Prólogo

Una mañana de primavera, Alicia estaba emocionada, ya que saldría por primera vez de la manada y vería un mundo lejos de los árboles que ocultaban su territorio. Su padre Jhon, el Alfa de la manada Luna creciente, conversaría con el Rey Alfa de la manada Emerald. En la cual se hallaban los licántropos pertenecientes a la realeza que existían en su mundo, eran de una raza pura y su Alfa Bastian era inflexible en cuanto a los avances y su mezcla entre razas. Por su parte, el Alfa Bastian, quería acabar con la humanidad e invocó a todos los Alfas de las distintas manadas bajo su control para una reunión importante. Jhon, el padre de Alicia, no estaba de acuerdo con la rebelión, también era un Alfa poderoso, pero estaba bajo su dominio y lo estimaba, solo esperaba poder convencerlo de dejar atrás su plan de rebelión, de lo contrario, no tendría otra opción más que obedecer.
Cuando llegaron, Alicia observó anonadada el castillo que los recibía, estaba acostumbrada a vivir en una fortaleza, pero no se acercaba ni siquiera un poco al castillo frente a ella, se veía antiguo, exuberante. Imponente. Sus paredes fortificadas y de ladrillo gris, era un castillo que pertenecía a la manada Emerald desde hace siglos, y era el único que había permanecido intacto luego de la cacería de los humanos.
Era difícil asegurar con exactitud cuán grande era, pero lo que más la desconcertó, es que estaba rodeado por licántropos, solo había visto a unos pocos mientras entrenaban, ya que en su manada todos permanecían en su forma humana para conservar las apariencias, dado que estaban muy cerca de un pueblo humano.
Al convertirse, algunos licántropos no eran capaces de controlar a sus bestias y perdían la razón, solo el Alfa era capaz de controlarlos mentalmente debido al vínculo, pero a veces se salían de control y era cuando siglos atrás destruían aldeas enteras y fueron cazados por los humanos hasta el punto de casi extinguirse. Por lo cual, permanecían escondidos desde entonces y con los siglos aprendieron a dominarse.
Era algo que el Alfa Bastian odiaba, no quería que su linaje se perdiera tras apariencias y prácticas humanas. Por lo tanto, en su reino todos los que tuvieran la capacidad de transformarse estaban convertidos en licántropos, eran bestias enormes, peludas que se levantaban en dos patas, su hocico aterrador y sus dientes afilados, sus dedos eran aún más largos que los de cualquier humano y sus garras afiladas, largas y negras. Su musculatura formidable y su altura temible, sus orejas largas y puntiagudas, además, sus patas eran grandes y podían correr en dos o en cuatro para tener mayor velocidad.
Todos usaban armadura dorada en sus brazos para detener las mordeduras de sus atacantes y contaba con una esmeralda rodeada por espinas y rosas. Alicia los observó aturdida, caminó al lado de su padre tropezando de vez en cuando con las piedras mientras se aferraba a su brazo y miraba los colmillos que la rodeaban. Los guardias licántropos se acercaron a ellos y los olfatearon. Jhon ni se inmutó, continuó su recorrido hacia la entrada con una mirada dura, en la cual los esperaba el Alfa Bastian y su hijo Alex.
Jhon miró a su derecha, encontrando que muchos autos se estacionaban alrededor del castillo, pero, mientras él estaba preocupado observando a todos los Alfas que habían asistido a la junta, Alicia cerró los ojos e inhaló profundamente. Un exquisito y adictivo aroma a tierra húmeda impregnó sus fosas nasales. Abrió sus ojos como platos y su miedo pasó a segundo plano, sintió un tirón en su estómago, una fuerza mayor la llamaba a gritos y ella ansiaba corresponder ese llamado, de modo que se liberó del brazo de su padre.
Corrió frenéticamente hacia la entrada del castillo, ella solo estaba concentrada en seguir el aroma, tanto así, que se olvidó por completo de los Lycans que la olfateaban de cerca, los cuales reaccionaron agresivamente ante su repentino movimiento. Gruñeron mostrando todos sus afilados dientes y corrieron hacia ella, pero él fuerte gruñido de un Lycan mucho más grande los detuvo en el acto.
Todos se detuvieron abruptamente enterrando las garras de sus patas en la tierra para detenerse a tiempo, aullaron enterrando la cabeza entre sus patas en una posición de sumisión y Alex se posicionó frente a Alicia. Quien no temía de su transformación, al contrario, estaba aferrada a él con los ojos cerrados.
Jhon y Claudín, la madre de Alicia, permanecieron estáticos en su lugar y miraron con sus desorbitados ojos la horrible escena frente a ellos, su pequeña hija estaba abrazada a las piernas de un enorme Lycan negro que la defendía cómo solo un Alfa lo haría con su luna.
Claudín fue la primera en correr, hasta que Jhon reaccionó y corrió tras ella para tomar el brazo de Alicia, pero se detuvo estrepitosamente al escuchar el gruñido de Alex que resonó en todo el bosque. Los Alfas presentes dieron un paso atrás con una mirada precavida y el Alfa Bastian y Jhon intercambiaron miradas de preocupación.
Los ojos verdes de Alex destellaban ira y su aura Alfa se impregnaba en el bosque. Ningún otro Lycan intentó acercarse, la mayoría retrocedió aullando y lentamente el cuerpo de Alex comenzó a crujir mientras aullaba y se retorcía para volver a su forma humana.
El Alfa Bastian corrió hacia su hijo y se quitó su gabardina, lo envolvió rápidamente y Alex deslizó los brazos dentro de ella con una mirada dura hacia Jhon. Tomó la mano de Alicia e intentó llevarla dentro del castillo, lo cual provocó que Jhon se alterara aún más. Corrió hacia ellos, pero Alex gruñó de nuevo y la apartó de él.
—¡Es mía! —gruñó mostrando sus caninos mientras el verde de sus ojos brillaba de nuevo.
—Dales un tiempo —propuso el Alfa Bastian.
—¡Solo es una niña! —gritó Jhon, sus ojos dorados brillando ante la posible pérdida de su hija.
Alicia lo miró con el ceño fruncido y despegó su rostro del pecho de Alex, por una parte, quería ir con su padre, pero por otra, no quería dejar el calor y olor que Alex le proporcionaba.
—¡Es mi Luna! —gruñó Alex mostrando los colmillos.
El dorado en los ojos de Jhon brillaba más que nunca, estaba controlando su bestia, al igual que Alex.
—Quiero estar con él papá, por favor —suplicó Alicia abrazada a Alex.
—¡No! Debes venir ahora mismo —ordenó Jhon.
Alicia no quería dejarlo, pero la orden de su padre fluía a través del vínculo, de modo que elevó su mirada a Alex y con los ojos vidriosos se apartó de él antes de intentar caminar a su padre, pero Alex la atrajo de nuevo a sus brazos.
—¿Quién te crees para darle órdenes a mi Luna? —gruñó Alex.
—Soy su padre —respondió Jhon entre dientes.
—¿Aceptarías que alguien se lleve a tu Luna, así sea su propio padre? —
Jhon abrió los ojos como platos y tragó saliva mirando nerviosamente al resto de Alfas que estaban de acuerdo con Alex. Todos asintieron en su dirección y Jhon lo aceptó, estaba preparado para que alguien reclamara en cualquier momento a su hija, pero no esperaba que fuera tan pronto, después de todo, Alicia solo tenía diez años.
…
Horas después, todos se hallaban dentro del castillo discutiendo sobre la estancia de Alicia. Alex estaba empeñado en que ella debía quedarse, pero Claudín fue la primera en negarse, por su parte, el Rey Bastian permanecía en silencio mientras escuchaba la disputa.
—¡Ella no se quedará aquí! —espetó Claudín—. ¡Alicia, debes rechazarlo ahora mismo! —ordenó.
Todos ahogaron un grito y Alicia corrió a refugiarse entre los brazos de Alex, quien gruñía mientras sus ojos destellaban un verde intenso.
—Creo que no es mala idea, Alex —concedió el Rey Bastian.
Alex lo observó airado y negó reforzando su abrazo protectoramente.
—Es nuestro vínculo, estamos destinados a estar juntos y es nuestra ley más sagrada, ¿cómo te atreves a decir eso? —reclamó.
—Porque es humana, nuestro linaje no puede mezclarse con los humanos —dijo duramente, mirando de reojo a Claudín.
—¡No soy humana, lo juro! —chilló Alicia, aferrándose a Alex.
Jhon suspiró con cansancio.
—Mi Luna es humana —dijo mirando a Claudín—. Pero puedo afirmar que Alicia no lo es, su transformación ha demorado, pero aún es muy joven —informó asintiendo en dirección de Alicia.
Alicia se apartó temerosamente de Alex y abrió su boca mientras apretaba sus párpados con fuerza. Lentamente, sus caninos descendieron y Alex sonrió satisfecho con una mirada astuta hacia su padre, quien asintió evidentemente más tranquilo.
—De acuerdo —dijo el Rey Bastian—. Solucionado el problema. Alex, esperarás que cumpla la mayoría de edad para poder reclamarla y marcarla, para evitar que sus instintos los dominen, Alicia regresará a su manada y podrás visitarla —
—¿Qué? —preguntó con los ojos desorbitados—. ¡Es la ley, ella debe quedarse aquí conmigo! —gritó.
—Tienes quince, ella es muy joven para tolerar la mordida y… y otras cosas —dijo con una mirada de advertencia.
Alex asintió aclarando su garganta, avergonzado ante la mención, pero Alicia seguía ajena al tema puesto que no entendía del todo el asunto de compañeros, aun no le explicaban a fondo el tema, lo único que le importaba es que nada se interpondría entre ellos y podían estar juntos.
—No, no —Claudín negó frenéticamente—. Jhon, no puedes permitir que sea compañera de una bestia como él —dijo con desdén.
Jhon envió una advertencia a través del vínculo para que guardara silencio, después de todo, estaban frente al Rey y para cualquiera sería un honor emparentar con ellos. Claudín guardó silencio ante la advertencia de Jhon, pero no dejó de mirar despectivamente las manos de Alex, las cuales estaban rodeando el cuerpo de su pequeña hija.
—Aclarado todo, tenemos asuntos más importantes que tratar —dijo el Rey Bastian poniéndose de pie y saliendo de la oficina.
Claudín siguió a Jhon de mala gana, no sin dar un último vistazo a su hija antes de salir. Alex y Alicia se separaron mirándose con una enorme sonrisa. Alex ahuecó las mejillas de Alicia con una mirada tierna y la condujo hacia una silla para tomar asiento frente a ella.
—Entonces… ¿Me marcarás hasta que tenga dieciocho? —preguntó Alicia con los ojos desorbitados.
Alex asintió encogiéndose de hombros.
—No me agrada la idea de esperar ocho años para hacerte oficialmente mía, pero aún eres muy pequeña —comentó acariciándole la mejilla tiernamente.
Alicia sonrió tiernamente y tomó la mano de Alex, la olfateó con los ojos cerrados y dejó un beso en ella. Alex la observó anonadado y se acercó para darle un beso en la frente.
—¿Seremos compañeros hasta entonces? ¿Qué somos ahora? —preguntó Alicia curiosamente.
Alex se acercó a ella y apoyó los codos sobre sus rodillas, tomó sus manos delicadamente y la miró fijamente a sus ojos marrones.
—Somos compañeros, pero aún no iniciamos el vínculo —
—¿Y cómo hacemos el vínculo? —
Alex aclaró su garganta y retrocedió liberando sus manos, rascó su ceja derecha y la miró pensativamente, sin saber exactamente qué decirle.
—Bueno, nosotros, nosotros tenemos que aparearnos y mordernos mutuamente —comentó con una mirada de preocupación.
Alicia asintió pensativamente y lo miró de nuevo.
—¿Y luego qué pasa? —
Alex sonrió observando su delicada e inocente expresión curiosa.
—Yo podré sentir tus emociones, pensamientos y sabré dónde estás, podré encontrarte en cualquier momento al igual que tú a mí. Además, nuestros Lycans se unirán y seremos más fuertes, ambos somos Alfas, así que algún día, ambos reinaremos a toda nuestra especie —
Alicia asintió con una sonrisa, la idea de estar tan conectada a él la emocionaba.
—¿Podría sentirte aún si estoy en mi manada? —
—Sí, estaremos vinculados y seremos uno —respondió con una sonrisa.
—¿Y por ahora no podemos hacer algo para vincularnos sin tener que aparearnos? —
Alex abrió sus ojos como platos y negó, el vínculo solo podía fortalecerse durante el momento de apareamiento.
—No, Ali. No funciona así —
Alicia hizo un puchero con sus labios y tomó las manos de Alex.
—Quería sentirte mientras estoy en mi manada. No me gustaría estar lejos de ti —
Alex soltó una leve risa y la abrazó fuertemente dejando un beso sobre su frente.
—A mí tampoco me gusta, pero voy a visitarte dos veces a la semana, ¿Qué te parece? —
Alicia se apartó de él ahogando un grito y asintió enérgicamente.
—Quiero darte algo —susurró quitándose el collar que tenía de su cuello.
Alex asintió e inclinó su cuello para dejar que Alicia le colocara un collar, el cual tenía una rosa dorada como colgante. Tenía una obsesión con ellas y su padre alguna vez le comentó, que era una reliquia familiar.
Luego de colocarle el collar, rodeó una vez más su cuello en un fuerte abrazo. Al estar en esa posición, de nuevo sintió ese tirón en su estómago que la obligaba a reclamarlo, no sabía qué significaba esas ansias que crecían en su interior, pero no pudo controlarse y olfateó el cuello de Alex con los ojos cerrados. Él sonrió ante su gesto y le acarició la cabeza tiernamente.
Él podía controlarse, lo había estado haciendo desde que se encontraron, pero ella no, de modo que, sin poder soportarlo más, clavó sus colmillos en el cuello de Alex.
Alex abrió sus ojos como platos e intentó apartarla, pero ella no estaba dispuesta parar, finalmente se separó un poco y lamió su cuello sintiéndose satisfecha y extasiada, pero Alex se apartó abruptamente y tocó su cuello con incredulidad, sintiendo la marca que su compañera dejó.
—¿Qué hiciste? —gritó furioso, temiendo que el vínculo no pudiera fortalecerse a su edad.
Alicia abrió sus ojos con asombro y la tristeza recorrió su cuerpo, se sentía avergonzada y humillada. Por lo tanto, intentó correr, pero Alex tomó su mano, su rostro ya no expresaba furia, en su lugar, la confusión hizo acto de presencia al poder sentir las emociones de Alicia.
Según sus leyendas, el vínculo solo era efectivo si se marcaban mientras se apareaban, pero ahora no estaba seguro de ello, puesto que podía sentir las emociones de Alicia. Todo en lo que creía dejó de tener sentido, ya su sangre estaba en el sistema de Alicia y no le importó las represalias de nadie.
Con sus largos dedos tomó la barbilla de Alicia y la inclinó hacia un lado, la emoción de Alicia se filtró a través del vínculo y Alex sonrió relamiendo sus labios. Sus colmillos se deslizaron hacia abajo rápidamente y la mordió, ingiriendo su sangre, sintiéndose extasiado en el acto, pero en contra de su voluntad, se apartó y lamió su cuello, admirando con una sonrisa triunfante la marca que la hacía completamente suya.
—Eres mía, pequeña traviesa —susurró, sus ojos verdes brillando intensamente mientras acariciaba sus mejillas y transmitía todo su amor a través del vínculo.
Alicia sonrió con sus ojos brillando en un dorado intenso, los cerró y se dejó arrollar por sus emociones.
—Y tú eres mío —respondió con una sonrisa.
De pronto, Alex frunció el ceño y se apartó de Alicia sintiendo un golpe en su pecho. La pérdida de su padre lo golpeó con fuerzas y un aullido estridente brotó de sus labios. Alicia lo observó asustada mientras él se retorcía de dolor ante la pérdida de su Alfa.
Solo se tranquilizó al sentir el miedo de Alicia, estaba aterrada y retrocedía, presa del pánico.
—Papá está muerto —dijo entre dientes, mientras él verde de sus ojos empezaba a titilar.
De pronto, aullidos atronadores invadieron el bosque y retumbaron en las paredes del castillo. Alex se dio la vuelta para correr y saber qué estaba sucediendo. Además, ante la muerte de su padre, inmediatamente él se convirtió en el nuevo Rey, por lo que necesitaba hacerse cargo de la situación.
—¡No me dejes! —gritó Alicia con una mirada de pánico.
Alex se sentía dividido, por un lado, su manada lo llamaba, y por el otro, el miedo de Alicia le exigía protegerla. Aun así, pensó que ella estaría segura en la habitación, ella aún no podía transformarse, de modo que, a través del vínculo, llamó a dos guardias para que custodiaran su puerta.
—Ali, debo ir, la manada me necesita. Te prometo que volveré a ti y aquí estarás segura —
Ante las palabras de Alex, Alicia se sintió segura. Asintió pensativamente, mientras él le daba un rápido beso en la frente. Salió corriendo de la habitación, sin saber que salvaría su manada, pero perdería a su luna en el proceso.
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