Capítulo único.
La tienda que había no muy lejos de la universidad de artes era bastante conocida, todos los universitarios pasaban por ahí ya sea incluso para comprar algunas pinturas o pinceles. Se supone que esas cosas no estaban ahí desde el inicio, pero el dueño de la tienda se las apañó para poner un pequeño espacio lleno de cosas que cualquier universitario de artes pudiera necesitar.
Había un chico, un chico de cabello negro, negro como la noche, con todo el flequillo cubriendo su frente. Ese rostro angelical que le hacía lucir como un pequeño niño que no había roto un plato.
Los clientes amaban ir a comprar a ese local solo para poder ver al chico que estaba detrás del mostrador y que este les dijera "gracias por la compra, que tenga un buen día" y ver la sonrisa del chico que era digna de comparar con la de un precioso conejito.
Más de una persona se había quedado mirando la chapita plateada que colgaba de su uniforme, leyendo perfectamente el nombre de "Jungkook" en ella. Esas personas no dudaban en usar el nombre del chico, saboreandolo entre sus labios a la hora de decirlo.
Y el dueño del local estaba encantado, porque al parecer ese muchacho había hecho que su clientela aumentara, quizá por su cara bonita o quizá por su suave voz o su trato amable.
Habían intentado ligar más de una vez con él, pero Jungkook siempre se había negado, aunque había agarrado más de un papel con el número de teléfono de alguien anotado, pero siempre los había tirado después.
Quizá Jungkook no estaba interesando en tener citas y solo se centraba en su trabajo.
Hoy era martes, y justo la hora donde los universitarios salían de sus clases. Jungkook estaba preparado para recibir a los clientes y fue eso exactamente lo que sucedió.
Varias personas entraron como si aquello fuera un local de comida, pero siquiera se acercaba a serlo aún cuando si tenía una nevera con botellas de agua y refrescos. Jungkook se preguntaba cómo los mismos chicos que aparecieron ayer, volvían hoy a comprar algo distinto.
—Buenas tardes, Jungkook.
—Buenas tardes, señorito Jung.
Ahí estaba Jung Hoseok, un chico de unos veintisiete años que siempre aparecía en la tienda donde trabajaba Jungkook. El chico comprendía que Hoseok pasara por ahí muchas veces, al fin y al cabo tenía una especie de fanatismo con arreglar cosas y además de eso era fontanero.
—¿Qué planea arreglar esta vez? —preguntó Jungkook escaneando el código de barras de la pequeña caja donde había algunos fusibles.
—Mi hermano me llamó diciendo que le había saltado el fusible del microondas, así que planeo cambiárselo.
—Asegúrese de que ninguna pieza de dentro este rota, quizá saltó el fusible por eso y así evitar más roturas y que el microondas no prenda fuego —Jungkook guardó la caja en una pequeña bolsa y la dejó en un extremo.
—¿Cómo sabes tanto de estas cosas? Te ves bastante joven —Hoseok le enseñó su tarjeta a Jungkook y este no tardó en acercar el datáfono hasta él.
—Bueno, Yoongi hyung es muy torpe y yo aprendo muy rápido, cuando algo se rompe siempre lo arreglo yo —Jungkook contó eso con una sonrisa.
—¿Hablas de tu compañero de piso?
—Se podría decir que si —Jungkook le extendió la bolsa a Hoseok—. Gracias por venir, ten un buen día.
—Tú igual, Jungkook.
El día continuó como si nada, tal y como todos los días cuando Jungkook trabajaba, sin embargo cuando faltaban cinco minutos para cerrar, un chico de cabello morado entró por la puerta.
—¿Puedo ayudarle en algo? —preguntó Jungkook al ver que aquel chico solo se había quedado ahí parado, justo frente a la nevera.
El chico alzó la cabeza y Jungkook rápidamente notó las lágrimas caer por sus mejillas.
—¿Todo bien? —preguntó
—Mi novio y yo lo dejamos.
Se supone que aquello era una tienda, ellos dos eran completamente desconocidos ¿por qué le acababa de soltar eso tan de repente?
—Oh, lo lamento —Jungkook no sabía exactamente qué decir en aquel momento.
El de cabello morado comenzó a llorar incluso más fuerte, pero Jungkook no se inmutó, solo continuó detrás del mostrador sin saber exactamente si debía acercarse o hacer como si nada.
—Yo estaba haciendo todo bien, no entiendo qué ha podido pasar.
Como si el chico de cabello morado tan solo buscara algo de consuelo, se acercó hasta el mostrador, teniendo la confianza de rodearlo para abrazarse al cuerpo de Jungkook.
El de cabello negro solo se quedó quieto en su lugar sin saber porque el otro chico le estaba abrazando.
—No habrá sido su culpa, quizá tenía sus motivos, pero yo no puedo decirle, no soy su ex novio por lo tanto no lo sé —susurró Jungkook.
El de cabello negro giró su cabeza observando el reloj que había colgado en la pared, dándose cuenta que debía cerrar la tienda e irse.
—Oye, debo de cerrar la tienda y tampoco debería estar aquí ya —susurró Jungkook.
—Cierto, lo lamento —el de cabello morado se apartó y como si nada salió del local.
Jungkook observó la puerta extrañado y se dedicó a revisar la tienda, observando que todo estuviera en su lugar para después apagar las luces y salir.
Había puesto la alarma y había cerrado la puerta con llave, como si eso fuera poco bajó la persiana y colocó un candado, guardándose las llaves para poder abrir la tienda mañana.
Eran las once de la noche y todo era silencio, aunque bueno, los sollozos de cierto chico hicieron que Jungkook en vez de caminar directamente a casa, caminara hasta aquel banco donde el chico estaba sentado.
—Hey, no debería estar aquí hasta muy tarde —habló Jungkook parándose justo a un lado del banco.
—Estar aquí solo es mejor que estar en mi casa.
—¿Tampoco tiene buena relación con su familia?
—No la tengo y ojalá se pudran —respondió molesto el otro chico.
Los recuerdos llenaron la cabeza de Jungkook, sintiendo que ya había tenido esa conversación antes, esos problemas se le hacían muy familiares, tal vez demasiado.
La mirada de Jungkook permaneció sobre el chico de cabello morado, hasta que este alzó su cabeza. Jungkook le dedicó una sonrisa, mostrando sus dientes, esa sonrisa que siempre les dedicaba a sus clientes en un intento de parecer más amable.
—Sigo pensando que aún así no es bueno que esté aquí solo —insistió—. Si quiere puedo acompañarlo un tramo hasta su casa.
—Por favor, deja de tratarme con respeto o como un usted, tan solo tengo veinticinco.
—Lo lamento —Jungkook hizo una pequeña reverencia, pero no borró su sonrisa.
Nadie le había negado algo a Jungkook, desde que era un niño siempre ha sido una clase de consentido, con una sonrisa amplia él ya conseguía absolutamente todo lo que quería.
Era raro que alguien le negara algo, por eso cuando el chico de cabello morado se levantó, Jungkook supo que había aceptado su oferta.
—Tampoco debes pensar mucho en lo de tu novio, quiero decir, algún motivo tendría que haber, quizá hablando con él…
—No quiero saber nada de él.
Era tan repentino como aquel chico había pasado de llorar a estar molesto, como si Jungkook hubiera activado algo que al chico le hiciera ver que llorar en un banco por la noche no valía la pena.
Jungkook decidió que era mejor guardar silencio, al fin y al cabo no conocía al chico de nada y tampoco podía sacar mucho tema de conversación.
—Por cierto, soy Jimin.
No se esperaba en absoluto que el otro chico se presentara, es decir, no pensaba volver a verlo en la vida.
—Soy Jungkook.
—Lo sé, lo leí en tu chapa —Jimin extendió su brazo hasta poder golpear la chapa en el uniforme de Jungkook, haciéndola tintinear.
Ellos continuaron andando hasta que en la calle podías decidir girar a la izquierda o seguir recto.
—Te dejaré aquí, Jimin —Le hizo saber Jungkook, ya que él planeaba girar hacia la izquierda.
—Está bien, Jungkook, ya nos veremos —Jimin alzó su mano en forma de despedida.
Era obvio que Jimin siguió recto y Jungkook terminó por girar a la izquierda, cada uno siguiendo su respectivo camino.
Quizá Jungkook no había hecho su mejor elección a la hora de elegir trabajo, su casa quedaba algo lejos y a veces cuando el día resultaba agotador, él debía volver andando, ya que por su zona no pasaba ningún autobús.
Movió su mochila hasta su costado para poder rebuscar en ella las llaves y cuando las encontró, abrió la puerta, cerrando tan pronto como estuvo ahí dentro.
—¡Ya estoy aquí, hyung! —exclamó caminando hasta la habitación, extrañado de no ver a su hyung en la cama.
Dejó su mochila en un rincón de la habitación, casi al lado de la ventana. Observó las paredes de su habitación, siendo más que consciente de que debía de pintarlas al menos debido a algunas manchas negras.
Caminó por la pequeña casa hasta la cocina.
—Ven, hice la cena —Jungkook casi corrió para sentarse al lado de su hyung.
—Yoon hyung no tenías porque, podrías haberme esperado y la hacía yo.
—Tienes trabajo, no te voy a dejar haciendo todo.
Había dos tazones de ramen en la pequeña mesa de la cocina, quizá no era una cena de dioses, pero para Jungkook era la mejor cena de todas.
Como todas las noches que Jungkook volvía del trabajo, comenzó a parlotear, explicándole lo que había hecho hoy o si había algún suceso fuera de lo normal que hubiera llamado su atención.
—¡Cierto! Un chico de cabello morado entró justo antes de que cerrara la tienda, estaba llorando.
—¿Sabías por qué lloraba? Estoy seguro de que le preguntaste porque siempre te haces el bueno con todo.
—En realidad él me lo dijo por su cuenta, hyung —Jungkook se encogió de hombros—. Por lo que se ve le dejó el novio y tiene algunos problemas familiares.
—No te intentes hacer el salvador como conmigo ¿si? —Yoongi le señaló con los palillos.
—Oye, deja eso, creo que no hice nada malo ayudándote.
—Culparte cuando algo no iba bien o algo malo sucedía, eso es lo que hacías mal —Gruñó Yoongi—. Comprendo que quieras ayudar a la gente, pero a veces no puedes ayudar a todos, Jungkook.
El de cabello negro no dijo nada solo acabó su cena y limpio lo que había ensuciado, yendo hacia el único dormitorio que había en la casa.
Dejó el uniforme en el espacio que hacía en la ventana y se colocó ropa más cómoda para después tumbarse en aquella cama que compartía con Yoongi.
Ellos tenían la confianza suficiente, no solo para compartir piso, si no que también para compartir cama y espacio personal, no había problema con eso, nunca lo había habido.
Esa noche, Jungkook durmió observando la pared, dándole la espalda a la única ventana que había en la habitación, cuando de normal era al revés.
🔥
La mañana siguiente tampoco fue la mejor para Jungkook, Yoongi no estaba ahí, por más que ellos hubieran dormido dándose la espalda, Jungkook odiaba que Yoongi desapareciera y lo dejara solo por la mañana.
Los movimientos de Jungkook fueron algo bruscos esa mañana, casi rompiendo un vaso a la hora de hacerse el café. A él antes no le gustaba el café, pero al juntarse tanto con Yoongi, hizo que terminara encantado con el sabor, quizá porque le echaba más leche que café.
Luego de su desastroso desayuno se duchó de manera rápida, lavando su cabello y dejándolo húmedo. Hizo todo lo necesario en el baño, dejándolo todo en orden antes de salir para vestirse con su ropa interior y uniforme. Llegaba tarde al trabajo así que sería más fácil llevar el uniforme puesto en vez de cambiarse ahí como otras veces había hecho.
Colgó su mochila negra sobre sus hombros, asegurándose de que llevaba todo dentro y salió de la casa, siendo recibido por los rayos de sol directos en su rostro.
Dio una última mirada a su casa y caminó en dirección a la tienda, pero justo cuando él llegaba, su jefe, Min Seokjin, ya estaba abriendo.
A veces para Jungkook era gracioso recordar que trabajaba para el hermano de Yoongi, pero sabía que Seokjin era el único familiar bueno que Yoongi tenía.
Recordaba perfectamente el día que conoció a Seokjin y este le ofreció trabajo en su tienda aún sin conocerlo del todo.
—Buenos días, Seokjin hyung.
—Veo que casi llegas tarde, Jungkook.
—Lo lamento —el menor hizo una pequeña reverencia.
—Suerte tienes de ser mi trabajador estrella —Seokjin desordenó el cabello de Jungkook antes de levantar la persiana.
Abriendo la puerta de la tienda, Seokjin se adentró primero al local y Jungkook entró después, dándole la vuelta al cartel para dar a entender que la tienda estaba abierta.
Jungkook caminó por la tienda, entrando por esa puerta que ponía privado para dejar su mochila y sin mirar nada más salió de ahí para colocarse en su puesto.
Era miércoles, eso significa que Jungkook hacía doble turno porque la chica que tenía el turno de mañana ese día no podía ir. Los lunes, miércoles y viernes, Jungkook tenía que compartir su turno de la tarde con su compañera Seulgi.
Seulgi normalmente hacía el turno de mañana y Jungkook el de tardes, sin embargo quedaron que los lunes, miércoles y viernes cambiarían, ya que Seulgi tenía clases de canto en la mañana. Sin embargo Jungkook terminaba quedándose todo el día en la tienda y le hacía algo de compañía.
Ese día Jung Hoseok apareció por la tienda esta vez comprando un pegamento especial para plástico porque debía pegar una pieza de su lavadora. Jungkook escuchó la historia que como la sobrina de Hoseok había rotó una parte de la puerta de la lavadora.
Como era de esperar luego de eso, alumnos de la universidad aparecieron y Jungkook atendió a todos con esa sonrisa radiante.
Seulgi apareció poco después y él tan solo comenzó a pasearse por los pasillos y se paró a hablar con la chica más de una vez, mostrándose más que interesado en las clases de canto de su compañera de trabajo.
Casi cayendo la noche, el mismo chico de cabello morado que apareció el día anterior, entró por la puerta.
—Buenas noches, Jimin —Jungkook saludó con una sonrisa.
—Buenas noches, Jungkook —saludó de vuelta el chico antes de perderse por los pasillos.
—¿Lo conoces? —preguntó Seulgi algo confundida.
—Lo conozco, apareció ayer por aquí ¿por qué?
—Creo que va a la academia de baile, está justo al lado de la mía de canto, me suena haberle visto.
Jungkook se encogió de hombros, si bien sabía dónde estaba la academia de canto de Seulgi, nunca se había fijado en quien iba allí.
Jimin apareció poco después, sosteniendo unos alicates en su mano derecha y algo de alambre.
—¿Puedo saber para qué es eso? —preguntó Jungkook curioso.
—Ni la menor idea, mi padre me mandó a comprarlo y una especie de almohadilla redonda y unas pegatinas blancas redondas también, pero no tengo ni idea de dónde están.
—Ven conmigo en ese caso —Jungkook le hizo una señal para que lo siguiera.
Una vez más se perdieron por los pasillos y Jungkook obviamente le dio a Jimin lo que el de cabello morado no lograba encontrar.
—Al parecer eres bueno en tu trabajo.
—Por algo sigo aquí y no me han despedido —habló divertido Jungkook.
A Jimin le parecía impresionante como Jungkook mantenía aquella sonrisa en el rostro sin problema.
—Odio que mi padre piense que soy su recadero o algo así.
—Al menos te paseas, siempre y cuando te guste pasear.
—Me gusta pasear en compañía, no solo —Jimin dijo aquello justo cuando frenaron frente al mostrador.
—Podemos pasear en compañía alguna vez si quieres.
Seulgi observaba la escena con una ceja alzada, sin esperar esas palabras por parte de Jungkook.
Jimin terminó por pagar, agarrando la bolsa donde iban todas las cosas.
—Estaría bien eso de pasear algún día —Sin nada más que decir, Jimin salió por la puerta.
—¿Qué fue eso? Pensé que no coqueteabas en el trabajo.
Jungkook se coló detrás del mostrador, sentándose en la pequeña silla que había ahí.
—No lo hago, además, no entiendo a esa gente que me ofrece su número de teléfono en horario de trabajo —respondió encogiéndose de hombros.
—Pero al de pelito morado si le ofreces ir a dar un paseo.
—No veo nada de malo en dar un paseo, es bueno despegarse de los problemas de ese modo.
—¿Cómo sabes que tiene problemas?
—Todos los tenemos y al parecer él lo que menos quiere es tener contacto con su familia —Jungkook observó la hora, viendo que tan solo quedaba una hora para acabar.
No entró mucha gente después de Jimin, más bien Seulgi y Jungkook pudieron mantener una conversación normal, incluso robando refresco de la pequeña nevera que había en la tienda.
Jungkook volvió a casa, dándose cuenta de que Yoongi no estaba ahí, lo cual hizo que frunciera el ceño confundido, pero aún así no le dio más importancia de la necesaria, sabía que Yoongi volvería en algún momento y ambos despertarian juntos.
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Jungkook se preguntaba cómo había terminado haciéndose amigo de Jimin.
Desde la llegada del chico de cabello morado a la tienda, Jungkook se acostumbró a que el chico apareciera de manera diaria, aún si no compraba nada, Jimin pasaba por ahí.
Siempre un poco antes de que Jungkook cerrara la tienda, Jimin se encargaba de aparecer y se quedaban hablando un rato, conociéndose cada día más, recorriendo el mismo camino que la primera vez.
Era una especie de costumbre, que caminaran juntos y se despidieran cuando Jungkook debía de desviarse y girar a la izquierda.
Jungkook nunca esperó que un chico de cabello morado que entró a la tienda hecho un mar de lágrimas y que encima le abrazó como si nada, se hiciera su compañía y si amigo.
Como si eso fuera poco, Yoongi había desaparecido, o más bien, cada vez pasaba menos tiempo en el departamento. Jungkook temía que si todo seguía así, Yoongi terminara por irse y no volver a aparecer.
Aún así, él estaba seguro de que Yoongi no estaría ese día, por ese motivo, Jimin y él caminaban hacia el apartamento del de cabello negro.
—¿Seguro a tu hyung le da igual que yo vaya?
—Estoy seguro de eso, además, tan solo cenaremos y charlaremos, no es como si fuéramos a hacer algo malo —Jungkook se encogió de hombros.
—Es tan raro que después de meses hablando solo en la tienda, recién esté yendo a tu casa.
—Siempre me pregunto cómo nos hicimos amigos, en su momento pensé que no vendrías más a la tienda.
—Yo también lo pensé, pero esa sonrisa tuya me obligó a volver a ir, es impresionante como siempre mantienes tu sonrisa intacta o tratas con tanta amabilidad a la gente —Jimin se encogió de hombros—. Me escuchas más que mis supuestos amigos, por lo que me siento cómodo hablando contigo al menos un poco en la tienda, se me hizo costumbre.
—Menuda costumbre venir cuando debo cerrar.
—Qué te quejas te hago compañía.
—O me lloras porque sucedió algo con tu familia, siento que tu familia es medio tóxica, como tu ex.
—Te agradezco por escuchar mis problemas.
—Si no puedo ayudar, al menos me gusta escuchar —ambos chicos se pararon frente a la casa de Jungkook.
Jimin nunca había pasado por ese barrio, de hecho cuando iniciaron a caminar por esas calles se sintió algo incómodo, más de una casa parecía que se iba a caer y más de una estaba abandonada, eso seguro.
La casa de Jungkook quizá no era la mejor, pero al menos se veía estable y que no se estaba cayendo a pedazos.
—Lamento si hay desorden —Jungkook dejo que Jimin pasara primero.
La casa era pequeña, Jimin ya se esperaba eso conforme la vio por fuera, pero aún así parecía acogedora.
Jungkook se dirigió hasta la habitación, dejando la mochila ahí y Jimin lo siguió por curiosidad.
—¿Qué son las manchas negras en la pared, Kook? —el de cabello negro alzó su cabeza observando a su alrededor.
—Oh, hubo un incendio, debo de pintarlas.
El dueño de la casa comenzó a caminar, pasando por el salón y acabando en la cocina la cual estaba recogida.
—¿Quieres que cocinemos algo? —preguntó Jungkook abriendo la nevera, la cual para su suerte estaba llena.
—¡Cocinemos tteokbokki! —exclamó Jimin.
—Está bien, cocinemos tteokbokki.
Ambos chicos se pusieron manos a la obra, Jimin colocó algo de música para subir el ánimo, pero al parecer eso daba igual, ambos hablaban sobre la música.
—Nunca voy a entender porque tu padre odia la idea de que seas bailarín.
—Según él, eso no me va a dar de comer, ni es una buena profesión, debería buscarme un trabajo de verdad.
—En los vídeos que me mostraste, bailas más que bien, no sé de qué tanto se queja tu padre.
Jungkook con sus palillos se las apañó para agarrar un trozo de salchicha y llevarla a su boca tras soplar un poco.
—Cosas de padres supongo.
—No le des muchas vueltas, bailas bien, a mí me gusta como bailas.
—Muchas gracias, Kook.
Ambos se miraron con una sonrisa antes de continuar con la tarea de acabar de cocinar.
Jungkook se encargó de colocar todo en un mismo plato para llevarlo a la mesa del salón. Jimin se quedó sentado en una de las sillas y Jungkook se encargó de llevar los vasos y la bebida, porque Jimin ya había llevado los palillos.
—Puedes iniciar a comer, iré a cambiarme, ya me cansé de llevar el uniforme.
—Pero si te ves muy tierno con la chapita con tu nombre.
—No seas un mentiroso, Jimin-ssi.
Jungkook caminó hasta la habitación, deshaciéndose de su ropa y poniéndose aquel pijama de color oscuro para poder ir más como, aunque el pijama le queda un poco más grande.
Apareció en el salón, sentándose a un lado de Jimin y agarró el mando de la televisión para encenderla y que hubiera algo de ruido de fondo.
—Siempre pensaré que con ropa casual te ves más bonito.
—¿Tú crees? —preguntó Jungkook.
—Lo creo —asintió Jimin, inclinándose hasta lograr dejar un beso en la mejilla de Jungkook.
Ambos chicos comenzaron a hablar como si fueran amigos de toda la vida aunque solo eran de hace unos meses.
—Yo realmente espero, que lo de tu familia mejore y los problemas disminuyan, Jimin, porque no sé muy bien como ayudarte.
—Tranquilo, Kook, aunque creo que hay una forma en la que subirías mi ánimo.
—Sorpréndeme.
—Dijiste que sabías tocar el piano, quizá tal vez si algún día tocas alguna canción para mí —susurró Jimin.
—Oh, tampoco soy un experto, pero puedo intentarlo.
—Tú viste videos míos bailando, yo quiero escucharte tocar el piano.
—Está bien, está bien, algún día te mostraré.
Jimin casi se tira sobre el cuerpo de Jungkook, abrazándolo con fuerza, haciendo que el de cabello negro casi se caiga de la silla.
Jungkook rodeó la cintura de Jimin con sus brazos sosteniéndolo con fuerza.
Jimin se volvió a sentar en su lugar, acercando su silla a la de Jungkook solo para que sus cuerpos quedaran algo más cerca.
Era obvio que Jungkook se puso nervioso por la forma en cómo rápidamente se tensó y se estiró para poder agarrar comida del plato aún cuando estaba medio vacío.
Poco después ambos chicos estaban cómodos, la conversación seguía fluyendo, pero el tiempo les iba en contra.
Por más que Jungkook estuviera a gusto con Jimin y por más que Jimin también estuviera a gusto con Jungkook, el de cabello morado debía volver a su casa antes de que se hiciera más tarde.
Jimin había entrado al baño antes de dirigirse hasta la puerta de la entrada.
—Oye, Kook.
—Dime.
—¿Fumas o algo así? Vi un paquete de tabaco en el lavamanos y… —Jungkook comenzó a negar.
—Eso es de Yoongi hyung, a veces fuma para calmar el estrés.
—Comprendo —Jungkook se rascó la nuca nervioso—. Muchas gracias por invitarme, Kook.
—No agradezcas, ve con cuidado a casa ¿si? —Jungkook estaba apoyado en el marco de la puerta de la entrada.
—Lo tendré, te llamaré cuando llegue para que veas que llegué sano y salvo.
Ambos chicos se observaron, hasta que el de cabello morado se acercó, juntando sus labios con los de Jungkook en un impulso repentino.
Al inicio Jungkook se mantuvo quieto en su lugar al no esperarse ese contacto, pero terminó llevando sus manos con algo de timidez a la cintura de Jimin, acercándolo un poco a su cuerpo.
Sus labios se movían en sincronía, encajaban de una forma que a Jungkook le fascinó y le hizo pensar que con Jimin quizá todo podía funcionar bien.
Las manos de Jimin acariciando el cuello de Jungkook siendo aquel beso uno suave y delicado, sin necesidad de pasar a algo mayor.
Ambos chicos se miraron con una sonrisa y Jimin se alejó, agitando su mano.
—Descansa bien, Kook.
—Igualmente, Jimin.
Jungkook también agitó su mano y cuando Jimin estuvo lo suficiente lejos, cerró la puerta para dirigirse a su salón.
Suspirando, recogió todo del salón, dejando todo impecable yendo hasta la habitación tras apagar la televisión.
Iba a dejarse caer sobre la cama, pero su mirada se fijó en la ventana, caminando hasta ella y abriéndola aún si el aire que entraba era frío. Se sentó en el borde, observando el cielo mientras tarareaba una canción.
—Debes tener cuidado.
Jungkook miró hacia el suelo, sabiendo claramente a quién pertenecía esa voz.
—No me voy a caer si es lo que crees, hyung.
—Hablo de Jimin.
—¿Qué sucede con él?
—Debes de tener cuidado —volvió a repetir el de cabello color menta.
—Lo tendré, tranquilo, Yoon —le dedicó una sonrisa al otro chico, aún cuando no estaba seguro si se veía por la poca iluminación que tenía la calle—. ¿Por qué últimamente no estás en el departamento? ¿te molestaste conmigo?
—Para nada, pero a veces ya no te hago falta ahí.
—Que tonterías dices, hyung, tú siempre me haces falta —Jungkook se encogió en su lugar, sintiendo como cada vez tenía más frío.
—Ve dentro a descansar, Kook y recuerda que debes comprar pintura para la pared.
—No me metas prisa con la pared, está manchada por tu culpa, así que deja que la pinte cuando me den ganas o la pintas tú.
El de cabello oscuro se bajó del borde, dejando su cabeza asomada en la ventana, agitando su mano dirección a su hyung.
—¿Vendrás luego a dormir? —preguntó.
—Estaré contigo, pero me iré temprano en la mañana para que puedas ir a trabajar tranquilo —Jungkook asintió ante esa respuesta, estando satisfecho.
—Ten cuidado si vas a algún lado y no vengas muy tarde, hyung.
Agitó su mano de forma energética y cerró la ventana, dirigiéndose a la calefacción que estaba al otro lado de la habitación.
Se dejó caer sobre la cama, cubriéndose con las mantas hasta el cuello, casi haciéndose una pequeña bola en su lugar para entrar en calor más rápido y así poder descansar.
🔥
La primavera habia llegado, la relación de Jimin y Jungkook había avanzado y Jungkook podría decir que Jimin era la persona más cercana a él en ese momento.
Jimin seguía apareciendo en el trabajo de Jungkook y yendo a casa de este, incluso habían dormido juntos un par de veces.
Jungkook sonreía sin poder evitarlo cuando observaba a Jimin entrar por la puerta de la tienda, daba igual cuántas personas se intentaran acercar a Jungkook con otras intenciones, él no les prestaba atención.
Seguía siendo ese chico de sonrisa amable, pero que cuando miraba a Jimin sus ojos se iluminaban como si se tratara de un niño o quizá, como si hubiera encontrado otra razón por la que seguir vivo.
Su amigo Namjoon había llegado a la tienda hace un par de minutos y ambos estaban hablando, el turno de Jungkook casi estaba por acabar y la tienda estaba por ser cerrada.
—¿Vendrás conmigo entonces? —preguntó Namjoon.
—Claro, sabes que amo esa tienda de música porque-
—Por Yoongi, lo sé, Kook —el de cabello negro sonrió— avisa a Seokjin de que dormirás conmigo y mañana vamos todos juntos.
La puerta de la tienda se abrió y Jimin entró con una sonrisa radiante, corriendo hasta el mostrador.
—¡Kook, no sabes lo que pasó!
—Jimin hyung ¿crees poder esperar fuera? debo de cambiarme y hablar con mi jefe —Jungkook le dedicó esa sonrisa amable tan característica suya.
—Claro, no hay problema —Jimin asintió antes de ver a Jungkook perderse por los pasillos.
Namjoon y Jimin caminaron hacia la salida de la tienda, obviamente saliendo y quedando fuera, en un pequeño ambiente incómodo al no tener ningún tema de conversación.
—¿Eres amigo de Jungkook? —preguntó Namjoon.
—Lo soy ¿tú también? —Namjoon asintió— ¿Tú conoces a Yoongi?
Namjoon esperaba cualquier pregunta menos una de ese estilo.
—¿A qué viene esa pregunta?
—He ido varias veces a casa de Jungkook, él siempre ha querido presentármelo, pero Yoongi nunca está en casa.
El rostro de Namjoon estaba lleno de confusión ante las palabras de Jimin y el de cabello morado no entendía a qué venía esa reacción.
—Yoongi murió el año pasado por estas fechas, por eso nunca está en casa.
El rostro de Jimin palideció, se esperaba cualquier respuesta menos la que acababa de recibir.
Jungkook hablaba sobre Yoongi muchas veces, siempre lo nombraba tan feliz alardeando de que sabía hacer algunas cosas gracias a su hyung, pero luego hacía esa mueca triste, diciendo que hacía mucho que no lo veía.
Jimin al inicio vio eso algo extraño, si ambos vivían en la misma casa ¿como era posible que Jungkook no viera casi a Yoongi o que este no estuviera en casa nunca? Quizá ahora todo tenía más sentido.
—¿Yoongi está muerto?
—Lo está ¿Jungkook no te contó la historia…?
—Para nada, el de verdad se entristece cada que voy a su casa y Yoongi no está —Namjoon observó la puerta de la tienda, suspirando.
—Creo que no debería contarte esto, se supone que Jungkook debería contarlo —el más alto se llevó la mano a la nuca, algo nervioso.
—Por favor, quiero saber qué pasó.
Ambos chicos miraron a la puerta, Namjoon aún dudando si debía contar esa historia.
Si bien Jungkook era el más indicado para contarla o explicarlo, Namjoon dudaba que en algún momento lo hiciera, lo que le acababa de decir Jimin indicaba claramente que Jungkook aún no había superado el incidente.
Aún así, Namjoon no quería que el hecho de contar la historia cambiara la relación de Jungkook con el de cabello morado, por lo que había visto, de verdad que Jungkook estaba volviendo a tener ese brillo en sus ojos.
—Fue un día que Jungkook estaba trabajando, cuando llegué a su casa estaban los bomberos. Jungkook estaba llorando sentado en el borde de la calle, cuando me acerqué me dijo que había llegado de trabajar y cuando entró a su casa su dormitorio estaba en llamas.
—¿Su dormitorio? —susurró Jimin, recordando las manchas negras en el dormitorio de la casa de Jungkook.
—Yoongi estaba dentro. Jungkook me dijo que logró sacarlo, pero que estaba inconsciente y se lo había llevado la ambulancia —Namjoon suspiró—. Lo llevé al hospital en mi coche, pero al llegar nos dijeron que al parecer Yoongi había inhalado demasiado humo y había muerto por asfixia.
Jimin se mantuvo en silencio sin saber exactamente qué decir, intentando procesar toda la información que le había dado Namjoon en apenas unos minutos.
—Sabes, quiero creer que Yoongi lo hizo para que no siguieran dañando a Jungkook, pero creo que no fue lo mejor. La pérdida de Yoongi afectó mucho a Jungkook.
—¿Por qué Yoongi haría algo como eso? por lo que se ve, Yoongi era muy importante para Jungkook.
—Ellos eran pareja, pero no muchos lo sabían, tan solo el hermano de Yoongi y yo, éramos los más cercanos a ellos, cuando los padres de Yoongi se enteraron fue todo un caos —Namjoon negó sin querer recordar aquello—. Incluso enviaron a personas a que golpearan a Jungkook.
—Dios eso es sin duda jodido…
—Yoongi odiaba tener que ocultarse, pero lo hacía para no dañar a Jungkook, pero al final Jungkook terminó dañado igual.
Ambos chicos se giraron al escuchar el golpe de una persiana y Namjoon dejó de hablar de inmediato cuando observó a Seokjin y a Jungkook salir.
—Yo iré antes a casa y luego iré a casa de Namjoon para que vayamos los tres juntos ¿si? —Jungkook y Seokjin se acercaron a los otros dos chicos.
—Esta bien, aprovecha y come algo ¿si? —Seokjin revolvió el cabello de Jungkook.
Jimin se confundió ante ese gesto, sabía quién era ese chico, era el jefe de Jungkook, pero ¿por qué parecían tan cercanos?
Al parecer Jimin se había quedado tanto tiempo pensando que no se había dado cuenta de que se había quedado a solas con Jungkook.
—¿Quieres cenar en casa conmigo, Jimin hyung? Luego puedo acompañarte a tu casa, ya que iré a casa de Namjoon hyung.
—Claro, cenemos juntos —respondió Jimin con una sonrisa.
Ambos comenzaron a caminar hablando tranquilamente, como si Jimin no hubiera acabado de recibir demasiada información acerca de Jungkook.
—Por cierto ¿Conoces a tu jefe de algún otro lado? —preguntó Jimin.
—Oh, es el hermano mayor de Yoongi —respondió con una sonrisa.
Obvio que Jimin quería saber más sobre el tema, obvio que Jimin quería preguntarle a Jungkook, pero por el momento solo cambió de tema y se centró en esa conversación animada con Jungkook diciéndole que había conseguido un nuevo videojuego para su consola, aunque no la usaba demasiado.
Ambos chicos llegaron a la casa y cocinaron como muchas otras veces, los ojos de Jungkook con aquel brillo especial mientras escuchaba a Jimin de manera atenta.
Sus cuerpos cerca a la hora de comer, tan tranquilos en una especie de burbuja de felicidad aún cuando Jimin tenía tantos pensamientos en su cabeza, pero de repente Jungkook se acordó.
—Por cierto, ¿que debías decirme antes en la tienda, hyung? entraste bien emocionado.
Eso hizo que Jimin se acordara de inmediato de la alegría que llevaba esa mañana que al parecer había desaparecido momentáneamente por la historia que le contó el amigo de Jungkook.
—¡Casi lo olvido! —la sonrisa de Jimin se hizo más grande— Hablé con Minho y lo arreglamos todo, volvemos a ser pareja.
La felicidad en la voz de Jimin, esa sonrisa y esa mirada llena de ilusión, era todo lo contrario a Jungkook.
Por primera vez desde que Jimin conocía a Jungkook, el de cabello negro no estaba sonriendo, solo tenía una mueca en sus labios, que terminaron por descansar en una línea.
—Volviste con tu ex.
—¡Si al parecer solo fue un mal entendido y yo no le dejaba hablar, quizá podríamos haber vuelto incluso antes!
Jungkook asintió y Jimin tan solo le observó confundido, intentando saber porque él no se estaba alegrado.
Jimin le había llorado tantas veces a Jungkook por su ex, que pensaba que Jungkook se alegraría al menos un poco por haber solucionado ese problema y no tener que volverlo a ver llorando por algo así.
Silencio, la cena siguió en completo silencio y Jimin se sentía incómodo, queriendo preguntarle a Jungkook que estaba mal.
Ver a Jungkook sin esa sonrisa en su rostro era sin duda extraño.
—Oye, Kook ¿pas-
—Querías escúchame tocar el piano ¿cierto? —Jungkook preguntó eso de la nada, interrumpiendo a Jimin.
—¡Sí, de verdad quiero escucharte tocar el piano, estoy seguro de que eres bueno! —Jungkook se levantó de su asiento.
—En ese caso ven.
—¿Tienes un piano justo aquí y no me dijiste antes? —preguntó Jimin.
—Es de Yoongi hyung, no lo suelo tocar mucho —respondió Jungkook, caminando por el pequeño pasillo hasta la última puerta la cual abrió.
Jungkook bajó primero las escaleras y Jimin bajó justo después, extrañándose ante la poca luz que había allí abajo.
Lo que no se esperó Jimin fue tropezar con algo solo por dar dos pasos a un costado en busca de algún interruptor.
—¿Estás bien, Jimin? —Jungkook preguntó aquello.
—Sí, solo choque con-
El grito de Jimin resonó en los oídos de Jungkook, el cual había vuelto a subir las escaleras y había cerrado la puerta de un portazo junto con llave.
Jungkook le había dado al interruptor de la luz que había justo antes de bajar las escaleras, ese interruptor que no había encendido antes a propósito.
Cuando volvió a bajar las escaleras observó cómo Jimin se había arrastrado por el suelo completamente horrorizado.
—Es bueno ver que conociste a Taehyung, suerte que no lo has despertado.
El cuerpo de un chico pelirrojo estaba tendido en el suelo, no muy lejos de las escaleras. Había un charco de sangre justo debajo y Jimin dudaba mucho que aquel chico siguiera vivo.
—Debería coserle la herida de la pierna, pero creo que no se lo merece.
Jungkook caminó por la sala, acercándose al piano hasta apoyarse sobre él.
Jimin volvió hasta el cuerpo de tal Taehyung, moviéndolo de un lado a otro, pero el chico no se inmutó, al parecer demasiado cansado como para despertarse incluso por su chillido o quizá drogado, tal vez había perdido el conocimiento debidos a la perdida de sangre.
—Jungkook que se s- —la voz de Jimin salió temblorosa, sin poder formular muy bien las palabras.
—Jugaste conmigo, Jimin, realmente lo hiciste.
—Yo no-
—¡Vuelves con tu ex después de incluso haberme besado y haberte adentrado a mi vida! Encima tienes la maldita cara de decírmelo con la mayor felicidad del mundo —exclamó Jungkook molesto.
Jungkook dio un golpe a aquel piano de cola, casi maldiciendo por lo bajo.
—Aquí bajaba con Yoongi, él muchas veces estaba ahí en el sofá fumando mientras yo hacía un intento penoso de tocar el piano, pero luego siempre se levantaba y comenzaba a tocar él y yo solo me inventaba la letra de una canción.
Jimin se encogió en su lugar cuando vio que Jungkook había comenzado a caminar acercándose a él.
—Recuerdo como Yoongi hyung y yo nos conocimos, recuerdo como se quedó junto a mí porque me habían castigado en la escuela y él me ayudó a recoger las aulas.
—Al parecer, Yoongi siempre te ha ayudado —susurró Jimin.
—Lo hizo, siempre lo ha hecho —Jungkook gruñó aquello último— Pude haberlo tenido todo Jimin.
El de cabello morado observó a Jungkook quien tenía los puños apretados, los ojos cristalizados, una imagen de niño frustrado que si no fuera porque estaban ahí encerrados y había un chico a su lado herido, hubiera visto a Jungkook como un niño perdido que necesitaba un abrazo.
—Y claro, tú sigues teniendo al asqueroso de tu ex ¡Tú si puedes volver con él, pero Yoongi no va a volver conmigo!
Ese grito hizo que Jimin volviera a encogerse en su lugar, sin duda él quería de vuelta a ese Jungkook de sonrisa amable y rostro angelical, estaba casi seguro de que eso era un mal sueño.
Él debía estar soñando y el verdadero Jungkook también estaría durmiendo para poder verse al día siguiente.
—Y apareciste tú, Jimin, dándome a entender que ibas a quedarte, que no ibas a dejarme, pero vas a hacerlo y yo no puedo permitir eso, Jimin.
Jungkook se colocó justo de cuclillas frente a Jimin, ambos mirándose fijamente, el de cabello morado temblando casi a punto de llorar, sintiendo los nervios a flor de piel y queriendo salir corriendo de ahí.
—Taehyung lo intentó y no se lo permití —susurró Jungkook, con su rostro cerca del de Jimin— y a ti tampoco, tú no vas a dejarme, Jimin.
Otro grito desgarrador se escuchó y es que Jimin en ningún momento se había fijado de donde Jungkook había sacado aquel cuchillo.
Jimin había estado tan centrado en el rostro de Jungkook que cuando este le agarró con fuerza de la muñeca, no tuvo tiempo de reacción cuando el de cabello negro ya había clavado el cuchillo en la palma de su mano.
El llanto de Jimin era desgarrado, rápidamente sostuvo su mano cuando Jungkook le soltó, notando la sangre caliente caer por su brazo y gotear el suelo.
El chico a su lado había abierto los ojos totalmente confundido, pero no dijo nada porque Jungkook le estaba rompiendo su pantalón por la parte del muslo y luego había desaparecido en un rincón de la habitación.
Jimin estaba tan ocupado centrado en su dolor y en llorar que no se dio cuenta de la mirada fija en él.
Jungkook se acercó hasta Taehyung quemando una aguja con un mechero y colocando el hilo en el pequeño agujero. Se colocó de cuclillas, comenzando a coser la herida y Taehyung, al parecer ya acostumbrado a eso, tan solo se llevó la mano a la boca, mordiendo con fuerza para evitar los gritos desgarradores.
Jimin siguió con su llanto, observando la escena casi horrorizado, cerrando sus ojos sin dejar de sollozar, pero obviamente no quitó el cuchillo de donde estaba.
El tiempo pasaba, Jimin seguía sin abrir los ojos y sus sollozos se seguían escuchando, pero de repente la luz se apagó y Jimin notó eso, abriendo sus ojos con dificultad.
El chico a su lado parecía tranquilo y la herida de su pierna ya estaba cerrada y tratada con puntos.
Había una pequeña ventana que dejaba entrar la luz de las farolas de fuera, esa que era la única que había alumbrado el camino de Jimin al bajar las escaleras.
El sonido de un piano hizo que Jimin intentara detener sus lágrimas para ver el cuerpo de Jungkook, justo sentado delante del piano.
La melodía era suave, tranquila, como si Jungkook intentara relajar el ambiente o relajarse a sí mismo.
Los ojos sin brillo de aquel chico de cabello oscuro estaban cerrados y sus dedos se movían con agilidad sobre las teclas, susurrando una pequeña melodía.
Jimin no sabía si era por las lágrimas que aún caían sobre sus ojos, no sabía si ya había perdido demasiada sangre o estaba alucinando, pero podía observar como un chico de cabello color menta estaba sentado justo al lado de Jungkook.
Ambos tocando esa melodía en el piano. Jungkook abrió sus ojos y giró su cabeza, sonriendo para continuar cantando en susurros. Jimin había deseado escuchar a Jungkook tocar el piano, pero no estaba seguro si está era la mejor situación, porque sin duda nunca espero que fuera así, sin embargo no podía negar que Jungkook tocaba demasiado bien.
Tan bien que parecía un experto en ello, incluso podría dormirse con solo escuchar esa melodía.
Jimin giró su cabeza, dispuesto a mirar al chico pelirrojo de su lado, abriendo sus labios decidido a preguntarle si él también podía ver al chico que estaba acompañando a Jungkook en el piano, pero Taehyung se le adelantó.
El de cabello rojo había dejado de observar a Jungkook para mirar a Jimin, y con aquella suave melodía de fondo dijo:
—Bienvenido a tu nuevo infierno o quizá, tu nuevo paraíso.