Yatsuhashi de Canela - GoYuu Fanfic

Summary

En donde una pequeña cantidad de la población al nacer puede llegar a ser asignados a una alma gemela. Como característica distintiva, las almas gemelas podrán saborear lo que come el otro hasta que llegue el momento en que conozcan su propio sabor.

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1
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n/a
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13+

Capitulo Único



Cuando Gojo Satoru tenía 13 años, había ocasiones en las que despertaba con un gusto rancio en la lengua. Muchas de esas veces pudo detectar que se trataba del sabor de la leche después de ser ingerida y uno olvidaría lavarse los dientes. No le dio la importancia que debería hasta un tiempo más tarde cuando comenzó a parecerle desagradable, daba igual cuantas veces se enjuagara la boca el amargo sabor de la leche no dejaba su paladar. Comentó el problema a sus padres quienes preocupados porque podría tratarse de algún tipo de infección lo llevaron inmediatamente con el mejor medico a disposición del clan. Era inaceptable que el heredero Gojo, la cúspide de la hechicería hecho carne, tuviera tales padecimientos que aunque insignificantes daban mucho de qué hablar sobre el cuidado que se le otorgaba.


Después de muchos exámenes y diferentes visitas con especialistas donde no se hallaron rastros de verdadero síntomas, para cuando los líderes del clan creían que el chico solo les estaba tomando el pelo por diversión, el mismo avisó de ciertos cambios. Ya no era el sabor rancio constante que bajaba por su garganta y le revolvía el estómago, ahora variaba en su naturaleza. Al principio detectó algo dulce pero seco, muy parecido a la avena. Luego fue la sal y el distintivo sabor de la papilla de calabazas.


Ante tales quejas tan específicas sobre sabores, sus padres decidieron probar otro enfoque. Siendo ellos hechiceros y su hijo el producto perfecto de años de evolución, no sería descabellado pensar que el origen de sus males estuviera relacionado con la línea de trabajo que ocupaban ¿Correcto? Y así empezaron las investigaciones. Todo apuntaba a una vieja leyenda (que de leyenda no tenía nada) sobre que una pequeña cantidad de la población al nacer puede llegar a ser asignados a una alma gemela y como característica distintiva, las almas gemelas podrán degustar lo que come el otro hasta que llegue el momento en que conozcan su propio sabor.


A sus 14 años Gojo Satoru descubrió que entre sus tantos asuntos pendientes para el futuro se encontraba el conocer a su alma gemela. Y no podía importarle menos.



...



Era un día soleado de verano como cualquier otro en Tokio, en el ambiente se percibía una sensación térmica de calor insoportable. Pero al menos se trataba del fin de semana y es por esto que el único grupo de segundo año de la Jujutsu Tech disfrutaba su día libre comiendo algunos helados en una plaza poco concurrida no demasiado lejos de la academia.


Siendo el bolsillo de Gojo el principal benefactor en ésta salida casual, Geto Suguru llevaba entre sus manos una bolsa con una cantidad considerable de helados en diferentes presentaciones listos para ser engullidos. Mientras que Shoko se iba por los cítricos, el diente goloso del peliblanco picaba por los conos cremosos de vainilla con fresa.


– El dueño del carrito se ofreció a refrigerar la bolsa por ser tan generosos, así que ve más despacio con esos Satoru– Anuncia y regaña el del flequillo mientras aleja el frio botín de las garras de su amigo.


– ¡He estado esperando por esto toda la mañana Suguru! No me pidas que vaya despacio, siento que me desmayaré en cualquier momento– Y se dejó caer en la banca donde estaban sentados con una mano sosteniendo su frente, así mismo recostando su cabeza en el regazo de Shoko quién lo ignoró olímpicamente más interesada en un partido de fútbol que tenían algunos niños unos metros más allá– ¡Si muero por un golpe de calor, serás el único culpable! Espero puedas llevar esa carga en tu puerca conciencia– Y se bajó las gafas para darle una mirada desaprobatoria.


Aunque el albino solo estaba dramatizando, bien era cierto que el clima ese día no era precisamente agradable para ninguno. Aguante el team Frio.


– Deja de ser un niño y toma tu cono. UNO a la vez– Le arrojó el artículo en cuestión al contrario quién en un parpadeo se enderezó y atajó el helado en el aire, procediendo a quitarle la envoltura plástica. Al dar el primer bocado pudo ver el cielo y sentir la magnificencia de la creación misma.


Pero el estado de satisfacción no le duraría mucho, el azabache pudo notar con curioso interés el cómo la expresión de Satoru se arrugaba en completo disgusto y comenzaba a toser y escupir los restos de su helado.


– ¿Qué te pasa, animal?– Quién habló esta vez fue la chica castaña, quién al escuchar el escándalo justo a su lado desvió la atención del partido infantil para ver como su amigo se perdía en un ataque de tos.


– ¡Maldición!– Exclama con dificultad, su voz se escuchaba ahogada– Ni siquiera ahora me deja en paz– Y siguió tosiendo, como si algo le estuviera picando en la garganta.


La comprensión llegó a los otros dos, aunque un poco tarde, pero fue lo suficientemente pronto como para hacer comentarios al respecto.


– ¿Tu alma gemela probó algo extraño otra vez?– Se burla Geto, mientras se sentaba junto al albino para darle algunas palmaditas en la espalda (Que bien podrían ser muy inútiles contra infinity) y degustando su propio helado con la otra mano. Por supuesto que ambos chicos sabían sobre el destinado de Satoru. Eran las personas en las que más confiaba después de todo.


– Que pudo ser para que reacciones de esa forma– Ahora fue Shoko quien preguntaba, aunque era más un comentario retorico.


– ¡Era. Jodidos. Arena!– Se aclara la garganta antes de dar un mordisco molesto al cono derritiéndose en su mano, intentando apaciguar el horrible sabor de la arena en su lengua– ¿¡Qué éste niño no tiene instinto de auto-preservación!? – Porque si, ya se había llegado a la conclusión de que el alma gemela de el gran Gojo Satoru se trataba de un infante, por el tiempo de su primera aparición, aquello que solía consumir y todo eso. ¿Podría acaso empeorar?


Sin mucho que aportar, Suguru y Shoko intentaron distraer al afligido con algunas bromas y ofreciéndole más helado. Era divertido ver las expresiones de Satoru cuando el efecto de la unión con su alma gemela se presentaba, pero en absoluto tenían la paciencia ese día caluroso para escucharlo quejarse sobre por qué el destino lo unió a otra persona, para rematar siendo éste individuo un niño.



...



El 24 de diciembre de 2017 fue un día agotador para la sociedad jujutsu. Pero lo fue aún más para el hechicero más fuerte de la época moderna.


Una vez que dejó a sus estudiantes de primer año de regreso en la academia, se fue directamente a su casa ignorando los llamados del director Yaga a su teléfono móvil esperando un informe completo del enfrentamiento que había ocurrido horas antes. También dejó sin contestar los mensajes de su buena amiga Shoko Ieiri quién preguntaba por su estado.


El desfile nocturno de los cien demonios no había hecho más que reabrir viejas heridas que creía cicatrizadas. Sumándole que al final tuvo que, con sus propias manos, asesinar a su mejor amigo por el bien ajeno. ¿Había hecho lo correcto? Seguro que sí pero ¿Era la única opción viable? Ese resultado no habría ocurrido si en el pasado hubiese estado más atento a la salud mental de Suguru. Si hubiese hecho las cosas diferentes, si hubiese...


No, Gojo lo sabía mejor, no tiene derecho a lamentarse y tampoco podía desperdiciar su tiempo en pensamientos inútiles. Geto fue quien decidió convertirse en un usuario de maldiciones y atentar contra la vida de los no-hechiceros. Pero saber esto no dejaba de picarle en el pecho... sobre lo que pudo haber sido.


Sentado y ocupando dos plazas de su caro sofá, con una copa de champagne a rebosar en una mano y la otra pasando por sus blancos cabellos en una clara muestra de estrés. Le dolía la cabeza.


Todos sus ánimos habían sido arrancados esa noche, siendo atacado por memorias de tiempos felices en primaveras teñidas de azul. Donde su única preocupación solía ser ver quién era el más rápido en llegar al comedor para robar el último trozo de pastel del postre que preparaba la cafetería. Tiempos refrescantes de juventud que quedaron muy atrás. O tal vez ¿Fue él quien los dejó atrás?


Sus ojos picaban, más ninguna lágrima se derramó. En cambio, cuando tomó otro largo sorbo de champagne (pues de todas formas seguía siendo navidad) un gusto dulce muy diferente al frio de su bebida fue recibido en su paladar. De hecho, se parecía más al dulce glaseado del pastel de navidad* que solían servir en la promoción del KFC por las fiestas (Y Gojo sabía bien de esto, pues durante mucho tiempo en aquello consistía su cena durante sus solitarias navidades).


No pudo evitar esbozar una suave sonrisa en reconocimiento, sabía bien de donde venía aquel sabor tan nostálgico. Y es que en todos estos años lo único que no había cambiado era la compañía distante de su alma gemela, aquella que se presentaba a través de distintos sabores que podía captar esporádicamente durante el día. Si bien en un comienzo le parecía una completa molestia, actualmente encontraba reconfortante el saber que en alguna parte había alguien que estaba diseñado para él. Que el universo consideró que eran el uno para el otro por el simple hecho de que debía ser así.


No se mentiría a sí mismo al decir que no había considerado el buscarlo, al menos para saber cómo lucia su otra mitad. Pero siempre desechó la idea, porque se conocía a sí mismo y sabía que ni bien lo encontrara no podría dejarlo ir. En su línea de trabajo considerar a otra persona podría resultar fatal para ambas partes. Es por esto que lo dejó estar. Era feliz de ésta forma. Y si sus caminos estaban destinados a encontrarse que así sea, pero mientras tanto su forma de proteger a su alma gemela era mantenerlo lejos de sí mismo. De su desastre y todos los problemas que conllevaba estar relacionado con Gojo Satoru, el hechicero más fuerte.



...


Itadori Yuuji pese a su sueño pesado es un chico madrugador, nada más salir el sol ya estaría listo para empezar un nuevo día con toda la energía que lo caracterizaba.


Saludando a su poster de Jennifer Lawrence y después de lavarse los dientes salió de los dormitorios en dirección a la cafetería. Esta mañana no tenían ninguna misión pendiente por lo que seguiría su rutina normal en su nueva vida académica. Desayunaría junto a sus compañeros de primer año y luego asistiría a sus clases habituales impartidas por Gojo-Sensei.


Y hablando de Gojo-Sensei. Lo encontró tan alborotador como siempre en la mesa donde estaban Kugisaki y Fushiguro comiendo de sus bentos, ellos estaban haciendo todo lo posible por ignorar su perorata tan temprano en la mañana. El pelirosa podía entender el hastío de sus amigos por la intensidad de sus Sensei, pero eso era parte de su encanto ¿No? Jamás había conocido a un tipo tan genial como Gojo. Lo admiraba en toda su expresión.


Es por esto que cuando se acercó, lo primero que hizo después de darle los buenos días a sus compañeros fue chocar los cinco con su Sensei en un saludo especial ultra secreto que inventaron en ese mismo instante.


– ¡Buen día para ti también Yuuji-kun! Veo que estás bastante animado hoy, ¿Debo tomarlo como que tuviste una buena noche de descanso?– Y esa era otra cosa que admiraba de Gojo-sensei. El cómo se preocupaba tan profundamente por sus estudiantes (lo que Yuuji ignoraba, es que Gojo solo tenía ese tipo de tratos con él. Favoritismo solía decir Kugisaki)


– ¡Seguro! Sukuna lleva bastante tiempo callado, ha sido el mejor día de mi vida– responde con la misma emoción


–Dices que ha sido lo mejor, pero eso es porque no sabes lo que tengo aquí para ti~– Habla el mayor con un tono cantarín, mientras saca de la nada una caja blanca con un bonito logo de una panadería decorando la tapa.


– ¿Ehh? ¿Creí que había dicho que era para todos nosotros?– Ésta vez fue Nobara quien habló, sonando ofendida mientras dejaba los palillos en una servilleta


– Shh Shh, detalles detalles– Sisea Gojo mientras hace un ademán en dirección a la pelirroja. Quien jadea el doble de ofendida y Megumi como espectador rueda los ojos fastidiado. Ya sabía que el mayor no compartiría lo que sea que trajo con ellos, pues claramente mencionó que los compró pensando en Itadori, si, tan espeluznante como suena– Estuve temprano por Kioto y aproveché en comprar estas bellezas para el desayuno. ¡Ricos Yatsuhashi* surtidos!– Abre la tapa de la caja y la extiende en dirección al ojimiel– Adelante adelante, toma uno y dime que tal – Sonrió todo dientes mientras ofrecía el contenido


– Oh de acuerdo, pero ¿No es esto demasiado dulce para el desayuno? – Pese a la pregunta, ya se encontraba agarrando una de las galletas de la caja. Tenía una irregular forma de triángulo y un bonito color ocre. Solo pudo escuchar un jugetón "Tonterias" y un apagado "Definitivamente lo es" viniendo de Gojo y Fushiguro respectivamente. Sin pensarlo mucho más le dio un bocado y degustó pausadamente la galleta– Están deliciosas sensei~ y esta es de canela, son mis favoritas– comenta el pelirosa con alegría para volver a ver al albino. Quién curiosamente había dejado de sonreír, siendo reemplazada su expresión por una mueca.


– ¿C-Canela dices? – contra todo pronóstico, su voz salió en un tartamudeo leve, imperceptible si no estuvieras prestando atención. Pero vaya que Yuuji estaba prestando atención.


– Si ¿Hay algo mal? – Dejó de comer preocupado por la reacción de su profesor, quién dejó la caja en la mesa para tomar una galleta de la caja también (Kugisaki aprovechó el momento para robar algunas y compartió con Megumi)


– No, no en lo absoluto solo... quiero probar algo... – Gojo se quedó viendo fijamente la galleta en su mano por unos cuantos segundos, el suspenso molestaba al pelirosa– Yuuji, ¿Puedes decirme de qué sabor es éste? – Se voltea para mirar a su estudiante mientras levanta entre sus dedos la galleta.


– Umh, ¿claro?– estaba algo confundido por la petición, pero no vio problema en responder– Pues es de color café, debe tener judías ¿No?–


– Correcto– asiente de acuerdo, aunque no se veía conforme– Pero quiero que me digas que tipo de judías tiene, solo tienes una oportunidad– El mayor lucia serio con estas preguntas, puso nervioso a Yuuji.


– Para eso tendría que probarlas Sensei, deje de intimidar a Itadori– El azabache más callado salió en defensa de su amigo, solo quería un desayuno en paz.


– Estoy seguro de que puede decirme que tipo de Judías son sin probarlas, ¿No es cierto Yuuji-kun?– Fue lo último que dijo antes de darle un gran bocado a la galleta, dejando al susodicho pensativo ¿Cómo podría adivinar tal cosa?


Y como por arte de magia (¿Gracioso no?) un momento de iluminación llegó a su ser al sentir un ligero sabor dulce en su paladar. Producto de las judías negras revueltas en azúcar. ¿Podría ser esa la respuesta? – Son... ¿Judías negras? – Respondió dudoso, pero cuando el sabor se intensificó en su lengua lo afirmó con más fuerza– Si, algo me dice que son Judías negras– Aseguró cruzándose de brazos muy convencido.


El escuchar aquello dejó a Gojo pasmado, pero encontró en sí mismo valor para responder de vuelta– ¿Algo? ¿Algo como qué? – Ahora se estaba acercando peligrosamente a Itadori bajando octavos el tono de su voz por cada pregunta. Escondía allí su emoción– ¿Podría ser el gusto de las judías en tu boca, tal vez? – Y la forma en que susurró aquello, a pocos centímetros de distancia de su oído, despertó ciertas cosas en el más bajo.


Rebobinando en las palabras de su Sensei, cayó en cuenta de la situación. ¿Cómo había podido saber que se trataban de judías negras? Era imposible para él tener una revelación divina como esa, no tenía tanta suerte. A no ser que no se tratara de suerte, sino más bien... del destino.


Itadori no era ajeno a la leyenda sobre las almas gemelas gracias a su abuelo que en algún momento fue fanático de dichas historias, también era muy consciente de que era parte de esa pequeña cantidad de la población que estaba enlazado a otra persona desde que nació. Presentándose la prueba en los extraños sabores que invadían su gusto desde que era muy joven, de comidas extravagantes y exóticas en su mayoría dulces. Lo que no podía creer es que algún día podría encontrar a su otra mitad en un mundo tan grande, tampoco jamás iba a pensar que justamente ésta persona se tratara de su profesor. Profesor el cual también es el hechicero más fuerte de la época moderna, aquel que lo salvó de ser ejecutado y es tan amable con él.


La escena de Gojo a escasos centímetros de su rostro y sus propios pensamientos descarrilados fueron interrumpidos por la voz estridente de Nobara.


– ¿¡Qué diablos le pasa!? ¡Alejese de Itadori, usted, pervertido!– Y fue apresado por los brazos de su amiga pelirroja mientras Fushiguro se interponía entre ellos y el albino. La comida y las galletas quedando en el olvido.


– Sus excentricidades han superado los límites ésta vez Sensei. Mantenga la distancia o no responderé – Amenaza el azabache con las manos haciendo el sello de invocación de los perros divinos


– ¿Ehhh? ¡Pero no es justo! Yuuji es mi alma gemela, ¿No lo ven? Ya hemos estado separados demasiado tiempo– Y ahí está, lo dijo, la confirmación que Itadori necesitaba para que su cerebro haga cortocircuito.


– ¿De qué demonios está hablando? ¡Asqueroso! Ni se moleste en venir a darnos clase hoy, lo acusaré con Yaga-Sensei– Y Nobara se va de la cafetería arrastrando a Yuuji, siendo secundados por un Fushiguro muy alerta.


– Oh vamos, vuelvan aquí ¡Solo quiero romper la maldición! Y también besar a Yuuji ¡Premio doble! – Y fue a perseguirlos solo por las risas, ya que bien podría simplemente tomar al chico y desaparecer en un santiamén.


Si bien era aterrador lo fácil que se estaba tomando el estar emparejado con su estudiante menor de edad, debemos recordar que éste es Gojo Satoru. Un hombre que no se atiene a moralidad o ética a menos que le convenga. También es resaltable que sus deseos sobre conocer a su alma gemela cambiaron mucho desde la última vez que pensó en ello, siendo el interruptor final tener frente a él a su destino. No lo dejaría escapar y le devolvería todas y cada una de esas veces que lo hizo probar tierra.


Por ahora, lucharía por conseguir su beso y acabar con ese enlace entre sus papilas gustativas. Si quería saborear Yatsushashi con canela de nuevo, lo tomaría directamente de la fuente y estaba seguro que Yuuji lo dejaría probar cuanto quisiera. Porque así debía ser.