Ghostmatty

Summary

Fanfic de humor Betty en NY ¿Que pasaría si Armando no hubiera sobrevivido al accidente? Armando se despierta en el otro lado tras atropellarle un coche y con la ayuda de un ángel y un demonio hará todo lo posible por tener una "vida normal" Pero no será tan sencillo como pensó al poner un pie en las mulliditas nubes, sobre todo, porque sus nuevos amigos son de todo, menos normales. Pero ¿acaso esperaba que un ángel y un demonio lo fueran?

Status
Ongoing
Chapters
38
Rating
n/a
Age Rating
18+

¿Y si Armando no hubiera sobrevivido al accidente?

— ¡Qué dolor de cabeza! — exclamó Armando mientras se frotaba la nuca tras incorporarse del suelo. Lo último que recordaba era correr hacia la entrada del aeropuerto, en un último intento por alcanzar a Betty e impedir que embarcara con Joaquín, pero ni aquello era el aeropuerto ni la gente que le rodeaba le sonaba de nada. A su alrededor, se iban levantando confundidos muchos otros humanos y se incorporaban a una fila larguísima, al final de la cual dos seres bastante extraños les señalaban alternativamente una puerta blanca o una roja. Tras lo que le parecieron horas, llegó su turno.

— Armando Mendoza... Ok, era tu hora, correcto, veamos... Ummm... — Armando los miraba, intentando entender que estaba pasando, porque parecían humanos...pero al fijarse bien, vio que uno tenía unos cuernecitos asomando entre la melena, “Buen pelo, debe ser modelo de champús” pensó Armando y el otro, el que consultaba en una tablet sus datos personales, brillaba y de vez en cuando se le caían plumas de la espalda.

— ¡Ya, sorry, hoy el servidor celestial está colapsadillo!

— Increíble... Tenéis a Steve Jobs con vosotros y seguís usando Windows... — el ángel miró al demonio mientras negaba con la cabeza y éste le sacó la lengua burlándose.

— Esto... Disculpen... ¿Alguno me explica que está pasando?— interrumpió Armando, nervioso.

— Estás muerto y vamos a ver dónde te toca pasar la eternidad— contestó el demonio y Armando perdió el poco color que aún conservaba, empezando a tambalearse.

— Que poco tacto tenéis los de abajo... ¡Que alguien traiga una silla para el nuevo!— solicitó el ángel por el intercomunicador celestial, que llevaba cosido a la túnica.

10 minutos, una bebida energética y muchos seres celestiales abanicándole con sus alas después, Armando recogía su túnica blanca oficial y seguía al ángel por un inmenso pasillo.

— Yo agradezco estar aquí arriba, pero sigo sin entenderlo... Con la vida que he llevado...— el ángel resopló y le extendió un folleto titulado “Porqué estoy en el Cielo, si en vida hice el Canelo”

Armando empezó a leer los pecados que se castigaban con tortura eterna en la planta de abajo: asesinato, violación, invasión de países, votarle a presidentes que empiezan por T y terminan por “rump”, escribir un libro y hacer sufrir a tus lectores... y no muy convencido se lo devolvió.

El ángel, lo guardó de nuevo en el bolsillo de su túnica y con la paciencia que caracteriza a dichos seres, le explicó:

— A ver, criatura... Que en vida fueras de berenjena inquieta y te zumbases a medio Manhattan, está feo... Pero abajo están saturados y Satán amenazó con excluirnos de las fiestas de los domingos, así que tuvimos que quitar pecados de la lista...

— Ah... ¿Entonces es menos malo repartir amor a manguerazos, que putear lectores?

— ¡Uy! ¡Me vas a comparar! En la lista de abajo tienen a una tal Sonia, que va a estrenar sala de torturas nueva...con decirte eso...

Allí arriba no se estaba mal, la túnica blanca era cómoda, color que le sentaba muy bien y además combinaba con el azul del cielo, pero cuando venía viento del norte se le helaban los huevecillos. En la zona Este, estaba la sala de usos múltiples, un recinto infinito de uso compartido para los dos pisos, lleno de mullidos sillones blancos, con pantallas individuales y auriculares inalámbricos donde podías ver “Hearth TV” en directo, el Big Brother del otro lado, para enterarte en que andan tus familiares o gente desconocida, si a los tuyos los tenías muy vistos. El menú era un buffet de palomitas y cerveza 0.0, de la que Armando se quejaba a diario, porque los de abajo tenían mojitos bien cargados y hamburguesas...

Una mañana (o tarde, o noche, vete tú a saber, porqué allí arriba siempre hay luz) Armando escuchó un timbre de teléfono antiguo y vio como todos acudían a la sala multiusos. Al entrar, vio que del suelo iba surgiendo una pantalla táctil gigante y un teclado se materializaba.

— ¿Y esto? — le preguntó Armando al señor que estaba a su lado, tirándole de la túnica.

Radio Ouija. De vez en cuando los vivos llaman, tú tecleas la respuesta y el Wifi celestial mueve el puntero de la tabla. Unas veces llaman a alguien en concreto, otras sólo quieren invocar al diablo. A Elvis por ejemplo, lo tienen frito... Y si no quieres contestar, puedes pasarle la llamada a los vecinos de abajo, que trolearán al vivo haciéndose pasar por ti. ¡Eso es buenísimo!

En la pantalla apareció su foto en la parte superior y debajo, una imagen en directo de la casa de su Betty, en la que se veía el salón iluminado por velas y sentados alrededor de la mesa, Cata, Nico, el hijo de Hernán Cortés y su amada, cogidos de las manos con una tabla de Ouija frente a ellos.

Armando con los ojos inundados por las lágrimas, rápidamente pulsó en la pantalla la opción “Aceptar llamada” y en la Tierra, todas las velas del salón parpadearon a la vez y se escucharon golpes en la mesa.

— ¡Bettyyy, está aquí, es él!— exclamó Nico entusiasmado, mientras aplaudía.

— Nico, shhhh, pon los dedos en el puntero o esto no va a funcionar — le recriminó Betty, concentrada — Armando... Danos una prueba de que eres tú...

Armando tecleó rápidamente su respuesta y vio cómo en la Tierra, el puntero se desplazaba letra a letra devolviendo su respuesta:

“O-H-S-Í-O-M-G-V-I-V-A-J-A-C-K-S-O-N-H-E-I-G-T-S”

— Sí, es él...— dijo Betty por lo bajini avergonzada.

— Betty, mana, eres rara hasta cuando chocas carritos... — gritó Berta desde la cocina, dónde estaba preparando la cena para todos.

Nico tomó la palabra y le pidió consejo para BAR.

Se planteaba invertir en fajas reductoras, ya que en la tierra se habían puesto de moda entre las modelos (habían descubierto recientemente la existencia de los donuts rellenos y los fabricantes no daban abasto).

Armando, que nunca fue un fiera en los negocios, le dio el visto bueno mientras Betty, a su vez, se daba cabezazos con la mesa. Tras él, Cata le preguntó dónde tenía escondida la agenda de contactos, porque había perdido la suya en un crucero y necesitaba nuevas modelos para Hugo.

—¿H-U-G-O-N-O-M-U-R-I-Ó? M-E-L-O-C-O-N-T-Ó-U-N-E-S-P-EC-T-R-O— tecleó extrañado Armando.

— Sí, por supuesto que murió, querido. Se enteró de que volvía a ponerse de moda el polyester y su corazón no lo resistió— le respondió Cata con un golpe de melena — Pero se resucitó a los 7 días y está con una nueva colección... Ya sabes cómo es...

Le llegó el turno a Joaquín y éste, preguntó por la marca de su gomina porque se quería hacer tupé y no le salía demasiado alto. Betty puso los ojos en blanco, Nico se atragantó con el taco que Berta le había servido y Cata se tapó la cara con su mano de perfecta manicura francesa... Armando en el cielo tecleó lentamente su respuesta, mientras murmuraba “Dimi ti mirqui di gomini... Ni mi sili il tipí”

— A-N-O-T-A: I-... M-... —Joaquín sacó su teléfono y empezó a escribir el nombre en google — B-... É-... C- .. I-...L —y de pronto, la llama de la vela que brillaba en el centro de la mesa, adoptó la forma del dedo corazón.

— ¡Ese es mi Armandito!— exclamó Don Deme entusiasmado, mientras Nico señalaba a Joaquín sin parar de reír y por fin, Betty pudo tomar palabra.

— Mi amor, soy yo...

— ¡M-I-B-E-T-T-Y!

— Mi amor, mi rey, cochita pechiocha... ¿¿¿A ti qué carajo te enseñó tu madre de pequeño??? ¿¿¿Así se cruza la calle??? Sin mirar, a lo loco, montando el caos, todos grabando, yo sin peinar, manchándome la ropa de sangre, que no sabes para quitar los restos... ¡¡300$ de tintorería!! ¿Y el avión? Ni devolverme el precio del billete... Qué vergüenza Armando... ¡Así no se hacen las cosas! ¿Y el entierro? Que no va tu madre y me suelta que te íbamos a incinerar, para hacerse un diamante con tus cenizas... ¡La muy hija de...!

— ¡Oigan! ¿Cómo se cuelga esto?— Armando tocaba desesperado por todas partes en la pantalla, intentando cortar a su Betty, a la que Nico sujetaba a duras penas mientras soltaba blasfemias que Armando ni conocía.

— Déjame a mí— uno de los demonios encargados del área de tortura a médicos de la seguridad social, esos que te recetan ibuprofeno te duela lo que te duela, puso las manos sobre la cabeza de Joaquín en la pantalla y en la Tierra, éste se levantó de repente, tirando la tabla de Ouija al suelo y vociferó con voz conocida: ¡¡Marceee, soy tu BFF, préstame plata para comprarle llantas nuevas a mi bebé!! ¡¡QUE OSO, SER POBRE!!

Ante tan espeluznante escena, todos salieron a la calle gritando aterrorizados y la pantalla se fundió a negro. Armando cayó sobre el sofá y chocó el puño con el demonio.

— ¡Te debo una, bro!

— ¡A mandar! ¿Esa era tu ex? Las mujeres están locas... ¿A que ahora te alegras de estar aquí?

— Ya te digo...