Goya-General Grant
Goya
Ya era suficiente tiempo desde cuando corrían por sus vidas, tan solo quería regresar a pisar tierra firme. No podía creer que toda la historia se resumiera en unas pocas batallas. Todo debería ser culpa de los Dioses, ellos de seguro dejaron a su nación fuera de combate
-Papá. ¿Cuánto falta? - su hija más pequeña no paraba de preguntarle
-La verdad aun no lo sé, solo quiero pasar el Paso Drake y estaremos a salvo-
- ¿Iremos a vivir con los pingüinos? Me encantan, dicen que son aves que solo nadan, tienen dos piernas como nosotros y además...-
Las olas golpeaban fuerte el barco de madera, no se podía acordar cuando fue la última vez que le prometió a su rey y su dios, luchar hasta que la muerte lo alcanzara
-Creo que me está carcomiendo la consciencia- escribía en un trozo de papel
-...cuando el rey Carlos V le entrego esas tierras australes a Pedro de la Hoz...-
-Pedro Sánchez de la Hoz, así se llamaba ese sujeto-
La niña dejo de hablar, parecía que su orgullo estaba herido de forma tan repentina
-No me interesa ni me importa si Carlos V le haya dado toda Tierra de Fuego a ese fulano, además los españoles son unos malditos traidores-
Saber que eres la última embarcación con la bandera de una nación extinta como lo es Inglaterra, te hace querer regresar en el tiempo y evitar tu propio nacimiento
Desde que el Bloqueo Continental de Napoleón surtiera efecto, las Islas Británicas sufrieron un colapso humanitario a niveles apocalípticos. Así como no se había visto desde la matanza de William Wallace en Londres en sus múltiples saqueos medievales
- ¿Por qué dejaste que esos hombres mataran a mamá? -
-Porque tu madre no era mi esposa, tu madre era la esposa de un duque, con quien pelee mi última batalla antes de deponer las armas-
- ¿Eso fue cuando Napoleón invadió Portugal? -
-Así es mi pequeña. El marido de tu madre era un tal Arthur Wellesley, quien nos dirigía con el propósito de proteger Portugal de Francia-
Entonces con su mano empezó a dibujar el rostro del Emperador Absoluto de Europa, el hombre hecho a sí mismo, que había conquistado Rusia, quinientos años después que Gengis Khan, quien había subyugado a Europa y ahora desde México procedía con Hispanoamérica
-Napoleón Bonaparte, el Pequeño Cabo, nosotros le decíamos el Ogro de Ajaccio-
- ¿Qué tiene que ver esto
con mamá? -
El soldado ya terminando su obra después de unos quince minutos, le explico
-Los franceses pagaban bien, ellos sabían de mi relación con tu madre, sabían que todo estaría arruinado para un soldado como yo con esa clase de pecado-
-¿Qué clase de pecado?-
-Cuando cometes adulterio-
-Ah, pensé que te referías a ese libro llamado el Código Napoleónico, todos tienen uno aquí-
El soldado ya empezaba a sentir frio y sabía que solo así podría estar a salvo de sus enemigos
- ¿Franceses? -
-No, son ingleses-
-¿Acaso no eres inglés?-
-Aun no te lo digo-
A su memoria iban y venían las veces que su capitán le pedía que no cesara de hablarle si veía a los franceses
-Tenía un acuerdo con ella querida-
-¿Qué clase de acuerdo?-
Él se tomó la barbilla, como si tratara de recordar que fue lo último que comió al desayuno
-Iba a entregar a ese bastardo infeliz Wellesley a los franceses, ellos tomarían Portugal, me darían a tu madre y nos iríamos a Tierra del Fuego, estaba todo planeado-
La pequeña no supo cómo reaccionar, ante sus ojos estaba un traidor, un desgraciado, vendido al peor enemigo del Orden divino, pero aun así no pudo dejar de sentir lastima
-¿Que tengo yo que ver en esto?-
El hombre que de pronto dejo de recordar, la miro de frente, la tomo de la mano, acerco su cara inocente cerca de su aliento con aroma a tomate, mientras le arrancaba la pulsera de su otra muñeca
-Tú, solo eres mi pase por estos lados-
-¿Por qué?-
-Eres hija del maldito Wellesley y su esposa, eres miembro de la realeza británica-
-Vaya y me lo vienes a decir ahora-
-Ya no importa eso querida, es solo un título-
-Entonces. ¿Por qué me cuidas?-
-No lo sé, quizás soy un perro tan engañado y lastimado que solo quiere refugio-
-De mí no tendrás nada, si ni siquiera me atraes, estas hediondo y borracho-
El hombre la soltó. Luego tomo una pequeña agenda y un lápiz mientras tarareaba una canción folclórica celta, quizás lo único ingles que quedaría en el mundo
-Dime entonces para que me necesitas-
Como si no la escuchara seguía dibujando en la agenda
-Me estas asustando, sé que aun Las Falkands son inglesas, le diré al capitán que eres un ladrón secuestrador y me tiene como rehén, allá aun saben a quién esta su lealtad-
-Sería muy fácil, pero ese bastardo de Wellesley te busca. No lo mate, solo lo traicione-
-¿Por qué no me acuerdo de nada entonces?-
-Porque esta borracha querida vuelve a la cama-
Su esposo el Duque de Wellington ya no sabía que hacer, desde que Inglaterra había perdido la guerra contra Napoleón se registró un aumento de alucinaciones en ese reino, quizás aun no aceptaban la derrota. La otrora potencia mundial, ahora vivía bajo el yugo francés, refugiando su gloria pasada entre las alcantarillas
-Perdimos la guerra. Ya te lo he repetido mujer-
-No nos salvaste! -
-Fue el maldito traidor de Turner que le dijo a los franceses todas nuestras ubicaciones en Portugal, fue el maldito invierno que se atrasó en Rusia, fue Dios-
-Siempre sospeché que Dios hablaba en algún lenguaje derivado del latín, pensé en italiano y hasta español, pero nunca francés-
El ex general vivía con su esposa debajo en el rio, en las orillas del Támesis, desde que Napoleón invadió las Islas Británicas y por castigo a su oposición ahora todos los ingleses tenían una categoría en las esferas de las leyes cercanas a los ratones e inferiores a los perros, pero esta orden dictaba solo en la elite que patrocino la guerra, en tanto los súbditos fueron hechos franceses y vivían en las mansiones de sus antiguos amos
-Cariño...-
-Dime esposa mía-
-¿Dónde está mi hija?-
General Grant
-Son muy frías las noches que pasan en estos últimos siglos. No tengo el tiempo ni las energías para vivir un suplicio más de este lunático mundo-
Eran casi las once de la noche en la antigua ciudad de Austin, en el estado confederado de Texas y Rafael no tenía la menor intención de seguir en aquellas ruinas
- ¿A qué hora dijeron que llegarían? -
-Cerca de la medianoche- le contesto su compañera
- ¿Me pregunto si habrá manera de adelantar el tiempo? -
Era parte de su trabajo desde los 19 años, acompañar a su mujer para la frontera del Imperio Mexicano con los Estados Confederados de América, para el tráfico de petróleo, opio, armas y en especial personas que escapaban al llamado “sueño español”. En su mayoría eran afroamericanos escapando desde las zonas industriales de Nueva York y Chicago donde en su calidad de propiedades eran maltratados sin ninguna objeción
-Ese sujeto, llamado, espera lo tengo en la punta de la lengua…Martin Luther King-
- ¿Qué pasa con él, querido? -
-Era un hombre de honor, te decía una hora para la reunión y llegaba a lo menos una hora antes-
- ¿Por qué lo hacía? -
-La verdad no lo sé, pero me encantaba eso de el-
Eran cerca de la medianoche y la mujer de Rafael, una mulata de ojos verdes, de unos 1,8 metros tenía una mirada de halcón hacia el norte, de donde suponía que llegarían su contraparte
-Querida. -
La mujer no se inmuto
-Amor...-
Siguió con la mirada hacia su objetivo
-Gertrudis...-
Ahora si la mujer se volteó a verlo
-No me llames así, sabes que no me gusta mi nombre-
-Entonces contéstame cuando te llame, mujer-
Gertrudis lo miro airada. Le molestaba ser tratada así por su marido, no le gustaba que fuera él quien diera las órdenes, pues ese negocio era de ella, desde que se conocieron en esas fronteras, cuando ella con 30 años se quedó con Rafael de 19 para tener una ayuda. De lo que se arrepiente ella fue sucumbir por la soledad y los instintos que la obligaron a contraer nupcias con su vasallo
-Lo siento amor, pero tú sabes que son estos momentos que me pongo toda una fiera-
-Mejor guarda un poco de eso para después- arqueando sus cejas
A lo lejos un grupo de cinco camiones se acercaba