Capítulo 1
Miro para todos lados y no veo a nadie. No tengo idea de cómo sucedió, pero la puerta de la celda está abierta.
«¿Silvestre no tuvo tiempo de cerrarla? ¿Qué demonios sucede?».
Me siento tan mareado que veo todo dando vueltas. Aun así, hago mi mayor esfuerzo para caminar hasta la salida y largarme de este infierno, pero mis piernas se sienten tan pesadas que cada paso es un suplicio. Se me dificulta controlar mis movimientos y caigo sin tener la oportunidad de amortiguar el golpe, siendo mis rodillas y mi cara quienes se llevan la peor parte.
Tendido en el suelo, giro mi cuerpo para levantarme y volver a intentarlo, pero antes, cierro los ojos, tomándome un momento para reponerme del dolor. Al abrirlos, Venus está allí, parada a mi lado, y su mirada me resulta tan perturbadora como la filosa espada que sostiene con fuerza entre sus manos.
Buscando estabilidad, la veo acomodarse sobre mí, colocando un pie a cada lado de mi cuerpo inerte. Odio no poder hacer nada cuando mis manos, mis piernas y toda mi jodida humanidad siguen sin reaccionar.
«Este no es el final que tenía en mente».