_Atado de pies y manos
Las cuerdas se ajustaban en sus muñecas y lo inmovilizaban en la cama, apenas sí podía ver la forma en que Harry se encargaba de sus pies, abriéndole las piernas lo ataban en el borde. Amaba la manera en que Harry tomaba el control. Lo hacía jodidamente bien, además de que se adentraba en su papel de dominante el cual le cabía a la perfección.
—Lo único que lamento es que no podré tocarte mientras me montas —carcajeó—. ¿En algún momento me dejarás hacerlo? No pido mucho, quizás una sola mano.
—Eso lo veremos, Draco. Eso lo veremos —le guiñó un ojo y fue hasta el armario para seleccionar un dildo. Draco no tenía posibilidades de moverse, por ende era difícil que pudiera prepararlo y decidió hacerlo él mismo con un dilatador anal. Luego de elegir uno se giró y se lo mostró a su novio—. ¿Qué te parece éste? —ambos soltaron una carcajada al recordar el día que lo usó con su alter ego. El juguete con cola de gato, a veces lo olvidaban.
—¿Aún conservas eso? —de verdad que estaba sorprendido y su novio asintió sin perder el gesto en su rostro— ¿Las orejas también?
—Yo no boto nada —alegó y sacó la vincha para colocársela—. ¿Cómo me veo? —apuntó hacia su cabeza y con un hechizo comenzaron a moverse.
—Uhm, mucha ropa —musitó pensativo al verlo con la bata puesta—. Pero me gusta lo que veo —le arrojó un beso al aire y fue respondido del mismo modo.
—No comas ansias, que ya me desharé de eso.
Harry tomó el pote de lubricante y empapó el dilatador. El miembro de Draco se endurecía cada vez más con la sola imagen de su novio follándose con aquel juguete. Ante su mirada atenta, apoyó un pie sobre la cama y abrió las extremidades para que el orificio estuviese lo suficientemente abierto para que se acomodara bien.
Draco mordió su labio dejándolo casi rojo, gruñendo y gimiendo por lo bajo, con esa imagen tan erótica de Harry disfrutando la manera en que su entrada succionaba el consolador, con los ojos cerrados y la boca entreabierta soltando pequeños jadeos increíblemente sensuales. Una vez que estuvo por completo en su interior, bajó la pierna para acostumbrarse a la intromisión.
—¿Te encuentras bien? —preguntó al verlo acomodarse en la cama— Si quieres te puedo sacar las sogas de los pies.
—No, está bien —encorvó su espalda y encontró la posición más cómoda—. Me agrada la idea, aunque presiento que esto ya lo has usado en alguno de tus fanfics —bromeó haciéndolo reír.
—Sí, pero era yo quien estaba en tu lugar.
—Me agrada más de esta forma aunque no lo creas —sonrió de lado y Harry le devolvió el gesto yendo hacia el parlante—. Es sexy cuando llevas el control.
—¿De verdad te gusta cuando te domino, Draco? —utilizó ese tono ronco que le erizaba la piel— ¿Te pones duro al pensar que te someto a todo lo que yo quiero? —de su varita transfiguró un látigo que golpeó la piel de su novio haciéndolo sobresaltar— Contéstame, amor.
—Me encanta, me fascina —su respiración se agitó en cuanto el ardor en su pecho se presentó—. Amo que me controles y que me montes.
—Primero debo deshacerme de esto —señaló hacia su ropa—. ¿No lo crees? —tomó su rostro apretándolo, enterrando cada uno de sus dedos para presionar sus labios profundamente en un beso desaforado.
—Amo cada centímetro de tu cuerpo al desnudo —jadeó en el instante que mordió su boca—. Ya lo sabes.
—Dime Draco, ¿qué es lo que más disfrutas cuando me follo contigo? —seleccionó la canción elegida y con la yema acarició la pantalla mientras esperaba una respuesta.
—Tu rostro lleno de placer, mi amor —aulló cuando un nuevo latigazo en presentó.
—Tardas demasiado, a veces creo que dudas —se burló.
—¡Lo siento, lo siento! —tomó una bocanada de aire y su cuerpo ondeó hacia atrás— Amo la manera en que te mueves y encuentras el punto exacto que te hace enloquecer —respondió de forma agitada.
—Respuesta correcta, cariño.
Los primeros acordes de “Slave”* inundaban cada rincón de aquella habitación.
Harry se colocó de espaldas y extendió sus brazos hacia arriba, rotaba la cadera al ritmo de cada golpe en la batería. La guitarra comenzó y sus muñecas giraban a la misma velocidad que su parte baja. Con los pulgares, sin dejar de sacudirse, lentamente deslizó el cuello de la bata que lo recubría dejando al aire una pequeña porción de su hombro. Volteando sólo su cabeza, le regaló una sonrisa lasciva y descendió un poco más la tela.
Dejó al descubierto sus omóplatos y se giró para quedar de frente. Parte de su delantera se veía perfectamente y Harry sólo traía una diminuta ropa interior que sólo tapaba su masculinidad. Repasó con la palma su torso trazando un camino, demostrándole con gestos de que de verdad disfrutaba eso, hasta su bulto el que tomó con fuerza y gimió.
Los minutos se hacían eternos para Draco que sólo deseaba verlo encima suyo.
—Cariño, no me hagas eso —sollozó a punto de perder su cordura—. Ven aquí.
La bata finalmente cayó y la purpurina que adornaba cada músculo brilló en el medio de esa luz tenue. Harry gateó sin dejar de observarlo con esa mirada gatuna que lo encendía cada vez más. Soltó su cabello dejando que ondeara sobre sus hombros y bajara en parte de su rostro. Draco se encontraba al límite y su piel se erizó en el momento que con sus dedos le acarició los muslos.
—Muero por verte brincar en mi regazo.
—Y yo muero por sentirte dentro mío —ronroneó.
Tomó la masculinidad de Draco envolviéndola con los dedos y repasó con la lengua el glande de su novio quien siseó cerrando fuertemente los ojos. Se estiró y alcanzó el pote de lubricante y empapó todo el tallo para que estuviera lo suficientemente húmedo y listo para deslizarse en su cavidad. El sólo pensar que llegara hasta lo más hondo le estremecía cada parte.
Lamió el tallo y las venas palpitantes, sabía que lo hacía rogar de esa forma, pero no le importaba porque le gustaba llevarlo hasta el límite de su paciencia. Mientras succionaba y gemía, una mano viajó hasta el dildo y lentamente lo fue sacando y luego lo arrojó al suelo. Le dio un último lengüetazo antes de subirse en su regazo; apoyándose en su pecho se equilibró sin dejar de observarlo.
Con un hechizo no verbal conjuró uno de protección sobre ambos que era similar a un condón, pero con la piel expuesta que lo hacía cada vez mejor.
Acomodó la punta y lentamente descendió, abriendo la carne su orificio tomó la dureza de Draco apropiándose de ella en cada milímetro. Ambos gimieron en cuanto llegó hasta el fondo.
—¡Cielos, Harry! —se embebió con la imagen de Draco suplicando y sin dejar de sostenerse movió su cadera con formas de círculos.
Se embistió lentamente y sus miradas jamás se despegaron una de la otra. En cada penetración los anillos de su orificio cedían cada vez más. El dildo había hecho bien su trabajo y se encontraba bien preparado.
Cabalgó aumentando la velocidad y su espalda se encorvó hacia atrás. Acarició su pecho con una mano y la otra jamás abandonó el de Draco. La forma en que su próstata era estimulada sin duda lo haría correrse en pocos minutos. El grosor de la dureza palpitante de su novio era succionada sin pudor frotándose dentro tuyo llegando hasta lo más profundo de sus entrañas.
—¡Bebé, mírate!, no tienes idea lo bien que te ves. Tócate para mí, por favor, ya que yo no puedo hacerlo —le suplicó y Harry con suavidad bajó el borde de su ropa interior, dejando ver los vellos que recubrían su vientre.
—¿Cómo quieres que lo haga?
—Como más te guste. Igual que cuando te tocabas pensando en mí y escribías esas historias perversas que me fascinan tanto de ti.
Al mismo ritmo de las embestidas se masturbó sin dejar de observarlo con un gesto sensual, mordiéndose el labio ahogó gemidos y la electricidad en su vientre acrecentó. Draco sentía que iba a correrse y aguantó para no hacerlo. Quería que Harry lo hiciera primero igual que siempre.
Las gotas de semen se esparcieron en el abdomen de Draco quien se liberó de las ataduras sorprendiendo a Harry que se rio al verlo hacerlo de un modo tan simple. Lo atrajo para pegar sus cuerpos y buscaron sus labios en un beso casi desesperado. Draco se corrió minutos después con un gemido agudo dentro de su boca.
—Conocías el contrahechizo desde un primer momento, ¿cierto? —preguntó con una sonrisa de complicidad esperando que sus respiraciones se normalizaran.
—No quería arruinarte la sorpresa —carcajeó—. Me gustan tus orejas.
—¡Oh! Había olvidado que las tenía —se rio a la par de su novio tocándolas con los dedos mientras éstas se seguían moviendo con sus emociones—. Deberíamos tomarnos una ducha —sugirió al notar sus pieles sudadas.
—Creo que es una magnífica idea —presionando sus labios nuevamente le dejó en claro los sentimientos que traía dentro suyo. A veces la palabra te amo no era necesaria si se la podía demostrar de diversas maneras.