Una Emperatriz diferente

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Summary

La vida de Nancy cambió cuando un día de pronto migró al cuerpo de una princesa. Ahora ella se verá obligada a cumplir con las responsabilidades que conlleva una gobernante. En donde cada día será un nuevo desafío por atravesar, sin embargo, habrá algo de lo que no podrá esquivar: el matrimonio. ¿Qué pasará cuando la persona que ella dictó, en realidad existía? ¿Podrá llevar a flote aquella mentira que forjó a cuesta de terceros?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Dentro de un lujoso castillo vivía Valeryn, la futura emperatriz del reino. Desde pequeña ella fue inculcada y educada para que pudiera hacerlo.


La princesa era una joven brillante, inteligente como ninguna otra; siempre lograba destacar, independientemente del área que se tratase. Sin embargo, aquella solo era una faceta que ella misma había forjado con mucho esfuerzo. Se trataba de demostrar que era una hija perfecta, allí no había defectos o imperfecciones.


El motivo era: pasar por alto de la vista del rey, cuanto menos escándalos hubieran, mejor. Así, nadie sabría de lo que ella estaba planeando hacer.


Tardó unos meses para lograr tener todas las partes que necesitaba. La más difícil fue encontrar a la nueva sirvienta.


Una chica sin precedentes. No tenía familia y tampoco amigos. Algo curioso, pero que le venía como anillo al dedo.


El resto fueron cosas medianamente más rápidas de obtener.


Solo se necesitaba un poco de sangre de la serpiente más venenosa, donde a su vez, debía ser puesta con sumo cuidado en una copa de plata. Después unos pares de ojos de jabalí, un corazón de un bebé recien nacido, pero que estuviera recientemente muerto y por último, pero no menos importante, lágrimas de un cocodrilo.


Según la investigación que hizo la princesa, aquellos elementos eran más que nada un incentivo para la bruja, ya que, verdaderamente cuando se tratada de firmar un acuerdo con ella, el qué dar era lo principal. No había un trato si lo que le ofrecías a ella no era de su interés. Incluso, dice la leyenda que sólo hubieron pocas personas que lograron trabajar con ella. Pese a los resultados nefastos que tuvieron las partes, el poder que poseía era indiscutible.


Después de media noche, Aidana, la princesa, comenzó con la invocación. Dibujo unos garabatos en el suelo y luego coloco todos los elementos dentro del círculo, alrededor de ellos. Una vez que concretó aquello, sacó la navaja que llevaba en su espalda baja y luego cortó una pequeña abertura en su dedo índice, lo suficiente para que cayeran unas cinco gotas exactas.

Golpeó la copa de plata con ella una vez y luego la nombro, después repitió una segunda vez hasta llegar a la tercera y paró.


Mientras esperaba que pasara algo, limpió su dedo con cuidado y luego lo cubrió con una pequeña tela.


Y finalmente algo ocurrió.


La ventana se abrió de golpe y chocó contra la pared logrando así que el ruido la hiciera asustar por lo repentino que fue. El viento de momento se volvió más frío, casi helado, Valery no podía hacer otra cosa que arroparse a sí misma para volver a tener calor.


'¿Está funcionando?', se preguntó.


Fue así como entonces una neblina obscura cubrió toda la habitación, imposibilitando de esa manera poder ver a través de ella.


— ¿Eres quien me llamó? — apareció una voz por detrás de ella e inmediatamente volteó a ver. Su corazón estaba totalmente sin control, hasta podía escucharlos.


Realmente había funcionado.


— Así es — habló después de que logró calmarse. — He sido yo.


— ¿Qué es lo que quieres niña? — comenzó a caminar hacia los objetos que estaban en el piso — qué es lo que realmente quiere una princesa como tú de mí — levantó la copa y la comenzó a examinar.


Lo último dicho tomó por sorpresa a Valery ya que no esperaba que supiera su identidad. Hasta incluso había ensayado previamente en el cómo presentarse ante ella, sin embargo ya no lo necesitaría.


'Asombroso', pensó.


— Necesito de tu ayuda — mientras que comenzaba a explicarle, la bruja continuaba con lo suyo. Tomando y comiendo de los preparativos que le habían dejado — quiero que me ayudes a cambiar de cuerpo.


La bruja dejó de probar los ojos del jabalí y luego miró con curiosidad a la princesa.


Desde un principio le había llamado la atención la persona que la invocaba, qué podría querer la única hija del rey, en especial, con una bruja. Así que decidió acudir. Lo que le pedía solo alimentaba su insaciable curiosidad e invitaba a seguir escuchando.


— Bueno no es algo imposible, pero que recibiría a cambio — alzó una ceja.


— Un alma jóven — aseguró la princesa.


— Hmm... me niego — dijo sin más.


— ¡Pero ni siquiera te he dicho de quién!


— Déjame adivinar, es de la señorita que esta detrás de esa pared, en el pasillo — Valery se quedó sin palabras, boquiabierta; la mujer había dado justo en el clavo.— Su esencia no me cautiva, no tiene ni una pizca de vida en ella.


— Este... entonces...


'¿Qué más le puedo ofrecer?, ¡Ya no tengo más opciones!'


— Dos almas, sí, qué opinas — dijo lo primero que se le vino a la mente.


— Jojo... y quién es esa otra alma — preguntó con curiosidad.


— La del emperador — afirmó con seguridad.


La mujer quedó atónita, esperaba otra respuesta de parte de la joven princesa, no obstante, jamás pensó que recibiría aquella propuesta. Por lo que volvió a preguntar, sin embargo, recibió la misma respuesta.


— Te aclaro que no habrá vuelta atrás una vez que lo concrete, ¿aún así estás segura? Después de todo es tu padre...


— En lo absoluto —  estaba más que segura de su decisión.


No había ningún tipo de signo en sus ojos que podría cubrir la palabra arrepentimiento, por lo que la bruja dejó de desistir. Aunque el motivo que realmente dejaba tomar la decisión definitiva en Valery, fue que jamás sintió que haya tenido una relación de padre e hija, jamás sintió que lo haya tenido.


Hace unos días mientras daba una breve caminata, escuchó una conversación de los sirvientes directos del emperador, estaba enfermo. Su corazón ni se inmutó al escuchar aquello, no sentía nada ante aquella noticia.


¿Era realmente una buena hija? Se cuestionaba, pero entonces pensó en aquellos momentos en los que enfermó, sin embargo, jamás hubo una visita de su parte.


Así que entonces se volvió a preguntar: ¿alguna vez existió aquella palabra "familia"?


— Muy bien, así será. ¿Quién deseas que ocupe tu lugar?


— Hmm... no tengo a nadie en mente, pero quisiera que posea mis habilidades o bien, que se asimile a mí — la bruja asintió.


Comenzó así su trabajo.


Mientras tanto en otro lado


Finalmente el día había llegado, Nancy debía presentarse a rendir un exámen final del cual venía preparándose hace unos meses. Estaba completamente nerviosa, puesto que era su último intento de aprobarlo.


Al ingresar al salón, se ubicó en su asiento designado y sacó las cosas que necesitaba. Respiró profundamente para calmarse, mientras que cerraba sus ojos, entonces fue allí que sintió un hormigueo en su estómago y al abrir sus ojos, veía borroso. Su cuerpo lo sentía más pesado, casi no podía levantar sus brazos.


— ¿Qué pasó con la luz? — distinguía bultos oscuros moviéndose.


— ¡Funcionó! — escuchó una voz a su lado.


De pronto comenzó a ver mejor.


— ¿Dónde estoy?¿Dónde se fueron todos?¡Mi examen! — se intentó levantar, pero sus piernas no respondían.


— Es un efecto momentáneo, podrás caminar en unos minutos — aclaró una mujer de aspecto inmundo. Su cabello blanco, desaliñado y sin peinar, vistiendo ropas sucias y grandes. — Mi trabajo está hecho, ¡buena suerte emperatriz!


— ¿Emperatriz? — balbuceo — Oye tú, que pasó con los demás, dónde están todos, ¡responde! — la tomó del brazo y la sacudió ya alterada por no recibir respuesta alguna.


La chica que aún seguía en su mundo decidió finalmente mirarla y suspiró.


— No se de quienes hablas, estamos aquí solas, tu y yo.


— Oye no estoy para bromas, que es todo esto, que hago vestida con este camisón que solo llevaría puesto mi tatarabuela.


— Para que sepas, esa es seda de última calidad, imposible de encontrar a la venta en el mercado.


— Si claro... — intentó mover sus piernas pero no lo podía hacer, sin embargo, ahora tenía control de sus dedos de los pies — Dios, cómo llegué aquí, estaba dentro del salón hace unos segundos. Los profesores no me darán más tiempo si llego tarde.


Comenzó a arrastrarse en el suelo hacia la puerta.


— ¿A dónde crees que vas? El mundo en donde estabas ya no existe — Nancy dejó de moverse.


— ¿De qué hablas? Estas loca — comenzó a moverse otra vez.


Una vez que llegó a la puerta, la abrió y observó que había un largo pasillo que recorría ambos lados, pero no había nadie allí.


— ¿Dónde estoy? — su rostro se palideceo.


Sintió temor.


— Estas en mi habitación, dentro de mi palacio — aclaró.

— ¿Palacio? — de pronto recordó a esa mujer que la llamó emperatriz. Y comenzó a mirar otra vez a su alrededor, necesitaba una ventana, porque estaba tan oscuro como si fuese de noche.


Así que entonces decidió volver a entrar y se fue arrastrando hacia el otro extremo de la habitación, mientras que a la vez era observada por la otra joven que contemplaba su accionar.


Una vez que llegó al balcón miro a través de las rejillas y simplemente no lo podía creer, pese a que los veía con sus propios ojos.


— ¡Tú sabes algo! — se volvió contra ella, pero ahora ya casi funcionando sus piernas. Aunque no podía parase firmemente, podía correr tal cual como los animales en cuatro patas.


Nancy ante la amenaza que sentía en sus instintos, huyo como podía, sin embargo Nancy fue más rápida y la capturo a sus espaldas.


— Habla, maldición — como la puerta aún seguía abierta, el mayordomo escuchó los ruidos que provenían de la habitación de la princesa, por lo que decidió ir a investigar que ocurría allí, sin embargo, se encontró con la escena donde su princesa estaba haciéndole una llave en el cuello a una de sus nuevas sirvienta. — ¡No pasa nada aquí! Puedes continuar con tu camino...


— E-Esta bien, disculpe... — aún impactado siguió con sus órdenes y continuó con su camino.


— Tengo un final que rendir ahora mismo, del cual me la he pasado todos estos meses preparando, para que justo en el momento más importante me vengan con esto, ¡habla de una vez! — hizo más presión en su agarre.


— E-Esta bien... de-dejame respi...rar — esperó unos segundos más y la soltó.


Ambas tenían que tener una larga y agotadora conversación hasta que Nancy pudiera comprender en el panorama que se encontraba.