Capítulo uno - Keira
KEIRA
Habían pasado varios meses desde que vine a Lochey, había tomado la decisión de modificar un poco mi imagen, me había teñido mi pelo rubio a negro, y me había cortado mi larga melena por los hombros. Aunque aquí me sentía segura, no quería correr el riesgo de que alguien me reconociera y la familia Donna me encontrará. Noah me había ayudado mucho, aunque carecía de mucho tiempo libre ya que estudiaba por las mañanas y trabajaba por las tardes y algún fin de semana, cada vez que podía me enseñaba sitios que creía que me iban a gustar de la ciudad, o nos quedábamos en casa compartiendo palomitas y viendo una película. Una noche en la que el vino tomo más protagonismo de la cuenta, le conté todo mi pasado, todo lo que había ocurrido con James, mi huída y posterior aventura con Karma. Ella me confesó que le había visto un par de veces porque tuvo un romance con Rick, y que cuando se puso en contacto con ella para que se hiciera cargo de mi mientras me adaptaba a la ciudad no le pareció buena idea, dudó mucho pero aceptó cuando la dieron una suma de dinero que la permitió pagar sus estudios. Al principio, me chocó un poco la confesión y sobre todo que hubiera tenido algo con Rick, no pegaban para nada, pero poco a poco nos fuimos conociendo y se convirtió en una gran amiga, en realidad, era la única que tenía ya que no había vuelto a saber nada de Martiella.
Aunque Rick me dió dinero, no me iba a durar toda la vida, había comprado algún mueble para el salón, un sofá y un colchón nuevo, mi espalda no iba a soportar mucho mas descansar en el colchon viejo y duro que había anteriormente. También Noah me llevó un par de días por los centros comerciales para comprar algo de ropa de abrigo, que agradecí sinceramente para poder salir a la calle sin correr riesgo de congelación.
Había empezado mi búsqueda de trabajo, Noah me ayudó a adornar un poco el currículum para no parecer una matona y tener alguna oportunidad aunque no había recibido ninguna llamada. Hoy era uno de esos días que me encontraba decaída y sin humor para nada.
Llamaron al timbre varias veces, Sabía quien era, no porque solo recibía siempre la misma visita, si no porque Noah siempre llamaba igual.
— Sabía que eras tú. — Dije abriendo la puerta.
Me miró de arriba a abajo repasando cada centímetro de mi pijama de cuadros. Eran las 12 de la mañana y todavía no me había vestido.
— No creo que esperaras a alguien más viendo como estas vestida, peeeeero eso va a cambiar, vamos, vístete, te invito a comer. — Dijo entrando y cerrando la puerta. Se acomodó en el sofá y me señalo la puerta de mi habitación.— Venga, no querrás que también te vista.
La tiré un cojin que cogió al vuelo sin tocar siquiera un mechón de su melena rojiza y rizada. Me pegué una ducha rápida y me puse unos vaqueros, con una camiseta y una sudadera, no quería arreglarme mucho así que opté por una coleta alta y solo me puse rímel y un gloss en los labios. Estos meses al lado de Noah había aprendido varios trucos de maquillaje, no era algo que me apasionara pero si empezaba a defenderme bastante bien en ese mundo. Me puse las botas mas calentitas que tenía y mi abrigo preferido negro, al igual que las botas, tenía forro polar por dentro lo que lo convertía en algo imprescindible para salir a la calle aquí en Lochey.
Nos montamos en su coche, era viejo, la radio no funcionaba,la carrocería tenía restos de pintura de otros coches y marcas de algún que otro golpe pero para Noah era como si de un ferrari se tratara, yo no entendía como ese coche reunía las mínimas condiciones para seguir circulando y no perder alguna pieza en el intento.
Nos dirigimos a un pequeño barrio de la ciudad, aquí, se concentraba la gente de diferentes universidades para divertirse, había varios bares y restaurantes donde comer y eran bastante baratos, también había uno que otro bar nocturno en los que había bastante ambiente.
— ¿ Que te apetece, tacos o pizza?.— Nuestra dieta no era muy variada y siempre acabábamos recurriendo a lo barato, la comida de Sammy me parecía un lujo que no volvería a tener.
— Tacos.
— Tacos entonces! Gus nunca falla.— Los tacos que hacía Gus en su restaurante eran una delicia.
Aparcamos sin dar mucho rodeo, en la calle la temperatura ya era de tan solo diez grados. Nos pusimos el gorro, los guantes y nos ajustamos la bufanda antes de salir del coche.
— Que alegría vuestra visita, ya empezaba a echaros de menos.— Salió Gus de la barra y vino a abrazarnos en cuanto nos vió entrar al restaurante.
— Hola big Gus!! Mi barriga también te echaba de menos.— Dijo Noah acariciando su barriga en círculos.
Gus era un hombre de unos cincuenta y tantos, era muy alto y robusto, todo lo que había conocido era su negocio, que heredó cuando sus padres se jubilaron, se casó con Sharon y a pesar de intentarlo numerosas veces, no pudieron ser padres. Así que Noah se había convertido en lo más parecida a una hija y yo, bueno, estaba camino de serlo.
— Pasar al fondo, vuestra mesa os espera, avisaré a Sharon que las niñas han venido.
Vino en menos de lo que canta un gallo, traía una bandeja con unas jarras de cerveza para nosotras, no nos quiso abrazar porque tenía el mandil lleno de manchas de cocinar pero nos dió a cada una un par de besos en el carrillo de esos que retumban en tu oído.
Big Gus la siguió con unos cuencos de patatas fritas y aceitunas.
— ¿ Que tal las clases?. — Pregunté después de dar un gran trago a la cerveza.
— Agotadoras, entre las clases y el curro, apenas tengo tiempo de nada, la relación con Carl se tambalea y no le culpo, apenas nos vemos y cuando lo hacemos, me quedo dormida en cualquier rincón.
Noah estudiaba gestión de empresas en la universidad y trabajaba a media jornada en un bar cerca de la universidad, su novio Noah trabajaba en un taller a tiempo completo y apenas coincidían en horarios, me daba pena no poder ayudarla, se la veía triste.
—¿ Como va tu búsqueda de trabajo?.— Cambio de conversación.
— Sin novedad, nadie me llama, ni siquiera para hacerme una entrevista, empiezo a pensar que no adornamos tan bien el currículum como pensábamos.— Dije mientras me acababa la cerveza.
— Bueno estas de suerte, mi jefe necesita una camarera nueva y le e hablado de ti, me ha dicho que quiere conocerte.
Una chispa de diversión se asomaba en su cara, trabajar con Noah me parecía una gran idea.
—¿Es cierto lo que acabo de oír?, esto hay que celebrarlo.— Apareció Gus con una bandeja, dejó en la mesa dos platos con tacos, patatas fritas y otras dos jarras de cerveza.
— ¿ En serio? Noah gracias, ya empieza a hacerme falta el dinero, ¿ Cuando quiere que vaya a conocerle?.
— No te emociones mucho amiga, no pagan muy bien y las propinas son escasas, pero es un tipo genial, no pide experiencia y no le importa tu pasado en el mundo delictivo y de violencia.— Me guiño un ojo, yo la pellizque, estábamos rodeados de gente y alguien la podía oír.
Gus nos trajo comida hasta que no pudimos más, nos quedamos en el restaurante porque se acercaba la hora de cerrar, les ayudamos a terminar de recoger, barrer el restaurante y sacar las basuras.
Después de eso nos fuimos a casa con dos bolsas llenas de comida, nos acostamos en mi cama y nos quedamos dormidas casi al instante. Cuando nos despertamos, habían pasado dos horas, eran las ocho de la tarde pero en la calle ya era noche cerrada, en Lochey teníamos pocas horas de luz dada su ubicación, la temperatura nunca superaba los veinte grados ni siquiera en verano, y prácticamente su clima se basaba en llover y nevar casi todo el año. La vida aquí era diferente, la gente hacía su vida por las mañanas en cuanto salía el sol y se recogían muy pronto en la tarde, los lugares que ofrecían ocio nocturno habrían pronto sus puertas.
— Es hora de arreglarse, como sigamos en la cama vamos a criar huevos.— Era un dicho que oía mucho decir a la madre de Martiella cuando nos hacíamos las remolonas de pequeñas. Una punzada se instaló en mi corazón, echaba mucho de menos a mi amiga, en la casa de los Donna, no había muchos recuerdos buenos, pero Martiella sí era uno de ellos.
— Déjame algo de ropa.— Mi armario no era ni parecido al suyo, apenas había un par de vestidos con la etiqueta puesta, tops y alguna falda que me había obligado a comprar Noah, nada comparado con el vestidor que me preparó Karma en su casa.
— Coge lo que quieras, voy a peinarme.— Le dije mientras me iba al baño. Aún no me había acostumbrado a la nueva imagen que tenía, el pelo negro no me disgustaba pero tener el pelo corto dificultaba mucho la tarea de peinarme y salir de mi habitual coleta alta. Al final conseguí hacerme unos rizos y me hice una trenza pequeña a un lado. Cuando salí, Noah ya nos había preparado la ropa a las dos, había dejado encima de la cama un vestido con la espalda descubierta de color negro con lentejuelas, y una falda corta plateada con un top negro. No se de donde lo había sacado pero me apresuré a coger el vestido, la falda era demasiado para mi.
— Subestimas el poder que te daría el plateado.— Dijo Noah detrás de mi, se había maquillado y estaba haciéndose una coleta alta.
— Creo que ese poder es demasiado para mi!, creo que nos vamos a congelar hoy.
— Si tienes frío, beberemos más chupitos para entrar en calor.
— Noah eres de lo peor!!.— Noah tenía el talento de beber grandes cantidades de alcohol sin que apenas la afectara, era impresionante verla.
Le pedí ayuda con el maquillaje, que la quedó perfecto, no estaba nada recargado, me maquilló con una sombra negra en el parpado superior que hacía efecto ahumado, que combinó con un toque plateado en el lagrimal, Noah era una artista. Ella en cambió opto por darle protagonismo a sus labios, pintándolos de un rojo intenso y solo pintándose una rayita fina en los ojos de color negro.
Nos pusimos las botas altas que teníamos iguales, nos gustaban mucho porque a pesar de tener algo de tacón, eran muy cómodas y por dentro estaban forradas de pelo, lo que las convertían en un imprescindible en esta ciudad. Nos abrigamos bien y nos dirigimos al coche de nuevo.
Aparcamos cerca de una discoteca, cuando trabajaba para la familia Donna, no salía nunca, toda mi vida era proteger y servirles, las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco días del año, algún día de verano, los trabajadores hacíamos una hoguera lo más lejos del jardín para que nadie nos descubriera y pasábamos allí la noche, contando batallas, chistes y bebiendo alguna cerveza. Un día, mi padre me pilló en esas reuniones, me hizo estar tres días sin dormir haciendo guardia para que supiera cual era mi deber. Ahora, con Noah, es diferente, me ha llevado a conocer todos los bares y discotecas de la ciudad de Lochey. Me ayuda a conocer gente, cada día que paso aquí, siento que soy un poco menos esa Keira, y soy un poco más Yeimi, la chica que sale, se divierte, tiene amigas, una chica que vive una vida normal, sin tener que matar gente, sin tener que ser la que quieren que sea y ser la que quiere ser.
Cuando llegamos a la puerta ya había cola, pero Noah conocía al portero porque íban a la universidad juntos, así que no esperamos la cola y entramos directamente, cosa que agradecí porque la temperatura en la calle no era para nada agradable. A pesar de que la discoteca era de las más grandes de la ciudad ya que constaba de tres plantas, estaba casi llena de gente y apenas superaban las once de la noche. Nosotras nos subimos a la última planta, la música que ponían allí era mas pop y la pista de baile era más grande. Lo primero que hicimos fue ir a la barra a pedir dos copas, había descubierto que me gustaba mucho el mojito, lo descubrí cuando Noah me enseñó a prepararlos una noche de pelis que celebramos en mi casa, también había descubierto la resaca que produce después.
Nos prepararon dos mojitos con su pajita de colores y una sombrillita, bebí un sorbo, estaba delicioso. Nos fuimos a la pista a bailar, Noah bailaba muy bien, lo que producía a menudo que la gente se acercara para bailar con ella, la mayoría eran chicos a los que ella rechazaba inmediatamente. Yo solo trataba de seguirla el ritmo. Bailamos varias canciones seguidas, el ambiente era muy animado, pero a medida que se iba llenando, hacía más calor en el local, fuí a por otros dos mojitos, que nos volvimos a beber en un santiamén. Seguimos bailando hasta que a Noah se le ocurrió la idea de ir a por unos chupitos, ami ya me estaba empezando a afectar los mojitos pero no tanto como para rechazar un chupito. Lo único, que decidimos bajar a la planta del medio para cambiar un poco de ambiente. En esta planta lo que se escuchaba era principalmente bachata con algo de salsa. Estaba decorado diferente, las paredes tenían cuadros de playas, los vasos tenían decoraciones de animales salvajes, y la barra de esta planta tenía varios platos de frutas tropicales, en esta pista había mas parejas bailando pegadas, que de vez en cuando se intercambiaban. Nunca habíamos estado en esta planta pero ahora me parecía de lo mas bonita, pedimos un chupito de la carta, cuando nos lo sirvió, quedamos alucinadas con la decoración, habían hecho un tucán con piña y todo quedaba integrado con los dos vasitos pequeños, brindamos y nos los bebimos de un sorbo, estaba riquísimo, sabía a papaya, a piña y a melocotón, el licor que contenía le daba ese toque especial, se acababa de convertir en mi bebida favorita.
— Vamos a la pista, con este chupito me han entrado ganas de aprender a bailar bachata!!.— Arrastré de la mano a Noah hacia el medio de la pista, ella respondió con un gritito de sorpresa. Pronto nos hicieron coro y empezamos a mover la cadera al ritmo de la música, acompañamos la cadera con las manos, y poco a poco nos fuímos animando aún más. Se nos acercaron dos chicos que nos invitaron a bailar con ellos, me sorprendió mucho que Noah aceptara esa invitación y le diera la mano para bailar, yo dude un poco.
— Solo te enseñaré a bailar, prometo no pisarte un pie.— Dijo el chico extendiendo la mano y sonriendo. Al final acepté, que me enseñeran me parecía una buena opción.
Me agarró de la cadera y se arrimó un poco más, yo me puse algo tensa pero enseguida me relajé cuando empezamos a bailar, al principio me enseñaba despacito, y se reía cuando le pisaba, luego nos fuimos acomodando y cogimos algo de ritmo, era muy divertido. Después de un rato, bailábamos de forma más fluída.
— ¿ Quieres tomar algo?, yo necesito recuperar algo de fuerza.— Me dijo el chico acercándose a mi oído.
— Claro, vamos, ¿Como te llamas?.— Le pregunté mientras nos acercábamos a la barra.
— Me llamo Armando, y tú?.
— Yo me llamo Ke....Yeimi, me llamo Yeimi.— Aún me costaba bastante no decir mi verdadero nombre.
— Encantado Yeimi.— Y me dejó ver su sonrisa, era muy mono.
Tomamos una copa en la barra y nos estuvimos conociendo un poco más. Me contó que regentaba un bar cerca de aquí, que su amigo, el que estaba bailando con Noah, era su socio ademas de ser su amigo de la infancia. Me pareció bastante majo, pero mi vejiga iba a reventar si no iba al baño ya. Me excusé con él y me fuí dirección a los servicios, había cola así que me apoyé en la pared, rebusqué en mi bolso el gloss para retocarlos, pero una chica al salir del baño tropezó conmigo y provocó que cayera el gloss en el suelo, me agaché a recogerlo pero miré hacia arriba para ver su rostro, lo ví una milésima pero me resulto familiar aunque no sabía de qué. Me quedé inmóvil pensando pero no caí, había ingerido demasiado alcohol y mi cabeza ya no pensaba con claridad. Salí del baño decidida a irme, sería lo mejor, ya empezaba a fallarme el equilibrio.
Cuando volví a la pista, Noah seguía con el amigo de Armando bailando, se lo estaba pasando muy bien así que me acerqué y le dije que me iba a casa pero que cogería un taxi, que se quedara ella, dudó un instante pero luego aceptó. Cuando salí del bar, me quedé muy sorprendida de ver a Armando en su coche esperándome.
— Creo que necesitas un chófer, yo puedo serlo hoy.
Me eché a reír y me monté en su coche, le dije la dirección de mi casa y seguimos hablando durante el trayecto.
Cuando llegamos se bajó del coche para acompañarme hasta la puerta.
— Me lo he pasado muy bien esta noche. — Dijo acercándose más a mi.
— Yo también me lo he pasado genial Armando, gracias por traerme a casa, ha sido todo un detalle.
El espacio entre él y yo era mínimo, mi espalda ya chocaba con la puerta de mi casa, apoyó su mano en la puerta, me miró lamiéndose los labios, cerró los ojos y se inclinó para acortar el pequeñísimo espacio que nos separaba, me iba a besar, eso estaba claro, y yo.....¿Iba a corresponderle?.