PrΓ³logo
Aviso:
Los acontecimientos narrados en esta historia es pura ficciΓ³n, no estΓ‘n relacionados con personas reales ni acontecimientos similares. Cualquier parecido con la realidad en sucesos, eventos, nombres, personas o acontecimientos son pura coincidencia
La guerra al fin habΓa llegado a su fin. La paz se habΓa alcanzado al coste de muchas vidas. Las ciudades, los campos y las colinas que fueron convertidas en yermos, donde el honor y la gloria jamΓ‘s existieron, alcanzaron la quietud que solo la calma puede traer tras seis aΓ±os de conflicto. Las ciudades y los pueblos convertidos en campos de batalla, donde solo rondaba la muerte, empezaban a reconstruirse tras el vendaval bΓ©lico que azotΓ³ durante seis largos aΓ±os.
Sin embargo, el mundo habΓa cambiado para las personas que lograron regresar del campo de batalla. Su cuerpo y su mente habΓa sido afectados al presenciar los horrores de la guerra, esta habΓa marcado profundamente su alma.
Algunos se consideraban afortunados al regresar a casa con vida mientras que otros no habΓan dejado el campo de batalla atrΓ‘s y, probablemente, jamΓ‘s lo harΓan. Transitaron por el infierno y lo atravesaron con tenacidad impulsada solamente por la desesperaciΓ³n de ver un maΓ±ana. Ese mismo sentimiento les obligΓ³ a cometer acciones que los perseguirΓan por el resto de sus dΓas, pero lo harΓan nuevamente con tal de no compartir el mismo destino de los que no regresaron.
El barco que transportaba a los soldados, supervivientes de la batalla de Guadalcanal, navegaba suavemente por las aguas mientras los alejaba de aquel infierno verde en donde dejaron parte de su humanidad. Todos estaban exhaustos, pero tranquilos por haberlo logrado. Se habΓan reunido en pequeΓ±os grupos para hablar sobre sus experiencias en el campo de combate, como una manera de descargar sus almas, e intentar revivir los Γ‘nimos que se habΓa llevado la guerra. Otros buscaban la soledad; querΓan luchar por sΓ mismos contra las cicatrices de la guerra.
Un grupo en particular se encontraba acomodado entre las cajas de medicinas para protegerse del viento, estaban emocionados por regresar completos a su hogar. Entre risas y cigarrillos empezaron a hablar sobre sus planes al tocar tierra.
βΒ‘Eduardo! βllamΓ³ uno de los soldados a su compaΓ±ero que, permanecΓa en la baranda de proa mirando como las olas se estrellaban en contra de los lados del barco. ParecΓa hipnotizado.
Al ver que sus intentos por llamar su atenciΓ³n no rendΓan fruto se acercΓ³ para sacarlo de sus pensamientos con una fuerte palmada en la espalda.
βNo pensarΓ‘s saltar por la borda ahora que al fin regresamos a tierra, ΒΏverdad? βdijo apoyΓ‘ndose al lado de Γ©l mientras observaba su rostro empapado por las gotas de agua.
βLo lamento, Michael. Es solo queβ¦ aΓΊn no me lo creo que estemos regresando con vida βrespondiΓ³ como si despertara de un sueΓ±oβ siento como si nos hubiΓ©ramos ganado la loterΓaβ¦ no como otros βsuspirΓ³ profundamente antes de continuarβ ΒΏDe quΓ© hablaban con los muchachos?
βNo soy mensajero de nadie, acompÑñanos. Cuando toquemos tierra tal vez ninguno de nosotros nos volveremos a ver. Comparte estos ΓΊltimos momentos con tu pelotΓ³n, capitΓ‘n.
Con una sonrisa forzada y de mala gana terminΓ³ aceptando. Se sentΓa como un viejo y no sabΓa cΓ³mo comportarse con el resto que hablaban con mucha alegrΓa.
βMuy bien, ΒΏDe quΓ© me perdΓ? βdijo sentΓ‘ndose al lado de Michael y encendiendo un cigarrillo que le habΓan alcanzado. SintiΓ³ como sus pesares se desvanecΓan convertidos en el humo que salΓa de su boca.
βHablΓ‘bamos sobre nuestros planes al regresar a casa, capitΓ‘n βdijo el soldado Gabriel Williams saludando a Eduardo.
βNo hace falta que me llames capitΓ‘n, Gabriel βrespondiΓ³ Eduardo tras dar otra bocanada al cigarrilloβ ya no soy su capitΓ‘n y ninguno estΓ‘ bajo mi mando.
Gabriel intentΓ³ hablar como si Eduardo sea un simple compaΓ±ero, pero sus palabras se enredaban entre lo informal y lo formal; causando las risas de sus compaΓ±eros
βΒΏCuΓ‘les son tus planes, Gabriel?
βYo irΓ© a trabajar en la fundidora de mi padre βrespondiΓ³ con el Γ‘nimo renovadoβ antes de enlistarme me habΓa alejado de mi familia por mucho tiempo y siento que me hacen mucha falta. Creo que es el momento oportuno para hacerme cargo del negocio familiar.
βTe dije que al regresar correrΓas a sus brazos βdijo el sub oficial Edward Jhonson alzando la voz y levantando una cervezaβ por mi parte renovarΓ© mi contrato con el ejΓ©rcito. EntrarΓ© en los marines como instructor.
Todos entrecruzaron miradas de sorpresa mientras le veΓan encender su cigarrillo con tranquilidad.
βΒΏQuΓ©? βrespondiΓ³ sorprendido ante el silencio de sus amigos.
βΒΏNo te bastΓ³ una guerra para estar satisfecho? βdijo Michael que no salΓa de su asombro.
βNo me jodas, amigo βdijo casi escupiendo su cigarrilloβ Sabes mejor que nadie que durante la batalla nuestro anterior capitΓ‘n no tenΓa idea de que hacer o cΓ³mo proceder, las comunicaciones eran confusas y sin guΓa, el resto simplemente Γ©ramos corderos en un matadero. Por la culpa de una mala toma de decisiones se perdieron muchas vidas y francamente no quiero que vuelva a ocurrir. FormarΓ© un pelotΓ³n de soldados que puedan tomar las decisiones con anticipaciΓ³n y armar una estrategia adecuada antes de que las Γ³rdenes lleguen. Ya no quiero ver a mis amigos morir frente a mis ojos por estupideces de un viejo que ni siquiera se encuentra allΓ. Es como en el campo de futbol, el entrenador no estΓ‘ contigo cuando tienes que tomar decisiones todo depende de los jugadores.
βEntonces deberΓas ser un entrenador de futbol antes que reingresar a la milicia βdijo Eduardo.
βTiene mejores prestaciones βrespondiΓ³ Edward tras una breve risaβ y tΓΊ ΒΏQuΓ© harΓ‘s, Michael?
βΒΏYo?... Bueno, no lo he decidido aΓΊn, pero me forzaron a servir como mΓ©dico en el campo de batalla asΓ que me gustarΓa entrar a la universidad para ser doctor.
Todos empezaron a hacer bromas hablando del desempeΓ±o del sargento Michael, especialmente cuando se desmayΓ³ al atender a uno de los soldados, le recordaron que el comandante le llamΓ³ la atenciΓ³n ya que si se deshidrataba nadie vendrΓa a recogerlo. Recordaron la falta de agua en esa colina y la alegrΓa se esfumΓ³ en un instante.
βSi tΓΊ sales titulado como mΓ©dico tendrΓ© que investigar mΓ‘s antes de escoger a alguno que me atienda, no quisiera que se desmayaran encima de mΓ βdijo Edward devolviendo las risas al grupoβ y tΓΊ, Eduardo. ΒΏYa decidiste que hacer con tu vida?
Eduardo se mirΓ³ la mano derecha un momento. EmpezΓ³ a recordar todos los horrores que habΓa vivido en Guadalcanal y esa pregunta lo habΓa tomado por sorpresa.
βEn eso pensaba, Edward βempezΓ³ a hablar tras un largo suspiroβ No tengo un hogar al cual regresar. Por unirme a la guerra desobedecΓ el mandato de mi padre y fui expulsado de mi familia. Por lo tanto, es como si fuera un huΓ©rfano βtenΓa una expresiΓ³n triste y no retiraba la mirada de su mano derecha.
βΒΏNo crees que tu familia estarΓ‘ feliz al saber que regresaste con vida? Y no solo eso, sino con el rango de capitΓ‘n.
βToda mi familia siempre ha sido muyβ¦ diferente a las demΓ‘s. Tienen una reputaciΓ³n muy grande en nuestro pueblo y mi padre siempre fue muy respetado entre todos. Siempre hablaban con Γ©l para tratar toda clase de asuntos. Ni siquiera el alcalde tiene tanto poder como mi familia. Es por esa razΓ³n que seguimos un cΓ³digo muy estricto y la palabra de mi padre es la ley. Toda mi familia siempre tuvo la labor de proteger mi pueblo ante cualquier conflicto, pero su tarea se limitaba al pueblo. Cuando estallΓ³ el conflicto sentΓ que debΓa venir, que esa misma dedicaciΓ³n se la merecΓan todas las personas. Mi padre no pensaba lo mismo βdio una bocanada profunda y aplastΓ³ el cigarrillo con la botaβ aun asΓ, decidΓ venir. Unos dΓas despuΓ©s, antes de realizar el viaje a Guadalcanal, me llegΓ³ una carta en donde estaba el sello lacado de mi familia conteniendo una hoja en blanco. Eso significaba que habΓa sido desterrado. ΒΏSaben una cosa? A pesar de todo aΓΊn siento esa necesidad de ayudar a la gente y es por eso que estaba pensando en trabajar en Los Γngeles como policΓa.
Tras escuchar la historia hubo nuevamente un silencio roto por el oleaje que arremetΓa la embarcaciΓ³n. Todos habΓan pasado por mucho y forjaron un lazo muy fuerte entre ellos, sabΓan que necesitaban ayudarlo, pero no sabΓan cΓ³mo.
βSabes que estΓ‘s saliendo de una guerra para entrar en otra, ΒΏverdad? βdijo Alejandro Oliviera quien se habΓa mantenido al margen de la conversaciΓ³nβ las calles de L. A. no te recibirΓ‘n con los brazos abiertos.
βTΓΊ lo dijiste teniente. En las calles se desarrolla una guerra mΓ‘s sutil, casi silenciosa. Aunque parece pequeΓ±a tiene una cantidad de vΓctimas similares. Las personas se matan unas a otras por droga o dinero. El hecho de tener un trabajo digno, una familia feliz o el dinero suficiente no asegura que un drogadicto se te aparezca y te meta un tiro entre los ojos. Quieroβ¦ noβ¦ necesito marcar la diferencia de algΓΊn modo, aunque sea mΓnima. Demostrarles a las personas que los policΓas tambiΓ©n son personas de confianza y no una mafia financiada por el gobierno.
Los ojos de Eduardo parecΓan despedir fuego por la decisiΓ³n que habΓa tomado. Desde que regresΓ³ en una misiΓ³n en donde solo Γ©l saliΓ³ con vida habΓa adquirido una mirada triste y perdida, excepto en ese momento. Algunos pensaban que los soldados caΓdos le habΓan pedido hacer algo y estaba dispuesto a salir vivo de allΓ para poder cumplirlo.
βΒ‘Con tu historial no deberΓa ser difΓcil! βgritΓ³ una voz que se acercaba al pequeΓ±o grupo sosteniendo una botella de alcohol y dando tragos de tanto en tanto. Era el teniente Sheldon Spearsβ Eduardo, βel soldado afortunadoβ βse apoyΓ³ en una de las cajas mientras se burlaba del pseudΓ³nimoβ Ascendiste rΓ‘pidamente de grado, pero todos sabemos la verdad. Te aprovechaste de la situaciΓ³n, ΒΏno es asΓ? ΒΏLo haces por los muertos? Tremenda estupidez. βescupiΓ³ a la bota de Eduardo quien se levantΓ³ para encararlo.
Sheldon arrojΓ³ su botella vacΓa cerca de donde estaba Alejandro. El alcohol lo habΓa alterado. ParecΓa que en cualquier momento se lanzarΓa sobre su capitΓ‘n para enfrascarse a golpes.
βΒΏSabes una cosa, seΓ±or βafortunadoβ? SufrΓ mucho mΓ‘s que ninguno de ustedes para alcanzar el rango al que lleguΓ©. AdemΓ‘s, todos mis hombres en mi pelotΓ³n regresaron sanos y salvos de las misiones mΓ‘s horribles que te puedes imaginar. Logramos salir adelante sin importar el calor y la sed. ΒΏSabes que me dieron? Una puta palmadita en el hombro y una nueva misiΓ³n. Mientras que el seΓ±orito aquΓ presente fue el ΓΊnico en regresar con vida tras una emboscada de los japos. Saliste vivo y sin un puto rasguΓ±o. ΒΏCΓ³mo lo hiciste Torres? βSheldon se girΓ³ hacia el resto extendiendo los brazosβ ΒΏCΓ³mo creen que fue posible? ΒΏun milagro? ΒΏsuerte? Β‘Por supuesto que no! Β‘Este bastardo los abandonΓ³! βgritΓ³ seΓ±alando a Eduardoβ Β‘HuyΓ³ ante la mΓ‘s mΓnima amenaza mientras que sus compaΓ±eros fueron masacrados! ΒΏQuΓ© obtuvo a cambio? Un ascenso como capitΓ‘n, tres medallas y esta bola de perdedores como pelotΓ³n. Apestas a desertor, Torres. ΒΏQuΓ© obtuve yo? βdijo seΓ±alΓ‘ndose exageradamenteβ un pequeΓ±o ascenso y una patada en el culo. AdemΓ‘s de varias heridas en mi cuerpo y una bayoneta en el vientre. Vi el hospital mΓ‘s veces que ninguno de ustedes, pero me neguΓ© a abandonar a mi gente por lo que regresaba siempre al combate para que ninguno de mis hombres tocara siquiera una sola venda en su vida.
βΒ‘Por favor! βse levantΓ³ Michaelβ sabes mejor que nadie que los comandantes tomaron malas decisiones en el campo, los sobrevivientes ni siquiera querΓan ser mencionados en los informes. Vi los reportes de tus misiones y tu nombre siempre aparecΓa resaltado. Al menos Eduardo no tuvo que lamer culos militares para subir de rango.
Sheldon se abriΓ³ paso a empujones hacia Michael, quien lo esperaba como un pescador a punto de ser embestido por una gigantesca ola.
βRepΓtelo, matasanos βlo empujΓ³ con su dedo Γndiceβ por si no lo recuerdas todos conocemos tu βsecretitoβ, no creas que no se percataron que te llevaste la morfina para drogarte y soportar aquel martirio. Nadie te delatΓ³ porquΓ© hacΓas un buen trabajoβ¦ hasta donde sabemos. EscuchΓ© rumores por ahΓ, enano.
Eduardo sostuvo con fuerza el hombro de Sheldon quien se girΓ³ hacia Γ©l furioso.
βΒ‘Teniente! Le recuerdo que mientras seguimos en el mar sigo siendo su superior y le ordeno que deje en paz al sargento Ayers.
βΒΏPor quΓ© no me da mejores Γ³rdenes, βcapitΓ‘nβ? βle respondiΓ³ sosteniendo de la camisa a Michaelβ ΒΏPor quΓ© no me ordena arrestar a este drogadicto? Su amistad viene con privilegios por lo que veo. ΒΏAsΓ quieres ser un buen policΓa? ΒΏSabe una cosa, capitΓ‘n? TambiΓ©n recuerdo a una persona que estaba en el pelotΓ³n que perdiΓ³, era mi mejor amigo desde que Γ©ramos niΓ±os. QuerΓa ser policΓa, pero no por los estΓΊpidos ideales que escupiste. Sino por algo mucho mΓ‘s noble, te adueΓ±aste de su vida y sus sueΓ±os, ca-pi-tan. Eres un hipΓ³crita Torres, solo buscas ser digno ante tu familia para regresar a las faldas de mami, pero ΒΏsabes una cosa? Yo andarΓa con mucho cuidado. Las calles de L. A. son lugares muy peligrosos y todo puede ocurrir. Especialmente para frijoleros como tΓΊ.
Sheldon se quitΓ³ de encima a Eduardo quien casi pierde el equilibrio y se alejΓ³ haciendo eses. No podΓan comprender como alguien como Γ©l tenΓa tal dedicaciΓ³n por los demΓ‘s, pero Michael habΓa visto los informes y todo lo que declarΓ³ era real. Ninguno de sus hombres fue herido mientras estaba a cargo.
βLo siento, Eduardo. Lamento hacer entender que eras unβ¦ βlamentΓ‘ndose por permanecer callado. Eduardo levantΓ³ la mano interrumpiΓ©ndolo.
βEduardo, te mereces el rango que obtuviste al igual que esos honores βdijo Edwardβ solo me bastΓ³ estar bajo tus Γ³rdenes para saberlo y no vendiste tu humanidad como otros que se volvieron animales al estar en ese infierno.
βHumanidad βEduardo dio una pequeΓ±a risaβ no hice nada extraordinario. En cuanto a lo que dijo Sheldon, tiene razΓ³n en una cosa, probablemente la suerte fue lo que me sacΓ³ de allΓ y probablemente alguien mΓ‘s merecΓa los honores que mencionas. No quiero aguarles la reuniΓ³n, con permiso soldados.
Eduardo se retirΓ³ de nuevo a la barandilla del barco para mirar el mar. Michael intentΓ³ detenerlo, pero Edward lo detuvo. Nadie sabΓa por lo que pasΓ³ y tampoco hablaba de ello. βHumanidadβ, pensΓ³ Eduardo mientras revisaba su mano nuevamente.
Un par de horas mΓ‘s tarde se escuchΓ³ el aviso que pronto llegarΓan a tierra y la euforia estallΓ³ en ese mismo instante. Todos gritaban de alegrΓa y saludaban a sus seres queridos mientras los esperaban en el puerto. Una banda empezΓ³ a tocar un himno a su llegada mientras eran recibidos.
βTodos menos ochoβ, pensΓ³ Eduardo mientras veΓa a las familias en el puerto. Antes de bajar del barco saludΓ³ a sus soldados y se marchΓ³. No sabΓa si volverΓa a verlos, pero si cortaba los lazos con ellos en su totalidad serΓa lo mejor para todos.

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