Llegar A Ti

Dallas, Texas
Julio 1995
En una pequeña y obscura habitación de hotel, con apenas una cama, una ventana con cortinas sucias y la luz apagándose cada dos minutos, dos adolescentes enamorados estaban desnudando sus cuerpos y sus almas. Era la primera vez para los dos, un momento irrepetible, mágico, lleno de amor y nervios, de deseo y torpeza, de entrega y despedida.
Un pequeño alfa y un pequeño omega, combinando por primera vez sus aromas en el acto más importante de consagración, más vulnerable y desgarrador.
La ropa estaba por todo el suelo, la cama apenas lograba cobijarlos, pero nada de eso era importante. Lo importante era que no tendrían otra oportunidad, que, al salir de ese lugar, sus caminos se separarían quizás para siempre.
Se conocieron en la escuela, y apenas se vieron por primera vez, supieron que era lo que siempre habían soñado, a pesar de sus tiernas edades. Ocho meses llevaban de una relación oculta, que sólo compartieron con su grupo de amigos, ya que sus familias estaban en contra de los enlaces a tan temprana edad y una de ellas, además, tenía que viajar en cualquier momento al otro lado del Océano Atlántico por negocios. Intentaron hablar con ellos y solo obtuvieron rechazo e incomprensión.
Gracias a sus amigos lograron consumar su amor. Con su ayuda pudieron arrendar, por una hora, esta habitación en un edificio casi en ruinas, al final de una calle sin salida. No les importaba dónde, sólo querían que cuando se separaran, el recuerdo de sus cuerpos húmedos los ayudara a vivir. El amor era tanto, tan sublime, que confiaban ciegamente en que el algún punto del mañana, se encontrarían y podrían vivir su historia de amor. Se aferraban a su sueño, creían en él con toda la fuerza de sus jóvenes corazones.
Por primera vez la ginebra liberaba todo sus notas herbáceas y amaderadas, de manera tan potente, que envolvía a la dulzura de la piña, transformando dos aromas en un nueva combinación. Una fresca, íntima, intensa, sólo de ellos, de ese momento que sería el inicio de una vida sin alma, sin su compañero, sin una mano que enlazar.
Se descubrieron, por primera y única vez, en sus cuerpos desnudos, dejando atrás la vergüenza, el miedo y la ausencia de un futuro. El alfa, tal como si se tratase de arcilla, moldeó la frágil figura con sus manos y su boca, con su calor y sus caricias, con sus besos y su amor. El omega, tal como un río, se entregó y se dejó llevar hacia el océano turbulento que le hacía cantar gemidos de placer, hasta estallar en un mar de satisfacción desconocido y que dejaría su huella en él hasta el día de su muerte.
—Te prometo, que no va a existir otra persona en mi vida, —dijo Louis abrazando a su amante, aún con sus cuerpos temblorosos envueltos en una pequeña manta. —Eres y serás mi omega para siempre.
—Voy a esperar por ti, —contestó Harry, con sus ojos húmedos. —Aunque pase uno, cinco o veinte años, te esperaré.
Una última caricia, una última mirada y un último beso, antes de vestirse y salir raudos de ese lugar, que llevarían en sus corazones como el más precioso del mundo.
En la plaza más cercana los esperaban sus amigos, esos que eran como sus hermanos, que habían caído hechizados ante el amor que se profesaban y que los ayudaron a mantener su relación oculta a los ojos del mundo.
—Menos mal aparecen. Harry, tú mamá va a ir a buscarte a mi casa en veinte minutos, tenemos que correr, —dijo Liam.
—Y Louis, —habló ahora Zayn, —tu hermana está buscándote en la casa de Niall, así que nos vamos a mi departamento y en el camino inventamos algo.
Un último abrazo bajo el cielo azul y despejado de ese día de julio. Seguramente hubiera durado más, si hubiesen sabido que era el último.

Londres, Inglaterra
Enero, 1997
Era la medianoche, y aunque casi todos duermen, hay un omega que se mantiene despierto. Estaba estudiando con esfuerzo, con perseverancia y firmeza, a pesar de que estaba en pie desde las cinco de la mañana, y en apenas seis horas, deberá levantarse a cumplir con su trabajo en una tienda de alimentos para mascotas.
Han sido diecisiete meses difíciles, muy difíciles, donde cada día la imagen de su alfa está presente, donde su amor ha crecido y se ha cementado de una manera nueva.
La relación con sus padres, que siempre fue buena, ahora se encuentra fracturada del todo, desde el día aquel, en que lo sacaron de la casa de Zayn, casi a rastras, para subirlo a un avión y llevarlo a esta nueva vida.
Un mes después, cuando ni siquiera había podido empezar a acostumbrarse, su padre los abandonó durante un año por irse con otra omega, dejando a su madre casi muerta de la pena y a él, odiándolo. Cuidó de ella lo que más pudo, en todo el tiempo libre que le quedaba en los trabajos que iba consiguiendo y que les daba el sustento. Todos sus sueños de estudiar medicina habían desaparecido, pero no se iba a dejar aplastar por eso. Era un omega fuerte, que aprendió a vivir con medio corazón y su espíritu fracturado, y nada lo detendría hasta volver a encontrar a su amor.
A veces trabajaba hasta 18 horas diarias, muchas veces apenas comía, y tuvo que olvidarse de él mismo en pos de la salud de su mamá, que intentó recuperar el vínculo perdido cuando entendió el dolor de su hijo y veía cada día el sufrimiento en sus ojos verdes. Pero Harry no cedió, su herida era más profunda y no cerraría hasta volver a los brazos de Louis.
Todo terminó de arruinarse cuando su padre apareció una mañana de domingo, reclamando a su omega y a su familia, disculpándose y prometiendo empezar una nueva vida feliz. Su madre no dudó en recibirlo y olvidar esas noches de desesperación y desesperanza en que casi agonizaba extrañándolo. Pero Harry tampoco lo perdonó. Y en ese momento decidió que era momento de cortar definitivamente su lazo con ellos, y se fue de ese departamento, a vivir a una pequeña pieza, con lo más básico.
En medio de su pequeño sofá cama, recordaba cada milímetro del rostro de Louis, el detalle exacto de sus ojos azules tan cambiantes, el color tan cálido de su piel y su olor que lo embriagaba hasta hacerlo perder la conciencia. No hubo noche en que el recuerdo de su primera vez fuera dulce y amargo, y en el que no fuera su último pensamiento antes de dormir.
Si bien, a veces se cuestionaba si Louis seguiría esperándolo, por él nunca pasó la duda. En sus días más tristes imaginaba a su amor con alguien más, y sólo podía desearle felicidad, aunque no fuera a su lado. Y después se regañaba, diciéndose que eso jamás pasaría, porque Louis lo amaba profundamente.
Sólo sabía que, aunque fuera lo último que hiciera, seguiría trabajando duro para poder ahorrar y devolverse a Dallas. Le costaría quizás un año, pero lo soportaría, lo haría por ellos, porque se merecían un final distinto y él lucharía por eso.
Se informó en la universidad de las becas que ofrecían, y postuló a todo lo que pudo. Y después de mucho tiempo, tuvo una alegría importante: lo habían aceptado en medicina con una beca completa. ¿Cómo pasó eso? No lo sabía, ni quiso dedicarle mucho tiempo a esa interrogante, y en su lugar averiguó sus horarios y los hizo calzar con el trabajo que había encontrado en el edificio de al lado de donde estaba su pieza, y que quedaba a unas cuadras de la universidad.
Era muy difícil, más de lo que nunca imaginó. Mucho que estudiar, trabajos por hacer y presentaciones que preparar; Demasiado por limpiar, pedidos que atender y sacos por acarrear. La noche se le diluía entre croquetas de perro y anatomía humana, las horas de sueño dejaron de ser suficientes y su botella de agua se transformó muchas veces en su desayuno.
Pero se seguía levantando con ganas, con toda su esperanza en el futuro, en que las cosas cambiarían y podría ser feliz. Sus padres intentaban cada semana acercarse, pero él los alejaba porque, aún en esas circunstancias, se negaron a su única petición: que lo ayudaran a volver.
Se los había pedido la única vez que fue a verlos, un día que estaba demasiado sensible y su olor a piña estaba amargo y avinagrado. Ese día descubrió también, algo que lo hizo querer morir. Todas las cartas que había enviado a Louis, a Zayn, a Niall, a Liam, a la escuela y a todo aquel de quien recordaba la dirección, estaban en una gran bolsa negra de basura. Sus padres las habían interceptado y las escondieron, y eso empeoraba todo y demostraron que jamás quisieron cambiar ni acercarse de verdad a su hijo.
Salió de ese departamento llorando, con la bolsa a cuestas. Estuvo caminando cerca de dos horas, buscando buzones para enviarlas, pidiendo al cielo que, aunque fuera una sola, tuviera contestación. Y cuando hubo terminado, se dio cuenta de que no había servido de nada, porque todas esas cartas tenían la dirección del departamento de sus padres y era obvio que nunca le entregarían algo llegado desde Dallas.
Pero en vez de lamentarse, corrió a escribir nuevas, con su dirección actualizada, con el número de teléfono de la tienda donde trabaja. Diez hojas, apenas garabateadas, con la información precisa fueron puestas en sobres con sus respectivas estampillas y enviadas en un tiempo récord.
Pensaba en ellas en medio de sus apuntes o cuando se sentía desfallecer haciendo fuerza para cargar los sacos con comida. Pese a todo era de los estudiantes más aplicados y mejor evaluados, y eso era su aliciente de que algún día todo iba a mejorar.
Un día cualquiera, contestó el teléfono de la tienda para seguramente recibir un pedido. Y así era: alguien a sólo dos cuadras de ahí necesitaba dos sacos grandes de comida para perro adulto, dos camas y algunos juguetes y accesorios. Quizás alguien nuevo se había mudado y necesitaba proveer a sus mascotas. La voz de la chica era dulce, y le dio las indicaciones de entrega para después de las siete de la tarde. Cuando se cumplió el horario, cargó todo en el pequeño carro que se usaba para esas ocasiones, y caminó hasta llegar al edificio.
Le costó bastante llegar al departamento, porque no había ascensor y era en el tercer piso. Con cuidado y mucha fuerza, logró encontrar el lugar. Se secó la frente con la polera y tocó el timbre. Antes que eso pasara, su corazón dejó de latir dos segundos. Una voz familiar y conocida llegó hasta sus oídos, y sólo esperaba que el destino no le hiciera una mala jugada.
Vio la manilla girar en cámara lenta, y la puerta abrirse entre medio de risas y un inconfundible acento irlandés se quedó congelado en la cara de Niall al ver a Harry, que no estaba mejor y sólo se lanzó a sus brazos, cayendo al piso los dos, sin ser capaces de calmar el llanto que tenían atorados en sus pechos.
—¿No eres un sueño? Por Dios Niall ¿qué haces acá? —Fue lo primero que pudo decir Harry, luego de cinco minutos de angustiosas lágrimas.
—Es una larga historia, pero no puedo creer que te estoy viendo, —contestó Niall tocando sus mejillas.
—Dime que sabes algo de él, —dijo a punto de desmayarse.
—Hablé con él ayer, antes de viajar. Él, está… muy cambiado.
—¿Me olvidó? —Preguntó en un hilo de voz. —¿Está con alguien más?
La mirada de Niall era imposible de descifrar y sólo tensaba más el ambiente. —Harry, eso jamás podría pasar. Es sólo que no saber de ti lo ha amargado, ya no ríe, estuvo muy mal.
Cuando iba a contestar, recordó que lo estaban esperando para cerrar la tienda, no podía demorarse más.
—Tengo que irme, pero ¿puedo venir después y conversamos? —Pidió. —¿Por favor?
—Amigo, no tienes que preguntarlo, estamos preparando la cena.
—Vuelvo enseguida, —dijo descargando todo rápidamente, y corriendo escaleras abajo.
Su corazón quería salirse del pecho, y no había dejado de llorar. Todo el dolor de la separación y la distancia se hizo presente, desgarrando su piel también, cuando se cayó por ir tan apurado, y se rompió el labio. Sus jefes lo dejaron ir sin explicaciones, pero conmovidos por la emoción tan genuina que descubrieron en los verdes ojos.
Casi botó la puerta cuando llegó, y estaba vez una linda omega lo recibió. Se calmó cuando sintió el suave aroma a frutilla, y recordó que ella le había hecho el pedido. Si la abrazó demasiado tiempo, no podían culparlo, estaba agradecido de ella y lo estaría siempre.
Sintió pronto el aroma a jengibre de su amigo, que lo miraba emocionado. Volvieron a abrazarse, para Harry era recuperar un poco de calor, pedacitos de su esencia perdida, afecto que no tuvo y que aún necesitaba.
Comieron entre recuerdos, y más lágrimas. Cuando terminaron, Tiare, la omega de Niall, retiró y lavó. Les preparó té y se fue a dormir, dándoles el espacio que necesitaban.
—Cuéntame de ti primero, —comenzó Niall.
Y Harry le contó todo, todas sus penas, sus angustias, sus miedos y dolores. También sus pequeños logros y avances, y sus esperanzas. Y habló de su amor, de sus planes, de sus noches de insomnio y de su triste corazón.
Niall lo escuchaba sorprendido a ratos, con pena en otros, conmocionado siempre.
—Ahora tú.
—Voy a empezar con mi historia. Desde que te fuiste todo cambió, aunque los cuatro seguimos unidos. Entramos a la misma universidad y como te imaginarás, con Zayn entramos a cocina, Liam a negocios y Louis a docencia, —contó sonriendo. —Ahí conocí a Tiare, y desde el primer momento super que era mi omega. Después de un año juntos decidimos cambiar de rumbo, y llegamos acá porque ella tiene a su hermana trabajando en el Hospital de la ciudad. Una semana antes de venirnos, tuvimos una última reunión y Liam se dio cuenta de que estaba enamorado de Zayn, aunque siempre se lo dijimos, pero Zayn está saliendo con un alfa de la universidad y cree que Liam sólo está jugando. No sé cómo va a terminar eso, —continuó rascándose la cabeza. —Y nuestro Louis, está viviendo solo hace un año, se fue de la casa de sus padres a los meses después que te fuiste. Es el primero en su clase, vive para estudiar y trabajar, para poder ahorrar y contratar a alguien que te busque. —Sonrió con pena, mirando a Harry llorar otra vez.
Hizo una pausa más larga, para abrazarlo y animarlo.
—No hay día, mientras estuve en Dallas, en que no hablara de ti, de ustedes, de su amor. ¿Te acuerdas de Pierre?
—No me hables de ese idiota, ¿qué le hizo a Louis? —Preguntó profundamente celoso, Harry.
—Todos sabemos que quería que Louis fuera su alfa, y cuando te fuiste lo invitó a salir, le daba regalos, intentaba acercarse a nosotros. Louis tuvo mucha paciencia, pero el día que Pierre le gritó que tú seguramente ya estabas con otro, como la zorra que eras… Emm…
—¿Qué pasó?
—Pierre terminó en el hospital, tuvimos que quitarle al omega, si no, Louis lo iba a matar. Jamás a permitido que nadie te nombre, menos que te insulte. Siempre nos decía que, pese a todo, para él ha sido más fácil soportar este tiempo porque nos tiene a nosotros, pero pensaba en ti, y en que estabas solo tan lejos de tus amigos y comenzó a deprimirse. Lentamente dejó de sonreír, de querer vernos, de hacer bromas. Fuma demasiado y siempre está serio.
—¿Cómo puedo hablar con él? ¿Hay un número o algo? —Preguntó con toda su esperanza.
—Lo hay, entre todos logramos pagar una línea fija que está en su pequeña pieza. ¿Quieres intentarlo?
Y Harry solo movió su cabeza, no podía siquiera hablar. Niall marcó, y esperó, hasta que una voz molesta contestó al otro lado del océano.
—¿Quién mierda molesta? —Preguntó Louis.
—¿No me extrañas amigo? Soy Niall, —dijo tratando de parecer alegre.
—Lo siento, estaba intentando estudiar. ¿Cómo estuvo el vuelo, llegaron bien?
—Todo bien, te tengo una sorpresa, espera.
Le entregó el auricular a Harry, que temblaba de la emoción, sin poder creer lo que estaba pasando.
—Lou… Soy yo… —Y no pudo más, se puso a llorar.
—¡¿Harry?! ¿Amor? ¿Eres tú? ¡Háblame por Dios!
—Soy yo Lou, te amo, ¿me escuchas? Ni un solo día he dejado de amarte...
—Te amo Harry, te amo tanto, siempre, a cada momento...
Y la llamada se cortó, y aunque intentaron volver a llamar, no pudieron conectarse. Después supieron que en Dallas había una tormenta poco usual que había dejado sin conexión a toda la ciudad.
Pero para Harry había salido el sol, el arcoíris y despejado todos los misterios de la galaxia. Su Louis lo estaba esperando, lo seguía amando, su amor estaba intacto, y era suficiente para seguir intentándolo.
—Cuéntame más de Lou, —pidió, casi como una súplica.
—Me va a matar si sabe que te conté todo esto, pero ya no importa. Sus padres se separaron porque su mamá era amante de tu padre. Lo supimos hace poco, cuando ella volvió después de un año pidiendo perdón. Por eso no querían que estuvieran juntos, porque los podrían descubrir. Louis estuvo muy mal, dejó de comer tres días y terminó desmayado en plena clase. Apenas despertó en el hospital, se dio el alta solo y volvió a trabajar y estudiar con más fuerza, necesitaba empezar a buscarte lo antes posible”
Y Harry no lo podía creer, y todo tuvo sentido de repente y ahora sabe que su hermoso alfa había sufrido lo mismo que él, y que solo encontrarán consuelo cuando vuelvan a encontrarse en el mismo lugar.
Finalmente, Harry terminó durmiéndose en el sofá, después de casi una hora de conversación con Niall. Demasiadas emociones lo dejaron agotado y fue casi imposible que se levantara y caminara hacia su pieza. Se durmió con el dulce sonido de la voz de Louis acurrucándolo, y después de muchas noches, pudo descansar.
Al día siguiente salió sin despertar a su amigo. Sólo le dejó una nota, recordándole la dirección y el número de la tienda y también cómo llegar al edificio donde está su pieza.
Se había memorizado el teléfono de Louis y esperaba saber que ya estaba todo arreglado en Dallas para volver a intentar comunicarse. Pero según las pocas noticias que llegaban, podrían demorarse hasta un mes en devolver la ciudad a la normalidad, y la desesperación por volver a escuchar la voz de Louis era una tortura nueva y distinta. Sin importar eso, iba cada dos días a ver a Niall, a preguntar si tenía noticias o, a veces, solo por un abrazo. Lo necesitó especialmente, cuando sus padres, en una decisión absurda y malvada, decidieron volar a Dallas, según ellos, a recuperar su vida, ya que Londres sólo les había traído mala fortuna.
De más está decir que él no estaba invitado, y cuando ya pensaba que no podía odiarlos más, su madre tuvo un pequeño gesto con él. Le entregó un sobre con dinero. Era bastante para algunas cosas, pero poco para un pasaje de avión. Pero si lo juntaba con lo que había podido ahorrar, sólo le faltaba un quince por ciento del total.
Esa noche le contó a Niall, y una vez más se lanzó sobre él, cuando su amigo le dijo que él podía ayudarlo a completar, a modo de préstamo. Se sentía muy feliz, pero una vez más se sintió triste cuando se dio cuenta de que no podía faltar a la universidad, o podría perder la beca. Tendría que esperar a las vacaciones.
Serían dos meses más, solo dos meses. Estudiaría con más ímpetu y trabajaría con más ganas si era necesario. Tenía todos sus sueños puestos en el viejo calendario que puso en su pared, y donde colocaba una cruz a los días que lentamente pasaban. Pronto el primer mes pasó, mientras entregaba hasta su último aliento en sus exámenes. No había podido verse con Niall, a pesar de que su amigo lo había ido a buscar varias veces, porque apenas dormía un par de horas en su pieza y luego andaba sin parar por todas partes.
Inconscientemente trataba de no pensar. En el fondo de su corazón tenía miedo y se estaba sintiendo inseguro. Él ya no era el mismo niño que Louis conoció, claramente sus rasgos dejaban de ser tan infantiles y se volvían más adultos. Había crecido mucho, su cuerpo si bien estaba más estilizado, debido a todo lo que se movía, podía no gustarle al alfa. Su aroma a piña se volvía tan intenso cuando pensaba en él, que podía llegar a ser molesto y su pelo estaba más largo, porque no tenía tiempo ni dinero para ir a cortarlo.
Se intentaba tranquilizar pensando que quizás Louis se sentía igual, pero a él le daba lo mismo si el alfa estaba sin pelo o pesando 100 kilos. Su amor era más fuerte que cualquier apariencia física.
Y tenía razón, a miles de kilómetros había un alfa preocupado de no ser suficiente para su omega. No pudo defender su amor cuando dependían de sus padres, ¿Porqué sería distinto ahora? También intentaba silenciar sus demonios con trabajo y estudio, pero era muy difícil a veces, sobre todo en las noches, cuando su mente lo llevaba de vuelta a la primera vez que se vieron en la escuela.
No puede dejar de sonreír cuando recuerda ir caminando de prisa y chocar con Harry en una esquina. Los dos terminaron en el piso, adoloridos, pero él había reaccionado primero, acercándose al omega y ofreciéndole su mano para que se levantara. En ese mismo instante supo que no querría a nadie más en su vida, que ese precioso chico que lo miraba con un poco de temor, pero con sus mejillas sonrosadas, era quien lo acompañaría en este viaje llamado vida.
Una lágrima apareció en sus ojos cuando su mente lo llevó a ese mediodía en el parque cerca de la escuela, cuando ya sus amigos eran cercanos, y los cinco se habían vuelto inseparables. Compartían apuntes para un próximo examen, y Harry había ido a comprar un jugo. Cuando venía de vuelta, apareció un perro intentando morderlo. Logró correr, pero llegó muy agitado a donde estaban sus amigos y Louis se había preocupado mucho. Lo sentó en sus rodillas, con toda naturalidad, y mientras acariciaba su pelo, lo besó.
Los demás los miraban con esa envidia bonita de querer algún día sentir lo mismo que ellos, y que te correspondieran así, así de lindo, así de intenso, así de entregado.
Fue un beso suave, dulce, cortito y delicado, pero que llevó a sus corazones a bombear más sangre que en una carrera de obstáculos, y a generar nuevas especies de mariposas y de sinónimos para el amor.
La nostalgia se había instalado en su pecho, por tantos recuerdos hermosos que lograron tener en tan poco tiempo, aunque fuera a escondidas, aunque nunca pudieron mostrarse como querían, aunque tuvieran a su familia en contra. La melancolía de recordar el actuar de sus padres lo había llevado a una depresión horrible, que se manifestaba en forma de mal humor y de falta de ánimo. Con mucho esfuerzo logró salir de ahí, pero existía el temor de que reapareciera en cualquier momento.
Sólo sabía que al lado de su omega todo sería distinto. Siempre fue así, Harry era luz y calor y calma, era un pincel que suavizaba cualquier malestar, el afecto sincero del amor verdadero y la prueba viviente de que los ángeles existían.
Niall estaba desesperado. Había hablado con Louis y necesitaba decírselo a Harry, pero seguía sin encontrarlo, ya le dolían los pies de tanto caminar desde la pieza hasta la tienda, incluso había ido a la universidad y siempre llegaba cuando su amigo se había ido. Se le acababa el tiempo, así que como última medida le dejó una nota, citándolo a la medianoche en el paseo de las cabinas telefónicas, cerca del Big Ben. Eligió esa hora, porque sabía que ya no podría estar en otro lado, ni ocupado en algo más. Se devolvió a su departamento, dejando el camino lleno de su olor a jengibre.
Harry había estado demasiado ocupado, porque lo poco que le quedaba de tiempo libre lo estaba ocupando haciendo pequeños trabajos para poder juntar un poco más de dinero. Tomó esa decisión cuando Niall le dijo que había tenido un imprevisto y ya no podría prestarle lo que le había prometido hasta en dos meses más. Esa noche llegó rendido a su pieza, no era capaz de mover un solo dedo, pero le llamó la atención el olor tan distintivo de Niall. Sabía que lo había estado buscando, pero no pensó que fuera demasiado importante. Encontró la nota y la leyó, faltaban tres minutos para las doce, y estaba a diez del lugar en el que había sido citado.
Cambió rápidamente su chaqueta, y dejó su mochila. Caminó lo más rápido posible, y a pesar de ser una noche agradable de verano, el lugar estaba vacío. Se acercó a varias de las cabinas, pero ni un alma habitaba ese lugar. Se decidió a esperar diez minutos, y por mientras esperaba, pensó que era buena idea intentar llamar a Dallas.
Estaba tan preocupado de marcar bien los números, que no se dio cuenta de que había alguien observándolo, alguien que rodeó la cabina hasta llegar a la puerta.
Después de dos intentos, desistió. Lo más probable es que estuviera ocupado, seguiría mañana. Fue ahí cuando notó la sombra y se sobresaltó, porque esa persona no era Niall.
Su olor empezó a avinagrarse, en estado de alerta, y nada lo había preparado para lo ocurrió a continuación.
Pasó todo tan rápido, que por un momento pensó que era un sueño, uno en el que todo parecía borroso y que mezclaba la angustia con la esperanza.
La puerta se abrió y dejó ver a Louis, su Louis, su alfa, su amor… Ahí, intentando mantenerse de pie, mirándolo como siempre lo hizo, más bello que cualquier amanecer, con su aroma a ginebra que buscaba desesperado al suyo para reencontrarse y no separarse más.
Harry cayó al suelo, en ese pequeño espacio, sin poder creerlo, pero rápidamente se levantó y se lanzó sobre los brazos de Louis que lo recibieron gustosos y felices de tenerlo otra vez ahí, en ese espacio perfecto, hecho sólo para él.
—Lou, mi amor, estás aquí…
—Mi precioso omega, estamos juntos...
Se miraron, escépticos, dudando aún de que se tenían. Pero sus miradas no mentían, sus lágrimas derritieron sus miedos, y las sonrisas volvieron a sus labios. Tenían tanto que decirse, tanto por contarse, por descubrirse, por conocerse, pero nada era más importante que unir sus labios, que volver a probar la suavidad de sus bocas, la intensidad de sus manos en el cuerpo del otro.
A lo lejos, Niall y Tiare los miraban, conmovidos una vez más.
