Mia Hunter

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Summary

Mia Hunter es una joven doctora que trabaja en el Hospital Vida Saludable. El Sr. Bramader es un enigmático empresario, dueño de "La Compañía". Y Rafa es el joven heredero de las familias más antiguas y respetables de la ciudad, los Aranguren. A pesar de los secretos que guardan cada uno de ellos, el destino los unirá de una forma que ellos mismos no se esperan.

Status
Complete
Chapters
54
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5.0 5 reviews
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18+

BRAMADER

El mundo tal y como se conoce ha cambiado mucho después de que, con tanta guerra, casi acabásemos con él. Pero en un momento de lucidez, nosotros, los elfos, conseguimos alcanzar la paz. El mayor sacrificio que tenemos que hacer es permanecer ocultos a los ojos de los simples humanos. Saber que seguimos existiendo para ellos sería inconcebible. Nosotros, que aparecemos en innumerables libros épicos y que nos ven casi como seres mitológicos… pero sí que es cierto que nuestra inteligencia está muy por encima de ellos y somos duchos en la guerra. Pero lo que prima por encima de todo es nuestra capacidad para negociar. Y esto nos hace superiores. Yo soy el Rey.

El reloj debía de estar marcando las nueve de la noche porque ya no se escuchaba ningún ajetreo en la oficina. Todos se debían haber ido ya a sus casas. Kala, mi hermana, me había comunicado que dos de nuestros “avisadores” de la zona Norte vendrían a darme noticias sobre sus últimas investigaciones. Llamamos “avisadores” a los elfos que viven infiltrados como si fueran comunes.

Tenemos infiltrados por todo el mundo. Y estos pasan sus informes a los Consejeros de los que dependan. Existen solo doce Consejeros en todo el mundo. Ellos forman parte del gobierno reinante que junto conmigo ejecutamos y tratamos las leyes. A día de hoy los tiempos de paz se siguen respetando. Por parte de todos. Pero esta vez tenía la extraña sensación de que no todo iba a ser de mi agrado. Que los infiltrados vinieran directamente a hablar conmigo no me hacía tener un buen presagio. Noté la presencia de mi hermana y supe que había abierto la puerta. Por regla general la parafernalia de llamar a la puerta y esperar a que yo la concediese entrar o no, la dejábamos para nuestra vida con los comunes. Kala es mi hermana y mano derecha.

– Bramader, están subiendo.

– Perfecto. Hacedles pasar. A ver si terminamos rápido y nos podemos ir a casa.

Kala inclinó la cabeza dándome a entender que me había entendido y volvió a salir del despacho. Cinco minutos después volvía a entrar precedida de dos jóvenes elfos, de apenas sesenta años.

– Mi señor – me saludaron los dos mientras clavaban una de sus rodillas en el suelo y se llevaban la mano al pecho en señal de respeto hacia mí.

– Por favor, levantaos. Estas…pomposidades no son necesarias.

Ambos se pusieron nuevamente de pie y se acercaron hasta mi escritorio. Uno de ellos, el más moreno, portaba una carpeta marrón. A ambos se les veía cansados.

– ¿Muchos días de viaje? – les pregunté amablemente.

– Quince días mi señor – me contestó el que portaba la carpeta, mientras me la ofrecía.

– Bien. ¿Y qué me traéis aquí? – abrí la carpeta y miré horrorizado las fotos. Los tiempos de paz se habían agotado – vaya, esto sí que no me lo esperaba. Kala hay que reunir al consejo. Por favor hazte cargo.

– Perfecto Bramader. ¿A finales de esta semana te parece bien?

– No, Kala. Es urgente, necesito que estén aquí todos a primera hora de la mañana.

Mi hermana no preguntó nada más. No hacía falta. Había notado la preocupación en mi voz. Así que, sin decir nada más, salió del despacho sin esperar a que nuestros visitantes salieran.

*****

Me dirigí a la sala de juntas, en cuanto me confirmaron que todos los miembros del Consejo habían llegado. En la oficina, los empleados se mostraban curiosos, no por la reunión que habíamos organizado si no por las personas que habíamos congregado. Si que es verdad que nosotros, los elfos, somos distintos de los humanos y otros seres. Pero a lo largo de las décadas hemos ido cambiando nuestra apariencia y muchos de nuestros rasgos característicos se han ido modificando. Como nuestras orejas puntiagudas. Muchos de nosotros las tenemos redondeadas, igual que los humanos o como nosotros los llamamos los comunes o durmientes. Pero la finura de nuestras facciones y nuestro porte son peculiaridades imposibles de encubrir. Y muchos de los que habitan en las selvas o bosques mantienen incluso el pelo largo. Aunque lo intentan ocultar escondiéndolo en sombreros.

Todos inclinaron sus cabezas cuando yo llegué a la sala. No hubo más muestras de respeto hacia mí, su Rey. Tampoco hacía falta, cada uno de nosotros sabemos qué papel desempeñamos y cuál es nuestro cargo.Aunque yo soy el rey de todas las criaturas vivientes de este mundo. Mis Consejeros me ayudan a velar por los intereses de cada especie y elaboramos leyes y políticas que luego emitimos para cada… llamémoslo facción de seres vivos. Bien es cierto, que estas leyes y políticas no se tocan desde hace siglos. Y estas reuniones no las solemos realizar. Así que, ante mí, tengo doce caras que me miran preocupadas.

– Queridos Consejeros – empecé diciendo cuando había alcanzado mi sitio ante la mesa – me han llegado ciertas imágenes e informaciones de que se ha hallado el esqueleto de un licántropo. Los restos son de hace más de diez años y el pobre fue torturado antes de morir.

– ¿Quieres decir que es la guerra? – pregunto Aktost, el Consejero que estaba sentado justo a mi lado izquierdo y que vivía en nuestra misma ciudad.

– No. Quiero decir que quien lo haya hecho estaba buscando entrar en guerra. Así que ahora tenemos que ser más precavidos y decir a nuestros “avisadores” que estén más alerta que nunca por si hay algún tipo de movimiento extraño.

– No va a ser fácil – dijo otro Consejero – Los Licántropos y Cazadores nos conocen. Si empezamos a hacer preguntas o movimientos extraños levantaremos sospechas.

– Bueno – volvió a decir Aktost rompiendo el silencio que se había apoderado momentáneamente de la sala – Hace años, me llegó la información de una de mis avisadoras. Exactamente de Arkati que trabaja como infiltrada, en el Hospital Vida Saludable. Allí la conocen como doctora Sánchez. Por lo visto hace unos años llegó a ese hospital una doctora de nombre Mia Hunter… como bien sabéis la familia Hunter. La familia más importante de Cazadores a nivel mundial… Pues bien, por lo visto ella había perdido hacía años toda relación con su familia… ¿por qué? No lo sé. Pero podemos pedirle ayuda para que investigue por nosotros… por su rey.

****

Dos días después del encuentro que mantuve con todo el Consejo, en el que habíamos decidido pedir la colaboración a Mia Hunter, estaba impaciente por reunirme con ella. El hallazgo de los restos del cambiante, podía hacer que todo explotara. Y que volviese la guerra. Ante esa idea no podía dormir ni concentrarme en otros menesteres. Si los licántropos se enteraban de que uno de los suyos había sido asesinado… mejor dicho, si la familia Aranguren se enteraba de que uno de los suyos había sido asesinado no pararían hasta sacar, a cada cazador, el corazón del pecho con sus propias garras. Teníamos que evitar aquello a toda costa. Necesitaba que alguien me pudiese informar sin levantar ningún tipo de sospechas. Mi equipo de investigación había estado averiguando personalmente para mí. ¿quién es Mia Hunter? ¿Qué le ha llevado a dejar de relacionarse con su familia, nada más y nada menos 15 años? Necesitaba que ella fuese mi informadora. Así que le había hecho llamar. La excusa era una donación económica para un orfanato que querían abrir. Estaba deseando ver si la charla con ella sería amistosa. La puerta sonó suavemente y entró Kala, mi hermana.

– Hermano, ella está aquí – me comunicó.

– Hazla pasar entonces – contesté extrañado.

– La hemos llevado a la biblioteca para que no se sienta intimidada – retiré la silla del escritorio y me puse en pie para seguirla.

Me acompañó hasta la sala donde la habían llevado. Los empleados que trabajaban en nuestra empresa nos miraban extrañados porque nunca salía en horas de trabajo. Kala se detuvo ante la puerta de la biblioteca, agarró el pomo de la puerta y suspirando profundamente la abrió.

– Buenos días Señorita Hunter, le presento al fundador de la empresa, el Sr. Bramader.

La chica que observaba los libros que estaban colocados en las estanterías pegadas a la pared se dio la vuelta con una amplia sonrisa. Como yo no terminaba de entrar, ella se aproximó a mí sin perder la expresión de felicidad en su cara. Cuando estuvo a mi altura me sorprendió su belleza. Tenía el pelo color rojo. Los rizos caían indomables por su cara salpicada de pecas. Su boca era grande y carnosa. Al estar sonriendo me dejaba ver sus dientes que brillaban como perlas. Su nariz era pequeña como una picota y encima de ella unos redondos y grandes ojos…

– Turquesa – dije en alto.

–¿Perdón? – me preguntó

– Sus ojos son color turquesa.