la de la mesa de centro no se come.
—Pero si es de cerámica —me contestó el titán.
—Oh...entonces llévenme al hospital porque me comí la manzana.
—No hay manzana —dijo Alberto.
—Ahora que lo pienso, allí estaba la manzana podrida de Leo. —Inspeccionó la mesa mi querido titán de dos metros.
«Mejor no te corrijo por que no me haces caso.»
″See.″
—Entonces no es tan malo —dije.
—Tenía por lo menos dos semanas allí, pregunta, ¿Andrew te dio de comer ese día?
—No.
—Ahora estará... —Hace como si recargara la Nerf—. Empapado. —Sale a montar cacería, ya saben, lo normal.
—Me recordó a Horacio Kane.
—¿Por qué no te quitas el aluminio? —me preguntó Alberto.
—Sigo sin confiar en Will Smith, y también creo en los aliens.
—¿Por qué no dejas de comer esa rebanada salada? —me pregunta Emilia.
—Porque tengo hambre, todo sea por la comida.
—Ok, por cierto, fue muy gracioso la fiesta.
No me lo recuerden, fue genial cómo casi matamos a la profesora de naturaleza, pero fue traumante para mí.
—Chica, sufro trauma, no me lo recuerdes.
—¿Por qué?
—El jugo de fresa no me hizo bien y comencé a beber mucho junto a Margarita.
—¿Quién es Margarita? —preguntó Alberto.
—La burra de Miguel, descubrí que era lesbiana. —Temblé.
—No era burra, era un burro.
—Ahh, ahora entiendo por qué me coqueteaba, pero con la peluca rubia y ese vestido, no me convenció. Por lo menos salimos de toda esa presión colegial y tenemos vacaciones, relajamiento, diversión, paz...
—¡No me mates! —Andrea pegaba gritos agudos por toda la cocina mientras mi hermano lo perseguía con la Nerf.
—¡Te pasa por no ser un buen hermano!
—Ok, creo que hablé muy pronto —dije mientras miraba la escena.