Cuando El Otoño Llegue || Manjiro Sano

Summary

Unidos por una mariposa. Y por el lazo invisible del destino. "Estoy agradecido de que estes en mi vida", susurró Manjiro.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
5.0 1 review
Age Rating
13+

El lazo invisible del destino


Las motas de humo que soltaba el cigarrillo de Aki se desvanecían a la luz de un sol implacable. El cielo estaba tan despejado que parecía irreal, los rayos solares llegaban a todas partes y el aire frío que obligaba a la gente a abrigarse eran los primeros indicios de que el otoño estaba llegando.

Era un día hermoso, perfecto para pasarlo al aire libre, sobre todo para los pacientes del centro de rehabilitación que buscaban aminorar sus dolencias con un poco del calor que brindaban los generosos rayos de sol.

—Hoy es un día preciso, ¿no lo crees, Manjiro?—dijo Shinichiro mientras caminaba por el jardín empujando la silla de ruedas que desde hace un tiempo se había convertido en parte de su hermano menor.

—Ya no hace tanto calor, puedo oler el otoño acercarse—contestó Manjiro.

—Me alegra que hoy estés de buen humor.

Manjiro había sufrido de niño un accidente que lo había dejado tetraplejico, desde entonces su estado de ánimo variaba, a veces podía estar de buenas y de un momento a otro podía estar de malas.

Era normal. Cuando ninguna parte de tu cuerpo responde como quieres, o mejor dicho, no responde y lo único que puedes hacer son simples movimientos con algunos de tus dedos, la vida se vuelve agobiante. La tristeza de Manjiro se expresaba en enojos que terminaban en gritos y palabras hirientes hacia su hermano, abuelo y amigos.

—Podrías... Podrías dejarme tomar el sol un rato, Shin—pidió Manjiro a su hermano mayor.

—Está bien, Mikey.

—No me llames así, te lo he dicho ya no soy un niño. Tengo 17 años—contestó Manjiro de forma cortante y con una mirada fría, apagada.

Shinichiro soltó un fuerte suspiro, le dolía ver cómo había pasado el tiempo y como el estado de su hermano seguía de la misma manera, sin ningún avance. La culpa lo perseguía, para él, y para todos, las cosas serían muy diferentes si no le hubiera comprado aquel juguete que provocó su accidente.

—Tengo sed, ¿podrías traerme un poco de agua?, por favor—pido Manjiro a su hermano mayor, quien inmediatamente asintió.

—Enseguida vuelvo—dijo Shinichiro caminando hacia el edificio del centro para ir por el agua.

En realidad Manjiro no tenía sed como había dicho, mintió para poder pasar un rato a solas. Quería disfrutar un poco del día sin la asfixiante sensación de ser observado todo el tiempo por su hermano mayor.

Agradecía que lo cuidara, pero el hecho de que pasara todo el día pegado a él en ocasiones lo agobiaba, quería sentirse como un adolecente normal por aunque sea unos segundos.

Aki se encontraba sentada en la pequeña cerca de concreto que rodeaba el centro de rehabilitación. Fumaba un cigarrillo por tedio mientras observaba a los pacientes realizar su rehabilitación física al aire libre o simplemente disfrutar de los rayos de sol; fumar no era hábito en ella, solo lo hacía por curiosidad y porque estando ahí se aburría, desde que comenzó a fumar aquel cigarrillo se había ahogado por lo menos dos veces y lo había disimulado lo más que podía frente a los pacientes que estaban por ahí cerca.


Ella también debería estar tomando fisioterapia junto con ellos, pues se suponía que ese día le retiraban el yeso que cubría su brazo fracturado, pero lamentablemente no había sido así, su brazo aún no sanaba del todo, por ende no podían retirarle el yeso, no aún. Mientras esperaba a que los médicos analizaran su caso y le dieran indicaciones decidió que era buena idea fumar, había escuchando de una amiga que la nicotina ayudaba con la ansiedad y ese era un buen momento para ver si lo que le había dicho Tetsu realmente era cierto.

Aki vio atenta como Shinichiro paseaba a su hermano menor, ya los había observado en otras ocasiones, siempre estaban juntos, por lo que le parecía curioso que el peligro dejará solo al rubio en silla de ruedas.

Manjiro tomaba el sol tranquilo, deseaba poder tener mayor movilidad para admirar mejor el paisaje, pero no le era posible, se tenía que conformar con el rango de visión que le brindan sus ojos.

«¿Qué estarán haciendo Baji y Haruchiyo en estos momentos?»

Estaba ahí relajado pensando en sus amigos cuando una mariposa se posó en su nariz. Al principio le pareció divertido, pues pensó que la mariposa lo había confundido con una flor, pero cuando esta comenzó a caminar por su cara temió que se le fuera a meter a la boca o a la nariz.

Desde que había perdido la movilidad en casi todo el cuerpo, el mundo daba más miedo del que debería, incluso las cosas pequeñas y hermosas podían tornarse en pesadilla para él.

—Vete, vete—dijo Manjiro intentando ahuyentar a la mariposa, pero fue imposible.

—¿Quieres que la ahuyente?—habló una voz femenina a un lado del rubio.

—Por favor—pidió Manjiro mirando de reojo a la chica que lo había estado observado.

Con un simple movimiento de mano, la fémina espantó a la mariposa, esta emprendió vuelo sin alejarse demasiado, pues siguió revoloteando alrededor de ambos.

—Listo—dijo ella parándose frente a Manjiro para que él pudiera verla mejor—. Ahora eres libre de esa mariposa torturadora—bromeó.

Una pequeña risa escapó de la boca de Mikey, sorprendiendo a la muchacha, fue tan espontánea que hasta el mismo se sorprendió de escuchar su propia risa después de mucho tiempo.

Ya no era habitual que riera tan a menudo como cuando era niño.

—Muchas gracias—agradeció Mikey a la chica frente a él.

Era una chica de estatura baja, con el pelo corto y de color negro que se ondulaba un poco en las puntas, su tono de piel era apiñonado y sus ojos eran de un cafe demasiado clara. A Manjiro le pareció que era una persona amable y dulce con solo mirar su aspecto.

—No hay de qué—respondió ella dándole una calada a su cigarro que estaba a punto de acabarse, por suerte en esa ocasión no se ahogó—, ¿cuál es tu nombre?

—Manjiro, ¿y el tuyo?

—Un gusto conocerte Manjiro. Soy Aki.

—Es un nombre de niño—comentó Manjiro. Aki se encogió de hombros ante el comentario. Ella no tenía la culpa de que sus padres hubieran elegido ese nombre para ella— ¿Por qué estás aquí, Aki?—preguntó Manjiro con curiosidad, usualmente los pacientes de ese centro tenían problemas para caminar o de movilidad, pero ella se veía muy bien.

—Me fracturé el brazo—respondió ella y alzó su brazo para mostrárselo—. Cuando me quiten el yeso tengo que comenzar la rehabilitación para volverlo a mover como antes.

—Ya veo.

La chica le regaló una sonrisa a Manjiro, mientras lo observaba le pareció que era un chico muy lindo, Shinichiro se esforzaba lo suficiente para que su hermano se viera pese a su condición, pero eso no fue lo que le llamó la atención a Aki de Manjiro. Lo que le hizo sentir curiosidad por él era la falta de brillo en sus ojos, sus ojos negros carecían de algún resplandor que reflejara su alma.

Ambos se observaron unos segundos en silencio, ninguno sabía muy bien que decir y para Manjiro era la primera vez que interactuaba con alguien de su edad que no fuera Baji, Haruchiyo, la pequeña Senju o Emma, su hermana.

Estando ahí parada frente a él, el corazón de la fémina se sacudió y sintió la impetuosa necesidad de permanecer a su lado, era como si una voz ajena a ella le pidiera que lo hiciera.

Aquella mariposa color blanco siguió revoloteando alrededor de ellos como si los estuviera uniendo con el lazo invisible del destino, hasta que finalmente se posó en la cabeza de la muchacha.

—La mariposa está en tu cabeza—dijo Manjiro

—¿¡Oh!?—exclamó ella con asombro—Vete, vete—repitió Aki sacudiendo la cabeza, pero la mariposa esta vez no se movió de su lugar.

—Aún sigue ahí—dijo Manjiro conteniendo las ganas de reír por la forma tan graciosa que se sacudía la chica.

—¡Pero qué bicho tan necio!—gritó algo exaltada, pues la mariposa pasó a posarse en su nariz.

Manjiro no pudo contener la risa al ver cómo la chica frente a él hacía viscos para ver a la mariposa. Un estornudo fue lo que hizo que el bicho alado finalmente se marchara.

—No te rías de mí—le pidió ella entre risas.

—Perdón, pero debiste haber visto tu cara, fue muy graciosa.

La risa de Manjiro se volvió contagiosa y los dos terminaron riéndose demasiado, hasta el punto que por un momento los ojos de Mikey volvieron a brillar.

—¡Ey! ¿Qué haces aquí? No puedes estar fumando cerca de Manjiro. Aléjate—los gritos de Shin interrumpieron el momento de risa de ambos adolescentes.

Un silencio algo incómodo se apoderó del lugar mientras Shinichiro miraba mal a la chica que estaba riendo con su hermano.

—Lo siento—dijo la fémina lanzando el cigarrillo al suelo.

—Está bien Shin, Aki solamente me ayudó a ahuyentar una mariposa—le dijo Manjiro a su hermano con la intención de calmarlo.

Shinichiro no le agradeció a la muchacha. Se había vuelto desconfiado con las personas, pues en muchas ocasiones solo se acercaban a su hermano por morbo o para burlarse de él.

—Tenemos que irnos, el terapeuta te está esperando—dijo Shin quien se acercó a darle un poco de agua al rubio, para después comenzar a empujar la silla de ruedas.

El pelinegro ignoró a la fémina como si no estuviera ahí.

—Espero volverte a ver, Aki—dijo Manjiro antes de que Shinichiro se lo llevara a otro lado.

—Yo igual—respondió la fémina viendo como se alejaban—. Vendré a verte todos los días—gritó para que la escuchara.

—Eso espero—respondió Manjiro con una sonrisa de oreja a oreja.

Le agradaba la sensación de haber conocido a alguien nuevo, y sobre todo, el hecho de que después de mucho tiempo se había sentido como un simple chico de diecisiete años. Se había dejado de sentir joven desde que aquel accidente lo había dejado postrado en cama, dependiente de una silla de ruedas y a cualquiera que lo rodeara.

Pero esa tarde algo cambió, con la llegada del otoño, llegó una nueva compañía.

Tal como lo prometió, la fémina iba todos los días a ver a Manjiro, a veces lo veía en el centro y otras tantas lo iba a visitar a casa del abuelo Sano.

Le contaba cómo iban las cosas en la escuela, cómo su brazo por fin se pudo curar y también le gustaba leerle libros.

A veces solía llevarle dulces y se pasaban toda la tarde platicando. Con pequeñas acciones se fue ganando el cariño del rubio, quien después de mucho pensarlo terminó haciéndole un espacio en su corazón.

Incluso, después de algunas semanas, Manjiro le permitió que lo llamara Mikey, nombre por el cual solían llamarlo de niño y el cual había dejado en el olvido, pues les prohibió a sus amigos y familia que lo llamaran así.




Holi!! Aquí Hiro, gracias por leer, espero que les haya gustado gustado el capitulo de hoy.