fragrant chocolate (it's good to know you're mine)

Summary

Harry y Louis están enamorados el uno del otro, sin embargo, después de tanto tiempo nunca encontraron el momento (ni la valentía) para hablar de sus sentimientos. Hasta que esa noche, entre aromas dulces, sonrisas y chocolate caliente, todo cambia.

Genre
Romance/Erotica
Author
Mar
Status
Complete
Chapters
1
Rating
4.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo único.

El día que había comenzado bien y continuado de igual manera, pareció tornarse cada vez más aburrido con el pasar de las horas.

Llegó un punto en el que Harry deseó marcharse a casa lo antes posible para darse un baño relajante y finalmente echarse sobre su suave cama para dormir sus merecidas diez horas. Lo anhelaba más que nada y era lo que tenía claro que haría en cuanto terminara su jornada laboral.

Para su mala suerte —o buena, todo depende de en qué punto del día se le preguntara—, sus planes se fueron abajo cuando la secretaria de su jefe le dijo que éste había solicitado que se quedara a trabajar en correcciones de texto un par de horas más, si le era posible.

Por supuesto que él, tan responsable, amable, y por supuesto, interesado en pasar más tiempo con Louis —quien lo tenía algo así como «loco» desde hacía un buen rato—, aceptó, diciéndole a Zeena que le dijera a Louis que aceptaba quedarse, «pero solo esta vez».

La gran mentira del día.

Él siempre se quedaría donde y cuando Louis se lo pidiera.

Ni Harry ni Louis se habían visto durante las horas que tenían en la oficina. No se habían dado los buenos días, Harry no había irritado al alfa con su parloteo, y tampoco habían almorzado juntos. Harry debía aceptar que extrañaba la mirada profunda de Louis juzgando cada movimiento que hacía con las manos para gesticular mientras hablaba con la boca llena.

Louis, por su parte, se encontró extrañando las pláticas sobre libros con títulos que solo el omega conocía, y que muchas veces, pese a las extensas explicaciones y argumentos de Harry, él no entendía qué tenía de interesante leer semejantes historias.

Aún así, se encontró deseando escuchar cuál fue la desgracia que abordó esta vez a Tamara Lincoln, protagonista de “Un hogar para los corazones marginados”, la nueva obsesión literaria de Harry, una trilogía ridícula de la que no había dejado de hablar en la última semana.

Louis ya sabía cada detalle de los personajes de las historias. Hasta tenía una imagen mental de cada uno de ellos. Harry lo había atiborrado de información irrelevante cada vez que había tenido la oportunidad para ello.

Pero si eso hacía feliz al omega, él no iba a ser quién para opacarle la alegría.

Nunca. Menos cuando era la persona que a Louis más le interesaba.

Desde que su día inició, el alfa había sentido la extraña y agobiante necesidad de tener cerca el dulce aroma de Harry. Aunque, si lo pensaba bien, había sentido lo mismo durante días: necesidad de la fragancia de su empleado. Ningún otro aroma, solo el de Harry.

Por eso, no iba a quedarse con las ganas de verlo antes de la comida —la que tampoco podrían compartir juntos porque Louis debía atender algunos asuntos en su oficina, antes de salir otra vez—. Quería a Harry cerca de él siquiera por unos minutos.

Sin poder evitarlo, caminó hasta donde sabía que Harry estaba, guiado por el olor que ya le hacía cosquillas en la nariz.

—Tienes que disculparme. —Su mirada sobre Harry analizaba cada movimiento que este hacía. El aleteo de pestañas del ojiverde era realmente entretenido. Siempre lo era. De hecho, podría considerar el acto de examinar cada facción y detalle del rostro de Harry como uno de sus pasatiempos favoritos.

—¿Asesinaste a mi pez disco? —Los ojos del omega no se despegaron del ordenador ni siquiera un segundo.

Louis quería ver su brillo.

—¿Tienes un pez disco? —preguntó con confusión genuina. Harry nunca le había hablado de una mascota.

—Así es —dijo el omega—. Es muy lindo, tiene dientes puntiagudos, ojitos grises y una linterna en forma de disco pegada al cráneo desde una antena…

—Así no es un pez disco.

—Oh, bueno. El mío puede variar; ventaja de los peces imaginarios.

Louis no se abstuvo de rodar los ojos ante las habladurías de Harry. Probablemente lo irritaba, pero el alfa jamás negaría que encontraba muy interesante a Harry con todas esas cosas extrañas que de pronto decía.

De todos modos, no estaba ahí por eso. En realidad, como se dijo con anterioridad, solo estaba desesperado por tener cerca al de ojos verdes. Quería abrazarlo y hundir su nariz en la curvatura de su cuello. Tal vez se lo podría pedir como un pequeño favor, de amigos.

No. No podía pedir eso.

—Hoy no traje pay —dijo, en el pretexto más rápido que pudo dar para justificar su visita.

Aunque eso era verdad. Había salido durante aproximadamente una hora hora a cerrar un contrato, recordó que no tenía consigo el pay que le llevaba a Harry todos los días cuando llamó a Zeena para decirle que le dijera al omega que se quedara, entonces fue al lugar de siempre a comprar algunos, pero ya no había. Debió haberlo hecho más temprano, como solía hacerlo.

Harry dejó sus manos quietas sobre el teclado y al instante su mirada herida se posó sobre Louis. Y él amó el brillo en esas enormes esmeraldas, a pesar de lo que falsamente expresaban.

—¿Qué…? —el omega abrió su boca con una mueca exagerada de indignación que casi enseguida se tornó en una triste o molesta—. ¿Cómo te atreves a fallarme de esta manera, Tomlinson? Yo… Nadie me había hecho algo similar —dijo como si estuviera a punto de llorar.

Louis suspiró con fastidio. Su celo estaba cerca y eso significaba tener peor humor de lo habitual. Sinceramente, en ese momento no estaba para los juegos de Harry.

—Vaya actor… —comentó bajo la mirada de cachorro que ahora mostraba Harry—. De todos modos, en realidad iba a decirte personalmente que te quedaras, aunque Zeena ya te lo hubiera dicho... Pero hablar contigo siempre es imposible. —Su irritación era palpable, pasó de querer ir desesperadamente a ese lugar para ver a Harry, a querer salir de ahí lo antes posible antes de que el omega continuara con lo que sea que estaba haciendo y siempre hacía.

Lo ponía nervioso. Nunca sabía cómo responder a eso, no era del tipo que bromeaba y seguía la corriente con los juegos.

Esta vez fue el turno de Harry para rodar los ojos.

—Tú fuiste quien no trajo mi primera parte de la comida.

—Como sea. Te la daré doble el lunes —dijo.

—¡Que sea cuádruple! —gritó antes de que Louis cruzara la puerta de su oficina y desapareciera de su vista.

Harry regresó a su trabajo, y tan concentrado en los pendientes que tenía, también se permitió quitarse los zapatos para volver a enfrascarse en sus pensamientos. Tener una oficina propia era una maravilla para su mente ágil y sus pies cansados. Podría liberarse de la incomodidad de los mules por lo menos hasta que Louis le diera instrucciones, al finalizar la jornada.

Creía que quedarse era una buena idea. A Harry le gustaba convivir con el alfa a pesar de que Louis no siempre era muy hablador, pues él siempre tenía tema de conversación, de todos modos. Así que si Louis no hablaba, él sí, a pesar de los sonrojos y el tartamudeo que a veces le provocaba la mirada de Louis sobre él. Sus constantes almuerzos nunca se quedaban cortos en cuanto a charlas, hasta lograba sacarle más de cinco frases a Louis, y no importaba si la mayoría de las veces el ojiazul no tenía sentido del humor, porque Harry era más alegre y bromista y eso era suficiente para cubrir ambas partes.

Lo había visto tan diferente cuando estaba con su familia, que sabía muy bien que bajo esa cara de alfa dominante existía también un hombre noble y relajado. Las veces que Harry había visitado la residencia de Joelle —la madre de Louis, y una mujer encantadora que parecía amar al omega—, había visto al alfa ser dulce de alfajor para sus encantadoras hermanas. Todo un hermano mayor protector, firme, y por supuesto, algo que no podía faltar: un experto dador de mimos. Con cuatro hermanas menores, debió adquirir mucha experiencia en cómo tratar a alguien que necesitaba protección.

Louis le agradaba en más de un sentido, y por eso, Harry se alegró de que, por alguna extraña razón, el alfa hubiera ido más de una vez a preguntarle si se le ofrecía algo. Fueron tres veces. Incluso, antes de volver a salir a cerrar un contrato, le llevó una botella de agua, un jugo, y una tableta de chocolate. No le dio explicaciones, pero a Harry le gustó la atención.

Y, otra vez, minutos antes de que terminara el turno, Louis fue a buscarlo para darle instrucciones, y le ofreció trabajar las tres horas extra en la oficina que tenía un escritorio doble.

────── ;;✦ ↴

El omega pensaba que, en realidad, trabajar frente a frente con alguien era adecuado en el contexto en el que el trabajo se realizaba generalmente: dos personas de la misma área cubriendo trabajos en relación; pero no cuando el ingeniero automotriz terminaba las correcciones de los planos para los autos que estaban diseñando, y el editor y diseñador le daba los toques finales al nuevo catálogo digital que contenía diferentes piezas de autos, así como las innovaciones que se empezarían a emplear.

No importaba tanto, honestamente. Porque Harry tenía la mejor vista de todas, estaba súper seguro. Pudo comprobarlo, por ejemplo, cuando terminó su trabajo y se tomó el tiempo para perderse en la profundidad de sus pensamientos, que en ese momento eran todos sobre Louis.

Louis una y otra vez.

Estaba frente a él, con el ceño fruncido y luciendo magnífico. Entonces, como sin querer perder el tiempo en parpadear, y sin querer su nariz perderse el balsámico arrullo del fuerte aroma de Louis, Harry vio al alfa, y sin buscarlo, la calma invadió todo su ser casi de manera inmediata. Una situación tan patética y dulce, porque Louis no hacía nada más que yacer ahí ante los verdes fanales del menor, siendo completa y exageradamente apuesto como solo él podía, sentado en su respectiva silla detrás del escritorio.

Lucía increíblemente bien con sus largos y apenas ondulados cabellos castaños, que con gracia cubrían algunas partes de su rostro. El omega lo observaba anonadado, y cayó en cuenta una vez más en que era innegable que Louis le gustaba mucho, que incluso era posible que lo amara.

Louis era maravilloso, el alfa perfecto para él. Además, siempre se veía hermoso. Sus ojos, encantadores como eran bajo su azul egipcio, y brillantes como solían mostrarse, dedicaban esa peculiar vista profunda suya hacia la simpleza que era el portátil frente a él. Parecía que pensaba miles de cosas mientras observaba algo. Eso era bastante común en él, su mirada hablaba. Siempre lo hacía. Aunque, por lo general, resultaba hacerlo de una manera difícil de entender, y era bellísimo.

Bellísimo y caliente.

Más de una vez Harry había pensado que era un tipo de Adonis que venía a saciar de placer su mortal y afortunada vista.

—¿Todo bien, Harry? —preguntó Louis serenamente, viendo al omega extraviado en algún sitio de su mente. Creyó que se veía bonito. Siempre lo hacía y ya no estaba en posición de fingir que no le interesaba el omega frente a él, no cuando con más frecuencia de la que debería estaba tratando de complacerlo, o de asegurarse de que estuviera cómodo y bien.

Cuando Harry reaccionó, ni siquiera se percató de en qué momento el alfa había levantado su vista hasta donde él se encontraba. Así que, con las mejillas rojas y las manos temblorosas en un hormigueo húmedo, volvió su atención a su propio computador antes de decir:

—Claro.

—¿Seguro? —preguntó Louis por lo bajo.

Harry volvió a prestarle atención por un momento, dejó de lado el hecho de que sus mejillas se volvieron a encender y a partir de ese momento lo harían cada vez que lo viera, producto de las imágenes obscenas que como flashes pasaron por su mente y que eran a su vez consecuencias de la penetrante mirada del alfa.

—Sí, todo bien… —dijo entonces, viendo a su jefe asentir después de eso.

Harry debía aceptar que aún con los deleites visuales y olfativos, sentía una ligera incomodidad al estar trabajando en la misma oficina en la que trabajaba el alfa que le gustaba. Era extraño estar en silencio y dirigiéndose miradas para nada discretas cada pocos minutos.

Con todo y eso, le gustaba estar con Louis, y no quería que la conversación terminara tan rápido, era la primera vez que hablaban después de un par de horas máximo. De modo que, intentando sacar algo para mantener la atención del alfa en él, agregó:

—Aunque creo que… hace frío y empiezo a sufrirlo.

Quizás no fue lo más inteligente que pudo haber dicho, porque no tenía su abrigo puesto y Louis lo notó. Harry se dio cuenta cuando por un segundo el alfa fijó su mirada en la prenda y luego frunció el entrecejo.

—Por supuesto, déjame ajustar la temperatura —respondió, levantándose para buscar el control del split.

—Um, ¿conoces algún lugar donde pueda tomar un café? —Sonrió, aunque el alfa no podía verlo. La pregunta sobre el café era una forma sutil de decirle: “¡¡¡Vayamos a tomar algo juntos, Tomlinson!!!

—Tenemos una cafetería en la planta baja, Harry —le recordó—. Anibal y todos los demás se han ido, pero puedes prepararte tú mismo un café. O si quieres, puedo traerlo yo, ¿quieres que lo traiga por ti?

Bien, agradecía el ofrecimiento final; pero aceptaba que posiblemente debió irse por otro camino, o ser directo e invitar al alfa a beber algo al finalizar el turno. Quería hacerlo desde hacía tiempo, solo no encontraba el momento correcto para preguntar. Tampoco encontraba su valentía.

—Quizás no me gusta el café de ahí —se atrevió a decir, sin saber en realidad qué seguiría después.

Louis lo miró un poco ofendido mientras regresaba a su lugar.

—¿Estás diciendo que la mercancía que yo mismo superviso es mala?

Harry tragó saliva. No le preocupaba el hecho de que Louis pensara que las bebidas de la cafetería de su empresa eran malas, de hecho no le preocupaba nada. Solo que tener al alfa inclinado sobre el escritorio doble en el que estaban trabajando para verlo más de cerca, lo ponía nervioso. Su aroma a menta era intenso, lo había sido desde aproximadamente los dos días anteriores, e invadía deliciosamente las fosas nasales de Harry para después enrollarse en lo más profundo de su ser, provocándole sensaciones que ningún otro aroma alfa le había causado antes. Era bueno y a la vez tortuoso. Tenerlo tan cerca, casi sobre su piel, y, de cualquier forma, no poder tocarlo.

Desafortunado.

Sin embargo, dejando de lado todo eso, se inclinó también para solo decir:

—Tal vez.

Pudo ser que el omega perdiera un poco el aliento cuando la boca del alfa se curvó en una sonrisa ladeada. Era una fantasía. Louis parecía volverse más guapo con el paso de los segundos, y si en ese momento ante semejante imagen e intensificación de aroma alfa, Harry batió sus pestañas sin darse cuenta, y a Louis le parecieron hermosos esos enormes ojos brillantes, entonces se iba a quedar como un bello secreto e indicador para el alfa.

—Bien —musitó Louis, ahora con los ojos entrecerrados, preguntándose qué cosa le gustaría a Harry. Quería darle un poco de algo bueno después de tenerlo trabjando más horas de las que debía. Su gesto se relajó cuando se le ocurrió algo—. Te llevaré a Mellow Ballad —dijo, completamente sereno.

Harry, en cambio, estaba procesando las palabras del alfa. ¿Irían a beber algo juntos?, ¿en serio? Pensó en que era probable que lo hubiera manifestado con éxito.

—¿Qué? —logró decir luego de lo que para él parecieron minutos, pero en realidad fueron solo un par de segundos.

—Al salir iremos a Mellow Ballad a tomar algo, te gustará.

De acuerdo, Louis ni siquiera se lo estaba preguntando, solo le estaba avisando que irían y por alguna razón eso le encantaba a Harry. Ya tenía el corazón a mil por minuto y a su omega bailando de regocijo.

—Es… ¿No hace mucho frío para bebidas frías?

Louis volteó a verlo otra vez, y Harry se sintió pequeño ante su mirada, ¿había dicho algo malo?

—Tienen bebidas calientes que son muy buenas —dijo.

Algo en su aroma hizo que Harry casi ronroneara. El alfa estaba bien con él; pero su rostro fallaba en expresar algo bueno.

—Mi favorito es el chocolate con almendras —continuó el alfa—. Muy caliente y azucarado. Me tiene por completo.

Probablemente que estuviera diciendo eso mientras miraba directamente los ojos verdes de Harry, fue lo que provocó que las feromonas de éste se salieran de control; pero no podía evitarlo, ¿qué más iba a suceder cuando un alfa como Louis le decía que su bebida favorita era una de chocolate y almendras? Justamente como su aroma. Dijo que «lo tenía por completo». Debía haber algún significado oculto en eso, ¿no? O quizás se estaba volviendo loco tratando de buscar un significado oculto a algo donde no había nada.

Como sea, no estaba pensando bien, el hecho de que por primera vez fuera del trabajo iría a beber algo con Louis, solo con él y que no tuviera nada qué ver con laburo, era suficiente para poner sus nervios a tope y su lengua torpe; pero gracias a lo que sea, Louis habló antes de que él consiguiera hacerlo.

—Así que anda, si terminamos unos minutos antes, alcanzaremos una mesa vacía. —Le guiñó al omega y esta vez sí volvió a su trabajo.

Harry, como se había visto ya con anterioridad, no tenía nada más qué hacer. Así que, a partir de que Louis le dijo aquello, había estado invirtiendo su tiempo en un tonto juego en la red, esperando a que Louis terminara para decir que casualmente él también.

—Bien, creo que no se nos ha quedado nada —dijo el alfa, paseando la vista por toda la oficina para cerciorarse de que estaba en lo correcto, y una vez que lo confirmó, salió, siguiéndole el paso a Harry.

El estacionamiento estaba completamente solitario, exceptuando que habían cuatro automóviles: los de los guardias de turno, la hermosa Escalade borgoña de Louis y, finalmente, el viejo auto de Harry. Un Impala de un modelo muy pasado, pero al mismo tiempo bastante reciente para tratarse de un clásico.

Era espantoso, al menos desde la perspectiva de Louis. Una carcacha dorada que parecía querer dejar de andar: limpiaparabrisas maltratados, pintura gastada, defensa inclinada que el alfa podría apostar se caería muy pronto, entre muchos otros horrores.

Sin embargo, Harry amaba esa monstruosidad y el alfa lo sabía. Sabía además que había sido un regalo de la madre del omega, ella se lo obsequió a Harry cuando éste se había mudado a Birmingham, pues la mujer estaba consciente de que necesitaría el auto más que ella, así se movería por la ciudad con muchísima más facilidad. Eso lo hacía más especial para el rizado, a quien parecía no importarle que casi cada dos semanas tuviera que llevarlo a que le repararan algo, esa atrocidad de vehículo siempre tenía alguna falla.

Y el punto era que a Louis no le gustaba que Harry condujera ese auto.

—Puedo conducir yo —ofreció.

—¿En esto? —El ojiverde lo miró burlón, con la ceja arqueada y una media sonrisa en sus labios.

Louis soltó una risa floja. Jamás iría ahí. Y en serio no le agradaba que Harry se montara en esa reliquia en mal estado, podía ser peligroso.

—No te ofendas, Harry, pero ni estando loco conduciría esa cosa…

Harry abrió la boca y frunció el entrecejo en una mueca ofendida, ¿qué ocurría con Louis?, tal vez él no tenía una camioneta de lujo, pero su auto no era una «cosa».

—¿Te acabas de dirigir de una manera tan irrespetuosa a mi bebé? —preguntó mientras avanzaba hacia donde estaba el alfa, a quien notaba burlón—. No es una “cosa”, y seguro corre mejor que tu Cadillac, o que cualquiera de tus coches.

A Louis le hizo mucha gracia el omega con los brazos cruzados y mirada asesina defendiendo lo indefendible, por lo cual solo sonrió con algo de burla y negó un par de veces.

—Veamos quien llega primero a Mellow Ballad —retó a modo de broma, acercándose más a Harry, y de esta manera permitiéndose oler una vez más ese exquisito perfume dulce de chocolate y almendras. Vio al omega humedecerse los labios y luego extenderlos en una sonrisa maliciosa, señal de que aceptaba.

—Bien, Tomlinson.

Harry caminó hasta su auto y se montó en él, Louis se quedó ahí parado, sin oportunidad de decirle al omega que era un juego. Pero cuando Harry centró su atención en sus asuntos, se marchó a su respectivo vehículo, listo para comenzar la carrera. Quizás no era mala idea, después de todo. Esperaba que no.

Mientras tanto y en tan poco tiempo, Harry, bueno, él estaba teniendo algunas dificultades.

—Mierda. —Apretó los dientes cuando al segundo intento tampoco respondió. Ese estúpido auto no podía estarle haciendo eso en ese momento—. Ay, no —se quejó en lo que fue casi un lloriqueo—. Por favor, por favor, enciende…

Se rindió por fin, con un suspiro de frustración y los ojos apretados mientras su frente caía en el volante, donde se aferraban sus manos repletas de anillos. Iba a quedar como un completo idiota. Qué costumbre de su auto ponerlo en vergüenza.

Un par de golpecitos en su ventana hicieron que se levantara y abriera la puerta. Louis sonrió con amabilidad ante esa maraña de rizos y hermosos ojos verdes.

—No te rías de mí —dijo Harry, desganado—. Esto no habría pasado si no lo hubieras deseado —acusó.

—Oh, es mi culpa que tu carcacha no sirva, muy bien.

Harry rodó los ojos.

—Ambos sabemos que sí —dijo Harry—. ¿Crees que alguien pueda venir a revisarlo ahora?

El alfa negó con la cabeza antes de hablar:

—Sinceramente, no creo que siga teniendo arreglo, ¿alguna vez lo tuvo? —preguntó, su entrecejo fruncido ante la duda genuina—. Deberías cambiar de auto, Harry —sugirió—. Deason tiene buenas opciones para ti.

—Deja eso, no me vas a vender nada por más que intentes. —Puso los ojos en blanco, y luego, con un gesto y un tono de voz más triste, agregó—: A mí me gusta mi auto, Señor Camionetas Caras.

Cuando se giró para tener ambos pies fuera del vehículo y estar de frente a Louis, tenía las mejillas ligeramente infladas —gesto que realizaba sin ser consciente de ello cuando estaba en ese estado de entre triste y molesto—, sus ojos se notaban cansados y su ceño estaba fruncido de manera muy leve. El alfa sintió la creciente necesidad de acercarse cada vez más tortuosa en su pecho. Así que lo hizo, poniéndose en cuclillas y posando una de sus manos en la rodilla del omega frente a él para darle un ligero apretón en un intento vago de reconfortarlo siquiera en una medida mínima.

—Mañana nos encargamos de esto, ¿bien?

Harry asintió, con sus rizos rebotando al compás de los movimientos de su cabeza. Louis apartó el mechón rebelde que le cayó en el rostro y lo ocultó detrás de su oreja. Harry se puso colorado ante el contacto, por lo que decidió apartar su mirada de la azul frente a él. Una pequeñísima sonrisa comenzó a subir por sus labios al notar que el tacto de Louis permanecía en él, y una más grande se mostró en los del alfa.

—Vamos, es tarde y ambos tenemos que descansar. —Se puso de pie para persuadir al más joven, quien soltó otro suspiro y finalmente salió del Impala.

—Pero es fin de semana —dijo—. Y aún me debes un chocolate —con algo de timidez, le recordó al mayor, mientras tomaba la mano que éste le ofrecía.

El contacto le daba a Harry emociones casi indescifrables, gratas en extremo. Una especie de corriente eléctrica le recorrió el cuerpo entero, pero el calor cosquilleante abrazando sus dígitos cuando los dedos de Louis se enlazaron con los suyos fue lo que se presentó más intenso. Temió hacer algún ruido extraño ante eso, así que se obligó a mantener la calma, solo para perderla otra vez cuando Louis le sonrió antes de tirar de él y rodearle los hombros en una especie de corto abrazo.

—Todo lo que quieras, omega. —Volvió a tomar de la mano a Harry para guiarlo hasta donde se encontraba su propio vehículo.

Probablemente era algo muy tonto que un roce tan inocente pusiera al sensible corazón del omega tan borracho de querer; pero jamás se había tomado de las manos con Louis. Parecía un contacto demasiado íntimo, como si fuera algo que solo existía entre dos personas que se trataban de manera especial. Era lo que Harry siempre había pensado sobre tomarse de las manos con alguien, y que en ese momento sucediera con Louis resultaba demasiado extraño.

Nadie podía culparlo por disfrutar tanto ese corto instante, ni por dejar que sus feromonas se desataran de la forma en que lo hicieron y que Louis adoró, por cierto.

──────── ;;✦ ↴

—¡Oh! ¡Es delicioso! —exclamó el omega, con ojos grandes y una sonrisa que nacía en su boca.

Louis estaba encantado, Harry parecía un niño que probaba su sabor favorito por primera vez.

—Te dije que te gustaría —respondió y le sonrió mostrando ese brillo en sus ojos tan notorio como la alegría y comodidad de Harry.

El omega le devolvió la sonrisa antes de volver a centrarse en beber del contenido caliente que tanto le había encantado. Louis se inclinó hasta apoyarse en la mesa para prestarle atención a Harry, que estaba distraído leyendo uno de los carteles dentro del cálido recinto, sin saber que el alfa no podía quitarle la vista de encima.

Era como si Louis estuviera hipnotizado y como si Harry tuviera una fuerza magnética que lo atraía cada vez más.

Louis quería besarlo.

Y si alguien le preguntara, él diría que llevaba mucho tiempo queriendo hacerlo, quizás desde que vio a Harry entrar a su empresa por vez primera hacía un poco más de tres años. El chico que tenía enfrente le pareció el omega más bello que alguna vez había visto.

Lo seguía siendo.

Louis consideraba a Harry, además de hermoso, una persona encantadora. Jamás había sido de los que pensaban en encontrar al amor de su vida y formar una gran familia, muchas veces creía que no era la suyo, que él más bien debía dedicarse al trabajo, que era lo que había amado desde que lo hacía.

Sin embargo, era innegable que, mientras el tiempo pasaba y lo vivía viendo a Harry todos los días, había comenzado a ver al omega como un compañero potencial. Había notado que Harry tenía todo lo que él podría desear en una pareja: era muy inteligente, cálido y dulce, además tenía sentido del humor, era independiente y responsable. Tenía una fortaleza inmedible y carisma de sobra. Además, la madre del alfa lo amaba y sus hermanas también, habían estado preguntando mucho por él y cuándo volvería a llevarlo a casa.

Si tenía una oportunidad ahora que el de ojos verdes llevaba un buen tiempo soltero y al parecer sin tener una cita, no la desaprovecharía.

—¿Te perdiste en mi encanto? —bromeó el omega, batiendo sus pestañas exageradamente mientras contenía su risa.

Louis tardó un cortísimo momento en reaccionar, apretando sus ojos y volviendo a enfocar su vista en el instante que los abrió, solo para ver a Harry mantener una expresión burlona.

—Parece ser que sí.

El gesto de Harry se volvió serio ante el tono de Louis. ¿Ahora le daba por bromear? ¡Y con algo así!

Louis era un tonto, pero, dado a su ignorancia respecto a los sentimientos del omega, este lo dejaría pasar.

Así que, burlón, miró al hombre frente a él con una ceja arqueada, y Louis frunció el entrecejo por un cortísimo instante, preguntándose si sus palabras habían sido motivo de burla.

—Muy gracioso, Tomlinson —comentó, y acto seguido le sacó la lengua al ojiazul, antes de volver a beber de su chocolate.

Louis se removió en su asiento, tal vez un poco incómodo. Luego se inclinó y tomó la mano de Harry.

—Estoy hablando en serio —dijo en un tono suave pero que a la vez era firme, queriendo darse a entender con sinceridad.

Los ojos de Harry centellearon cuando miró la mano de Louis sobre la suya encima de la mesa. Mantuvo el gesto serio, aunque por todo su cuerpo corrió un escalofrío provocado por la emoción. Intentó procesar las palabras de Louis aún cuando todas las señales eran claras: el aroma, el suave tacto, la manera en que lo miraba. La forma en que lo había mirado todo el día. Era la misma que recordaba haber visto desde hacía tanto tiempo. Y solo hasta ese momento caía en cuenta de lo que había ahí.

El alfa no bromeaba, no era la clase de tipo bromista, no todo el tiempo, mucho menos con un tema así.

—Eres un omega hermoso —dijo Louis, sin ninguna clase de retención en su voz—. Yo… Lo he pensado desde que te conocí —habló, buscando la mirada del chico frente a él—. Y me fascina tu aroma.

Ningún titubeo, ni ápice de burla. Nada. Solo palabras dichas con una naturalidad impresionante y también un cambio en su aroma, que de por sí ya era muy cargado, lo había sido desde la mañana. Particularmente ese día. Harry recordaba que cuando apenas tenía un pie en la empresa, pudo notar con claridad el aroma de Louis aun si este se encontraba en el piso más alto y él en una planta más abajo. Lo recordaba penetrante, casi invasivo al envolverse en su nariz conforme avanzaba piso a piso. Era delicioso y lo hacía sentir que teniéndolo encima nadie podía acercarse para inquietarlo. En aquel momento se había preguntado si todos en su lugar de trabajo se sentían así o era solo él, porque los demás parecían tan ajenos a todo. Como si no pudieran percibir ese aroma.

Él lo hacía. Lo hacía muy bien, a detalle. Notando a la perfección si se volvía pesado, o dulzón como en ese momento.

—¿Harry? —preguntó.

El omega lo miró de nuevo, sin decir nada. Es que bajo el cielo azul grisaseo de la mirada de Louis fija en él, Harry se sentía torpe. Tenía los mofletes rojos y no sabía qué decir porque de un instante a otro su cabeza se había vuelto un completo lío. Sospechaba que Louis comprendía que en esos momentos le era imposible conectar lengua y cerebro.

—Quiero invitarte a cenar —dijo, y notó que Harry había batido sus pestañas de manera involuntaria y sin ser consciente de ello, así como también su aroma se endulzó. Louis solo pudo respirar profundo esa bonita fragancia, hinchándose el pecho por ello; pero principalmente por hacer sentir bien a Harry. Ese día en específico estaba algo ansioso por hacer sentir bien a Harry, por agradarle—. Podemos ir a donde tú quieras. ¿Puede ser esta noche? —Levantó ambas cejas al cuestionar aquello, un gesto un poco más despreocupado que esperaba que ayudara a apaciguar la tensión.

Harry asintió con lentitud, y no fue difícil para Louis adivinar que estaba nervioso, pues, aunque su aroma siguiera tan azucarado, su lenguaje corporal dejaba saber todo. Estaba tenso, tenía las manos acaloradas, y podía sentirlo temblar con ligereza.

—Sí…, um, sí, claro —dijo, con algo de torpeza y sonriendo—. Tú…, bueno… podemos ir a mi casa a cenar. Si quieres.

Louis sonrió ante la propuesta, pensando en que sería agradable pasar tiempo con Harry en su casa. Estar con él siempre era bueno.

—De acuerdo, te llevaré a casa.

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Harry no sabía cómo sucedió. Pero la cena fue en lo último que pensaron cuando llegaron a su casa, entre besos y toqueteos, frotándose sin importarles la brusquedad de los movimientos que los llevaron a arrancarse la ropa casi por completo.

—Te necesito… —Los ojos de Louis estaban oscuros, su voz había salido tensa. Estaba muy seguro de que el aroma tan dulce que llegó a su nariz era lubricante del omega que tenía enfrente, lo había captado desde hacía unos minutos.

Harry se alejó un poco. Louis no sabía qué era lo que pasaba por la mente del omega, pero la mirada anhelante que le dirigía acabó con él.

—Mierda, ven aquí.

Tomándolo con firmeza, Louis levantó a Harry, apretando sus caderas juntas contra la pared al mismo tiempo que enterraba la su nariz en el cuello del omega.

—Hueles tan bien, Harry —musitó, y pudo percibir con claridad cómo el omega se derretía ante el tono grave y agitado de su voz—. Me encantas, amor —dijo, bajando un poco más. Quería absorber toda la esencia de Harry, tomar su dulce olor de cada rincón de su ser.

Y lo hacía, mientras con lentitud trazaba un camino de besos desde la base del cuello del omega hasta su mandíbula. Era como si comenzara a embriagarse conforme se llenaba los pulmones del aroma de Harry.

Louis besó los labios de Harry solo para, ahora que Harry tenía los pies en el piso, bajar sus labios hasta los pectorales del de piel pálida. Dos hermosos bultos que se notaban prominentes y el alfa había deseado tener en la boca desde hacía un buen rato.

Pasó por la clavícula y volvió a prestarle especial atención a la curvatura del cuello de Harry, hasta que se hizo camino hacia la mandíbula. Ahí mordisqueó, lamió y mordió con un poco más de fuerza, lo que hizo a Harry soltar un jadeo que por poco aterrizaba en un gemido.

Las ondas de calor del cuerpo de Louis, en otra ocasión habrían empujado a Harry a retroceder, a alejarse; sin embargo, esta vez lo obligaban a acercarse más y quedarse ahí, instintivamente sumiso ante el control de las manos hábiles de Louis estrujando sus glúteos.

Pronto una de las piernas de Harry se enredó en la cadera de Louis, reforzando la cercanía entre sus entrepiernas para sentir a la perfección la erección del alfa contra la suya. Hasta ese punto fue que sus bocas se unieron otra vez. Su beso era de sabor dulce, chispeante de calor y ganas mientras que sus lenguas se exploraban con salvajismo. Y tan pronto como Harry se aferró a los hombros de Louis, más lubricante escurrió desde su entrada. Podía sentir la humedad en sus bragas y sabía que Louis podía olerlo muy bien.

—No sabes cuánto quiero follarte.

—No —musitó el omega—. Debes mostrarme.

Louis negó un par de veces, aunque su cuerpo y su mente decían otra cosa. Seguía aferrándose de Harry, dibujando con sus besos un camino que iba desde las comisuras de los labios del omega hasta el lóbulo de su oreja, donde mordisqueó con suavidad.

—Mi celo llegará pronto —susurró—. Y contigo así… No quiero obligarte a cumplir nada.

—Louis, por favor —suplicó, buscando los labios del mencionado.

Ya estaban a mitad de camino, su ropa estaba en el piso. No podían no continuar.

Louis siguió el beso que Harry comenzó, sintiendo entre sus brazos la piel erizada de la espalda del omega. Con cada segundo a su lado se sentía sucumbir al deseo, hundirse más en el embrujo que Harry parecía haber puesto sobre él.

—Por favor —pidió Harry una vez más—. Hazlo alfa, puedo ayudarte, por favor.

Louis lo miró con intensidad, pidiendo permiso una vez más. Harry asintió, sin apartar sus enormes ojos del alfa caliente y sudoroso frente a él. El alfa lo besó con hambre y después lo levantó, haciendo que Harry ajustara las piernas a su cintura mientras sus labios seguían moviéndose juntos a un compás delicioso.

—Tienes que decirme dónde está tu cuarto, amor —musitó Louis.

—Arriba. —Volvió a besarlo—. Pero si eso es muy lejos… —susurró, tentando los labios del ojiazul con los propios—, puedes cogerme aquí… en el piso. —Soltó una risita y seguido de ello estampó otro beso en los suaves labios de Louis, capturando su jadeo.

Louis comenzó a subir las escaleras. Amasó con manos firmes el trasero de Harry, que no había dejado de besarlo.

Cuando llegaron a la habitación, Louis se apresuró para dejar a Harry suavemente en la cama.

—¿Estás bien? —preguntó, apartando un mechón de cabello de la cara de Harry para poder ver esos ojos que le parecían tan hermosos.

—Muy bien —dijo, lanzándole una sonrisa tierna al hombre sobre él—. Siempre estoy muy bien contigo —se atrevió a decir. Bajo la tenue luz de la habitación, tal vez Louis no notaría el calor que subió por sus mejillas.

—Eso es muy bueno, amor —respondió en un susurro—. Yo me siento igual —agregó, sus labios sobre la barbilla de Harry antes de iniciar un recorrido de ahí hasta su cuello, donde una vez llegó, olisqueó y besó y lamió.

Harry respiraba con dificultad. Tenía a Louis tan cerca después de tanto tiempo y era para follárselo, incluso antes de que su celo llegara realmente. Eso, por obvias razones, tenía al omega temblando de los nervios, y jadeando por la excitación.

Con manos temblorosas, se encargó de quitarle el resto de la ropa a Louis. Estaba más desesperado de lo que pretendía mostrarse, pero sabía que era imposible guardar la calma cuando tenía a su alfa tan cerca. Louis se encargó de sacarle lo que le quedaba de ropa con más facilidad de la que Harry creyó que se podía desvestir a alguien. Louis lo volvía loco. Olía tan bien y lo tocaba de maravilla. Quería quedarse ahí un largo tiempo y finalmente fundirse en sus manos.

—Abre más las piernas, amor. —Posó su atención en los pezones de Harry mientras este obedecía a su petición.

Louis lo escuchó gemir y eso solo logró hacer que su polla palpitara. Quería enterrarse en Harry, lo deseaba.

—Hermoso y delicioso omega —dijo luego de trazar un camino de besos hacia el abdomen bajo del rizado, con intenciones de ir todavía más abajo—. Eres perfecto, tan bonito… —exhaló cuando llegó al lugar que quería.

Desnudo y expuesto por completo ante Louis, Harry se sentía obsceno. El calor encendía cada rincón de su cuerpo mientras la barba de Louis le raspaba los muslos. No pudo evitar gemir ante el tacto, Louis lo puso tan caliente en tan poco tiempo.

—Mira cómo está tu bonito agujero —dijo con voz ronca, una punzada más en su polla al ver cómo Harry escurría de lubricante—. Tan apretado…

Llevó dos de sus dedos al borde, haciendo movimientos circulares con lentitud. Escuchó los jadeos de Harry y eso lo incentivó a ir más rápido, hasta que finalmente lo penetró. Harry gimió ruidosamente. Empujó sus caderas una y otra vez contra los dedos de Louis. El alfa era espectacular. Con tan solo sus dedos ya lo estaba volviendo loco.

Se tensó cuando dejó de sentir los digitos de Louis, dándole la bienvenida a su boca. Besó, chupó y lamió los restos del dulce lubricante que escurrió cuando con sus dedos abrió más la cavidad del omega para tener un mejor acceso.

Harry no pudo hacer más que jadear y apretar los ojos con fuerza cuando Louis lo penetró con su lengua. Le abrió más las piernas para hacerse un poco más de espacio. Lo sostenía con fuerza para mantenerlo un poco elevado y así se le facilitara la entrada.

—Amo cómo sabes —dijo.

Se hundió una vez más en ese espacio mojado y dulce. Harry soltó un grito de placer que se convirtió en un lloriqueo. La barba de Louis picando y su lengua jugueteando en su agujero era algo simplemente magnífico.

Pronto Harry lo sintió alejarse, dejándolo con las piernas temblorosas y el lubricante saliendo a borbotones manchando las sábanas. Louis sacó un condón de su cartera. Harry se preguntó por qué los tenía, pero rápidamente dejó de hacerlo, no era el momento.

Pero en todo caso, para resolver la duda, Louis era fiel creyente de que “alfa prevenido vale por dos”.

—¿Todo bien? —preguntó el mayor mientras se colocaba el condón.

La respiración de Harry se presentó agitada, estaba nervioso otra vez.

Iba a follar con Louis.

Algo se retorció en su estómago al pensar en que eso realmente estaba pasando. Tenía la sensación de que iba a tener la follada de su vida.

—Estoy bien —dijo. Louis estaba poniendo una almohada debajo de él, ajustándola para que nada le resultara incómodo.

Le encantaba la manera en que Louis manejaba su cuerpo con tanta facilidad y delicadeza aun cuando era un alfa que iba a entrar en celo y se suponía que actuara solamente para su propio deleite y beneficio, sin cuidar de nadie más.

Louis se inclinó para besarlo y se alineó en su agujero, pero no entró. Solo estaba ahí, tentando mientras dejaba besos en el cuello de Harry, que tenía la respiración entrecortada tan solo de imaginar que la gruesa polla de Louis iba a llenarlo entero.

—Lou… entra, hazlo, por favor —musitó, y pudo notar la sonrisa de Louis sobre la piel caliente de su cuello. Ambos jadearon cuando Louis se deslizó dentro con lentitud.

Comenzó con embestidas suaves y pausadas, esperando hasta que su omega se acostumbrara a él y le diera una señal para hacerlo más rápido.

Fue cuando Harry enroscó una de sus piernas alrededor de la cadera de Louis mientras lo besaba, que este empezó a empujar una y otra vez, incrementando la fuerza en sus embestidas a medida que su excitación se elevaba.

Louis le besó el cuello hasta llegar a la clavícula, succionando y mordisqueando para dejar marcas rojizas. Y sin dejar de empujar un solo segundo, se levantó para verlo. Harry lucía hermoso. El sudor pegándole los rizos al rostro y haciendo que su piel brillara daba como resultado una obra de arte. El retrato de una diosa o un dios que encarnaba la perfección de la manera más lasciva que la mente tan terrenal del alfa podía dimensionar.

No podía creer que había esperado tanto para tenerlo. Había sido un tonto.

—Eres increíble —dijo en una suave exhalación—. ¿Te gusta así?

A Harry se le escapó otro gemido sobre la boca de Louis. El alfa estaba llegando tan profundo como se le permitía, que Harry no pudo conectar lengua y cerebro a tiempo. Ser follado por Louis era la gloria. El omega estaba vuelto loco. No podía decir palabra alguna, ni siquiera quería hacerlo en tal momento; solo había espacio para gemir una y otra vez. Tenía las mejillas enrojecidas al igual que los labios. Sus tetas rebotaban mientras Louis se lo follaba con fuerza, sus pezones duros rozaban el pecho del mayor mientras su agujero apretaba demasiado bien a la gruesa polla que tenía dentro.

Louis se inclinó una vez más, le dejó un beso desordenado en la boca y después le pasó la lengua por el pezón. Cuando Harry gimió, Louis sintió un tirón placentero en su polla. Gimió también, chupó la teta de Harry y luego le mordisqueó el pezón, estaba amando verlo retorcerse de placer.

Supo que Harry se iba a correr cuando comenzó a tener pequeños espasmos. Los sentía por todos lados, como un incitativo para ir más rápido. Sentía el temblor de Harry en su miembro, calor dulce que hormigueaba y amenazaba con llevarlo al límite.

Llevó sus manos a la cabecera de la cama para empujar con más fuerza. Harry comenzó a llorar y a temblar, le arañó con fuerza la espalda, clavó sus uñas rojas con tanta fuerza, que hizo a Louis gemir y gruñir ante el dolor que en realidad resultó placentero.

El omega, con la boca seca y los sentidos nublados, se corrió en el momento en que Louis rozó la piel de su cuello con sus colmillos.

Louis era un alfa de ensueño.

—No hemos terminado —dijo Louis antes de dejar un beso suave en la boca del omega—. Te quiero montándome.

Harry tomó una respiración profunda, viendo los ojos oscuros de Louis ante la tenue luz de la lámpara de noche que no recordaba haber encendido.

Estaba recuperándose de un orgasmo y Louis ya lo quería usar otra vez.

No podía quejarse, sin embargo. Quería tener más de Louis. Muchísimo más. Y ahora que el alfa finalmente había entrado en celo, los deseos de ambos se cumplirían con mayor facilidad.

El omega jadeó al sentir la longitud de Louis deslizarse fuera de él. Louis se tumbó de espaldas sobre las almohadas que antes habían dejado de lado. Se palmeó los muslos, invitando a Harry a montarse ahí. Harry se mordió el labio inferior al ver la erección de Louis contra su vientre. Quería tomarla otra vez, estar tan lleno de él.

Con obediencia hizo lo que Louis le pidió. Sus piernas estaban débiles y temblorosas por el esfuerzo de antes, pero podía con más. Siendo que se trataba de tener a Louis otra vez, él podía hacer cualquier tipo de esfuerzo.

Él mismo tomó la polla de Louis y la alineó en su culo. Se deslizó lentamente, exhalando un “oh” mientras sentía cómo Louis lo abría de manera maravillosa. Louis jadeó una vez estuvo completamente dentro, y Harry se acercó y rastreó con la lengua el borde de los labios del alfa antes de besarlo y comenzar a moverse.

Se movía de arriba hacia abajo una y otra vez. Su balanceo de caderas volvía loco a Louis, que lo sujetó con fuerza para empujar también. Sabía que se correría pronto, había estado aguantando porque quería ver a Harry encima suyo; tomando el control y luciendo divino. Completamente caliente mientras sus tetas rebotaban conforme se follaba a sí mismo.

—¿Vas a correrte, alfa? —preguntó seductoramente sobre los labios del mencionado—. Lou, Lou, Lou… Quiero estar tan lleno de ti.

Louis gimió. Comenzaba a sentir un cosquilleo familiar en su vientre bajo, clara reacción ante un orgasmo cercano.

—Alfa… Dios, Lou…

—Shh —interrumpió el nombrado, tomando fuerte a Harry de la mandíbula, toque que provocó que la boca de este se abultara. Louis lo besó cortamente, con brusquedad—. Mantente callado y sigue montándome, bonito.

Harry lo besó, y con cada choque de sus pieles y placer cosquilleante enviado directamente a su polla, Louis sintió que podía elevarse en un vuelo libre fuera de la razón.

La sensación del orgasmo próximo de Louis se hizo más aguda cuando Harry comenzó a saltar desesperadamente sobre su polla, sin mostrar piedad a su cuerpo caliente a punto de quemarse.

El omega dejó de darle besos para gemir alto mientras continuaba subiendo y bajando una y otra vez, clavando la polla del alfa en lo más profundo de su húmedo agujero, persiguiendo otro orgasmo. Le enterró las uñas en los hombros y se inclinó para darle un beso que terminó siendo un desastre cuando dejó la boca abierta para gemir repetidamente mientras un fuerte orgasmo lo atacaba otra vez.

Se sacudió de forma deliciosa y ralentizó el ritmo de sus movimientos a medida que su orgasmo fue disminuyendo. Louis lo sujetó de las caderas para enterrarse profundo una vez más y darle un beso.

Un poco más tarde, el alfa se corrió en medio de un gemido sobre la boca de Harry.

—Dios, sí, sí —lloriqueó el omega al sentir el nudo de Louis estirándolo. Ronroneó ante el toque suave que Louis le propinó en los rizos. Se sentía tan lleno y tan querido. Cada beso que Louis plantaba en su mandíbula y las constantes caricias circulares en su espalda lo ponían dócil.

Vio a Louis a los ojos, estaban más oscuros de lo normal, seguían siendo bellísimos. Fue imposible resistirse a dejar un beso en los apetitosos labios del alfa, y en realidad esa dulce acción solo le hizo darse cuenta que nunca podría mantenerse apartado de ese paraíso por mucho tiempo.

Compartieron besos desordenados y otros suaves hasta que, finalmente y luego de minutos donde se recompusieron del ajetreo, el nudo de Louis bajó.

—Otra vez —dijo Harry.

Louis lo besó sin poder evitarlo. Descuidado y acalorado. Harry era una puta bendición.

—Sin condón —pidió el omega, con un intenso rubor en las mejillas, una vez Louis lo liberó—. Tengo anticonceptivos de emergencia.

Louis perdió el aliento. La idea de sentir a Harry en plenitud y vaciarse dentro de él, lo sacudió fuera de la realidad. Le dio otro beso y le mordió el labio inferior.

—O tal vez quieras cachorros de ojos azules —dijo, sin pensar realmente en lo que había pronunciado.

Fue el turno de Harry para jadear. Ese hombre iba a terminar con él en algún momento. ¿Tener hijos con Louis? No sabía cuántas veces había soñado con eso. Estar tan lleno de Louis, cargar sus cachorros después. Que el alfa lo dijera solo hacía que en su corazón creciera la esperanza que esa fantasía le había dado hacía tiempo.

Pero que aquello sucediera era poco probable. O no.

El punto era que Louis estaba loco. Y era un alfa en celo hablando bajo el efecto de este.

—Podemos ir practicando —respondió entonces, ignorando el calor que le subía por el rostro al imaginarse con una barriga enorme cargando los cachorros del ojiazul.

Le dio otro beso a Louis, que cerró su puño con fuerza en el cabello del omega.

—Codos y rodillas —gruñó.

Una sonrisa maliciosa cruzó los labios del omega antes de bajarse de Louis. Su jefe se lo follaría en cuatro y la idea le encantaba. Era una de sus posiciones favoritas, y en ese momento se moría por sentir la gran polla de Louis adentrándose en él desde atrás. Por eso fue que contoneó lentamente su trasero, de lado a lado, invitando a Louis a hacer algo. Este le dio un azote. Harry jadeó.

Escuchó a Louis quitarse el condón y deshacerse de él. Cuando la cama se movió y supo que Louis estaba de nuevo detrás de él, habló.

—Otra vez, alfa.

Louis le dio una segunda bofetada, más fuerte que la anterior. El omega jadeó de nueva cuenta, disfrutando el escozor del golpe, y por encima del hombro miró al ojiazul. Tenía una mirada brillante y perversa. Nada que Louis hubiera visto antes en él. Le encantaba.

—¿He sido un omega malo, alfa? ¿Vas a azotarme y cogerme duro por ello?

Louis le plantó otro azote en la nalga antes de tomarlo con fuerza de las caderas.

—No eres tan tímido, ¿eh? —Se alineó y, sin dejarlo responder, lo penetró duro, como a ambos les gustaba—. Una bella putita detrás de esa bonita cara.

Harry jadeó ante las palabras de Louis. Y no pudo evitar suspirar cuando sintió cada pulgada de la caliente polla de Louis deslizarse fuera solo para entrar otra vez con lentitud.

—Eso es, amor —susurró Louis cuando puso una mano sobre la espalda del omega para someterlo contra el colchón—. Buen omega… —halagó al ver su polla resbalar con suma facilidad dentro del rizado. Harry lo tomaba muy bien—. Ese es mi bonito omega…

Lo folló con rudeza, deleitado al escuchar los sonidos de placer que salían de la boca de su amante. Le clavó las uñas en las caderas, tan fuerte que el omega gimió entrecortadamente y comenzó a empujarse contra él. Sus pieles chocaban con fuerza, Louis estaba perdiendo la razón ante la delicia que resultaba el aroma de Harry frente a la excitación. El culo húmedo de Harry y sus lloriqueos hacían que sus sentidos se alteraran de una manera fascinante. Sus colmillos no tardaron en picar su encía, quemaban por salir, hasta que lo hicieron.

Quería morderlo.

Enterrar sus dientes en su deliciosa piel para que portara su marca por siempre. Quería tener todo de él. Harry era como una ambrosía y Louis creía que jamás tendría suficiente. Era un omega maravilloso. Un omega que quería solo para él.

—Más fuerte, Louis —gimió el rizado—. Hazlo más fuerte.

Louis gruñó y tiró del cabello del omega. Este soltó una risita de felicidad al notar que Louis le clavaba su dura polla con más salvajismo. Amaba la sensación de una gruesa polla abriéndolo bien y golpeando su punto más sensible con tanta facilidad. Amaba el calor dulce que ambos emanaban. Amaba la forma en la que el aroma tan fuerte de Louis le dislocaba la razón.

Y Louis amaba las bien formadas nalgas que chocaban una y otra vez contra sus caderas. Amaba estar follándose a Harry y embriagarse con su dulce olor.

Tiró la cabeza del omega hacia atrás y él se inclinó un poco para estar cerca del oído de Harry.

—¿Te gusta esto, Harry?

Harry gimió. Louis no podía verlo, pero estaba seguro que Harry había puesto los ojos en blanco por el placer de la dura embestida que le proporcionó. No estaba equivocado.

—Sí… Sí, sí, alfa —jadeó—. Todo el día solo pude pensar en esto…

Volvió a dejar salir un gemido prolongado acompañado de lágrimas de placer que comenzaron a bajar por su rostro. Estaba abrumado por el estímulo intenso que recibía, su respiración se había vuelto pesada y le quemaba el pecho. Pronto pudo percibir con claridad el dolor cosquilleante tan característico de un orgasmo próximo.

—Córrete otra vez, Harry. —Soltó el cabello del mencionado y le metió la mano entre las piernas para bombearle la polla. Estaba a punto de explotar y Louis quería que pasara de la mejor manera—. Córrete, amor… —susurró sobre la piel del omega, sus colmillos rozándole el lóbulo de la oreja.

Harry gruñó ante la fruición que las palabras y las cosquillas que los colmillos de Louis, que ahora estaban sobre su cuello, justo donde debía ir la marca, le provocaban. Era delicioso y aterrador tener el aliento de Louis cayendo caliente sobre su piel, justo en ese lugar. Era tentador. Si Louis lo mordiera, ni en un millón de años se arrepentiría de ello. Si Louis dejaba su marca en él mientras tenía un jodido y delicioso orgasmo, sería fantástico.

—Mierda —suspiró. Pensar en todo eso lo estaba enviando al límite.

—Guardarás mi corrida tan bien en ese hermoso culo —Louis gruñó el oído del omega, llevando los movimientos más lentos pero todavía duros—. Tan bueno para mi polla —jadeó—. Tan bueno para llevar a mis cachorros…

El cuerpo de Harry fue presa de un inmenso placer que ardió en todo su cuerpo al llegar con esas palabras, y se intensificó en el momento en que Louis le mordió suavemente el hombro. Louis sintió más apretado el agujero en el que estaba hundido, sabiendo que estaba acabando con Harry. Siguió empujando sin parar, a la par que bombeaba la polla del omega, escuchándolo sonar cada vez más ronco por el desgaste vocal que habían causado sus gritos.

El cuerpo de Harry se tensó y su culo se apretó con fuerza alrededor de la polla de Louis cuando su orgasmo llegó en un gemido ruidoso. Louis gimió al sentir cómo su polla palpitó justo antes de correrse dentro de Harry. El orgasmo sacudió todo su cuerpo, y los movimientos lentos y cansados de Harry casi lo enviaron a otra dimensión.

El omega dejó balanceo solo cuando sintió el nudo de Louis hincharse completamente, uniéndolos de una manera única y demasiado íntima. El alfa se derramó por completo dentro de él, pudo sentir con claridad el espeso semen caliente de Louis llenar su agujero, y le sintió escurrir por sus muslos cuando Louis, con delicadeza, los recostó a ambos.

Estaban jadeando, tratando de regularizar su respiración. Louis dejó pequeños besos en el hombro de Harry, sellando cada lunar que logró ver.

—Eres maravilloso. Me vuelves loco —confesó el alfa.

Harry miró a Louis sobre su hombro, sus ojos rogando por él. El alfa le dio un beso. Esta vez no estaba lleno de lujuria, ni era desesperado. Era un beso que en su profundidad cargaba un sentimiento fuerte, como el primero que se habían dado.

Ambos sabían de qué se trataba. No era solo sexo. No era solo el placer de besar y tocarse por todas partes. Era mucho más que eso.

—Eres perfecto —halagó una vez más—. Perfecto para mí.

Harry ronroneó. No podía evitar que la calidez en su pecho se hiciera presente ante el más mínimo gesto lindo que el alfa tuviera con él, y no importaba si era su primera noche con Louis. Lo había hecho sentir mejor que cualquier persona que hubiera pasado por su cama con anterioridad.

Y Harry sabía que su lugar estaba ahí. Él pertenecía al hombre que le acababa de dar los mejores orgasmos que había tenido en años.

Cuando los minutos pasaron y el nudo de Louis bajó, salió de él. Harry se acomodó entre las sábanas y dejó que sus ojos se cerraran. Sintió a Louis detrás de él ordenando el espacio para hacerlo más cómodo, y luego procedió a envolverlo en un abrazo muy cálido. Debía descansar para estar preparado cuando la siguiente ola de calor de Louis llegara.

Al cabo de unas horas, Harry escuchó su nombre entre susurros y sintió besos en su cuello. Abrió los ojos para encontrarse con unos azules cubiertos casi en su totalidad por el negro de pupilas dilatadas.

Louis necesitaba usarlo otra vez.

──────── ;;✦ ↴

—¿Vas a dejarme salir de la cama?

—No —respondió el alfa—. Nos quedaremos aquí todo el día.

Harry rio cuando Louis tiró de él para devolverlo a su lado.

—Me encantaría quedarme aquí, si no tuviera que bañarme —dijo—. Apenas me dejaste salir de la cama durante dos días. Estoy muy mal alimentado.

Louis atrajo a Harry contra su pecho y le dio un beso en la cabeza. Amaba a Harry siendo la cuchara pequeña.

—Ni siquiera eres capaz de caminar sin quejarte, ¿para qué quieres levantarte? —preguntó en un tono que ni siquiera parecía de broma—. Yo puedo traer la comida. O podemos ordenar algo.

—De acuerdo. —Se giró para tratar de darle un beso a Louis. El alfa fue quien se acercó para besarlo—. Ahora llévame al baño y tomemos una ducha los dos.

Así lo hicieron. Estuvieron en casa todo el día, habían ordenado comida, tal como acordaron, y visto algunas películas. No se preocuparon por lo que pasaría al día siguiente en el trabajo. Tampoco pensaron en cómo continuaría su relación. ¿Un celo juntos debería cambiarlo todo?

Ambos sabían que había mucho más que un celo de por medio.

Por la mañana, Harry se despertó debido al aroma a café que llegó a sus fosas nasales. A tientas, buscó a Louis en la cama, teniendo una gran decepción cuando no lo encontró.

Abrió los ojos por fin, y cuando se acostumbró a la luz, se dio cuenta de que Louis no estaba en la habitación. Su olor estaba por todas partes, sin embargo. Harry ronroneó involuntariamente, volviendo a cerrar los ojos y abrazando la almohada que Louis había usado.

Salió de la cama, un gruñido se escapó de su boca al sentir dolor en su culo y su espalda baja. Además sus piernas estaban cansadas. Louis no lo había dejado descansar tampoco la noche anterior.

Se encontró deseando que nadie en el trabajo notara su rara forma de caminar. Pero, de todos modos, ya iba tarde esa mañana, al igual que el jefe. Eso debería de levantar sospechas. Él jamás incumplía en el trabajo.

Después de haber lavado sus dientes y haberse vestido con su ropa habitual para ir a la empresa, bajó, encontrando a Louis en la cocina, hablando por teléfono.

—Bien, Charles. Nos vemos allá —dijo al finalizar la llamada.

—Buenos días —saludó Harry con una sonrisita cuando el mayor se giró y se encontró con él.

Louis se acercó y le dio un beso. Harry se sonrojó. Era muy extraño tener a Louis en su cocina, preparando el desayuno y saludándolo con un beso.

—Huevos fritos y tocino —dijo cuando le tendió un plato a Harry.

—Se ve delicioso.

—Y café sin azúcar. —Deslizó una taza roja hasta el lugar de Harry.

—Me conoces bien. Y es mi taza favorita —observó—. Excelente, Tomlinson.

—¿Tienes mucho trabajo hoy? —preguntó Louis después de tomar asiento y ponerse a comer.

Harry pensó por un momento. Sí tenía trabajo, pero no era urgente. Podía tomarse un rato libre.

—No —respondió—. ¿Por qué?

—Digamos que necesito tu ayuda para un asunto de la empresa.

Harry arqueó una ceja, Louis nunca le pedía interrumpir su trabajo para revisar algo más. Cuando tenían asuntos pendientes, tomaban la hora del almuerzo o de la comida para encargarse de ello.

Quizás esta vez era algo muy importante.

—Está bien.

Comieron rápido y en silencio para después marcharse a la casa de Louis, pues necesitaba ropa limpia para el trabajo.

Después de que Louis adoptara la imagen digna de un jefe, tomaron su camino a Deason, y discutieron qué pasaría con el auto de Harry. El omega lo había olvidado por completo todo el tiempo que pasó con Louis en su casa. Aunque ahora tenía claro que necesitaba un nuevo automóvil; Louis no podía llevarlo siempre al trabajo. Pero se había ofrecido a hacerlo y también llevarlo a casa. Después le planteó la idea de prestarle uno de sus autos, a lo que Harry se negó, por supuesto. Pero el alfa era insistente, e incluso le había dicho que la empresa podía facilitarle un vehículo, el modelo y color que él quisiera, después de todo, se dedicaban a la producción de los mismos.

Pero Harry no quería aprovecharse de lo que sea que tuviera con Louis. Los demás trabajadores habían adquirido sus autos por méritos propios, no porque se follaran al jefe.

—Siempre puedo tomar un taxi.

—Yo puedo traerte y llevarte mientras consigues el auto —dijo de nueva cuenta—. No tengo problema.

Harry se lo pensó un momento. No quería molestar a Louis, pero también quería tenerlo cerca el mayor tiempo posible. Así que el hecho de que lo llevara era lo más conveniente.

—Bueno, está bien —terminó diciendo. Bajó de la Deason gris, no sin antes darle un corto beso al alfa.

Atravesaron el estacionamiento y Harry vio su auto tristemente abandonado ahí. Le dio un poco de pena la idea de deshacerse de él, pero sabía que eso era lo mejor.

Qué oportuno podía ser algunas veces que los autos viejos dejaran de funcionar.

—Buen día, Alex. —Louis saludó al guardia y se apresuró para alcanzar a Harry, quien, apenas habiendo pasado el estacionamiento, empezó a caminar muy rápido—. ¿Estás huyendo de mí? —preguntó.

Harry rio y negó varias veces, pero en el interior sabía que sí intentaba hacerlo. Recién había pensado en que estaba llegando con su jefe al trabajo.

Pero, después de todo, ya se habían acostado. Y muchas veces a lo largo del tiempo que habían estado juntos en la casa de Harry. ¿Qué más daba que los vieran juntos, si además olía muchísimo a Louis? Y si, de todos modos, desde hacía bastante tiempo todos en la empresa los estaban emparejando porque se llevaban muy bien y se les veía juntos en el almuerzo. Y Louis no era un jefe que almorzara con los empleados, que riera con ellos, o que siquiera les hablara más allá de darles —ocasionalmente— los buenos días.

Habían estado juntos y no había nada de malo en ello, ¿cierto? No había razón para huir.

—Claro que no —dijo una vez que su mente se aclaró, y tomó la mano de Louis para entrar juntos al elevador.

Con chispas de felicidad recorriéndoles todo el cuerpo, salieron del elevador en el piso que le correspondía a Louis. Las miradas se posaron en ellos dos, más específicamente en sus manos entrelazadas.

Harry apretó la mano de Louis al percatarse de todos los ojos curiosos sobre ellos. Louis saludó a algunas de las personas ahí con tanta naturalidad, que Harry solo se preguntó si no sentía ni una pizca de nervios.

Lylia, una omega con la que Harry solía almorzar cuando no lo hacía con Louis, le guiñó. No supo qué hacer después de recibir tantas miradas, así que no soltó la mano de Louis ni un segundo, hasta que ambos entraron a la oficina del mayor.

—Todos nos miran.

—Lo noté. —Sonrió y se acercó más a Harry para besarlo.

—Lou —habló Harry, buscando los ojos del mayor—. ¿Qué significa todo esto?

Louis se pasó la lengua por los labios. Sabía que llegaría el momento de hablar de ello. No esperó que fuera tan pronto, sin embargo.

¿Y qué podía decir? Era todo. Significó todo. Él estaba dispuesto a tener una relación formal con Harry, a compartir su tiempo y espacio con él. Estaba enamorado. Desde hace tiempo se había dado cuenta de ello.

Quería al omega cerca, lo quería para él. Quería que llegaran juntos al trabajo y se fueran de la misma manera a casa. Quería llevarlo a cenar y a los cumpleaños de sus hermanas. Quería que los dos se tuvieran como se habían tenido los días anteriores.

¿Pero Harry deseaba lo mismo?

Él haría cualquier cosa que Harry le pidiera. Y también estaría de acuerdo con las decisiones que este tomara.

—Significa lo que tú quieras que signifique —dijo.

—Louis…

Harry lo miró esperando una respuesta real. El alfa no podía dejar todo en sus manos, así no funcionaban las cosas.

Louis tomó una respiración profunda, un montón de cosas pasando por su cabeza y él pensando en cómo resumirlo.

—Estoy enamorado de ti —confesó.

Harry abrió mucho los ojos, pero no dijo nada, solo miraba a Louis como si estuviera asustado.

—¿Omega? —Puso sus manos en las mejillas del mencionado, este seguía mirándolo, era como si buscara algo en los ojos de Louis—. Te quiero conmigo. Llevaba mucho tiempo tratando de decirlo. No estaba seguro de que tú sintieras lo mismo —explicó—. Pero ahora sé que significo algo para ti. No sé exactamente qué, porque no has hablado sobre ello —mencionó mirando directamente los ojos brillantes del omega—. Pero saber que soy algo para ti, me hace muy feliz —musitó.

Estaba muy cerca del omega, a pocos centímetros de su boca. Harry sentía la calidez de su aliento, sentía el aroma mentolado envolviendolo, retorciéndose en su estómago. Louis estaba haciéndolo suyo sin siquiera tocarlo de la manera apropiada para ello.

—No quiero que te apartes, no después de lo que sucedió —dejó saber. No esperaba que su relación continuara como antes: considerándose amigos. Él quería más—. Así que, dime, Harry, ¿qué significó para ti?

El omega jadeó y se deshizo de la distancia entre ambos. El suelo se desvaneció tan fácil como el mundo alrededor desapareció, solo eran ellos dos envueltos en el calor mutuo.

La calidez de su beso sabía a café y un toque dulce que ninguno de los dos supo de dónde salió, tal vez del cariño expuesto. Sus cuerpos juntos y sus labios encajaban perfectamente bien; era como si las manos de Louis pertenecieran a la espalda y cintura de Harry, como si el cabello de Louis enredado en una de las manos del omega fuera una pieza de rompecabezas encajando a la perfección en ese espacio.

Harry sintió su corazón latir con rapidez, sus manos temblaron por la corriente eléctrica que le recorrió la piel. Se dio cuenta, una vez más, que la boca de Louis era su lugar favorito.

Y Louis, él creía que Harry sabía a gloria. Era como licor, el mejor licor del que podía beber hasta embriagarse y elevarse en vapor dulce.

—Lou —habló el menor sobre los labios del mencionado—. Quiero que estemos juntos.

El rostro de Louis se iluminó al escuchar eso, y le dio otro beso a Harry.

—Lo estamos.

Era, tal vez, la primera vez que Louis en serio sentía esa magia tan peculiar al besar a alguien de quien gustaba mucho. Pero es que todo era diferente porque se trataba de Harry. Su Harry. Alguien muy importante para él.

Por el momento, no había mucho más qué decir sobre eso. Estaban juntos.

—Charles me escribió poco antes de que llegáramos —dijo luego de darle otro corto beso al omega—. Nos está esperando abajo —le informó y lo tomó de la mano—. ¿Vamos?

Con los demás empleados tratando de disimular que querían verlos detenidamente por mucho tiempo y hacerles preguntas, atravesaron ese piso hasta llegar a uno de los elevadores para volver a bajar; esta vez con dirección a la cafetería.

—Te agradecería si me explicaras de qué se trata esto… —comentó Harry a Louis antes de entrar al lugar.

Louis abrió una silla para el omega una vez que estuvieron dentro. Vio a Charles ocupado con un muchacho del personal de la cafetería. Estaban sirviendo y acomodando tazas de café en una charola.

—Pues, ya que dijiste que el café era terrible, se me ocurrió que podrías probar distintos cafés para ver cuáles se quedan.

Harry lo vio con una expresión de confusión, y luego de procesar las palabras del alfa, habló.

—O sea que… ¿Yo voy a supervisar la nueva mercancía?

—Es exactamente lo que quería darte a entender.

La expresión de sorpresa en el rostro de Harry hizo que Louis riera. Había reído mucho en los últimos tres días. Había reído mucho desde que empezó a pasar más tiempo con Harry.

—Louis Tomlinson, ¿vas a dejar que yo decida lo que se bebe aquí? —quiso saber. Vio a Louis dudar un poco y luego asentir con decisión.

Su corazón bailó con alegría.

—Quería que tuvieras algo que te gustara —respondió, jugueteando con sus dedos.

—¡Soy el rey de la cafetería! —exclamó y rio ante los ojos en blanco del alfa.

Louis, aunque su semblante no dejara huella de ello, se encontraba un poco nervioso porque no sabía qué tan buena idea era eso. Pero quiso tener un gesto amable con Harry. Complacerlo de alguna manera. Era una necesidad. Y que su omega tuviera el café que le gustaba en la cafetería de la empresa era muy importante.

—Eso es para no tener que llevarme a Mellow Ballad otra vez, ¿cierto? —cuestionó Harry—. Te descubrí. ¡Qué malo! ¡Me manipulas!

—Y empiezas —suspiró. Era increíble cómo podía cambiar su expresión radiante a una fastidiada en cuestión de segundos—. Vámonos, esto no es buena idea.

Harry rio y lo jaló del brazo para que volviera a su lado.

—Ya, Lou. Estoy bromeando —aclaró risueño—. Beso —pidió.

Louis rodó los ojos antes de dejar un pico en la trompita que formaron los labios de Harry. Este último sonrió satisfecho.

—Ahora siéntate y mírame aprobar o rechazar los cafés —pidió.

Louis, como buen alfa a los pies de Harry, obedeció.

—Y bueno, ¿dónde está mi café? —le preguntó Harry al alfa—. ¡Mi café, señores! ¡Esperar por una segunda taza de café va a matarme!

Louis cerró los ojos, se golpeó la frente y pensó: «¿Harry no puede no hacer un escándalo por esto?».

Casi inmediatamente supo que era imposible que Harry no hiciera eso. Él era así, aunque a veces un poco tímido; alegre, inquieto y ruidoso. Casi contrario a él. Y, mientras Harry se encargó de probar doce tipos de cafés y hacer muecas extrañas cada que uno de ellos le pareció malo, o exclamar «¡Oh, por dios!», cada vez que bebió de uno que le pareció excelente, tanto que en sus ojos se pudo ver la emoción y felicidad de estar poniendo a prueba los productos, Louis cayó en cuenta de que esos grandes ojos verdes y ese rostro iluminado era todo lo que siempre quería ver.

Cayó en cuenta de que, tal como lo había confesado ya, realmente estaba enamorado de Harry, el precioso omega que había llegado a su vida de la nada, y así, igual de fácil, se metió en lo más profundo de su corazón.

—Te amo —dijo otra vez, siendo guiado únicamente por su corazón y las emociones revueltas que el aroma de Harry junto con toda su aura maravillosa y su bonito rostro y actitud le provocaba.

Lo amaba, realmente lo hacía. Lo hizo desde el primer minuto que lo tuvo cerca.

Harry lo miró a los ojos, indudablemente sorprendido por las palabras tan repentinas en una situación en la que jamás pensó que el alfa volvería a decir que lo amaba.

Lo había dicho dos veces. En serio lo hizo dos veces en la misma hora.

El corazón de Harry se derritió, como el de buen omega enamorado que era.

Y en ese momento, donde Louis le daba su atención como si fuera una joya preciosa, creyó que ese hombre sentado frente a él era su universo. Ese rostro iluminado y su mirada tan azul de pupilas dilatadas eran el mundo para él. Lo había sido desde hacía tanto tiempo.

Le dio un beso, todavía pensando en qué era lo que sucedía, en cómo debería responder.

Bebió un poco de la última taza de café que le quedaba, y mientras lo hacía, se preguntó si todo lo que estaba pasando y lo que había pasado era real o todo el tiempo había estado alucinando. Pero sentía la mirada de Louis sobre su rostro, tan real como su deseo por él. Sentía que los latidos de su corazón dependían de que Louis lo siguiera mirando. Que solo lo mirara a él.

Era real, muy real.

Y no podía no responderle, porque eso daría a entender que él no sentía lo mismo. Y eso sería mentir gravemente, porque él le correspondía al alfa en su totalidad.

—Lou —lo llamó.

Louis dejó su labor de regresar cada una de las tazas a la bandeja para que fueran recogidas.

—¿Sí?

—Yo también te amo.

FIN.