My Sunset

Summary

Para siempre serás mi atardecer...

Genre
Romance/Drama
Author
Dio♡
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo Único

La suavidad de la luz proveniente del amanecer se filtraba traviesa a través de las cortinas semi abiertas de la amplia habitación.


La decoración de muebles en tono tierra brillaban relucientes ante lo organizado del ambiente. Un escritorio, un mueble repleto de libros, un armario gigante de dos puertas, una cama matrimonial adornada con una lujosa cabecera y finalmente dos mesas de noche barnizadas pulcramente.


Sobre una de estas últimas, una lámpara del más puro blanco se encontraba apagada para dejar descansar al huésped de tan hermosa habitación. A su lado, un reloj despertador digital marcaba en números rojos y enormes un poco menos de las 7:00 de la mañana.


No pasó demasiado cuando el primer pitido se dejó escuchar a través del canto de los pájaros en el exterior. No fue el reloj digital sobre la mesita de noche, fue la alarma de un celular establecida exactamente a las 7:00 de la mañana.


Un quejido y el bulto de sábanas color crema que descansaba sobre la cama comenzó a cobrar vida, dejando ver poco después una cabellera del más puro color negro, seguido de ojos cansados y adormilados, un rostro marcado por las suaves sábanas y finalmente un cuerpo desnudo y entumecido.


El hombre de cabellos azabaches y profundos ojos oscuros tomó el pequeño aparato y con sus ojos semi-cerrados por el sueño alcanzó a leer el recordatorio establecido en su agenda, que se mostraba en letras grandes en la pantalla encendida.


Aniversario con Jiminie♡


Una perfecta hilera de dientes blancos se mostró en forma de sonrisa, unas pequeñas arrugas se formaron al costado de sus, ahora, felices ojos.


Sus dedos se deslizaron ágiles por la pantalla encendida. Presionando el menú principal de su Smartphone logró llegar hasta el icono de su galería de fotos.


Una vez abierta, no existía una sola foto de él en la que no estuviera acompañado por su precioso ángel.


Presionó la primera foto y esta se abrió en grande, cubriendo la totalidad de la pantalla. Su sonrisa se ensanchó aún más y sus grandes ojos brillaron en amor puro.


Allí, un hermoso chico de cabellos rosados le sonreía a la cámara, mientras que detrás de él, estaba el chico de cabello azabache abrazándolo por la espalda y reposando su cabeza sobre el hombro contrario.


Deslizó la imagen y otra tomó el protagonismo. Una playa, dos chicos, hermosas sonrisas. Una foto más, pero en esta el paisaje había cambiado a las montañas, pero seguían siendo los mismos dos chicos enamorados tomándose de la mano.


Y así hasta que la galería se agotó y el sentimiento se desbordó de tal manera que su pecho vibraba en amor puro.


Apagó su celular y estiró su cuerpo entumecido. Rápidamente, y con las energías renovadas, dejó que su cuerpo se deslizara sobre el colchón hasta lograr colocarse de pie.


Ni siquiera el frío suelo logró que su expresión cambiara. Él estaba feliz, él estaba eufórico y eso se podía notar a kilómetros de distancia.


Con una sonrisa que parecía no querer abandonar su rostro, el alto chico de cabellos oscuros y cuerpo definido comenzó su día caminando hasta el baño de su habitación.


Una ducha rápida, un lavado de dientes, una vestimenta conforme a su puesto de trabajo y ya estaba listo para un día más.


Negó con la cabeza.


No era un día más, hoy, hoy era su aniversario con el hombre más maravilloso del mundo entero, con el hombre que amaba como ningún otro, con el hombre que lo hacía feliz.


Su pecho se llenó de orgullo y su rostro brillaba en felicidad palpable.


Unos últimos arreglos a la corbata blanca que hacía juego con su traje completamente oscuro, una toma mirada en el espejo y el de cabellos oscuros salió de su habitación.


La suelas de sus costosos y pulidos zapatos de vestir hacían eco con cada paso que daba sobre el delicado mármol alertando a un perspicaz chico pelirrojo.


– ¿A dónde crees que vas? – preguntó con los brazos cruzados en medio de la cocina abierta.


– A trabajar – respondió sin más con una enorme sonrisa.


El pelirrojo enarcó una de sus cejas, algo había cambiado en su mejor amigo y debía saber de qué se trataba.


– Te hice el desayuno – añadió señalando el plato servido que incluía huevos y tocino.


El pelinegro gimió gustoso al olfatear el aire y ver la comida.


– ¡Gracias, estaba muriendo de hambre! – respondió risueño sentándose sobre la silla alta de la barra que separaba la sala de estar con la cocina.


El pelirrojo frunció el ceño y chasqueó los labios antes de decir: – ¿Quién eres y qué hiciste con Jungkook?


El mencionado levantó la mirada de su desayuno solo para bufar hacia su mejor amigo y tomar una rebanada de pan tostado.


– No exageres TaeTae – respondió en su lugar ya con la boca llena.


Taehyung por otro lado tomó asiento al otro lado de la barra, justo frente a su mejor amigo. Situó sus codos sobre la superficie y dejó que su barbilla descansara sobre sus palmas entrelazadas.


Sus ojos cafés barriendo por completo el rostro de su mejor amigo, intentando encontrar una pista del porqué Jungkook lucía tan diferente a los otros días.


De por qué se veía tan… lleno de vida.


Se encogió de hombros al no encontrar lo que buscaba y se dispuso a disfrutar de uno de los pocos desayunos que podía tener junto a Jungkook.


– Hoy… – trató de decir el pelinegro, pero la gran cantidad de comida que tenía en la boca se lo impidió.


– Ahg, Jungkook – reclamó el pelirrojo con una nueva de asco – Primero mastica y después hablas.


El mencionado asintió con una mueca de diversión en su rostro y una vez tragó su comida dijo:


– ¡Hoy es mi aniversario con Jiminie! – canturreó feliz como Taehyung no lo había visto en meses.


El pelirrojo abrió la boca sorprendido y se levantó de su silla de un salto que terminó asustando al azabache.


– ¡Oh por Dios! – exclamó sin poder creerlo – ¿Por qué no me lo habías dicho? ¿Ya le compraste su regalo? ¿Flores? ¿Chocolates? ¡Por Dios dime que sí! – preguntó con la ansiedad recorriendo todo su cuerpo.


Jungkook solo pudo reír a carcajadas con la expresión preocupada en el rostro de su mejor amigo. Taehyung parecía que iba a sufrir de un ataque de ansiedad.


Es que el pelirrojo conocía perfectamente al rubio, así como Jungkook, y sabía perfectamente que Jimin se enojaría si no recibía obsequios o al menos flores de su novio en una fecha tan importante.


– Tranquilo… – lo calmó después de que las carcajadas se detuvieran – Ya tengo todo listo – aseguró poniéndose de pie y ajustando su corbata.


– ¿Estás seguro? – preguntó comiéndose las uñas.


– Lo estoy – aseguró con una enorme sonrisa – Gracias por la comida Hyung, llegaré tarde el día de hoy – se despidió.


– ¡Diviértanse! – exclamó antes de que Jungkook saliera por la puerta.


Un asentimiento de cabeza y una sonrisa de conejo fue lo que recibió como respuesta.





Usualmente el camino al trabajo era algo tedioso, por no decir que exasperante. Pero extrañamente esa mañana era totalmente diferente.


La suave melodía acompañaba la entonación de una preciosa y dulce voz. El celular conectado vía Bluetooth al equipo de sonido del auto y los labios de Jungkook moviéndose al ritmo de las dices palabras.


Había pasado tiempo desde que escuchó por última vez la hermosa canción escrita por su novio. Serendipity era sin duda la mejor canción de todas.


– Porque el destino está celoso de nosotros – cantó con una hermosa sonrisa en su rostro.


Sus ojos brillaban por las lágrimas que se quedaban atascadas en ellos al recordar cómo su novio había cantado esa hermosa canción solo para él el día que declaró sus sentimientos.


Jungkook respiró profundo, su rostro dolía por la sonrisa permanente en este, pero era lo que menos le importaba.


Sus dedos fueron directamente al botón de volumen y lo subió al máximo en su parte favorita.


Eres mi penicilina

Quien me salvó

Mi ángel

Mi mundo


– Mi pequeño gatito Calicó – susurró para sí después de haber cantado a todo pulmón.


La primera lágrima descendió y tan rápido como humedeció su rostro, Jungkook la limpió y la reemplazó con otra hermosa sonrisa.


Los minutos pasaron y las canciones se fueron agotando hasta que por fin llegó a su destino.


Estacionó el vehículo dentro del estacionamiento del enorme edificio, tomó el maletín que descansaba en el asiento trasero y bajó de su auto.


Mientras caminaba, observó el costoso reloj en su muñeca y las manecillas marcaban exactamente las 8 de la mañana. Suspiró cansado, su horario laboral usualmente no comenzaba sino hasta las 10, pero hoy era un día importante.


Se dio ánimos sabiendo que tendría toda la tarde libre para visitar a su precioso Jiminie.


Tomó el ascensor y en el espejo del mismo notó que sus ojeras definitivamente no combinaban con su enorme sonrisa. Se encogió de hombros, no le importaba en realidad. Solo esperaba que su Jimin no le reclamara por ello.


Una vez llegado al décimo piso, las puertas del ascensor se abrieron y Jungkook salió a paso rápido. Mientras más rápido terminara sus labores, más rápido estaría yendo a ver a su hermoso novio.


Pasó por la oficina de su jefe y sus pasos se detuvieron. ¿Debería recordarle el permiso que había pedido hace semanas para el día de hoy?


Dudoso de si hacerlo o no, se fue por la opción más obvia. Claro que no. Aún si su jefe no lo recordaba, ni siquiera él lo iba a detener.


Se encogió de hombros y reanudó el paso hacia su oficina.


– ¡Sr. Jeon, buenos días! – saludó uno de sus pupilos.


– ¡Lisa, buen día! – respondió devuelta con una enorme sonrisa que dejó con la boca abierta a la contraria.


Jungkook no detuvo su paso, así que no pudo ver cuándo Lisa casi se cae de su silla cuando por fin recibió algo más que gruñidos de su supervisor.


– ¿Qué pasó? – preguntó un chico de cabello color gris.


– Creo que Jungkook se volvió loco – respondió Lisa aún sin poder creerlo.


– ¿No lo estaba ya después de lo que sucedió? – respondió el de piel lechosa sin darle importancia y regresando al trabajo.


– ¡No hables sobre eso! – gruñó la pelinegro dejando un suave golpe en el hombro del contrario.


Por otro lado, Jungkook caminaba hasta su oficina perdido en sus pensamientos. Imaginando la hermosa tarde que le esperaba junto al amor de su vida.


Fue cuando llegó a su oficina que sus pasos se detuvieron y sus ojos enfocaron a los dos hombres parados en medio de su oficina.


– Señor Min – saludó cortésmente a su jefe – ¿Qué lo trae por aquí?


El trajeado se dio la vuelta y observó al azabache sin expresión alguna en su rostro.


– ¿Hoy es ese día? – preguntó en su lugar.


Jungkook sonrió de lado y asintió rápidamente. Caminó hasta su escritorio y dejó su portafolio encima de este.


– ¿Le compraste sus flores favoritas? – preguntó cruzándose de brazos – Espero que no vayas a verlo de esa forma, te ves horrible.


– ¡Yoongi! – reclamó el hombre a su lado – Es su aniversario, ¡obvio que lo hizo!... – chistó, pero la seguridad en su voz disminuyó cuando preguntó: ¿Lo hiciste no? y… no te ves tan mal… – dijo apenado.


Jungkook miró a la pareja y luego una carcajada escapó de sus labios. Nunca se acostumbró a la idea de que su jefe también fuera su cuñado.


– Lo hice, Hoseok – aseguró sin aliento, nunca se había reído tanto en un mismo día. – Compré sus flores favoritas, un enorme arreglo floral. Sólo tengo que ir a recogerlo a la florería favorita de Jimin.


– ¿Chocolates? – preguntó de nuevo el más bajo sin siquiera cambiar su expresión.


– ¡Basta, Yoon! – bufó Hoseok tomándolo del brazo e intentando sacarlo de la oficina – ¡Es su aniversario, deja de meterte entre ellos!


– ¡Pero es mi hermano! – gruñó el otro con tono infantil mientras era sacado por la fuerza de la oficina de su empleado.


Jungkook solo miraba la escena atónito. Sí bien Hoseok era el secretario de Yoongi, al ser pareja no existía ese nivel de respeto dentro de la oficina.


– ¡Asegúrate de terminar el trabajo antes de irte y dile a Jimin que lo visitaré pronto! – logró gritar el más bajo antes de que Hoseok cerrara la puerta de la oficina y lo dejaran solo.


Sin poder evitarlo, otra fuerte carcajada escapó de sus labios a tal punto que sus ojos lagrimearon y su estómago se contrajo por la risa.


– ¿Jimin, qué haré con ellos? – dijo a la nada cuando las carcajadas disminuyeron a sólo sonrisas bobas.


Observó el enorme reloj en su oficina y se quitó su sacó. Se sentó en su silla ejecutiva y encendió el ordenador. Serían las cortas horas más largas de su vida.






Cuando el reloj marcó las 2 de la tarde. Jungkook ya estaba apagando su ordenador y vistiendo nuevamente su saco.


Guardó los documentos que necesitarían una segunda revisión en su portafolio, lo cerró y rápidamente salió de su oficina.


Sus pasos eran apresurados, le quedaba poco si quería llegar a tiempo.


No necesitó despedirse de su jefe/cuñado. Yoongi entendería que debía marcharse lo antes posible.


– ¡Que tenga bonita tarde, Sr. Jeon! – Se despidió Lisa con una amable sonrisa.


– ¡Tú también! – respondió el azabache sin detener nuevamente sus pasos, pero con otra suave sonrisa.


Otra vez, dejando a la chica con la boca abierta y con más preguntas que respuestas.


Una vez en el estacionamiento, entró a su vehículo, dejó el portafolio nuevamente en la parte trasera y arrancó con destino a uno de los lugares favoritos de su dulce novio.


El trayecto fue corto, no más de 20 minutos y cuando se dio cuenta, ya estaba estacionado frente a una preciosa tienda de amplios ventanales.


Pintada en su mayoría de blanco y adornada, tanto dentro como por fuera, con la más amplia variedad de flores que pudiera existir.


Administrada por una pareja sumamente dulce, un chico de belleza inigualable y uno de ellos un poco torpe…


Jungkook apenas había hecho sonar la pequeña campanita encima de la puerta cuando un pequeño niño de cabello negro y labios rosados corrió hasta él, aferrándose a su pierna como cualquier coala lo haría.


– ¡Tío Kookie! – gritó el pequeño emocionado intentando escalar la pierna del azabache.


– Hola, pequeño – saludó de vuelta tomándolo entre sus brazos – ¡Pero mira que grande estás! – sonrió mientras le hacía cosquillas al niño.


– ¡Jungkook, ya estás aquí!


Un chico de rubios cabellos y piel perfecta se dejó ver entre las flores, entre sus brazos un precioso adorno de rosas rojas y blancas.


– Hola, Jinnie – saludó con una hermosa sonrisa.


– ¡Namjoon, Jungkook está aquí! – gritó mientras dejaba el arreglo floral sobre el mostrador – ¡¿Puedes traer las flores para Jiminie?! – gritó otra vez.


– ¡En seguida mi amor! – se escuchó a lo lejos.


Jungkook solamente se rio mientras dejaba al pequeño entre sus manos en el suelo.


– Gracias – agradeció al chico frente a él.


– Es lo menos que podemos hacer por el dulce Jiminie – le restó importancia.


– Le diré lo mucho que lo quieres – se burló, pero sin dejar de sonreír.


– ¡Más te vale que lo hagas! – se cruzó de brazos con expresión acusadora. Expresión que no duró demasiado cuando también sonrió en grande.


– ¡Aquí está! – exclamó Namjoon escondido detrás de un enorme ramo de flores azules y amarillas. – Las flores favoritas de nuestro Jiminie.


Los ojos de Jungkook brillaron y su sonrisa se ensanchó aún más, como si eso fuera posible. Ya podía imaginar la hermosa sonrisa en el rostro de su novio cuando llegara con las flores.


– Son hermosas – respondió Jungkook tomándola entre sus manos y oliendo su aroma – ¡Muchas gracias, a Jimin le encantarán! – exclamó lleno de felicidad palpable.


– Y aquí tienes… – Jin se acercó con una caja perfectamente adornada, Jungkook lo miró con una ceja levantada – Son los chocolates favoritos de Jimin – aseguró – Sé que los olvidaste…


– Claro que no – mintió con un bufido y tomó la pequeña caja.


– No te olvides de decirle a Jimin cuanto lo extrañamos – pidió el de piel morena abrazando a su esposo por la cintura.


Jungkook no pudo evitar observar a la feliz pareja y asentir con una sonrisa. Sonrisa que fue devuelta con la misma intensidad.


– Ya vete o llegarás tarde – aseguró Jin empujando a Jungkook fuera de la tienda.


– El tráfico a esta hora hacia Busan no es muy pesado, ¡pero igualmente maneja con cuidado y no vayas tan rápido! – añadió Namjoon.


Jungkook estuvo a punto de responder que lo haría cuando una pequeña vocecita se dejó escuchar entre todo el ajetreo.


– ¡Tío Kookie, espera! – gritó el pequeño mientras corría hacia él.


Jin dejó de empujar a Jungkook y este se detuvo, dándose la vuelta y observando al hijo de sus dos amigos.


Jungkook entonces le entregó el enorme ramo de flores y los chocolates a Namjoon y se agachó hasta quedar a la altura del pequeño de 5 años.


– ¿Qué sucede, pequeño? – preguntó observando las mejillas coloradas del menor.


Entonces el pequeño niño dejó ver sus manitos que estaban escondidas detrás de su cuerpo y en ellas una preciosa rosa roja y una pequeña carta descansaban.


– Son para el tío Minie – aseguró con sus mejillas encendidas – Son para que recuerde que lo quiero mucho…


Jungkook sintió su pecho calentarse profundamente, sus ojos brillaron en lágrimas contenidas y sus labios se levantaron en una genuina sonrisa.


Entonces llevó sus manos hasta el papel mal doblado y la hermosa rosa sin espinas, las tomó de las manos del pequeño y las llevó hasta su pecho.


– El tío Minie se pondrá muy feliz – aseguró con una lágrima deslizándose por su mejilla.






Quiero que seas tu propia luz, amor

Deberías ser tu luz

Para que así no te hagas más daño

Para que así puedas sonreír

Quiero que seas tu noche, amor

Podrías ser tu noche

Para que pueda ser honesto contigo esta noche


El viaje en auto fue eterno para un azabache deseoso de volver a reunirse con el amor de su vida.


Solo la dulce voz de su amado a través de los parlantes de su vehículo lograron hacer el trayecto menos doloroso.


Los recuerdos se mantenían vivos en su mente como si solo hubieran pasado días. La sonrisa se mantenía grabada en su rostro como si no hubiera estado ahí en mucho tiempo.


Quizás era así, quizás había pasado meses sin sonreír. Quizás por eso las bolsas debajo de sus ojos no lo abandonaban, quizás por eso había perdido peso, quizás por eso actuaba tan extraño el día de hoy.


Es que hoy era especial, hoy era su aniversario con el hombre más maravilloso del mundo. Con su ángel, con su mundo, con su pequeño y hermoso gato Calicó.


Jungkook miró una vez más el enorme ramo de amarillo y azul que descansaba en el asiento del copiloto y sonrió una vez más, sonrió porque no podía hacer otra cosa.


Desvió la mirada y observó los precioso colores cálidos que comenzaban a surcar la infinidad del cielo sobre él y supo que debía darse prisa.


Piso el acelerador y el corto tramo que lo separaba de la preciosa playa de Busan se redujo a la mitad.


Una vez allí, abrió la puerta del vehículo, tomó las flores, los chocolates y la pequeña carta y corrió sin siquiera importarle su auto abierto.


Corrió y corrió con una hermosa sonrisa de conejito en su rostro. Su corazón palpitaba como no lo había sentido en meses, el calor de la felicidad volviendo a él después de haberlo abandonado.


Entonces se detuvo, justo a la orilla de las olas que amenazaban con empaparlo si daba un paso más. Entonces sonrió y volvió a sonreír mientras su pecho subía y bajaba, y sus pulmones intentaban recuperar el aire arrebatado.


Entonces levantó la vista, mientras las lágrimas se deslizaban por su mejillas.


En el horizonte, el hermoso sol se encondía, dejando nada más que hermosos colores amarillos y naranja combinándose con el precioso azul del cielo infinito.


Jungkook respiró profundo y abrazó con todas sus fuerzas los obsequios entre sus manos. Observó una vez más al infinito del cielo y a la perfecta combinación de colores que parecían volverse más hermosos en su presencia.


Entonces un quejido salió de sus labios mientras su pecho se apretaba, aún así sonrió. Sonrió en grande porque su Jiminie estaba viéndolo desde la inmensidad del cielo.


Al final, solo unas simples palabras salieron de sus labios mientras observaba la infinidad frente a sus ojos.


– Que hermoso te ves hoy, mi querido Jimin-shi...