La despedida.
Mis gritos alteraron el ambiente pasivo del hospital, había logrado llegar hasta la puerta del quirófano donde atenderían el inherte cuerpo de Javier. El cinturón de mi vestido había servido inútilmente el propósito de parar la hemorragia del muñon que había quedado del antebrazo de mi prometido.
-¡Salvenlo! ¡Por favor!- gritaba despavorida deseando que mi voz desgarrada le devolviera a Javier la conciencia.
-Rodrigo hazme el favor de llevarte a la señorita fuera de aquí, ¡Rápido!- el camillero se volteó agarrándome de la cintura, mis piernas pelearon en contra del arrastre y golpearon las rodillas del sujeto varias veces con el tacón de mis botines.
Llegué entre jadeos y gritos a la sala de espera que se situaba en el primer piso junto al vestíbulo.
-Atrevete a tocarme una vez más, ¡Imbécil!- señalé al hombre con el índice ensangrentado y en respuesta a la agresión el levantó ambas manos sobre su pecho en señal de paz.
Giré sobre mis talones y comencé la pretensiosa tarea de hacer un hueco en el suelo. Los grandes ventanales que recorrían la fachada del hospital estaban empañandos por la calidez de la calefacción, el grosor de los vidrios nos separaban a mi y a unas cuantas personas del gélido y violento frío invernal. Había tardado un buen rato en llegar la ambulancia al psiquiátrico. Esperamos más de treinta minutos sobre el piso de piedra cuando las sirenas emergieron a lo lejos, Javier había perdido mucha sangre, después de que el subterráneo le arrancara un brazo y la mitad del otro, continuó desprendiendo con sus colmillos retractiles la piel a un lado de su cuello. Jamás tuve la experiencia de ser tan impotente y odié qué una criatura como Norman expusiera ese sentimiento.
Había escuchado de los seres que rondaban de un tiempo para otro los pasillos debajo de la tierra, entre catacumbas y portales que conectaban a este plano con el infierno las criaturas comenzaron a mezclarse entre nosotros y Norman era uno de ellos. Un híbrido al que culpaban de asesino, al despojar las vidas de toda una población.
Por alguna razón, la televisora para la que trabajaba Javier se había interesado en el caso. Pero nadie contó con la actitud inhumana con la que se desempeñaría Norman durante la entrevista.
Sacudí la cabeza para apaciguar un poco los pensamientos que cubrían mi memoria con imágenes que llevarían a cualquiera a la locura.
-Señorita- una enfermera se me acercó con una expresión ilegible, no pude culparla, tenía sangre seca por todo mi cuerpo, examinó con sutileza cada parte visible de mi piel, expuesta por el vestido que dejaba parte de mis piernas y brazos desnudos, no tuve la oportunidad de verme hasta que la puerta de cristal enfrenté de mi se abrió lo suficiente para reflejar lo macabro de mi aspecto, parecía sacada de alguna exitosa audición de Carrie.
Los pomulos se afliaban en un efecto delicado proporcionado por el rubor de mis mejillas y las ojeras que el maquillaje disuelto por las lágrimas dejaron a su paso durante mi crisis de ansiedad.
Los labios estaban hinchados por el constante roce al morderlos por el nerviosismo pero estaban de un color pálido, sin vida.
-Señorita, la policía desea hablar con usted- volví en si, enfocándome en la pequeña enfermera que estaba a un lado de mí, giré para encontrarme con su mirada pero su brazo estirado redirigió mi vista hacía un par de agentes uniformados que sostenían miradas lasivas a mi persona. Como si no fuera suficiente no pararon incluso cuando me acerqué a ellos.
-Diganme... ¿En que puedo ayudarlos?- por más que traté de sostener un tono educado la incomodidad de verlos recorrerme de pies a cabeza me asqueo y lo único que salió d emi boca fueron palabras envueltas en el desprecio total.
-Señorita...-
-Sara, Sara Vidal.- acomplete la insinuación que dejó el incomodo silencio entre nosotros.
-Bien... Señorita Vidal, soy el agente Carlos Garcés y mi compañero Damián Escuder, no prentendemos quitarle el tiempo, pero si podría contestar algunas preguntas nos ayudaría a ...-
-¿A confirmar la clase de monstruo que tienen encerrado en Santa Calina? Hablaré si eso ayuda a que deliberen matar a ese demonio, mi prometido está muriéndose a causa de esa cosa.- escupí cada palabra con la ira embelesado mi voz, provocando el quiebre en la última frase, que evidenciaba mi tristeza.
-Se lograron recolectar las grabaciones de todo el lugar, sin embargo se perdió parte de la entrevista justo en el momento en el que usted entró a la sala donde se llevó a cabo el interrogatorio- las facciones de ambos hombres eran inusuales, la belleza de sus gestos y el carisma que emanaban no eran de este mundo, podría asegurar que eran emisarios del plano superior.
-Diganos señorita.- la voz del otro oficial se deformó por un evidente nerviosismo, su cuerpo no se alejaló ni un metro de la puerta cristalizada de la salida y su semblante era peor que cualquier enfermo paciente de este hospital.- ¿El subterráneo le dijo algo?, ¿Habló con usted en algún momento?-
Una parte de mi mente se aferró a la idea de ir eliminando esa escena de mi vida poco a poco, pero estos sujetos no lo harían posible.
Damián se rascaba descontroladamente la piel, las gotas de sudor rodaban sobre las sienes y colapsaban al contacto con su pronunciada mandíbula. Aparté la mirada de tajo conteniendo mi lado curioso y sostuve mi atención al oscuro manto que dejó la noche del otro lado de los muros de cristal.
-"Voleveré a verte"...- un escalofrío me recorrió la base de la nuca, hasta la curva de mi espalda, los ojos verdes de Norman se clavaron en mí, una vez que entre a la habitación, había escuchado y observado todo desde mi cómodo lugar del otro lado del vidrio polarizado. Javier le había soltado un par de golpes antes de que Norman desatara sobre él toda su ira, rompiendo y cortando la carne y los huesos de mi prometido.- fue lo único que me dijo...
-Familiar de Javier García- la voz de la enfermera resonó en todo el vestíbulo, arrastrandome como un llamado, caminé a grandes zancadas hasta llegar a ella.
-Soy su prometida, por favor dígame que esta estable.- las lágrimas llegaron con el estremecimiento en mi garganta. Un hombre alto de mas de cuarenta años se acomodó a su lado, llevaba su vestimenta quirúrgica con manchas rojas sobre su estómago.
-Logramos estabilizarlo. Lamento decirle... Que los pronósticos no son favorables, las heridas estaban infectadas cuando llegó aquí, los tejidos han comenzado a pudrirse...- explicó el médico con notable tranquilidad, si alguien podia mantener la cordura en ese momento, debía de ser él, en cambio yo... Hervía por dentro, casi pude sentir como mis piernas se rendían por la noticia, mi cabeza tardó en canalizar cada palabra.- ...la esta esperando.
Caminé por la pura voluntad de mi quebrado corazón, sostuve mis miembros como si cada uno pesara una tonelada, dirigiendome al elevador donde la enfermera ya estaba aguardando por mi.
-Lamento todo esto señorita Vidal- Carlos se inclinó ligeramente impidiendo que yo siguiera caminando hacia la enfermera que impedía el cierre de las puertas del ascensor.- estamos para servirle.- Asentí con la cabeza y me dirigí al otro agente, el cual ya no estaba.- me disculpo por mi compañero, esta... A unas semanas de ser padre, estar lejos de su mujer lo pone nervioso.-
Vaya... Dos golpes bajos en un solo día.
-No se preocupe... Buenas noches, agente Garcés.
Mi mente permaneció en blanco durante los pocos minutos que duró el trayecto, sentí como la presión en mi pecho contraía mis pulmones y asi fue hasta que llegué a la habitación dónde estaba Javier. Me detuve un momento e ignoré las condiciones del medico que estaba a mis espaldas, la enfermera sostuvo la perilla de la puerta y la soltó a penas el doctor terminó de articular la última palabra, misma que fue sustituida por un zumbido insoportable.
Entré con la peor de las expectativas, pero como era de esperarse, estas fueron superadas. Javier estaba recostado boca arriba no tenía brazos y las vendas seguían absorbiendo un líquido amarillento, las sábanas estaban cubiertas del líquido al rededor de los bordes de sus muñones, lo sensores del pulso estaban cubiertos de sangre sobre su pecho y su rostro me cautivo cuando cruzamos miradas.
Me abalancé sobre él, metí una de mis rodillas debajo de sus costillas en lo que maniobre para sostenerlo de los hombros sentada en la orilla de la cama, su frágil cuello estaba tapizado de gasas que tampoco impidieron que la gangrena avanzara. Sus ojos marrones estaban cristalinos por las lágrimas que no pudo contener y ahí mismo me dejé llevar. Lo abracé hasta que mi alma se quebró en mil pedazos, sollocé sin ataduras y no me importó el ligero o fuerte olor de su carne pudriéndose... Solo tenía que ver sus hermosos ojos para que el hombre que hoy en la mañana me había dicho que me amaba se materializara, justo así quería recordarlo. Su cabeza había quedado ahuecada en ni cuello un esfuerzo lo hizo suspirar.
-Prometeme... Que no irás con él.- sus palabras provocaron desconectar el pasado haciéndome caer en picada hasta ese preciso momento.
-Javier... Yo.- mis pensamientos se toparon con una pared invisible trazada en el fondo de mi garganta, no podía articular algo coherente.- no debería, lo se, pero...-
-Jurame que no te arriesgaras Sara.- no pude evitar borrar sus carismáticos ojos del recuerdo y enfocarme en sus orbitas desequilibradas por una locura tangible.- el... El es...-
-¿Javier?... Javier por favor, no me dejes...- el aparato conectado a su pulso comenzó a acelerarse y bastó unos segundos para que Javier muriera en mis brazos.