Prólogo
El sabor metálico de la sangre invadió mis papilas gustativas devolviéndome abruptamente a la realidad. ¿Qué estoy haciendo aquí, arrodillada a la orilla de una lago oscuro y frío, esperando a que sucediera algo mágico? Un sonido burlesco se escapó de mis labios ante la ridícula situación. Era como una niña esperando a que apareciera el Hada Madrina.
—¿Tú quién eres?
Alcé automáticamente la cara buscando el emisor de aquella chirriante voz cuando una figura lugubre emergió de las sombras con su cabello negro ondeando al biento y sus despiadados ojos escudriñandome.
La noche se cernía sobre el lago, sus aguas oscuras y tranquilas reflejaban la luna llena. Un silencio sepulcral adornaba el panorama, ni siquiera yo quería atreverme a romper el aura mística que había helado por completo mis extremidades.
—Habla niña —instó sin mucha paciencia—, no tenemos toda la noche.
—Semine —un susurro tembloroso— Semine Blackwell.
De repente necesité tomar urgente agua cuando la vi acercarse sigilosamente hasta quedar a centímetros de mi cuerpo, mi estómago comenzó a jugarme una mala pasada, y esa cosa tomó un mechón de mi cabello para olfatearlo.
—Otro nombre cargado de poder —con esos ojos sin vida siguió su inspección— ¿Sabes lo que significa?
Negué con la cabeza sin creerme lo que estaba pasando pero ella, si es que es ella, pensó que era mi respuesta a su pregunta. Resoplando se alejó dos pasos sin quitarme la mirada de encima y dijo:
—Tú olor es más concentrado.
Respiré profundamente, cerré los ojos conté hasta tres y cuando los abrí todo seguía absolutamente igual. Todo carecía de sentido alguno, empezando por la conversación unilateral en la que, prácticamente, me había visto obligada a participar.
—¿Sabes cómo ingresar,...? —me armé de valor y pregunté por mi objetivo.
—Sybill —aclaró— Tienes que abrir el portal en las aguas del Mors Lacrimae, por supuesto.
—Hasta nombre tiene este charco —resoplé en voz baja—, si tan solo pudiera deshacerme de todo, rechazarlo o…
—¿Piensas entrar o no?
Tragué saliva y volví a observar mi reflejo en el agua de la laguna. Sabía que tenía que hacerlo, estaba paralizada, con el estómago revuelto y sin saber si podría tomar la decisión correcta. ¿Qué encontraría más allá de esas aguas oscuras? ¿Y si no regresaba?
—Debes entrar en el Mors Lacrimae —repitió Sybill, su voz suave pero llena de autoridad—. Allí encontrarás las respuestas que buscas.
Semine inspiró profundamente y se sumergió en las frías aguas. El lago la envolvió, y por un instante, creyó vislumbrar una figura oscura que se alejaba nadando hacia las profundidades.